fbpx
11 de enero 2019    /   IDEAS
por
 

¿En qué consiste realmente un alargamiento de pene?

11 de enero 2019    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Allá por 2012, el actor y escritor estadounidense Jonah Falcon fue detenido por el personal de seguridad en el aeropuerto de San Francisco. Los agentes pensaron que el enorme paquete que marcaba el hombre podía ser, en realidad, un arma de destrucción masiva.

Le cachearon, le sometieron a un control de sustancias explosivas e incluso le hicieron pasar por un escáner de rayos X. Pero, para decepción de los vigilantes, tan solo se trataba de su pene: unos 35 centímetros en erección.

Aunque tampoco hay que venirse arriba. El de Falcon –considerado el hombre con el pene más grande del mundo– es un caso (bastante) aislado. Claro que hay hombres con penes de infarto, pero también abundan (y mucho) los que adolecen de todo lo contrario.

Existen hombres con micropene y otros que, sin tenerlo realmente, viven acomplejados porque piensan que su rabo es más pequeño de lo que realmente es –lo que se conoce como síndrome del vestuario– y que eso les impedirá satisfacer a la mujer durante el coito.

A veces, el problema de autoestima de esos hombres es tan grande que los lleva a necesitar tratamiento psicológico. El alargamiento de pene parece haberse convertido en los últimos tiempos en una fantasía para todo hombre con complejo de pichacorta (o con problemas para practicar la penetración).

«Salvo que hablemos de una longitud inferior a ocho centímetros de longitud, o dos de diámetro, no estamos hablando de penes pequeños», explica el psicólogo y sexólogo Raúl Padilla. «Pero es bastante común que existan complejos de tamaño, sobre todo en jóvenes con pene creciente, es decir, que mide muy poco en flacidez, pero erecto es normal o incluso grande».

Cada año se llevan a cabo más de 15.000 intervenciones de este tipo en el mundo, según datos de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS) –Alemania es pichichi de la liga de este tipo de operaciones–. Un negocio redondo para las clínicas que ofertan la intervención. Y, aunque no abundan los datos, se calcula que el 90% de los hombres que piden un alargamiento de pene no lo necesitan realmente.

La cuestión es: ¿cómo se alarga un pene? Aunque suene a carnicería, la operación es relativamente sencilla. Por lo general, los cirujanos cortan el ligamento suspensorio que une el órgano al hueso del pubis, haciendo que cuelgue hacia abajo entre dos y cinco centímetros (dando una sensación de alargamiento adicional al falo que, realmente, tan solo lo hace más visible).

A continuación, los cirujanos extraen grasa del estómago del paciente y la inyectan en el cuerpo de su pene, aumentando el diámetro del miembro en varios centímetros (aunque lo habitual es una crecida de poco más de un centímetro).

Pero que nadie se confunda: el alargamiento solo cambia la longitud del pene en reposo –vamos, que en erección, será realmente tan largo como lo era antes de recurrir al bisturí–.

Cuentan los expertos que la operación, que suele costar alrededor de 4.000 euros, dura poco más de una hora y se realiza con anestesia local. Pero después hay que seguir algunas recomendaciones en aras de la recuperación.

Lo aconsejable es tomarse una semana de reposo tras la operación, y mantener la verga vendada durante los primeros días. Pero hay más: nada de copular durante un mes y mejor si se usa un distractor mecánico (durante varios meses) para estirar el pene hacia abajo e impedir que, al cicatrizar la herida, el aparato se retraiga.

Muchos quedan encantados con su nuevo pene, pero otros se espantan bastante al ver el resultado –un estudio elaborado por miembros del londinense Centro de Andrología St. Peter puso de manifiesto que muchos de los pacientes que se operan quedaban insatisfechos o solicitaban una segunda intervención–.

En otras palabras, no son pocos los que maldicen la cara B –o los efectos secundarios– del alargamiento: dolor insoportable, cicatrices incómodas y visibles debajo del vello público, infecciones inoportunas… o una disminución en el ángulo de la erección.

«A menos que el pene sea pequeño o esté por debajo de la media (hasta 10 cm), esta operación va a afectar al grado de erección, ya que precisamente es el [ligamento] suspensorio el que mantiene el mástil en el grado de inclinación hacia arriba tan característico», explica Padilla.

Piénsenlo cabalmente: ¿Los ligamentos tienen razón de existir? Pues claro. ¿Es normal entonces que, si uno empieza a cortarlos, la estabilidad del pene se vea reducida? También. El sexólogo recuerda que, en el caso de los populares aumentos de grosor con ácido hialurónico, no es nada extraño que se pueda producir una pérdida de dureza en la erección, con la consiguiente sensación de falta de sensibilidad durante el coito.

Posibles inconvenientes aparte, la popularidad de este tipo de operaciones para alargar y engrosar el pene no para de aumentar –aunque aún no existen datos oficiales sobre cuántas operaciones de este tipo se hacen en España al cabo del año–.

Son muchos los varones de todo el mundo que las ven como el talismán que les permitirá aumentar su confianza y seguridad en sí mismos. «Este tipo de operaciones puede resultar útil a quien no se siente identificado con su genitalidad (y eso le está llevando a otro tipo de problemas biológicos, psicológicos o sociales). Los cuatro o seis centímetros de alargamiento pueden ser la diferencia entre salir de casa con una sonrisa o con una nube sobre la cabeza», argumenta Padilla.

Mientras tanto, como es lógico, las clínicas están aprovechando el tirón –aunque muchos consideren que la publicidad que emplean es (muchas veces) engañosa y se limita a alimentar la inseguridad masculina con expectativas altas y poco realistas sobre la controvertida cirugía–.

Padilla tiene claro que lo ideal es tirar de sentido común y sopesar ventajas e inconvenientes de la operación: «¿Compensa? Es decisión de cada cual. Nuestro pene tiene por objeto darnos placer; nuestro coche, facilitar nuestra movilidad; y si queremos ser envidiados, es más sencillo ostentar con el coche que con el pene».

Allá por 2012, el actor y escritor estadounidense Jonah Falcon fue detenido por el personal de seguridad en el aeropuerto de San Francisco. Los agentes pensaron que el enorme paquete que marcaba el hombre podía ser, en realidad, un arma de destrucción masiva.

Le cachearon, le sometieron a un control de sustancias explosivas e incluso le hicieron pasar por un escáner de rayos X. Pero, para decepción de los vigilantes, tan solo se trataba de su pene: unos 35 centímetros en erección.

Aunque tampoco hay que venirse arriba. El de Falcon –considerado el hombre con el pene más grande del mundo– es un caso (bastante) aislado. Claro que hay hombres con penes de infarto, pero también abundan (y mucho) los que adolecen de todo lo contrario.

Existen hombres con micropene y otros que, sin tenerlo realmente, viven acomplejados porque piensan que su rabo es más pequeño de lo que realmente es –lo que se conoce como síndrome del vestuario– y que eso les impedirá satisfacer a la mujer durante el coito.

A veces, el problema de autoestima de esos hombres es tan grande que los lleva a necesitar tratamiento psicológico. El alargamiento de pene parece haberse convertido en los últimos tiempos en una fantasía para todo hombre con complejo de pichacorta (o con problemas para practicar la penetración).

«Salvo que hablemos de una longitud inferior a ocho centímetros de longitud, o dos de diámetro, no estamos hablando de penes pequeños», explica el psicólogo y sexólogo Raúl Padilla. «Pero es bastante común que existan complejos de tamaño, sobre todo en jóvenes con pene creciente, es decir, que mide muy poco en flacidez, pero erecto es normal o incluso grande».

Cada año se llevan a cabo más de 15.000 intervenciones de este tipo en el mundo, según datos de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS) –Alemania es pichichi de la liga de este tipo de operaciones–. Un negocio redondo para las clínicas que ofertan la intervención. Y, aunque no abundan los datos, se calcula que el 90% de los hombres que piden un alargamiento de pene no lo necesitan realmente.

La cuestión es: ¿cómo se alarga un pene? Aunque suene a carnicería, la operación es relativamente sencilla. Por lo general, los cirujanos cortan el ligamento suspensorio que une el órgano al hueso del pubis, haciendo que cuelgue hacia abajo entre dos y cinco centímetros (dando una sensación de alargamiento adicional al falo que, realmente, tan solo lo hace más visible).

A continuación, los cirujanos extraen grasa del estómago del paciente y la inyectan en el cuerpo de su pene, aumentando el diámetro del miembro en varios centímetros (aunque lo habitual es una crecida de poco más de un centímetro).

Pero que nadie se confunda: el alargamiento solo cambia la longitud del pene en reposo –vamos, que en erección, será realmente tan largo como lo era antes de recurrir al bisturí–.

Cuentan los expertos que la operación, que suele costar alrededor de 4.000 euros, dura poco más de una hora y se realiza con anestesia local. Pero después hay que seguir algunas recomendaciones en aras de la recuperación.

Lo aconsejable es tomarse una semana de reposo tras la operación, y mantener la verga vendada durante los primeros días. Pero hay más: nada de copular durante un mes y mejor si se usa un distractor mecánico (durante varios meses) para estirar el pene hacia abajo e impedir que, al cicatrizar la herida, el aparato se retraiga.

Muchos quedan encantados con su nuevo pene, pero otros se espantan bastante al ver el resultado –un estudio elaborado por miembros del londinense Centro de Andrología St. Peter puso de manifiesto que muchos de los pacientes que se operan quedaban insatisfechos o solicitaban una segunda intervención–.

En otras palabras, no son pocos los que maldicen la cara B –o los efectos secundarios– del alargamiento: dolor insoportable, cicatrices incómodas y visibles debajo del vello público, infecciones inoportunas… o una disminución en el ángulo de la erección.

«A menos que el pene sea pequeño o esté por debajo de la media (hasta 10 cm), esta operación va a afectar al grado de erección, ya que precisamente es el [ligamento] suspensorio el que mantiene el mástil en el grado de inclinación hacia arriba tan característico», explica Padilla.

Piénsenlo cabalmente: ¿Los ligamentos tienen razón de existir? Pues claro. ¿Es normal entonces que, si uno empieza a cortarlos, la estabilidad del pene se vea reducida? También. El sexólogo recuerda que, en el caso de los populares aumentos de grosor con ácido hialurónico, no es nada extraño que se pueda producir una pérdida de dureza en la erección, con la consiguiente sensación de falta de sensibilidad durante el coito.

Posibles inconvenientes aparte, la popularidad de este tipo de operaciones para alargar y engrosar el pene no para de aumentar –aunque aún no existen datos oficiales sobre cuántas operaciones de este tipo se hacen en España al cabo del año–.

Son muchos los varones de todo el mundo que las ven como el talismán que les permitirá aumentar su confianza y seguridad en sí mismos. «Este tipo de operaciones puede resultar útil a quien no se siente identificado con su genitalidad (y eso le está llevando a otro tipo de problemas biológicos, psicológicos o sociales). Los cuatro o seis centímetros de alargamiento pueden ser la diferencia entre salir de casa con una sonrisa o con una nube sobre la cabeza», argumenta Padilla.

Mientras tanto, como es lógico, las clínicas están aprovechando el tirón –aunque muchos consideren que la publicidad que emplean es (muchas veces) engañosa y se limita a alimentar la inseguridad masculina con expectativas altas y poco realistas sobre la controvertida cirugía–.

Padilla tiene claro que lo ideal es tirar de sentido común y sopesar ventajas e inconvenientes de la operación: «¿Compensa? Es decisión de cada cual. Nuestro pene tiene por objeto darnos placer; nuestro coche, facilitar nuestra movilidad; y si queremos ser envidiados, es más sencillo ostentar con el coche que con el pene».

Compártelo twitter facebook whatsapp
¿Llevamos 183 años colgando al revés la bandera de Bélgica?
La abuela de Silicon Valley
Ni ruso ni gay
Ya no se aprende a pedalear como antes
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 3
  • Extensor de Pene médico. Andropenis® es un aparato patentado de Alargamiento del Pene de fácil uso. Aumenta la Longitud y Grosor del Pene. Andropenis® está Clínicamente probado y testado en hospitales PubMed®.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *