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6 de agosto 2014    /   CREATIVIDAD
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Agujeros fantásticos

6 de agosto 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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Lo que hay al otro lado del agujero en la pared o en el suelo está fuera de los mapas de Google: la cabeza de John Malkovich, una lámpara maravillosa, un espantapájaros que habla…

Un agujero, un atajo perfecto

Al otro lado, las cosas siempre están a medio empezar, a medio acabar, in medias res (en la mitad de todo). Por esto un agujero es el mejor recurso al que un autor de fantasía puede recurrir.
Las historias de ciencia ficción realista como Her no tienen esa ventaja. Her comienza despacio para dar tiempo al espectador a aceptar como real lo que es irreal, aunque técnicamente factible en un futuro.
En la ciencia ficción incluso un agujero a otra realidad necesita explicaciones: tecnología extraterrestre o investigaciones secretas en los sótanos del Área 52… La fantasía no se toma tantos remilgos.
Al autor de fantasía le basta que el agujero esté tras una pared, al mover un mueble, como ocurre en Cómo ser John Malkovich. Si bien el guionista Charlie Kaufman coloca el agujero en una oficina con un techo de altura absurda, esto no justifica el argumento, la oficina sigue siendo un entorno corriente. Es el agujero lo que da sentido al sinsentido.
Lewis Carroll lo vio antes en Alicia en el país de las maravillas. El libro comienza con la protagonista leyendo a la orilla del río…
«(…) Cuando de repente un Conejo Blanco con ojos rosados corrió cerca de ella. No había nada extraordinario en eso: ni  tampoco le pareció extraño a Alicia oír a un Conejo decirse así mismo: «Oh Dios! Oh Dios! Llegare demasiado tarde!»»
Lo extraño es por qué tiene tanta prisa… Por eso lo sigue Alicia hasta el agujero… Y al otro lado, Carroll se permite crear un mundo ajeno a la imaginería popular conocida hasta entonces. Si Carroll se hubiera quedado en la superficie no hubiera ido más allá de animales parlanchines, tan comunes.
Mucho antes, Dante Alighieri coloca la entrada al Infierno en un agujero en las rocas, tras una puerta. La Divina comedia comienza cuando el poeta se topa en el campo con el alma de Virgilio, pero esto no resulta extraño ni aterrador al protagonista. Las historias de fantasmas y aparecidos forman parte del folclore. Lo aterrador está tras el agujero… La idea del Infierno en el subsuelo no es de Dante, pero él la trae a un contexto realista.
Mucho antes que Dante, Las mil y una noches reúne historias en las que hombres corrientes encuentran tesoros fabulosos y lámparas con genios tras agujeros en las rocas.
Con los ejemplos mencionado puede verse que incluso en los entornos de fantasía, los agujeros llevan la propuesta mucho más allá… Yendo mucho más adelante, un ejemplo más claro… La película Quién engañó a Roger Rabbit coloca el país de los dibujos animados tras un agujero cubierto solo por una cortina, al final de un túnel. De esta manera, la imaginaría visual se potencia, así como las situaciones extravagantes.
Como puede verse, el túnel es una parte de todo agujero fantástico. El otro mundo nunca está nada más entrar en el agujero sino que llega tras una larga y lenta caída o una penosa caminata a oscuras. Los autores preparan así el ánimo del personaje y del público.

Los agujeros cambian de forma, pero funcionan igual

Aunque el agujero se disfrace, conserva el túnel y su funcionamiento similar: actuar como conector entre mundos.
Para Frank L. Baum el agujero fantástico es el ciclón que transporta a Dorothy al reino de Oz. Un agujero al revés: del suelo al cielo, y de allí a vete a saber donde… Pero Oz es real, al menos en la novela de Baum, a diferencia de la conocida adaptación cinematográfica con Judy Garland, que acaba con la niña despertando de un sueño. En la novela, cuando Dorothy pide regresar a casa, gira en el aire y acaba…
«(… ) sentada en medio de la extensa llanura de Kansas, y frente a ella veía la nueva casa que el tío Henry había construido después que el ciclón se llevó la otra vivienda. El mismo Henry se hallaba ordeñando las vacas en el corral, y Toto habíase alejado de Dorothy y corría hacia el granero ladrando a más y mejor».
Como se ve, la fábrica de sueños a veces es la fábrica de castraciones. El agujero representado por el ciclón hace válido todo lo que sucede al otro lado. El sueño es un triste sucedáneo del agujero.
Para Murakami, el agujero es una escalera de emergencias al subsuelo de una autopista en 1Q84. Esta novela comienza con un tópico:
«La radio del taxi retransmitía un programa de música clásica por FM. Sonaba la Sinfonietta de Janacek» .
Aomame, la protagonista, escapa del atasco tomando unas escaleras que acaban en un corredor que conduce al exterior. Cuando Aomame sale el mundo no es el mismo, aunque tardará en descubrirlo.
El imaginativo Neil Gaiman tampoco tiene reparos en utilizar un agujero corriente en Coraline. Aquí el agujero simula ser una puerta tapiada con ladrillos. (De alguna manera, la puerta que cierra el Infierno de Dante). El agujero justifica que al otro lado los padres tengan botones por ojos.
Borges tampoco escapó a la fascinación por los agujeros. El suyo es diferente. Tiene el nombre de Aleph y el tamaño de una canica. Un agujero para mirar todo lo que sucede sobre la Tierra a la vez.
Son muchas más las novelas, las películas y series que se desarrollan gracias a agujeros en el suelo, en las paredes o en las montañas. Y no es raro. Lo que hay al otro lado está libre de las censuras de la lógica, de lo que debe ser y no ser… De manera que un escritor o un guionista podría decir lo mismo que dijo aquella prostituta del Bronx a Woody Allen en Desmontando a Harry:
«¿Qué es un agujero negro? Con lo que me gano la vida».
——————————————————
Imagen: Alice in Wonderland, 1933

Lo que hay al otro lado del agujero en la pared o en el suelo está fuera de los mapas de Google: la cabeza de John Malkovich, una lámpara maravillosa, un espantapájaros que habla…

Un agujero, un atajo perfecto

Al otro lado, las cosas siempre están a medio empezar, a medio acabar, in medias res (en la mitad de todo). Por esto un agujero es el mejor recurso al que un autor de fantasía puede recurrir.
Las historias de ciencia ficción realista como Her no tienen esa ventaja. Her comienza despacio para dar tiempo al espectador a aceptar como real lo que es irreal, aunque técnicamente factible en un futuro.
En la ciencia ficción incluso un agujero a otra realidad necesita explicaciones: tecnología extraterrestre o investigaciones secretas en los sótanos del Área 52… La fantasía no se toma tantos remilgos.
Al autor de fantasía le basta que el agujero esté tras una pared, al mover un mueble, como ocurre en Cómo ser John Malkovich. Si bien el guionista Charlie Kaufman coloca el agujero en una oficina con un techo de altura absurda, esto no justifica el argumento, la oficina sigue siendo un entorno corriente. Es el agujero lo que da sentido al sinsentido.
Lewis Carroll lo vio antes en Alicia en el país de las maravillas. El libro comienza con la protagonista leyendo a la orilla del río…
«(…) Cuando de repente un Conejo Blanco con ojos rosados corrió cerca de ella. No había nada extraordinario en eso: ni  tampoco le pareció extraño a Alicia oír a un Conejo decirse así mismo: «Oh Dios! Oh Dios! Llegare demasiado tarde!»»
Lo extraño es por qué tiene tanta prisa… Por eso lo sigue Alicia hasta el agujero… Y al otro lado, Carroll se permite crear un mundo ajeno a la imaginería popular conocida hasta entonces. Si Carroll se hubiera quedado en la superficie no hubiera ido más allá de animales parlanchines, tan comunes.
Mucho antes, Dante Alighieri coloca la entrada al Infierno en un agujero en las rocas, tras una puerta. La Divina comedia comienza cuando el poeta se topa en el campo con el alma de Virgilio, pero esto no resulta extraño ni aterrador al protagonista. Las historias de fantasmas y aparecidos forman parte del folclore. Lo aterrador está tras el agujero… La idea del Infierno en el subsuelo no es de Dante, pero él la trae a un contexto realista.
Mucho antes que Dante, Las mil y una noches reúne historias en las que hombres corrientes encuentran tesoros fabulosos y lámparas con genios tras agujeros en las rocas.
Con los ejemplos mencionado puede verse que incluso en los entornos de fantasía, los agujeros llevan la propuesta mucho más allá… Yendo mucho más adelante, un ejemplo más claro… La película Quién engañó a Roger Rabbit coloca el país de los dibujos animados tras un agujero cubierto solo por una cortina, al final de un túnel. De esta manera, la imaginaría visual se potencia, así como las situaciones extravagantes.
Como puede verse, el túnel es una parte de todo agujero fantástico. El otro mundo nunca está nada más entrar en el agujero sino que llega tras una larga y lenta caída o una penosa caminata a oscuras. Los autores preparan así el ánimo del personaje y del público.

Los agujeros cambian de forma, pero funcionan igual

Aunque el agujero se disfrace, conserva el túnel y su funcionamiento similar: actuar como conector entre mundos.
Para Frank L. Baum el agujero fantástico es el ciclón que transporta a Dorothy al reino de Oz. Un agujero al revés: del suelo al cielo, y de allí a vete a saber donde… Pero Oz es real, al menos en la novela de Baum, a diferencia de la conocida adaptación cinematográfica con Judy Garland, que acaba con la niña despertando de un sueño. En la novela, cuando Dorothy pide regresar a casa, gira en el aire y acaba…
«(… ) sentada en medio de la extensa llanura de Kansas, y frente a ella veía la nueva casa que el tío Henry había construido después que el ciclón se llevó la otra vivienda. El mismo Henry se hallaba ordeñando las vacas en el corral, y Toto habíase alejado de Dorothy y corría hacia el granero ladrando a más y mejor».
Como se ve, la fábrica de sueños a veces es la fábrica de castraciones. El agujero representado por el ciclón hace válido todo lo que sucede al otro lado. El sueño es un triste sucedáneo del agujero.
Para Murakami, el agujero es una escalera de emergencias al subsuelo de una autopista en 1Q84. Esta novela comienza con un tópico:
«La radio del taxi retransmitía un programa de música clásica por FM. Sonaba la Sinfonietta de Janacek» .
Aomame, la protagonista, escapa del atasco tomando unas escaleras que acaban en un corredor que conduce al exterior. Cuando Aomame sale el mundo no es el mismo, aunque tardará en descubrirlo.
El imaginativo Neil Gaiman tampoco tiene reparos en utilizar un agujero corriente en Coraline. Aquí el agujero simula ser una puerta tapiada con ladrillos. (De alguna manera, la puerta que cierra el Infierno de Dante). El agujero justifica que al otro lado los padres tengan botones por ojos.
Borges tampoco escapó a la fascinación por los agujeros. El suyo es diferente. Tiene el nombre de Aleph y el tamaño de una canica. Un agujero para mirar todo lo que sucede sobre la Tierra a la vez.
Son muchas más las novelas, las películas y series que se desarrollan gracias a agujeros en el suelo, en las paredes o en las montañas. Y no es raro. Lo que hay al otro lado está libre de las censuras de la lógica, de lo que debe ser y no ser… De manera que un escritor o un guionista podría decir lo mismo que dijo aquella prostituta del Bronx a Woody Allen en Desmontando a Harry:
«¿Qué es un agujero negro? Con lo que me gano la vida».
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Imagen: Alice in Wonderland, 1933

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