2 de agosto 2019    /   DIGITAL
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«Agente, hay un negro en mi calle»

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«No sé qué pasa que lo veo todo negro». El atraso tiene sus ventajas. En muchas ocasiones, lo que va a ocurrir en el lugar en el que vives ya ha ocurrido en los sitios que van por delante. Es lo más parecido a una bola de cristal que tenemos las personas.

Por eso, podemos tratar de adivinar qué va a ocurrir en España si, hoy mismo, miramos lo que ocurre en Estados Unidos. ¿Hasta dónde llegará nuestro nivel de paranoia?

Vox –el medio digital, no el partido ultraconservador– cuenta el auge que están experimentando las apps sociales de proximidad, las que establecen el campo de acción en el propio vecindario. El problema es que sus usuarios «están socializando más alrededor del delito aunque estos se hayan vuelto más inusuales» (en Estados Unidos, el índice de criminalidad se reduce cada año desde hace algún tiempo).

Los objetivos de Nextdoor, Citizen o Neighbor, tres de las más descargadas en las tiendas de apps de Apple y Android, son distintos según el caso. Nextdoor pretende ser un foro de contacto entre vecinos en el que se ofrece ayuda, servicios, recomendaciones, avisos o conversación.

Las otras dos tienen su esencia en la seguridad. Citizen se ha creado para enviar alertas a las autoridades cuando se han producido incidentes. Neighbors es la app de Amazon para utilizar su Ring, el timbre con videocámara que puede gestionarse remotamente y que permite abrir al mensajero sin estar en casa o vigilar para que nadie te guinde los paquetes que se quedan en la puerta, que parece que es algo que se estila mucho por allí.

La paranoia como combustible

El problema es que las tres apps se han convertido en un buen combustible para la paranoia del crimen. Su objetivo y su funcionamiento alimentan el miedo y el brote potencial de violencia. Además, se han convertido en ecosistemas que contienen comportamientos racistas porque, por desgracia, la mera presencia de personas que no son de etnia blanca caucasiana resulta sospechosa para mucha gente.

El efecto es muy similar al que produce la prensa local en un país como España. En una capital de provincia pequeña y en sus, normalmente, no muy grandes pueblos de la provincia, las noticias brotan con menos frecuencia que en las grandes ciudades.

Además, la supervivencia de dichos medios se batalla cada día en un horizonte de lectores cada vez más reducido. Si la querencia por el sensacionalismo es grande en un medio de alcance nacional, se dispara en los locales, ávidos de noticias ‘taquilleras’. Cualquier cosa que vaya más allá de la visita del alcalde a un centro de mayores es un respiro para las ventas de esos pequeños periódicos.

Una plantación de marihuana en un piso, un allanamiento de morada, un tirón de bolso o un alunizaje en un escaparate quedan diluidos en un océano de noticias ocurridas en una ciudad de tamaño mediano o grande. O, directamente, ni siquiera son noticia.

Un medio local puede colocarlas en portada y su porcentaje de ‘ocupación’ en el total de noticias del día es mucho más visible. Además, lo que sale en el periódico local está ocurriendo justo a tu lado.

Volviendo al ámbito estadounidense, David Ewoldsen, profesor de Medios e Información en la Michigan State University, cuenta en el artículo de Vox que «existen exhaustivas investigaciones que dicen que cuando escuchamos o leemos historias relacionadas con delitos, somos mucho más propensos a identificar al culpable como una persona negra que como una persona blanca».

Motherboard contaba que la mayoría de personas marcadas como sospechosas en la app Neighbor en un barrio gentrificado de Brooklyn, Williamsburg, eran «personas de color». De color negro, claro. En Nextdoor se han topado con el racismo de bruces y Citizen está plagado de debates en el mismo sentido.

En The Outline cuentan la maravillosa historia de la campeona del mundo de paranoia.

«Samantha Kuhr llamó al 911 ansiosa: acababa de comprobar la cámara del timbre Ring instalada en su casa de Hermosa Beach, California, y vio a un hombre extraño entrar por la puerta principal. Les rogó que enviaran ayuda, segura de que estaba en peligro, hasta que quien le atendió le pidió que revisara la hora en el vídeo. Según Ring, el intruso había entrado hace 20 minutos. ¿Entonces había estado en la casa durante casi media hora sin ser visto? A Kuhr le llevó un momento darse cuenta de que el hombre en el vídeo de seguridad era ella, y que había llamado a la policía por temor a sí misma. Avergonzada, pidió que no la pusieran en la lista negra por usar indebidamente el 911».

La irrupción de estas tecnologías en España volverá a activar el debate del derecho de cada ciudadano a la autodefensa y de si los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado han de mantener el monopolio de la violencia.

Apps como Neighbor, además, permiten publicar los vídeos que captan las cámaras Ring, por lo que también se pone sobre la mesa el derecho a la intimidad en un mundo con un millón de ojos filmando cada rincón.

España sigue siendo, a pesar del repunte de las actividades delictivas en los dos últimos años, uno de los países más seguros de Europa. Pero si algún aficionado a apatrullar la siudá y mirar desde detrás del visillo está libre de prejuicios, que active la primera alerta.


Este contenido es una columna llamada El Piensódromo. La enviamos los viernes por email e incluye algún tipo de reflexión acerca del ecosistema que nos rodea y algunas recomendaciones culturales y lecturas adicionales. Si quieres recibirlo directamente en tu correo electrónico, puedes darte del alta en el formulario que hay aquí.

 

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Por eso, podemos tratar de adivinar qué va a ocurrir en España si, hoy mismo, miramos lo que ocurre en Estados Unidos. ¿Hasta dónde llegará nuestro nivel de paranoia?

Vox –el medio digital, no el partido ultraconservador– cuenta el auge que están experimentando las apps sociales de proximidad, las que establecen el campo de acción en el propio vecindario. El problema es que sus usuarios «están socializando más alrededor del delito aunque estos se hayan vuelto más inusuales» (en Estados Unidos, el índice de criminalidad se reduce cada año desde hace algún tiempo).

Los objetivos de Nextdoor, Citizen o Neighbor, tres de las más descargadas en las tiendas de apps de Apple y Android, son distintos según el caso. Nextdoor pretende ser un foro de contacto entre vecinos en el que se ofrece ayuda, servicios, recomendaciones, avisos o conversación.

Las otras dos tienen su esencia en la seguridad. Citizen se ha creado para enviar alertas a las autoridades cuando se han producido incidentes. Neighbors es la app de Amazon para utilizar su Ring, el timbre con videocámara que puede gestionarse remotamente y que permite abrir al mensajero sin estar en casa o vigilar para que nadie te guinde los paquetes que se quedan en la puerta, que parece que es algo que se estila mucho por allí.

La paranoia como combustible

El problema es que las tres apps se han convertido en un buen combustible para la paranoia del crimen. Su objetivo y su funcionamiento alimentan el miedo y el brote potencial de violencia. Además, se han convertido en ecosistemas que contienen comportamientos racistas porque, por desgracia, la mera presencia de personas que no son de etnia blanca caucasiana resulta sospechosa para mucha gente.

El efecto es muy similar al que produce la prensa local en un país como España. En una capital de provincia pequeña y en sus, normalmente, no muy grandes pueblos de la provincia, las noticias brotan con menos frecuencia que en las grandes ciudades.

Además, la supervivencia de dichos medios se batalla cada día en un horizonte de lectores cada vez más reducido. Si la querencia por el sensacionalismo es grande en un medio de alcance nacional, se dispara en los locales, ávidos de noticias ‘taquilleras’. Cualquier cosa que vaya más allá de la visita del alcalde a un centro de mayores es un respiro para las ventas de esos pequeños periódicos.

Una plantación de marihuana en un piso, un allanamiento de morada, un tirón de bolso o un alunizaje en un escaparate quedan diluidos en un océano de noticias ocurridas en una ciudad de tamaño mediano o grande. O, directamente, ni siquiera son noticia.

Un medio local puede colocarlas en portada y su porcentaje de ‘ocupación’ en el total de noticias del día es mucho más visible. Además, lo que sale en el periódico local está ocurriendo justo a tu lado.

Volviendo al ámbito estadounidense, David Ewoldsen, profesor de Medios e Información en la Michigan State University, cuenta en el artículo de Vox que «existen exhaustivas investigaciones que dicen que cuando escuchamos o leemos historias relacionadas con delitos, somos mucho más propensos a identificar al culpable como una persona negra que como una persona blanca».

Motherboard contaba que la mayoría de personas marcadas como sospechosas en la app Neighbor en un barrio gentrificado de Brooklyn, Williamsburg, eran «personas de color». De color negro, claro. En Nextdoor se han topado con el racismo de bruces y Citizen está plagado de debates en el mismo sentido.

En The Outline cuentan la maravillosa historia de la campeona del mundo de paranoia.

«Samantha Kuhr llamó al 911 ansiosa: acababa de comprobar la cámara del timbre Ring instalada en su casa de Hermosa Beach, California, y vio a un hombre extraño entrar por la puerta principal. Les rogó que enviaran ayuda, segura de que estaba en peligro, hasta que quien le atendió le pidió que revisara la hora en el vídeo. Según Ring, el intruso había entrado hace 20 minutos. ¿Entonces había estado en la casa durante casi media hora sin ser visto? A Kuhr le llevó un momento darse cuenta de que el hombre en el vídeo de seguridad era ella, y que había llamado a la policía por temor a sí misma. Avergonzada, pidió que no la pusieran en la lista negra por usar indebidamente el 911».

La irrupción de estas tecnologías en España volverá a activar el debate del derecho de cada ciudadano a la autodefensa y de si los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado han de mantener el monopolio de la violencia.

Apps como Neighbor, además, permiten publicar los vídeos que captan las cámaras Ring, por lo que también se pone sobre la mesa el derecho a la intimidad en un mundo con un millón de ojos filmando cada rincón.

España sigue siendo, a pesar del repunte de las actividades delictivas en los dos últimos años, uno de los países más seguros de Europa. Pero si algún aficionado a apatrullar la siudá y mirar desde detrás del visillo está libre de prejuicios, que active la primera alerta.


Este contenido es una columna llamada El Piensódromo. La enviamos los viernes por email e incluye algún tipo de reflexión acerca del ecosistema que nos rodea y algunas recomendaciones culturales y lecturas adicionales. Si quieres recibirlo directamente en tu correo electrónico, puedes darte del alta en el formulario que hay aquí.

 

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