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Cómo aprender de cine según Alain Bergala

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Para amar una película hay que ser un cineasta en potencia;
hay que decirse: «pero yo habría hecho esto o lo otro»;
hay que hacer uno mismo las películas,
quizás solo en la imaginación, pero hay que hacerlas.
(Jean Renoir)

Las conexiones entre cine y educación son muchas y variadas, y suponen tema de debate entre los expertos del celuloide. En primer lugar, el arte cinematográfico puede usarse como método de enseñanza creativa en las aulas. En segundo lugar, la enseñanza de los métodos audiovisuales en universidades y escuelas de cine está experimentando un intenso cambio. En tercer lugar, están proliferando nuevos modelos con una dimensión social que relacionan el cine con la participación ciudadana.

De estas tres dimensiones educativas del cine se va a hablar en el ciclo Pedagogías de la creación, vías para la transmisión del arte cinematográfico, que se impartirá en el marco de la XV edición de DocumentaMadrid del 4 al 6 de mayo en el Plató de la Cineteca (Madrid).

El ciclo lo inaugurará un hombre que ha reflexionado mucho sobre los usos educativos del cine. El crítico Alain Bergala se desplaza desde Francia para explicar su concepto de pedagogía de la creación, que sigue en total vigor desde que lo comenzó a usar en los años 70. Alain Bergala es autor de La hipótesis del cine (2007) y está asociado al inicio de la conocida revista Cahiers du Cinéma.

La sensibilidad que no se puede enseñar

Contrario al discurso del saber único, Bergala sostiene que el arte no se puede enseñar, sino que tiene que encontrarse, experimentarse y transmitirse por distintas vías. Este encuentro, según él, puede producirse en la escuela, el lugar en el que el espectador se convierte en creador. «El arte no se puede enseñar como una disciplina escolar, ¡y eso es mucho mejor!» explica a Yorokobu. «Pero puede transformar a aquel que lo descubra», añade, misterioso. «Podemos crear las condiciones para que los niños y los jóvenes se encuentren con obras hermosas y aprendan a amarlas, pero también a comprender los gestos creativos que dieron vida a estas obras. Para apreciar realmente una película, hace falta que en su cabeza sean un poco los creadores y no solo los consumidores».

Esta pedagogía, dice, «no es la de un maestro que imparte un saber impersonal, como en las disciplinas tradicionales de la escuela, sino la de un iniciador que no teme hablar en su propio nombre e intenta despertar la sensibilidad y el gusto de sus alumnos».

Con esta visión coincide Noemí García, académica y coordinadora del seminario. «La universidad y las escuelas son una oportunidad para estimular el aprendizaje, pero creo que lo más importante es el desarrollo de la mirada y del mundo interior de cada cual». Esa mirada se desarrolla a partir de estímulos muy variados: «pueden venir del visionado de obras cinematográficas, de la apertura a cualquier expresión artística, de la cultura en general y sobre todo de las propias experiencias vitales. La transmisión del arte no debería ofrecer modelos cerrados sino dejar espacios abiertos a la experimentación», concluye.

Bergala no cree que la sensibilidad artística sea innata, aunque acepta que los individuos pueden estar más o menos receptivos a ese encuentro con el arte dependiendo de su personalidad. En lo que sí cree ciegamente es en la importancia del entorno social del niño para esa sensibilidad. «En un entorno donde los niños se sumergen en un ambiente rico en cultura, están preparados “naturalmente” para encontrarse con el arte. Esto es mucho más difícil para aquellos que nacen y crecen en un entorno sin cultura, a menudo más pobre, donde el arte está ausente».

Y él tiene un ejemplo cercano de cómo el arte puede, en un ambiente sin cultura artística, cambiar el destino de un niño: el suyo propio. «La escuela y el encuentro con el cine me salvaron».

cien-nin%cc%83os-esperando-un-tren-4Fotograma de Cien niños esperando un tren, de Ignacio Agüero

La utilidad de la educación cinematográfica

Bergala defiende que cualquier persona debería recibir educación cinematográfica aunque no se vaya a dedicar al mundo del cine. «La educación de cine no es para producir futuros profesionales del cine. Es una educación general para un arte, para la sensibilidad artística, para el amor al cine. Estos valores permiten tener en cuenta la segunda mitad del cerebro, la de la intuición, la creación, la sensibilidad… que la escuela desarrollo poco y que será esencial en el equilibrio de la vida futura del niño».

Así que, incluso en oficios que no tienen nada que ver con el arte, «la sensibilidad artística es un activo suplementario gracias a la creatividad que favorece». Y además de hacernos trabajar la creatividad, nos aporta algo vital: «el cine nos permite ampliar la consciencia que tenemos de nuestra presencia en el mundo y vivir una vida generalmente más abierta a los demás, con una mayor capacidad de empatía».

marti%e2%95%a0u%cc%88rio-divulgac%e2%95%a0oa%e2%95%a0a%cc%82o-01Fotograma de la película Martirio, de Vincent Carelli, Ernesto de Carvalho y Tita

El binomio entre cine comercial y cine de autor

El experto no cree que el dualismo esté entre un cine de entretenimiento y un cine llamado «de autor» más minoritario. «No hay más que películas dignas de cine o no, películas que implican verdadera creación y otras de puro consumo. Pero algunas películas de entretenimiento son también algunas películas que implican una verdadera creación artística».

Él pone el esclarecedor ejemplo de Hitchcock: «En su época estaba considerado como un cineasta de puro entretenimiento, un hábil faiseur (podría traducirse como un mero fabricante de cine). Sus películas fueron pensadas y producidas para un público mundial. Nadie duda ahora de que fue uno de los más grandes artistas e inventores de formas de la historia del cine».

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Fotograma del documental Adentro, de Pau Coll

¿Un arte menor?

Alain Bergala ya no cree que el cine esté menos considerado que otras artes tradicionales. «Creo que esa jerarquía ya no es tan compartida. El cine se considera a menudo una práctica artística igual de importante que la literatura, las artes plásticas y la música». De nuevo, si en un sitio se pincha es en la escuela. «En los programas educativos, por desgracia, el cine es a menudo empequeñecido en comparación con otras disciplinas artísticas, pero no lo es en la cabeza de los alumnos ni en la sociedad, donde sigue siendo la más viva y popular de las artes».

¿El motivo de esta popularidad? «Es el único arte a la que todo el mundo está expuesto, sin barreras de conocimiento ni de antecedentes sociales». Pese a esta situación ventajosa, advierte: «No es suficiente estar expuesto superar la simple etapa de consumo y tomar conciencia de la dimensión creativa de algunas películas».

cien-nin%cc%83os-esperando-un-tren-6Fotograma de Cien niños esperando un tren, de Ignacio Agüero

Las escuelas de cine

¿Cómo se transmite el conocimiento (el arte) cinematográfico? ¿El bagaje de años de directores, guionistas y un sinfín de profesionales más que han ido absorbiendo nuevas técnicas y modos de narrar historias?

A Alain Bergala no le gusta referirse en general a las escuelas de cine. Asegura que no hay más que casos particulares. «Cada una tiene sus objetivos y su política de formación. La pedagogía de una escuela depende de sus objetivos y de la función que se le da en el sector del cine y la televisión en ese país», comenta. Es claro con su crítica a alguna de ellas: no le gustan ciertas escuelas privadas que «hacen dinero a espaldas de padres crédulos» y que no dan una verdadera educación de cine «sino solo un mínimo de aprendizaje técnico sin la mínima reflexión sobre el cine y sus códigos comerciales». Dice que este tipo de escuelas solo pueden producir «técnicos estándar sin la menor retrospectiva sobre su práctica, «buenos soldaditos de la industria audiovisual» a los que no se les pide que piensen.

En el lado positivo, el técnico destacas las dos grandes escuelas públicas de cine de gran calidad que hay en Francia. «Dan una formación inteligente a sus alumnos, tanto técnica como abierta a la cultura, la historia del arte y la reflexión permanente». Se refiere a La Femis y a L´École Louis Lumière. Fuera de Francia, destaca la situación de Estados Unidos: «hay escuelas de cine de muy alto nivel pero son de pago y muy costosas, lo que hace que solo los jóvenes más adinerados puedan tener acceso».

En España, los niños de tercero y cuarto de la ESO cursan una asignatura llamada Educación plástica, visual y audiovisual, pero Noemí García cree que «no es suficiente» y que la educación artística debería estar más presente en el currículo.

«En España hay un largo camino por recorrer todavía. Los niños y jóvenes consumen una gran cantidad de producciones audiovisuales de todo tipo, pero el tiempo dedicado a la reflexión sobre ella en el aula es muy limitado», dice la profesora de audiovisual de la Facultad de Bellas Artes de la UCM y programadora de la Cineteca de Matadero Madrid, que considera que hay que «aprovechar la fascinación que despiertan las imágenes en movimiento entre los jóvenes para que se conviertan en espectadores con una mayor capacidad crítica». La pedagogía propuesta por Alain Bergala, insiste, propone «relacionarse con el mundo desde el potencial de la creatividad y trabajar en los límites de las propias capacidades».

Noemí García alaba la política educativa que lleva a cabo Francia, que va de la mano con «una política cultural que ofrece un gran apoyo a cineastas y artistas en general». También le interesan las escuelas que han sido creadas por cineastas, como el CalArts de California o Le Frenoy en Francia. En el ámbito documental, destaca el modelo de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños de Cuba, «porque el aprendizaje va unido a una experiencia vital muy fuerte». También le interesan la Escuela Nacional de Cine, Televisión y Teatro en Łódź (Polonia) y el VGIK de Moscú. En España, se queda con la recientemente inaugurada Elías Querejeta Zine Eskola dirigida por Carlos Muguiro.

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Fotograma del documental Lo que dirán, de Nila Núñez, Mar López, Emiliano Trovati y Nelson Hernández

La era de los vídeos cortos

«Creo que la pedagogía del cine se está quedando atrás actualmente con respecto a la mutación contemporánea del espectador». Se refiere a que hay que tener en cuenta que las películas ya no se consumen únicamente en una sala a oscuras y de principio a fin, sino que ahora se ven «en los ordenadores, en los smartphones, en cualquier sitio, en cualquier momento y, por lo general, a trozos. Evidentemente, hay que tener esto en cuenta».

Y él lo tiene en cuenta proponiendo una «pedagogía de la vinculación de fragmentos» en la que la visión de la película entera en continuidad siga siendo indispensable pero se incluyan otros modos de aprendizaje. «Estoy pensando en lo que podría ser una verdadera pedagogía de YouTube, que puede ser un recurso muy rico si se utiliza bien». También reflexiona sobre la importancia de las series en relación con las películas unitarias. «La forma corta del “clip” y la larga de las “series” están haciendo más difícil y desalentadora para todo el mundo, pero sobre todo para los jóvenes, la decisión de entrar a ver una película de 90 minutos».

A Noemí García, por su parte, le interesa «un sincretismo que permita la conexión entre los procesos de enseñanza-aprendizaje del cine y lo audiovisual en relación a otras artes y a la sociedad». Pone algunos ejemplos de referentes que van en esa línea: las investigaciones que desarrolla el grupo “Las Lindes” del Museo de Arte Dos de Mayo, el grupo “Subtramas” del Museo de Arte Reina Sofía, o el Programa de Estudios Independientes (PEI) del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona.

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Fotograma de la película Martirio, de Vincent Carelli, Ernesto de Carvalho y Tita

El cine es educativo, pero no en todos los casos

Así como en los libros no todo lo producido es bueno, tampoco es adecuado defender la utilidad educativa del cine de manera absoluta. «Creo que una pedagogía estrecha, mal pensada o no pensada en absoluto, puede hacer más mal que bien. Mejor nada que un simulacro de pedagogía».

Y para que una pedagogía se aceptable y verdadera, debe tener «un pensamiento estructurado que le dé su propósito y defina sus métodos». Y debe, además, «tener en cuenta el tiempo necesariamente largo del enfoque del cine, la articulación entre “ver” películas y “hacer” películas y el enfoque del cine como arte»

El mayor peligro hoy, dice, es «una “gadgetización” del acercamiento al cine, con prácticas puntuales sin intenciones ni pensamiento reales. Si los estudiantes no han construido una verdadera experiencia de su acercamiento al cine, no sirve para nada».

lo-que-diran_7Fotograma del documental Lo que dirán, de Nila Núñez, Mar López, Emiliano Trovati y Nelson Hernández

La participación ciudadana en el cine

Noemí García formó parte durante diez años del colectivo La claqueta, donde participó en numerosos proyectos educativos, sociales y de participación ciudadana a través del cine.

«El mundo globalizado e informatizado nos invita a participar como espectadores pasivos de lo producido por otros», dice. Y aunque no niega el valor de lo que se puede adquirir desde esa perspectiva, cree que «la participación ciudadana en el ámbito cinematográfico supone tomar el control, proyectar un discurso, un universo y una imagen propias, desde una perspectiva colectiva que va más allá de la autoría individual».

«Creo que este tipo de prácticas contribuye a generar una mayor diversidad de discursos y que es un paso hacia la democratización de los medios». En el terreno negativo, ese acceso de todos al cine plantea el problema de cómo transmitir los conocimientos sobre la práctica audiovisual a las personas que participen en esa creación colectiva, «porque ese aprendizaje va a condicionar el resultado de la práctica». Por lo tanto, para que haya participación ciudadana, de nuevo tiene que haber una pedagogía del cine clara y de valor.

Un seminario sobre pedagogías del cine

Para Noemí García, el paradigma de Bergala es el punto de partida de estas jornadas. «Queremos otorgar un espacio importante al intercambio entre el público que asista y los ponentes y participantes de las mesas redondas», adelanta.

El seminario sobre pedagogías de la creación encabezado con Alain Bergala contará también con la presencia de otros profesionales como el documentalista Vincent Carelli, Carlos Muguiro, director de la Elías Querejeta Zine Eskola, o los responsables de Subtramas, Cinema en Curs, Aulafilm o Pedagogías Invisibles. DocumentaMadrid, en su quince aniversario, contará con la presencia de 80 cineastas y 120 películas. La entrada es libre y se solicita en la web del festival.

Foto de portada: Fotograma del documental Lo que dirán, de Nila Núñez, Mar López, Emiliano Trovati y Nelson Hernández.

Para amar una película hay que ser un cineasta en potencia;
hay que decirse: «pero yo habría hecho esto o lo otro»;
hay que hacer uno mismo las películas,
quizás solo en la imaginación, pero hay que hacerlas.
(Jean Renoir)

Las conexiones entre cine y educación son muchas y variadas, y suponen tema de debate entre los expertos del celuloide. En primer lugar, el arte cinematográfico puede usarse como método de enseñanza creativa en las aulas. En segundo lugar, la enseñanza de los métodos audiovisuales en universidades y escuelas de cine está experimentando un intenso cambio. En tercer lugar, están proliferando nuevos modelos con una dimensión social que relacionan el cine con la participación ciudadana.

De estas tres dimensiones educativas del cine se va a hablar en el ciclo Pedagogías de la creación, vías para la transmisión del arte cinematográfico, que se impartirá en el marco de la XV edición de DocumentaMadrid del 4 al 6 de mayo en el Plató de la Cineteca (Madrid).

El ciclo lo inaugurará un hombre que ha reflexionado mucho sobre los usos educativos del cine. El crítico Alain Bergala se desplaza desde Francia para explicar su concepto de pedagogía de la creación, que sigue en total vigor desde que lo comenzó a usar en los años 70. Alain Bergala es autor de La hipótesis del cine (2007) y está asociado al inicio de la conocida revista Cahiers du Cinéma.

La sensibilidad que no se puede enseñar

Contrario al discurso del saber único, Bergala sostiene que el arte no se puede enseñar, sino que tiene que encontrarse, experimentarse y transmitirse por distintas vías. Este encuentro, según él, puede producirse en la escuela, el lugar en el que el espectador se convierte en creador. «El arte no se puede enseñar como una disciplina escolar, ¡y eso es mucho mejor!» explica a Yorokobu. «Pero puede transformar a aquel que lo descubra», añade, misterioso. «Podemos crear las condiciones para que los niños y los jóvenes se encuentren con obras hermosas y aprendan a amarlas, pero también a comprender los gestos creativos que dieron vida a estas obras. Para apreciar realmente una película, hace falta que en su cabeza sean un poco los creadores y no solo los consumidores».

Esta pedagogía, dice, «no es la de un maestro que imparte un saber impersonal, como en las disciplinas tradicionales de la escuela, sino la de un iniciador que no teme hablar en su propio nombre e intenta despertar la sensibilidad y el gusto de sus alumnos».

Con esta visión coincide Noemí García, académica y coordinadora del seminario. «La universidad y las escuelas son una oportunidad para estimular el aprendizaje, pero creo que lo más importante es el desarrollo de la mirada y del mundo interior de cada cual». Esa mirada se desarrolla a partir de estímulos muy variados: «pueden venir del visionado de obras cinematográficas, de la apertura a cualquier expresión artística, de la cultura en general y sobre todo de las propias experiencias vitales. La transmisión del arte no debería ofrecer modelos cerrados sino dejar espacios abiertos a la experimentación», concluye.

Bergala no cree que la sensibilidad artística sea innata, aunque acepta que los individuos pueden estar más o menos receptivos a ese encuentro con el arte dependiendo de su personalidad. En lo que sí cree ciegamente es en la importancia del entorno social del niño para esa sensibilidad. «En un entorno donde los niños se sumergen en un ambiente rico en cultura, están preparados “naturalmente” para encontrarse con el arte. Esto es mucho más difícil para aquellos que nacen y crecen en un entorno sin cultura, a menudo más pobre, donde el arte está ausente».

Y él tiene un ejemplo cercano de cómo el arte puede, en un ambiente sin cultura artística, cambiar el destino de un niño: el suyo propio. «La escuela y el encuentro con el cine me salvaron».

cien-nin%cc%83os-esperando-un-tren-4Fotograma de Cien niños esperando un tren, de Ignacio Agüero

La utilidad de la educación cinematográfica

Bergala defiende que cualquier persona debería recibir educación cinematográfica aunque no se vaya a dedicar al mundo del cine. «La educación de cine no es para producir futuros profesionales del cine. Es una educación general para un arte, para la sensibilidad artística, para el amor al cine. Estos valores permiten tener en cuenta la segunda mitad del cerebro, la de la intuición, la creación, la sensibilidad… que la escuela desarrollo poco y que será esencial en el equilibrio de la vida futura del niño».

Así que, incluso en oficios que no tienen nada que ver con el arte, «la sensibilidad artística es un activo suplementario gracias a la creatividad que favorece». Y además de hacernos trabajar la creatividad, nos aporta algo vital: «el cine nos permite ampliar la consciencia que tenemos de nuestra presencia en el mundo y vivir una vida generalmente más abierta a los demás, con una mayor capacidad de empatía».

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El binomio entre cine comercial y cine de autor

El experto no cree que el dualismo esté entre un cine de entretenimiento y un cine llamado «de autor» más minoritario. «No hay más que películas dignas de cine o no, películas que implican verdadera creación y otras de puro consumo. Pero algunas películas de entretenimiento son también algunas películas que implican una verdadera creación artística».

Él pone el esclarecedor ejemplo de Hitchcock: «En su época estaba considerado como un cineasta de puro entretenimiento, un hábil faiseur (podría traducirse como un mero fabricante de cine). Sus películas fueron pensadas y producidas para un público mundial. Nadie duda ahora de que fue uno de los más grandes artistas e inventores de formas de la historia del cine».

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Fotograma del documental Adentro, de Pau Coll

¿Un arte menor?

Alain Bergala ya no cree que el cine esté menos considerado que otras artes tradicionales. «Creo que esa jerarquía ya no es tan compartida. El cine se considera a menudo una práctica artística igual de importante que la literatura, las artes plásticas y la música». De nuevo, si en un sitio se pincha es en la escuela. «En los programas educativos, por desgracia, el cine es a menudo empequeñecido en comparación con otras disciplinas artísticas, pero no lo es en la cabeza de los alumnos ni en la sociedad, donde sigue siendo la más viva y popular de las artes».

¿El motivo de esta popularidad? «Es el único arte a la que todo el mundo está expuesto, sin barreras de conocimiento ni de antecedentes sociales». Pese a esta situación ventajosa, advierte: «No es suficiente estar expuesto superar la simple etapa de consumo y tomar conciencia de la dimensión creativa de algunas películas».

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Las escuelas de cine

¿Cómo se transmite el conocimiento (el arte) cinematográfico? ¿El bagaje de años de directores, guionistas y un sinfín de profesionales más que han ido absorbiendo nuevas técnicas y modos de narrar historias?

A Alain Bergala no le gusta referirse en general a las escuelas de cine. Asegura que no hay más que casos particulares. «Cada una tiene sus objetivos y su política de formación. La pedagogía de una escuela depende de sus objetivos y de la función que se le da en el sector del cine y la televisión en ese país», comenta. Es claro con su crítica a alguna de ellas: no le gustan ciertas escuelas privadas que «hacen dinero a espaldas de padres crédulos» y que no dan una verdadera educación de cine «sino solo un mínimo de aprendizaje técnico sin la mínima reflexión sobre el cine y sus códigos comerciales». Dice que este tipo de escuelas solo pueden producir «técnicos estándar sin la menor retrospectiva sobre su práctica, «buenos soldaditos de la industria audiovisual» a los que no se les pide que piensen.

En el lado positivo, el técnico destacas las dos grandes escuelas públicas de cine de gran calidad que hay en Francia. «Dan una formación inteligente a sus alumnos, tanto técnica como abierta a la cultura, la historia del arte y la reflexión permanente». Se refiere a La Femis y a L´École Louis Lumière. Fuera de Francia, destaca la situación de Estados Unidos: «hay escuelas de cine de muy alto nivel pero son de pago y muy costosas, lo que hace que solo los jóvenes más adinerados puedan tener acceso».

En España, los niños de tercero y cuarto de la ESO cursan una asignatura llamada Educación plástica, visual y audiovisual, pero Noemí García cree que «no es suficiente» y que la educación artística debería estar más presente en el currículo.

«En España hay un largo camino por recorrer todavía. Los niños y jóvenes consumen una gran cantidad de producciones audiovisuales de todo tipo, pero el tiempo dedicado a la reflexión sobre ella en el aula es muy limitado», dice la profesora de audiovisual de la Facultad de Bellas Artes de la UCM y programadora de la Cineteca de Matadero Madrid, que considera que hay que «aprovechar la fascinación que despiertan las imágenes en movimiento entre los jóvenes para que se conviertan en espectadores con una mayor capacidad crítica». La pedagogía propuesta por Alain Bergala, insiste, propone «relacionarse con el mundo desde el potencial de la creatividad y trabajar en los límites de las propias capacidades».

Noemí García alaba la política educativa que lleva a cabo Francia, que va de la mano con «una política cultural que ofrece un gran apoyo a cineastas y artistas en general». También le interesan las escuelas que han sido creadas por cineastas, como el CalArts de California o Le Frenoy en Francia. En el ámbito documental, destaca el modelo de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños de Cuba, «porque el aprendizaje va unido a una experiencia vital muy fuerte». También le interesan la Escuela Nacional de Cine, Televisión y Teatro en Łódź (Polonia) y el VGIK de Moscú. En España, se queda con la recientemente inaugurada Elías Querejeta Zine Eskola dirigida por Carlos Muguiro.

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Fotograma del documental Lo que dirán, de Nila Núñez, Mar López, Emiliano Trovati y Nelson Hernández

La era de los vídeos cortos

«Creo que la pedagogía del cine se está quedando atrás actualmente con respecto a la mutación contemporánea del espectador». Se refiere a que hay que tener en cuenta que las películas ya no se consumen únicamente en una sala a oscuras y de principio a fin, sino que ahora se ven «en los ordenadores, en los smartphones, en cualquier sitio, en cualquier momento y, por lo general, a trozos. Evidentemente, hay que tener esto en cuenta».

Y él lo tiene en cuenta proponiendo una «pedagogía de la vinculación de fragmentos» en la que la visión de la película entera en continuidad siga siendo indispensable pero se incluyan otros modos de aprendizaje. «Estoy pensando en lo que podría ser una verdadera pedagogía de YouTube, que puede ser un recurso muy rico si se utiliza bien». También reflexiona sobre la importancia de las series en relación con las películas unitarias. «La forma corta del “clip” y la larga de las “series” están haciendo más difícil y desalentadora para todo el mundo, pero sobre todo para los jóvenes, la decisión de entrar a ver una película de 90 minutos».

A Noemí García, por su parte, le interesa «un sincretismo que permita la conexión entre los procesos de enseñanza-aprendizaje del cine y lo audiovisual en relación a otras artes y a la sociedad». Pone algunos ejemplos de referentes que van en esa línea: las investigaciones que desarrolla el grupo “Las Lindes” del Museo de Arte Dos de Mayo, el grupo “Subtramas” del Museo de Arte Reina Sofía, o el Programa de Estudios Independientes (PEI) del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona.

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Fotograma de la película Martirio, de Vincent Carelli, Ernesto de Carvalho y Tita

El cine es educativo, pero no en todos los casos

Así como en los libros no todo lo producido es bueno, tampoco es adecuado defender la utilidad educativa del cine de manera absoluta. «Creo que una pedagogía estrecha, mal pensada o no pensada en absoluto, puede hacer más mal que bien. Mejor nada que un simulacro de pedagogía».

Y para que una pedagogía se aceptable y verdadera, debe tener «un pensamiento estructurado que le dé su propósito y defina sus métodos». Y debe, además, «tener en cuenta el tiempo necesariamente largo del enfoque del cine, la articulación entre “ver” películas y “hacer” películas y el enfoque del cine como arte»

El mayor peligro hoy, dice, es «una “gadgetización” del acercamiento al cine, con prácticas puntuales sin intenciones ni pensamiento reales. Si los estudiantes no han construido una verdadera experiencia de su acercamiento al cine, no sirve para nada».

lo-que-diran_7Fotograma del documental Lo que dirán, de Nila Núñez, Mar López, Emiliano Trovati y Nelson Hernández

La participación ciudadana en el cine

Noemí García formó parte durante diez años del colectivo La claqueta, donde participó en numerosos proyectos educativos, sociales y de participación ciudadana a través del cine.

«El mundo globalizado e informatizado nos invita a participar como espectadores pasivos de lo producido por otros», dice. Y aunque no niega el valor de lo que se puede adquirir desde esa perspectiva, cree que «la participación ciudadana en el ámbito cinematográfico supone tomar el control, proyectar un discurso, un universo y una imagen propias, desde una perspectiva colectiva que va más allá de la autoría individual».

«Creo que este tipo de prácticas contribuye a generar una mayor diversidad de discursos y que es un paso hacia la democratización de los medios». En el terreno negativo, ese acceso de todos al cine plantea el problema de cómo transmitir los conocimientos sobre la práctica audiovisual a las personas que participen en esa creación colectiva, «porque ese aprendizaje va a condicionar el resultado de la práctica». Por lo tanto, para que haya participación ciudadana, de nuevo tiene que haber una pedagogía del cine clara y de valor.

Un seminario sobre pedagogías del cine

Para Noemí García, el paradigma de Bergala es el punto de partida de estas jornadas. «Queremos otorgar un espacio importante al intercambio entre el público que asista y los ponentes y participantes de las mesas redondas», adelanta.

El seminario sobre pedagogías de la creación encabezado con Alain Bergala contará también con la presencia de otros profesionales como el documentalista Vincent Carelli, Carlos Muguiro, director de la Elías Querejeta Zine Eskola, o los responsables de Subtramas, Cinema en Curs, Aulafilm o Pedagogías Invisibles. DocumentaMadrid, en su quince aniversario, contará con la presencia de 80 cineastas y 120 películas. La entrada es libre y se solicita en la web del festival.

Foto de portada: Fotograma del documental Lo que dirán, de Nila Núñez, Mar López, Emiliano Trovati y Nelson Hernández.

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