12 de diciembre 2014    /   CREATIVIDAD
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Aitor Saraiba convierte tres novelas gráficas en una obra teatral

12 de diciembre 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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¿Cómo se adapta una novela gráfica a una obra de teatro? Complicado. ¿¿Y tres?? Tarea casi imposible. El ilustrador Aitor Saraiba lo sabe bien. Lleva seis meses enfrascado en el reto de convertir las historias de El hijo del legionario, Pajarillo y Nada más importa en un único texto teatral, aventura que ha bautizado como La máquina del tiempo. Y es un hecho excepcional. Este género editorial resulta a menudo goloso para guiones de cine. Pero no para teatro. La adaptación del cómic Amores minúsculos, de Alfonso Casas, es otro hecho puntual. La máquina del tiempo es un caso único porque es la primera vez que tres novelas gráficas se funden para representarse en un escenario. El ilustrador toledano será el encargado de diseñar incluso la escenografía.
La mesa de trabajo de Aitor Saraiba será la protagonista de la obra. Es la máquina del tiempo desde donde puede viajar con sus creaciones del pasado al futuro y de Los Ángeles al barrio de Patrocinio de San José (en Talavera de la Reina). Sentado en esa misma mesa, ubicada en un luminoso ático del Sur de Madrid, el ilustrador de 31 años explica cómo nació el proyecto. Y lo hace rodeado de discos y libros de Metallica, un póster de Morrissey, lápices de colores, un Peter Pan, su cabra de papel maché y un diagrama de horrores que parece sacado de True Detective.
«No tengo ni idea ni de edición de libros ni de cerámica. En todo lo que hago soy un intruso». Pero ahí está en el Ecuador de su cuarta novela gráfica y con una colección exclusiva de calaveras de cerámica elaboradas en la fábrica tradicional de su pueblo. Sus proyectos son multidisciplinares. Entre sus numerosos trabajos, ha liderado performances, diseñado zapatillas, tatuajes y ahora también joyas. Es uno de los referentes del ‘boom’ de la ilustración española. Y se le da bien nadar en aguas desconocidas. El teatro, hasta el momento, es su última aventura.
La idea de lanzarse a las tablas surgió tras ver la obra FURIA 2.0, de Víctor Tamarit. «Me di cuenta que teníamos los mismos códigos y le propuse a Furia Teatro hacer algo juntos. Porque yo nunca haría teatro y Víctor nunca haría una novela gráfica». Una vez pasado el fenómeno fan, y mientras comían queso y se hinchaban a Coca Cola, definieron el punto de partida: el infinito y sólido imaginario del mundo de Saraiba. El pasado mes de junio comenzaron a licuarlo.
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Les sobraban historias, dibujos y referencias. La propuesta inicial era convertir Pajarillo en una obra de teatro. Hicieron una lista con los temas que aborda: la búsqueda del origen, corazones rotos, fantasmas, el miedo, los viajes… Y ocurrió lo inevitable: «Cuando te enfrentas a tu propia obra, descubres cosas que hasta tú desconocías». Un hilo invisible une las tres novelas gráficas y Aitor no lo había visto hasta ahora. Decidieron entonces hacer el proyecto más ambicioso. La máquina del tiempo aúna las tres obras que, con muy pocas palabras, narran la complejidad de una vida. Una vida marcada por la ausencia de un padre con el que solo compartía la fecha de cumpleaños.
Advertencia para los fans del ilustrador: no es una traducción. Es una adaptación de las novelas. La máquina del tiempo es fiel al universo de Saraiba pero crea espacios y contenidos nuevos. Víctor y Aitor se han guiado por el instinto y van a contar algo diferente: cómo sería encontrarse cara a cara con el miedo.  
Los recursos teatrales han facilitado la adaptación en algunas ocasiones. Logran en segundos lo que las novelas narran en varias páginas. Un ejemplo: «Saltar de Los Ángeles a Patrocinio de San José (el barrio de Talavera donde se crió Aitor) se resuelve en un abrir y cerrar de ojos». En otras, el teatro lo ha puesto más difícil. Más ejemplos. El hecho de transmitir un sentimiento complejo con un único gesto del actor. O la necesidad de sacar la tijera más de lo previsto para eliminar escenas. «Hay tanto que contar que es difícil elegir qué ponemos y qué quitamos». Llevan seis meses mareando el texto. Y saben que lo seguirán retocando casi hasta el día del estreno.
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La máquina del tiempo ha tomado forma dentro de Factoría Cultural, el vivero de industrias creativas de Matadero Madrid. Y es un proyecto colaborativo que está en Verkami. ¿Por qué? «Porque los favores son panes prestados; como en El Padrino». Esta frase que Saraiba repite constantemente a Víctor les llevó a no pedir ayuda y trabajar solo con el apoyo que recibieran. Y están sorprendidos con la respuesta. «He confiado en las redes y la gente es superfiel. Que no te conozcan, inviertan en algo que aún no existe y compren tu ilusión es flipante».
Es difícil contar y ‘vender’ una obra de teatro que aún no existe. Por ello han tirado de imaginación para premiar a los mecenas. Se puede ‘apadrinar’ el proyecto desde los 10 euros. Y hasta los 2.000. Las recompensas son muy diversas: desde felicitaciones navideñas a un kirimagi -el arte de crear figuras con papel recortado- de la cabra de Saraiba, pasando por un pajarillo de cerámica, dos entradas para el día del estreno o un DVD de la obra.
Acaban de lograr el importe mínimo para sacar el proyecto adelante. Pero han sido optimistas desde el principio: los actores llevan tres meses ensayando. No concebían la posibilidad de que la obra no llegara a representarse. Incluso Aitor coquetea ya con la idea del estreno: «Yo tengo ya el traje en la percha».
Una última pregunta: ¿Qué tiene La máquina del tiempo para que merezca la pena ser vista? El ilustrador es muy sincero: «Mi vida no tiene nada de particular; impresiona lo normal y lo complejo que es todo a la vez. Por eso te identificas con ella. Es la excusa para hablar de temas que nos tocan a todos de cerca como el amor, lo difícil que es ubicarse en el mundo, el miedo o el destino. Mi vida es tan como la tuya que por eso merece la pena contarla».
Para Saraiba, la obra ya ha empezado. A pesar de que el estreno está previsto para febrero o marzo del año próximo. La máquina del tiempo no es el punto y final de unos libros que comenzaron a publicarse hace tres años. Ni un proyecto teatral que nació hace seis meses. Siguiendo el estilo de este ilustrador, donde menos siempre es más, la aparente sencillez de este proyecto esconde años de trabajo y esfuerzo. Resume una decisión que le ha costado 30 años asimilar y poder compartir. La de llegar a decir: «Papá, te perdono».
 

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La mesa de trabajo de Aitor Saraiba será la protagonista de la obra. Es la máquina del tiempo desde donde puede viajar con sus creaciones del pasado al futuro y de Los Ángeles al barrio de Patrocinio de San José (en Talavera de la Reina). Sentado en esa misma mesa, ubicada en un luminoso ático del Sur de Madrid, el ilustrador de 31 años explica cómo nació el proyecto. Y lo hace rodeado de discos y libros de Metallica, un póster de Morrissey, lápices de colores, un Peter Pan, su cabra de papel maché y un diagrama de horrores que parece sacado de True Detective.
«No tengo ni idea ni de edición de libros ni de cerámica. En todo lo que hago soy un intruso». Pero ahí está en el Ecuador de su cuarta novela gráfica y con una colección exclusiva de calaveras de cerámica elaboradas en la fábrica tradicional de su pueblo. Sus proyectos son multidisciplinares. Entre sus numerosos trabajos, ha liderado performances, diseñado zapatillas, tatuajes y ahora también joyas. Es uno de los referentes del ‘boom’ de la ilustración española. Y se le da bien nadar en aguas desconocidas. El teatro, hasta el momento, es su última aventura.
La idea de lanzarse a las tablas surgió tras ver la obra FURIA 2.0, de Víctor Tamarit. «Me di cuenta que teníamos los mismos códigos y le propuse a Furia Teatro hacer algo juntos. Porque yo nunca haría teatro y Víctor nunca haría una novela gráfica». Una vez pasado el fenómeno fan, y mientras comían queso y se hinchaban a Coca Cola, definieron el punto de partida: el infinito y sólido imaginario del mundo de Saraiba. El pasado mes de junio comenzaron a licuarlo.
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Les sobraban historias, dibujos y referencias. La propuesta inicial era convertir Pajarillo en una obra de teatro. Hicieron una lista con los temas que aborda: la búsqueda del origen, corazones rotos, fantasmas, el miedo, los viajes… Y ocurrió lo inevitable: «Cuando te enfrentas a tu propia obra, descubres cosas que hasta tú desconocías». Un hilo invisible une las tres novelas gráficas y Aitor no lo había visto hasta ahora. Decidieron entonces hacer el proyecto más ambicioso. La máquina del tiempo aúna las tres obras que, con muy pocas palabras, narran la complejidad de una vida. Una vida marcada por la ausencia de un padre con el que solo compartía la fecha de cumpleaños.
Advertencia para los fans del ilustrador: no es una traducción. Es una adaptación de las novelas. La máquina del tiempo es fiel al universo de Saraiba pero crea espacios y contenidos nuevos. Víctor y Aitor se han guiado por el instinto y van a contar algo diferente: cómo sería encontrarse cara a cara con el miedo.  
Los recursos teatrales han facilitado la adaptación en algunas ocasiones. Logran en segundos lo que las novelas narran en varias páginas. Un ejemplo: «Saltar de Los Ángeles a Patrocinio de San José (el barrio de Talavera donde se crió Aitor) se resuelve en un abrir y cerrar de ojos». En otras, el teatro lo ha puesto más difícil. Más ejemplos. El hecho de transmitir un sentimiento complejo con un único gesto del actor. O la necesidad de sacar la tijera más de lo previsto para eliminar escenas. «Hay tanto que contar que es difícil elegir qué ponemos y qué quitamos». Llevan seis meses mareando el texto. Y saben que lo seguirán retocando casi hasta el día del estreno.
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La máquina del tiempo ha tomado forma dentro de Factoría Cultural, el vivero de industrias creativas de Matadero Madrid. Y es un proyecto colaborativo que está en Verkami. ¿Por qué? «Porque los favores son panes prestados; como en El Padrino». Esta frase que Saraiba repite constantemente a Víctor les llevó a no pedir ayuda y trabajar solo con el apoyo que recibieran. Y están sorprendidos con la respuesta. «He confiado en las redes y la gente es superfiel. Que no te conozcan, inviertan en algo que aún no existe y compren tu ilusión es flipante».
Es difícil contar y ‘vender’ una obra de teatro que aún no existe. Por ello han tirado de imaginación para premiar a los mecenas. Se puede ‘apadrinar’ el proyecto desde los 10 euros. Y hasta los 2.000. Las recompensas son muy diversas: desde felicitaciones navideñas a un kirimagi -el arte de crear figuras con papel recortado- de la cabra de Saraiba, pasando por un pajarillo de cerámica, dos entradas para el día del estreno o un DVD de la obra.
Acaban de lograr el importe mínimo para sacar el proyecto adelante. Pero han sido optimistas desde el principio: los actores llevan tres meses ensayando. No concebían la posibilidad de que la obra no llegara a representarse. Incluso Aitor coquetea ya con la idea del estreno: «Yo tengo ya el traje en la percha».
Una última pregunta: ¿Qué tiene La máquina del tiempo para que merezca la pena ser vista? El ilustrador es muy sincero: «Mi vida no tiene nada de particular; impresiona lo normal y lo complejo que es todo a la vez. Por eso te identificas con ella. Es la excusa para hablar de temas que nos tocan a todos de cerca como el amor, lo difícil que es ubicarse en el mundo, el miedo o el destino. Mi vida es tan como la tuya que por eso merece la pena contarla».
Para Saraiba, la obra ya ha empezado. A pesar de que el estreno está previsto para febrero o marzo del año próximo. La máquina del tiempo no es el punto y final de unos libros que comenzaron a publicarse hace tres años. Ni un proyecto teatral que nació hace seis meses. Siguiendo el estilo de este ilustrador, donde menos siempre es más, la aparente sencillez de este proyecto esconde años de trabajo y esfuerzo. Resume una decisión que le ha costado 30 años asimilar y poder compartir. La de llegar a decir: «Papá, te perdono».
 

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