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6 de abril 2015    /   BUSINESS
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España podría ser una superpotencia en ajedrez

6 de abril 2015    /   BUSINESS     por          
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El próximo Fernando Alonso o Rafa Nadal puede estar ahora mismo frente a un tablero de 64 casillas blancas y negras. La reciente aprobación por parte del Congreso de los Diputados de una norma que incluirá el ajedrez en los currículos escolares apoya ese pensamiento, pero además la propia historia muestra que España es un país con pasión por esta disciplina.
Viajemos al siglo XIII. De aquella época procede uno de los groupies más insignes del ajedrez: Alfonso X el Sabio. El monarca llegó a escribir una obra sobre el ilustre casillero, El libro de los juegos, en el que incluía reglas y problemas sobre el ajedrez (que había llegado a la Península con los árabes), los dados y otros entretenimientos. El original se conserva en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
El juego se siguió practicando durante siglos en España, que se puede vanagloriar no solo de tener un monarca forofo, sino de contar con el primer ganador oficioso de un campeonato mundial, Ruy López de Segura, un clérigo nacido en Zafra (Badajoz) en el siglo XVI. Fue «una de las primeras estrellas del ajedrez como deporte», tal y como lo define Federico Marín Bellón, periodista de ABC y autor del blog Jugar con Cabeza.
Don Ruy también escribió libros como su paisano Alfonso; en concreto, el Libro de la invención liberal y arte del juego del axedrez, un manual en el que se recogen la historia del juego y las reglas de la versión moderna. Hay investigadores que afirman incluso que la pieza de la reina se incluyó por influencia de Isabel la Católica.

Más estrellas que en el firmamento

Si damos un salto en el tiempo y llegamos a los siglos XX y XXI, hay más ejemplos de personajes españoles que destacan en el ajedrez.

Uno de los casos más sorprendentes es el de Arturo Pomar, campeón de España de ajedrez a mediados de los años 40 con apenas 14 años. Según palabras del periodista especializado en ajedrez Leontxo García, «hubiera llegado a estar entre los cinco mejores del mundo si el franquismo le hubiera ayudado cuando de verdad lo necesitó y no se hubiera limitado a sacarlo en los documentales del No-Do».

Más tarde vendrían otros que corrieron mejor suerte, como Miguel Illescas, Gran Maestro internacional de ajedrez, ocho veces campeón de España y que posee una escuela de entrenamiento en Barcelona. Illescas fue uno de los ingenieros detrás de Deepblue, el ordenador que derrotó a Gari Kaspárov: «Perdió porque supimos explotar su único punto débil […]; quizá era que sabía demasiado. Entonces quizá pecó un poco de arrogante, pensó que iba a ganar y, cuando tú das la victoria por sentada, muchas veces es que has dado un primer paso a la derrota», contaba Illescas recientemente en Para Todos La 2.
La lista sigue: Ana Matnadze se proclamó campeona iberoamericana de ajedrez en 2014, precisamente en Linares; Paco Vallejo, tras proclamarse subcampeón mundial en la categoría sub-10, acabó siendo Gran Maestro con apenas 16 años, en 1999. Se podría haber convertido en «el Rafa Nadal del ajedrez», según Leontxo, pero no quiso, aunque todavía está entre los mejores del mundo.
Gran Maestro fue también Alexei Shirov, el «Leonardo da Vinci español» para el experto. Y no hemos de olvidar a Irene Nicolás y David Antón, medallas de plata en el mundial sub-16 en 2013; Irene llegó a abandonar la competición meses después porque el ajedrez dejó de interesarle.

De campeonatos y aplicaciones

Ajedrez
«España ya es en la actualidad un fuerte país en ajedrez», explica Javier Ochoa de Echagüen, presidente de la Federación Española de Ajedrez. «En el ranking mundial ocupamos el puesto 16 entre 180 países, y en la última Olimpiada de Ajedrez en Tromso (Noruega), equivalente a un mundial por selecciones, terminamos en la décima posición».
Sorprende, según cuenta Leontxo García a Yorokobu, que «España está en la vanguardia mundial en aplicaciones pedagógicas y sociales (TDAH, Ásperger, ciegos, cárceles, drogadictos, niños con cáncer, desempleados, retraso del envejecimiento cerebral y Alzheimer…) del ajedrez, y probablemente sigue siendo el país que organiza más torneos internacionales cada año (alrededor de un centenar, contando los de fin de semana)». Por desgracia (y por la crisis), entre ellos ya no está el campeonato internacional de Linares, en Jaén, que durante años reunió a los mejores jugadores del mundo en lo que se consideraba el Wimbledon del ajedrez .
Javier cree que hay que ser cautos para encontrar los resultados que los españoles demuestran en otras disciplinas: «La masificación de la práctica del ajedrez, algo que parece posible por las ultimas noticias publicadas, sin duda ayudaría a crear nuevas figuras, pero los resultados habría que buscarlos a largo plazo», ya que «a nivel deportivo, a corto plazo, es casi imposible superar a países como Rusia, Ucrania, Armenia o Azerbaiyán, con una larga tradición e historia en el mundo del ajedrez, o a países emergentes como China».
Federico apunta carencias («llevamos décadas de retraso»), pero ve con optimismo las medidas adoptadas en el Congreso: «La enseñanza masiva en los colegios generará sin duda nuevas estrellas en España. Irene Nicolás y David Antón, con sus medallas en campeonatos del mundo, son algunas de nuestras mejores promesas, y podrían mejorar los éxitos de nuestros mejores maestros: Pomar, Illescas, Vallejo…» Aunque, obviamente, «la idea de llevar el ajedrez a los colegios no es crear campeones, sino enseñar a los niños a pensar y proporcionarles todas las ventajas que genera la práctica de este juego».
¿Qué hace falta, entonces, para convertirse en superpotencia? David Moya, monitor de la escuela de Miguel Illescas, cree que falta financiación. En el caso de la federación catalana, que es la que él conoce, «con la crisis las familias de los alumnos se han visto obligadas a financiar parte del coste de las clases de tecnificación. En otros casos, los grupos son demasiado numerosos o, sencillamente, ‘son grupos’. Bajo mi punto de vista, el trabajo debería ser idealmente individual, como mucho en grupos de dos alumnos, y más intensivo». Opina que debería haber «mayor apoyo a los jugadores que destacan una vez pasada la edad sub-18 / sub-20» y más formación para los entrenadores, y pide a la administración y la sociedad una «mejor consideración» de este deporte.
Los elementos están allí para empezar a construir un tejido sólido, pero falta una buena base, según Federico: «hace unos años en España el ajedrez se desarrolló empezando la casa por el tejado, y cuando vino la crisis nos quedamos casi sin nada. Es preferible que los cimientos sean fuertes».
———————
Las imágenes son de Remco Wighman y Xoan Anton Castro Barreiro

El próximo Fernando Alonso o Rafa Nadal puede estar ahora mismo frente a un tablero de 64 casillas blancas y negras. La reciente aprobación por parte del Congreso de los Diputados de una norma que incluirá el ajedrez en los currículos escolares apoya ese pensamiento, pero además la propia historia muestra que España es un país con pasión por esta disciplina.
Viajemos al siglo XIII. De aquella época procede uno de los groupies más insignes del ajedrez: Alfonso X el Sabio. El monarca llegó a escribir una obra sobre el ilustre casillero, El libro de los juegos, en el que incluía reglas y problemas sobre el ajedrez (que había llegado a la Península con los árabes), los dados y otros entretenimientos. El original se conserva en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
El juego se siguió practicando durante siglos en España, que se puede vanagloriar no solo de tener un monarca forofo, sino de contar con el primer ganador oficioso de un campeonato mundial, Ruy López de Segura, un clérigo nacido en Zafra (Badajoz) en el siglo XVI. Fue «una de las primeras estrellas del ajedrez como deporte», tal y como lo define Federico Marín Bellón, periodista de ABC y autor del blog Jugar con Cabeza.
Don Ruy también escribió libros como su paisano Alfonso; en concreto, el Libro de la invención liberal y arte del juego del axedrez, un manual en el que se recogen la historia del juego y las reglas de la versión moderna. Hay investigadores que afirman incluso que la pieza de la reina se incluyó por influencia de Isabel la Católica.

Más estrellas que en el firmamento

Si damos un salto en el tiempo y llegamos a los siglos XX y XXI, hay más ejemplos de personajes españoles que destacan en el ajedrez.

Uno de los casos más sorprendentes es el de Arturo Pomar, campeón de España de ajedrez a mediados de los años 40 con apenas 14 años. Según palabras del periodista especializado en ajedrez Leontxo García, «hubiera llegado a estar entre los cinco mejores del mundo si el franquismo le hubiera ayudado cuando de verdad lo necesitó y no se hubiera limitado a sacarlo en los documentales del No-Do».

Más tarde vendrían otros que corrieron mejor suerte, como Miguel Illescas, Gran Maestro internacional de ajedrez, ocho veces campeón de España y que posee una escuela de entrenamiento en Barcelona. Illescas fue uno de los ingenieros detrás de Deepblue, el ordenador que derrotó a Gari Kaspárov: «Perdió porque supimos explotar su único punto débil […]; quizá era que sabía demasiado. Entonces quizá pecó un poco de arrogante, pensó que iba a ganar y, cuando tú das la victoria por sentada, muchas veces es que has dado un primer paso a la derrota», contaba Illescas recientemente en Para Todos La 2.
La lista sigue: Ana Matnadze se proclamó campeona iberoamericana de ajedrez en 2014, precisamente en Linares; Paco Vallejo, tras proclamarse subcampeón mundial en la categoría sub-10, acabó siendo Gran Maestro con apenas 16 años, en 1999. Se podría haber convertido en «el Rafa Nadal del ajedrez», según Leontxo, pero no quiso, aunque todavía está entre los mejores del mundo.
Gran Maestro fue también Alexei Shirov, el «Leonardo da Vinci español» para el experto. Y no hemos de olvidar a Irene Nicolás y David Antón, medallas de plata en el mundial sub-16 en 2013; Irene llegó a abandonar la competición meses después porque el ajedrez dejó de interesarle.

De campeonatos y aplicaciones

Ajedrez
«España ya es en la actualidad un fuerte país en ajedrez», explica Javier Ochoa de Echagüen, presidente de la Federación Española de Ajedrez. «En el ranking mundial ocupamos el puesto 16 entre 180 países, y en la última Olimpiada de Ajedrez en Tromso (Noruega), equivalente a un mundial por selecciones, terminamos en la décima posición».
Sorprende, según cuenta Leontxo García a Yorokobu, que «España está en la vanguardia mundial en aplicaciones pedagógicas y sociales (TDAH, Ásperger, ciegos, cárceles, drogadictos, niños con cáncer, desempleados, retraso del envejecimiento cerebral y Alzheimer…) del ajedrez, y probablemente sigue siendo el país que organiza más torneos internacionales cada año (alrededor de un centenar, contando los de fin de semana)». Por desgracia (y por la crisis), entre ellos ya no está el campeonato internacional de Linares, en Jaén, que durante años reunió a los mejores jugadores del mundo en lo que se consideraba el Wimbledon del ajedrez .
Javier cree que hay que ser cautos para encontrar los resultados que los españoles demuestran en otras disciplinas: «La masificación de la práctica del ajedrez, algo que parece posible por las ultimas noticias publicadas, sin duda ayudaría a crear nuevas figuras, pero los resultados habría que buscarlos a largo plazo», ya que «a nivel deportivo, a corto plazo, es casi imposible superar a países como Rusia, Ucrania, Armenia o Azerbaiyán, con una larga tradición e historia en el mundo del ajedrez, o a países emergentes como China».
Federico apunta carencias («llevamos décadas de retraso»), pero ve con optimismo las medidas adoptadas en el Congreso: «La enseñanza masiva en los colegios generará sin duda nuevas estrellas en España. Irene Nicolás y David Antón, con sus medallas en campeonatos del mundo, son algunas de nuestras mejores promesas, y podrían mejorar los éxitos de nuestros mejores maestros: Pomar, Illescas, Vallejo…» Aunque, obviamente, «la idea de llevar el ajedrez a los colegios no es crear campeones, sino enseñar a los niños a pensar y proporcionarles todas las ventajas que genera la práctica de este juego».
¿Qué hace falta, entonces, para convertirse en superpotencia? David Moya, monitor de la escuela de Miguel Illescas, cree que falta financiación. En el caso de la federación catalana, que es la que él conoce, «con la crisis las familias de los alumnos se han visto obligadas a financiar parte del coste de las clases de tecnificación. En otros casos, los grupos son demasiado numerosos o, sencillamente, ‘son grupos’. Bajo mi punto de vista, el trabajo debería ser idealmente individual, como mucho en grupos de dos alumnos, y más intensivo». Opina que debería haber «mayor apoyo a los jugadores que destacan una vez pasada la edad sub-18 / sub-20» y más formación para los entrenadores, y pide a la administración y la sociedad una «mejor consideración» de este deporte.
Los elementos están allí para empezar a construir un tejido sólido, pero falta una buena base, según Federico: «hace unos años en España el ajedrez se desarrolló empezando la casa por el tejado, y cuando vino la crisis nos quedamos casi sin nada. Es preferible que los cimientos sean fuertes».
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Las imágenes son de Remco Wighman y Xoan Anton Castro Barreiro

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Opiniones 6
  • Supongo que será de coña. España nunca podría ser una superpotencia en ajedrez. Es una país de una incultura desmesurada donde una actividad como el ajedrez nunca sería apreciada. Talentos los ha habido, Pomar, Vallejo, incluso Illescas pudo haber sido mucho más grande, y ahora David Antón… ¿Pero qué apoyo reciben? ¿Qué reconocimiento social tienen?
    Ayer estaba hablando de esto precisamente con Paco Vallejo en Moscú. Lleva viviendo aquí 5 meses. Echa pestes de España, de que el español común le considere un friki mientras que aquí le dan trato de intelectual,

    • De ahí que haga falta tiempo. Hace falta una estrella española para dinamizarlo. En su día la última partida de karpov-kasparov de sevilla tuvo una audiencia comparable a un partido de futbol.

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