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26 de octubre 2015    /   CREATIVIDAD
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El glamur de volar en los años 50

26 de octubre 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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Un día de principios del siglo XX, el cielo, que estaba a lo suyo con sus nubes, sus lluvias y sus rayos de sol, se dio un susto de muerte. De pronto, apareció algo volando y no era ni un pájaro, ni un globo, ni un cometa, ni un platillo volador. Era algo con lo que los humanos habían soñado miles de años: un aparato lleno de personas capaz de volar. Desde entonces, el cielo dejó de ser el inalcanzable techo del mundo y, poco a poco, se fue convirtiendo en una autopista aérea.

La aviación comercial despegó en los años 20. Entonces volar era algo muy caro, casi inaccesible y lleno de glamour. El periodista Manuel Chaves Nogales hizo una serie de reportajes titulados ‘La vuelta a Europa en avión’ para contar en El Heraldo de Madrid qué se sentía desde el aire y qué estaba pasando en el continente. Se estrelló tres veces y sobrevivió las tres.

«Volar sobre una ciudad como Berlín durante la noche es el espectáculo más grandioso que nos puede ofrecer la civilización», escribió el periodista sevillano en septiembre de 1928. «El espíritu humano lleva muchos siglos maravillándose ante el espectáculo del firmamento durante la noche. Los poetas de todos los tiempos han cantado la grandeza del creador cada vez que consideraban la inmensidad del cielo tachonado de estrellas, y puede decirse que el sentimiento de lo sublime en la naturaleza subsistía ya solo porque el espectáculo de la noche, espolvoreada de luz, seguía siendo insuperable. Pero esto ha sido también superado».

libro aviones
La nueva industria crecía tímidamente hasta que Europa ardió en sus dos guerras salvajes. El cielo quedó reservado para los aeroplanos asesinos. Hubo que esperar hasta 1945 y el fin de la segunda contienda para que los aviones de pasajeros volvieran a volar. Los nuevos aparatos eran mucho mejores que esos primeros artefactos en los que montó Chaves Nogales.

De 1945 hasta la década de los 70, las aerolíneas fueron las firmas más glamurosas de la Tierra. Volar representaba exclusividad, elegancia, aventura e ilusión. A las compañías aéreas les importaba mucho su identidad corporativa. Esa imagen era su signo de distinción y, para crearla, buscaban a los diseñadores y publicitarios más cotizados. A Ivan Chermayeff, Otl Aicher, Massimo Vignelli o Mary Wells Lawrence.

Esa exclusividad empezó a diluirse a partir de 1970. En esa época millones de turistas y hombres de negocios comenzaron a llenar los aviones. Los aviones empezaron a llenar el cielo. Los aeropuertos comenzaron a llenar el suelo. Para muchos, era emocionante. Para otros, como Gabriel García Márquez, apabullante. El escritor decía que el único temor que podía permitirse sin perder su hombría era el miedo a volar.

«El único miedo que los latinos confesamos sin vergüenza, y hasta con un cierto orgullo machista, es el miedo al avión», escribió el premio nobel de literatura en un artículo titulado ‘Seamos machos: hablemos del miedo al avión’, en octubre de 1980. «Tal vez porque es un miedo distinto, que no existe desde nuestros orígenes, como el miedo a la oscuridad o el miedo mismo de que se nos note el miedo. Al contrario: el miedo al avión es el más reciente de todos, pues sólo existe desde que se inventó la ciencia de volar, hace apenas 77 años. Yo lo padezco como nadie, a mucha honra, y además con una gratitud inmensa, porque gracias a él he podido darle la vuelta al mundo en 82 horas, a bordo de toda clase de aviones, y por lo menos diez veces».

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Un día de principios del siglo XIX, el coleccionista de arte moderno M.C. Hühne vio un cartel original de Air France de la década de los 50. El estadounidense quedó anonadado. Empezó a investigar sobre los pósteres de las primeras aerolíneas comerciales y adquirió algunas piezas. Pensó que todo este material no podía perderse y que, además, debía volver al presente en un libro.

Hühne dedicó 18 meses a este propósito y, junto a Callisto Publishers, acaba de publicar una recopilación de estas imágenes en un fotolibro de 436 páginas titulado Airline Visual Identity. «Elaborar este libro ha sido muy divertido. Hay muchas historias interesantes detrás de las aerolíneas de esta época», indica el autor en una entrevista por correo electrónico.

«Las imágenes corporativas y la publicidad actual no son tan emocionantes porque los aviones se han convertido en un producto masivo y accesible para muchas personas. Eso es positivo, por supuesto, pero la experiencia es hoy algo muy diferente», dice Hühne. «Durante la era que trato en el libro, la mayor parte de la población no podía permitirse volar. Viajar en avión era algo muy especial, casi una aventura. Todos los destinos lejanos eran desconocidos y excitantes».

Los aviones llevan ya casi un siglo atravesando el cielo del planeta. La técnica, sin necesidad de más guerras mundiales, sigue afinando su precisión. Pero hay por ahí volando otras teorías menos científicas que aseguran, como dijo un día el historiador Carlos Osorio, que, en realidad, lo que mantiene a los aviones en el aire es el miedo de los pasajeros.

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carteles que mostraban volar en los años 50
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carteles que mostraban volar en los años 50
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Un día de principios del siglo XX, el cielo, que estaba a lo suyo con sus nubes, sus lluvias y sus rayos de sol, se dio un susto de muerte. De pronto, apareció algo volando y no era ni un pájaro, ni un globo, ni un cometa, ni un platillo volador. Era algo con lo que los humanos habían soñado miles de años: un aparato lleno de personas capaz de volar. Desde entonces, el cielo dejó de ser el inalcanzable techo del mundo y, poco a poco, se fue convirtiendo en una autopista aérea.

La aviación comercial despegó en los años 20. Entonces volar era algo muy caro, casi inaccesible y lleno de glamour. El periodista Manuel Chaves Nogales hizo una serie de reportajes titulados ‘La vuelta a Europa en avión’ para contar en El Heraldo de Madrid qué se sentía desde el aire y qué estaba pasando en el continente. Se estrelló tres veces y sobrevivió las tres.

«Volar sobre una ciudad como Berlín durante la noche es el espectáculo más grandioso que nos puede ofrecer la civilización», escribió el periodista sevillano en septiembre de 1928. «El espíritu humano lleva muchos siglos maravillándose ante el espectáculo del firmamento durante la noche. Los poetas de todos los tiempos han cantado la grandeza del creador cada vez que consideraban la inmensidad del cielo tachonado de estrellas, y puede decirse que el sentimiento de lo sublime en la naturaleza subsistía ya solo porque el espectáculo de la noche, espolvoreada de luz, seguía siendo insuperable. Pero esto ha sido también superado».

libro aviones
La nueva industria crecía tímidamente hasta que Europa ardió en sus dos guerras salvajes. El cielo quedó reservado para los aeroplanos asesinos. Hubo que esperar hasta 1945 y el fin de la segunda contienda para que los aviones de pasajeros volvieran a volar. Los nuevos aparatos eran mucho mejores que esos primeros artefactos en los que montó Chaves Nogales.

De 1945 hasta la década de los 70, las aerolíneas fueron las firmas más glamurosas de la Tierra. Volar representaba exclusividad, elegancia, aventura e ilusión. A las compañías aéreas les importaba mucho su identidad corporativa. Esa imagen era su signo de distinción y, para crearla, buscaban a los diseñadores y publicitarios más cotizados. A Ivan Chermayeff, Otl Aicher, Massimo Vignelli o Mary Wells Lawrence.

Esa exclusividad empezó a diluirse a partir de 1970. En esa época millones de turistas y hombres de negocios comenzaron a llenar los aviones. Los aviones empezaron a llenar el cielo. Los aeropuertos comenzaron a llenar el suelo. Para muchos, era emocionante. Para otros, como Gabriel García Márquez, apabullante. El escritor decía que el único temor que podía permitirse sin perder su hombría era el miedo a volar.

«El único miedo que los latinos confesamos sin vergüenza, y hasta con un cierto orgullo machista, es el miedo al avión», escribió el premio nobel de literatura en un artículo titulado ‘Seamos machos: hablemos del miedo al avión’, en octubre de 1980. «Tal vez porque es un miedo distinto, que no existe desde nuestros orígenes, como el miedo a la oscuridad o el miedo mismo de que se nos note el miedo. Al contrario: el miedo al avión es el más reciente de todos, pues sólo existe desde que se inventó la ciencia de volar, hace apenas 77 años. Yo lo padezco como nadie, a mucha honra, y además con una gratitud inmensa, porque gracias a él he podido darle la vuelta al mundo en 82 horas, a bordo de toda clase de aviones, y por lo menos diez veces».

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Un día de principios del siglo XIX, el coleccionista de arte moderno M.C. Hühne vio un cartel original de Air France de la década de los 50. El estadounidense quedó anonadado. Empezó a investigar sobre los pósteres de las primeras aerolíneas comerciales y adquirió algunas piezas. Pensó que todo este material no podía perderse y que, además, debía volver al presente en un libro.

Hühne dedicó 18 meses a este propósito y, junto a Callisto Publishers, acaba de publicar una recopilación de estas imágenes en un fotolibro de 436 páginas titulado Airline Visual Identity. «Elaborar este libro ha sido muy divertido. Hay muchas historias interesantes detrás de las aerolíneas de esta época», indica el autor en una entrevista por correo electrónico.

«Las imágenes corporativas y la publicidad actual no son tan emocionantes porque los aviones se han convertido en un producto masivo y accesible para muchas personas. Eso es positivo, por supuesto, pero la experiencia es hoy algo muy diferente», dice Hühne. «Durante la era que trato en el libro, la mayor parte de la población no podía permitirse volar. Viajar en avión era algo muy especial, casi una aventura. Todos los destinos lejanos eran desconocidos y excitantes».

Los aviones llevan ya casi un siglo atravesando el cielo del planeta. La técnica, sin necesidad de más guerras mundiales, sigue afinando su precisión. Pero hay por ahí volando otras teorías menos científicas que aseguran, como dijo un día el historiador Carlos Osorio, que, en realidad, lo que mantiene a los aviones en el aire es el miedo de los pasajeros.

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