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14 de enero 2014    /   IDEAS
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Bienvenido a tu agencia de linajes

14 de enero 2014    /   IDEAS     por          
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Marcelo Arbustante se plantó delante de la puerta del caserón colonial en la calle Cuatro Juanes de Jerez de la Frontera, cerró los ojos e intentó imaginarse a sus lejanos ancestros viviendo tras los muros de aquella vetusta vivienda. Con una mano asió la aldaba del portón emulando el gesto que, seguramente, alguien de su sangre habría realizado cinco siglos atrás enfrente a aquella misma puerta. ¿Guardan nuestras células el recuerdo de nuestro linaje?, ¿puede mi piel conectar con la de mi distante antepasado?, se preguntaba Marcelo, confuso y emocionado ante tal dilema.

Marcelo Arbustante llegó a Andalucía desde la ciudad argentina de Córdoba, donde su linaje se había asentado tras un larguísimo periplo de medio milenio que se inició en la judería de Jerez cuando su remota familia, junto a otros cientos de judíos, fueron expulsados de esta ciudad con dirección a Marruecos. Desde allí, vía Islas Canarias, una rama de los Arbustantes cruzó el Atlántico en el siglo XVII para iniciar una nueva vida en América, tierra de promesas y cornucopia de legendaria abundancia: Venezuela, Brasil, Argentina…

Un año antes, en el otoño de 2012, se iniciaba en Madrid el trance del argentino para desandar el camino que emprendieron sus antecesores cinco siglos atrás. Arbustante, próspero comerciante de electrónica en la triple frontera con Paraguay y Brasil, contactó con la agencia de viajes Plenia, pues, según había averiguado, era única en el mundo en organizar un periplo por tu árbol genealógico: la historia de tus ancestros. Román explicó su inquietud a Rocío Huete, fundadora de Plenia: “Estoy a punto de jubilarme y querría regalarme lo único que me falta: el pasado de mi sangre”.

Huete descolgó el teléfono para hablar con el especialista en genealogía Francisco Laffitte y transmitirle el caso de Arbustante. Laffitte tomó nota y prometió llamarle un mes después con un presupuesto. “Al ser un apellido peculiar, el trabajo era fácil, aunque al llevar tantas generaciones fuera de España debía bucear en los legajos de los archivos provinciales e incluso en el Archivo de Indias”. La investigación no duraría menos de seis meses. El presupuesto: 4.000 euros.

“La Historia de tus Ancestros no es un producto barato y requiere hacer planes con mucha anticipación, un mínimo de seis meses, así que mucha gente se echa atrás por el factor tiempo”, reconoce la fundadora de Plenia. Más aún teniendo en cuenta que el coste de la investigación puede aumentar hasta un 30% en función de factores imponderables y que esa partida sólo es el ‘aperitivo’ del viaje en sí, consistente en un recorrido por los lugares donde vivieron los antepasados del cliente. Aun con todo, cada vez son más los latinoamericanos y filipinos que penetran en el túnel del tiempo para conocer sus raíces en España.

La idea de crear un viaje por el pasado familiar surgió a partir de una experiencia personal de la fundadora de Plenia: “Una abuela mía había fallecido, así que toda la familia fuimos al pueblo de Córdoba donde nació, Fernán Núñez. Recorrimos la villa, las casas donde vivió y nos fuimos a tomar un helado de manteca que nos invitaba mi abuela… Fue una sensación de arraigo muy fuerte y pensé que otras personas podrían desear una experiencia similar”.

Los historiadores de Plenia bucean en padrones, archivos parroquiales y municipales, hemerotecas e historias locales para indagar en la estirpe del cliente hasta encontrar sus raíces. “No es un trabajo fácil —me cuenta por teléfono desde Sevilla—. Si ya es difícil rastrear la historia de una familia que ha vivido siempre en España, mucho más complicado es hacerlo con una que abandonó el país hace varias generaciones”. Por fortuna, Laffitte —apellido, lo has adivinado, de origen francés— cuenta con un inesperado aliado: “El Concilio de Trento obligó en 1545 a todas las parroquias cristianas a documentar las ceremonias que celebraran”.

Los emigrantes solían irse “por casamiento, por motivos económicos o por aceptar un cargo”, explica este detective genealógico. ¿Prófugos? “No me he topado. En la época que suelo indagar ya existía un registro preciso de pasajeros en barcos para evitar las fugas”. Desterrados, sí, como en el caso del argentino Marcelo Arbustante, heredero de un judío errante…, no por afición sino por exilio.

NOTA: Marcelo Arbustante es un McGuffin creado para este artículo. Plenia no desvela, por política y por discreción, el nombre ni la historia de sus clientes.

Marcelo Arbustante se plantó delante de la puerta del caserón colonial en la calle Cuatro Juanes de Jerez de la Frontera, cerró los ojos e intentó imaginarse a sus lejanos ancestros viviendo tras los muros de aquella vetusta vivienda. Con una mano asió la aldaba del portón emulando el gesto que, seguramente, alguien de su sangre habría realizado cinco siglos atrás enfrente a aquella misma puerta. ¿Guardan nuestras células el recuerdo de nuestro linaje?, ¿puede mi piel conectar con la de mi distante antepasado?, se preguntaba Marcelo, confuso y emocionado ante tal dilema.

Marcelo Arbustante llegó a Andalucía desde la ciudad argentina de Córdoba, donde su linaje se había asentado tras un larguísimo periplo de medio milenio que se inició en la judería de Jerez cuando su remota familia, junto a otros cientos de judíos, fueron expulsados de esta ciudad con dirección a Marruecos. Desde allí, vía Islas Canarias, una rama de los Arbustantes cruzó el Atlántico en el siglo XVII para iniciar una nueva vida en América, tierra de promesas y cornucopia de legendaria abundancia: Venezuela, Brasil, Argentina…

Un año antes, en el otoño de 2012, se iniciaba en Madrid el trance del argentino para desandar el camino que emprendieron sus antecesores cinco siglos atrás. Arbustante, próspero comerciante de electrónica en la triple frontera con Paraguay y Brasil, contactó con la agencia de viajes Plenia, pues, según había averiguado, era única en el mundo en organizar un periplo por tu árbol genealógico: la historia de tus ancestros. Román explicó su inquietud a Rocío Huete, fundadora de Plenia: “Estoy a punto de jubilarme y querría regalarme lo único que me falta: el pasado de mi sangre”.

Huete descolgó el teléfono para hablar con el especialista en genealogía Francisco Laffitte y transmitirle el caso de Arbustante. Laffitte tomó nota y prometió llamarle un mes después con un presupuesto. “Al ser un apellido peculiar, el trabajo era fácil, aunque al llevar tantas generaciones fuera de España debía bucear en los legajos de los archivos provinciales e incluso en el Archivo de Indias”. La investigación no duraría menos de seis meses. El presupuesto: 4.000 euros.

“La Historia de tus Ancestros no es un producto barato y requiere hacer planes con mucha anticipación, un mínimo de seis meses, así que mucha gente se echa atrás por el factor tiempo”, reconoce la fundadora de Plenia. Más aún teniendo en cuenta que el coste de la investigación puede aumentar hasta un 30% en función de factores imponderables y que esa partida sólo es el ‘aperitivo’ del viaje en sí, consistente en un recorrido por los lugares donde vivieron los antepasados del cliente. Aun con todo, cada vez son más los latinoamericanos y filipinos que penetran en el túnel del tiempo para conocer sus raíces en España.

La idea de crear un viaje por el pasado familiar surgió a partir de una experiencia personal de la fundadora de Plenia: “Una abuela mía había fallecido, así que toda la familia fuimos al pueblo de Córdoba donde nació, Fernán Núñez. Recorrimos la villa, las casas donde vivió y nos fuimos a tomar un helado de manteca que nos invitaba mi abuela… Fue una sensación de arraigo muy fuerte y pensé que otras personas podrían desear una experiencia similar”.

Los historiadores de Plenia bucean en padrones, archivos parroquiales y municipales, hemerotecas e historias locales para indagar en la estirpe del cliente hasta encontrar sus raíces. “No es un trabajo fácil —me cuenta por teléfono desde Sevilla—. Si ya es difícil rastrear la historia de una familia que ha vivido siempre en España, mucho más complicado es hacerlo con una que abandonó el país hace varias generaciones”. Por fortuna, Laffitte —apellido, lo has adivinado, de origen francés— cuenta con un inesperado aliado: “El Concilio de Trento obligó en 1545 a todas las parroquias cristianas a documentar las ceremonias que celebraran”.

Los emigrantes solían irse “por casamiento, por motivos económicos o por aceptar un cargo”, explica este detective genealógico. ¿Prófugos? “No me he topado. En la época que suelo indagar ya existía un registro preciso de pasajeros en barcos para evitar las fugas”. Desterrados, sí, como en el caso del argentino Marcelo Arbustante, heredero de un judío errante…, no por afición sino por exilio.

NOTA: Marcelo Arbustante es un McGuffin creado para este artículo. Plenia no desvela, por política y por discreción, el nombre ni la historia de sus clientes.

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