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14 de diciembre 2021    /   CREATIVIDAD
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Ilustración  portada: LA PAGE

Albert Isern: «El buen diseño es efectivo comercial y culturalmente»

La Asociación de Directores de Arte y Diseñadores Gráficos del FAD cumple 60 años. Repasamos la historia del diseño barcelonés de la mano de uno de sus máximos representantes

14 de diciembre 2021    /   CREATIVIDAD     por        Ilustración  portada: LA PAGE
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Recién comenzados los años 60, el diseño en Barcelona estaba en horas bajas. Lejos quedaban los tiempos en los que la industrialización de la ciudad a principios del siglo XX había creado el caldo de cultivo perfecto para que surgiera el modernismo catalán.

Por suerte, un grupo de ilustradores comerciales barceloneses (el término diseñador gráfico ni siquiera existía todavía) que habían viajado por Europa y habían entrado contacto con las nuevas tendencias de diseño gráfico que se estaban dando en lugares como Milán, París, Suiza o Londres decidieron volver a su ciudad y aplicar lo que habían aprendido. Tenían mucho trabajo por delante y la enorme responsabilidad de crearlo todo desde cero. También la increíble satisfacción de hacerlo.

El 4 de diciembre de 1961, crearon en Barcelona la asociación Grafistas FAD, que sería el germen de la actual Asociación de Directores de Arte y Diseñadores Gráficos del FAD (ADG-FAD). Si hacen números se darán cuenta de que están de aniversario, cumplen 60 años.

Fundadores de Grafistas FAD
Primer Logo grafistas-FAD

De esas seis décadas, el diseñador Albert Isern fue presidente durante 17 años. «Estuve más años que la Merkel. Ella solo ha estado 16», bromea durante la inauguración de la exposición de más de 80 carteles que otros tantos diseñadores de la ciudad han creado para conmemorar esta fecha y que puede visitarse desde el 4 de diciembre y hasta el 9 de enero en el vestíbulo principal del Disseny Hub Barcelona.

«Yo me quise marchar, pero no me dejaban, me seguían votando», continúa Isern, que a sus 81 años conserva una vitalidad y una claridad mental envidiables. «El trabajo que aquellos primeros profesionales comenzaron a crear no tenía nada que ver con los dibujitos que se hacían en aquella época en España. Eran espectaculares», recuerda.

«La primera vez que me encontré con ese nuevo diseño fue en una de las primeras acciones que Grafistas FAD puso en marcha: colocaron unas vallas publicitarias de 4×3 metros en algunos de los lugares más céntricos de la ciudad, como las Ramblas o el Paseo de Gracia, en las que desarrollaban un tema. Era un lenguaje nuevo, impactante, que creó una expectativa en muchos jóvenes que ni siquiera pensábamos dedicarnos al diseño. Yo mismo pensé: “¿Eso es lo que se puede hacer en diseño?”. Me interesó y quise saber más. No sabía ni lo que tenía que hacer para ser diseñador, pero fue como una emoción, me atrajo instantáneamente».

Isern acabó matriculándose en Plástica Publicitaria, en la Escola Massana, donde impartían clases muchos de los diseñadores de Grafistas FAD. Tras acabar sus estudios, sería profesor allí durante siete años.

A Isern todavía se le iluminan los ojos hablando de su profesión y reflexiona un buen rato cuando se enfrenta a una de las clásicas preguntas que les hacen a los diseñadores: ¿qué es para él el diseño? «El diseño es una suerte de mensaje con una caligrafía propia que tiene sus reglas y se constituye a base de palabras, textos e imágenes», explica.

«Es un método privilegiado para expresar una idea, un método que casi no lo tiene ninguna otra disciplina. Esta idea la pones al servicio de toda la sociedad, no solo de una empresa. El buen diseño funciona tanto a nivel de efectividad comercial como de aportación cultural en el entorno en el que se manifiesta. Estamos rodeados de diseño, todo a nuestro alrededor es diseño. Si hacemos una botella, pero además es bonita y distinta, estamos haciendo una aportación cultural al entorno. Es una ecología de la imagen. El diseño tiene una difusión tan amplia que conlleva también una gran responsabilidad».

LA FUNDACIÓN

Isern presidió la ADG-FAD entre 1972 y 1989, con lo que vivió los inicios de la asociación siendo un joven asociado y contribuyó a su crecimiento y consolidación ya desde la junta directiva. Él distingue claramente tres períodos en la evolución de la entidad.

«Grafistas FAD nace dentro de una asociación más amplia, Fomento de las Artes Decorativas (FAD), debido a dos factores», explica. «El primero es que encajaba conceptualmente. El segundo fue una imposición de ese tiempo. Estamos hablando del año 61, dictadura total, una época en la que asociarse, no solo diseñadores, sino cualquier persona, resultaba muy sospechoso para el régimen. Pero bajo el paraguas del FAD, una institución que se había fundado en 1903, todo fue más sencillo. Con las trabas que ponía la ley, lo más inteligente fue crear una asociación dentro de la asociación».

Aquel grupo de diseñadores, poco más de una decena, se encontraron con que tenían todo por hacer. Había que crear unos estatutos, unas normas, darse un nombre, algo que no era tan sencillo. «En aquél momento nadie sabía aquí qué significaba grafismo ni qué era lo que hacían estos profesionales. Lo primero que hizo el grupo fue darse a conocer por su trabajo y es por eso que montaron esas exposiciones públicas con las que yo me encontré y que me deslumbraron», recuerda Isern.

El buen diseño funciona tanto a nivel de efectividad comercial como de aportación cultural en el entorno en el que se manifiesta. Estamos rodeados de diseño, todo a nuestro alrededor es diseño. Si hacemos una botella, pero además es bonita y distinta, estamos haciendo una aportación cultural al entorno

Otra de las cosas que se realizaron en esa época, y que a la larga ha sido de gran importancia, fue la creación en 1964 de los premios LAUS a la mejor obra de grafismo. «Curiosamente, en sus inicios, los primeros LAUS se daban únicamente a las empresas, no al diseñador», nos cuenta Isern. «Lo que se pretendía con eso era hacer referencia a cómo el buen diseño es importante, sobre todo para la empresa».

Posteriormente se incluirá también al diseñador: son los primeros premios en tener este carácter dual, premiando al creador y a la empresa que ha apostado por ese diseño. «Es interesante destacar que el trofeo que se acabó creando para estos premios, diseñado por Tomás Vellvé en 1970, es un paralelepípedo rectangular configurado por dos piezas de diferentes colores que encajaban entre sí, representando la simbiosis entre diseñador y cliente. Fue un trofeo revolucionario por representar tan bien la filosofía de los premios y obtuvo un premio del ADI-FAD, la asociación de diseñadores industriales».

Diseño de Ainhoa Nagore por el 60 aniversario de ADG-FAD

 

LA CONSOLIDACIÓN

Con los años 70 llega la época de la consolidación y comienza la presidencia de Isern, que será el encargado de recoger el legado de los fundadores de la asociación, actualizarlo e impulsarlo hacia el futuro.

Entre lo más destacado de la década, la adaptación del nombre de la asociación al nuevo concepto de diseñador gráfico que se había empezado a utilizar en nuestro país debido a la influencia del inglés graphic designer. En 1971 la asociación pasa a llamarse ADG-FAD y se renueva completamente su imagen.

Diseño de Carles Murillo por el 60 aniversario de ADG-FAD

 

Diseño de Bildi por el 60 aniversario de ADG

 

Por otro lado, 1974 constituye la puesta de largo de los premios LAUS, que se comienzan a entregar anualmente, se aumenta la comunicación a los medios y se entregan en una gran fiesta en la que coinciden cada año los profesionales más importantes del sector. «Se convirtió en un evento social y profesional imprescindible para el mundo del diseño», recuerda Isern.

«A lo largo de los años, estuvimos en la mayoría de salas de fiestas de la ciudad, como Studio 54, Up&Down y hasta Razzmatazz. Se trata de una fiesta desenfadada, un lugar donde se reflexiona sobre el diseño pero también se celebra».

LA EXPANSIÓN

Durante los años 80, los miembros de la asociación viajan por todo el mundo enseñando lo que se hace en Barcelona y conociendo otras escenas de diseño, algo que ya se había comenzado a hacer de forma más tímida durante la década anterior. Se viaja por Europa, pero también a lugares más distantes como Japón, California, Cuba o Nueva York, con visita incluida al estudio del gurú Milton Glaser.

Diseño de Dani Rubio Arauna por el 60 aniversario de ADG-FAD

 

David Torrents

 

Eduardo del Fraile

Es en esta década en la que Barcelona se convierte en «la ciudad del diseño». Fundamentalmente, según Isern, por el eco que las actividades de ADG-FAD y de otras asociaciones similares tienen en los medios de comunicación, algo que estaba muy claro en su agenda como presidente: «La idea era salir del ámbito profesional y darse a conocer a todos los niveles de la sociedad y, desde los medios, llegar al público en general que, en definitiva, es el receptor final del diseño gráfico. Esto último nos parecía muy importante», afirma el creador.

BARCELONA, POLÍTICA Y DISEÑO

Para Isern, la relación de Barcelona con el diseño viene de lejos. Ya desde la época de la industrialización, y en especial en el sector de las artes decorativas, la Barcelona del modernismo ya era una ciudad del diseño, «lo que pasa es que las cosas tienen sus curvas, sus altibajos, y pasó lo que pasó en el país: hubo las guerras que hubo y la cultura quedó completamente relegada», afirma. Por tanto, lo que ocurre en los años 60 es un renacimiento; un reencuentro de la ciudad con su propia esencia, perdida durante varias décadas oscuras.

 

Maria de Gibert

 

Laura Armet

 

AMàrius Zorrilla

Esta relevancia, según Isern, se ha conseguido a pesar de los dirigentes políticos que, en su opinión, no se han rodeado de gente que los podría haber ayudado muchísimo. «Pasqual Maragall se preocupó de rodearse de gente que sabía: arquitectos, diseñadores… Y consiguió hacer las olimpiadas en Barcelona. Pero ahora ves gente que no sabe y que no quiere reconocer que no sabe, y aplica métodos vistos en otros lugares sin analizar la idiosincrasia del lugar, la topología de nuestra ciudad y coloca cosas horribles en la calle y a veces peligrosas, que incluso confunden a la circulación», comenta Isern, haciendo referencia al polémico proyecto de las superillas impulsado en los últimos años por el gobierno municipal de Ada Colau.

EL FUTURO DE LOS JÓVENES DISEÑADORES

Pero a pesar de reconocer estas dificultades externas, el mensaje de Isern sobre el futuro del diseño es optimista, aunque con algunos matices: «Por un lado, los nuevos diseñadores tienen unos medios y un acceso al conocimiento que no podíamos ni soñar en los años 60. Por otro, no se habla mucho sobre las dificultades que tienen muchos jóvenes para incorporarse a un mercado laboral totalmente saturado. Es imposible que todos encuentren trabajo como diseñadores», explica el catalán.

LA PAGE

 

Grande

 

F33

 

Extra

 

Eva Vesikansa

 

Lacasta Design

«Independientemente de eso, mi mensaje para los jóvenes que empiezan en esto es que no desfallezcan, que apuesten por esta profesión con toda su motivación y su energía. Que estén al día de todo, que trabajen mucho y que, si finalmente no pueden encajar en el lugar que más les gustaría, busquen alternativas. El mercado está duro y hay mucha competencia, pero del diseño vemos la punta del iceberg y la industria es mucho más amplia. Pueden ser muy útiles en una empresa de artes gráficas o como jefes de marketing de una empresa. Todos esos puestos son necesarios».

Por lo demás, Isern no piensa que diseñar en los 60 fuera muy diferente a hacerlo en 2021. «Lo importante es definir bien el concepto», afirma. Para él, los ordenadores supusieron una revolución en su momento, aportaron rapidez, aunque también recortaron el tiempo para reflexionar.

Lo Siento

 

Mariscal

 

Pràctica

 

ruizcompany

«Yo siempre digo a mis alumnos que antes de ponerse a diseñar tienen que pensar, escribir sus ideas, conceptualizar. Una vez que tengan el concepto, tienen que pensar en las posibilidades gráficas para comunicarlo y ajustarse a ese plan. Con el proceso artesanal, cada cambio era lento y te daba un tiempo de reflexión, aparte de dejar cierto margen para los accidentes felices, sucesos inesperados que, en mi opinión, te hacían acertar más que ahora».

Albert Isern representa en sí mismo el espíritu de una asociación, la ADG-FAD, y de una profesión, el diseño gráfico, que disfruta en nuestros días de muy buena salud. El diseñador no puede sentirse más feliz del momento por el que atraviesa el sector: «Estoy muy satisfecho de esta exposición y de la importancia de la labor de la asociación. Ten en cuenta que el diseño para mí ha sido mucho más que una profesión, ha sido un modo de vida, y cuando lo vives desde esa perspectiva, es algo que te enriquece y te llena muchísimo», concluye.

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Recién comenzados los años 60, el diseño en Barcelona estaba en horas bajas. Lejos quedaban los tiempos en los que la industrialización de la ciudad a principios del siglo XX había creado el caldo de cultivo perfecto para que surgiera el modernismo catalán.

Por suerte, un grupo de ilustradores comerciales barceloneses (el término diseñador gráfico ni siquiera existía todavía) que habían viajado por Europa y habían entrado contacto con las nuevas tendencias de diseño gráfico que se estaban dando en lugares como Milán, París, Suiza o Londres decidieron volver a su ciudad y aplicar lo que habían aprendido. Tenían mucho trabajo por delante y la enorme responsabilidad de crearlo todo desde cero. También la increíble satisfacción de hacerlo.

El 4 de diciembre de 1961, crearon en Barcelona la asociación Grafistas FAD, que sería el germen de la actual Asociación de Directores de Arte y Diseñadores Gráficos del FAD (ADG-FAD). Si hacen números se darán cuenta de que están de aniversario, cumplen 60 años.

Fundadores de Grafistas FAD
Primer Logo grafistas-FAD

De esas seis décadas, el diseñador Albert Isern fue presidente durante 17 años. «Estuve más años que la Merkel. Ella solo ha estado 16», bromea durante la inauguración de la exposición de más de 80 carteles que otros tantos diseñadores de la ciudad han creado para conmemorar esta fecha y que puede visitarse desde el 4 de diciembre y hasta el 9 de enero en el vestíbulo principal del Disseny Hub Barcelona.

«Yo me quise marchar, pero no me dejaban, me seguían votando», continúa Isern, que a sus 81 años conserva una vitalidad y una claridad mental envidiables. «El trabajo que aquellos primeros profesionales comenzaron a crear no tenía nada que ver con los dibujitos que se hacían en aquella época en España. Eran espectaculares», recuerda.

«La primera vez que me encontré con ese nuevo diseño fue en una de las primeras acciones que Grafistas FAD puso en marcha: colocaron unas vallas publicitarias de 4×3 metros en algunos de los lugares más céntricos de la ciudad, como las Ramblas o el Paseo de Gracia, en las que desarrollaban un tema. Era un lenguaje nuevo, impactante, que creó una expectativa en muchos jóvenes que ni siquiera pensábamos dedicarnos al diseño. Yo mismo pensé: “¿Eso es lo que se puede hacer en diseño?”. Me interesó y quise saber más. No sabía ni lo que tenía que hacer para ser diseñador, pero fue como una emoción, me atrajo instantáneamente».

Isern acabó matriculándose en Plástica Publicitaria, en la Escola Massana, donde impartían clases muchos de los diseñadores de Grafistas FAD. Tras acabar sus estudios, sería profesor allí durante siete años.

A Isern todavía se le iluminan los ojos hablando de su profesión y reflexiona un buen rato cuando se enfrenta a una de las clásicas preguntas que les hacen a los diseñadores: ¿qué es para él el diseño? «El diseño es una suerte de mensaje con una caligrafía propia que tiene sus reglas y se constituye a base de palabras, textos e imágenes», explica.

«Es un método privilegiado para expresar una idea, un método que casi no lo tiene ninguna otra disciplina. Esta idea la pones al servicio de toda la sociedad, no solo de una empresa. El buen diseño funciona tanto a nivel de efectividad comercial como de aportación cultural en el entorno en el que se manifiesta. Estamos rodeados de diseño, todo a nuestro alrededor es diseño. Si hacemos una botella, pero además es bonita y distinta, estamos haciendo una aportación cultural al entorno. Es una ecología de la imagen. El diseño tiene una difusión tan amplia que conlleva también una gran responsabilidad».

LA FUNDACIÓN

Isern presidió la ADG-FAD entre 1972 y 1989, con lo que vivió los inicios de la asociación siendo un joven asociado y contribuyó a su crecimiento y consolidación ya desde la junta directiva. Él distingue claramente tres períodos en la evolución de la entidad.

«Grafistas FAD nace dentro de una asociación más amplia, Fomento de las Artes Decorativas (FAD), debido a dos factores», explica. «El primero es que encajaba conceptualmente. El segundo fue una imposición de ese tiempo. Estamos hablando del año 61, dictadura total, una época en la que asociarse, no solo diseñadores, sino cualquier persona, resultaba muy sospechoso para el régimen. Pero bajo el paraguas del FAD, una institución que se había fundado en 1903, todo fue más sencillo. Con las trabas que ponía la ley, lo más inteligente fue crear una asociación dentro de la asociación».

Aquel grupo de diseñadores, poco más de una decena, se encontraron con que tenían todo por hacer. Había que crear unos estatutos, unas normas, darse un nombre, algo que no era tan sencillo. «En aquél momento nadie sabía aquí qué significaba grafismo ni qué era lo que hacían estos profesionales. Lo primero que hizo el grupo fue darse a conocer por su trabajo y es por eso que montaron esas exposiciones públicas con las que yo me encontré y que me deslumbraron», recuerda Isern.

El buen diseño funciona tanto a nivel de efectividad comercial como de aportación cultural en el entorno en el que se manifiesta. Estamos rodeados de diseño, todo a nuestro alrededor es diseño. Si hacemos una botella, pero además es bonita y distinta, estamos haciendo una aportación cultural al entorno

Otra de las cosas que se realizaron en esa época, y que a la larga ha sido de gran importancia, fue la creación en 1964 de los premios LAUS a la mejor obra de grafismo. «Curiosamente, en sus inicios, los primeros LAUS se daban únicamente a las empresas, no al diseñador», nos cuenta Isern. «Lo que se pretendía con eso era hacer referencia a cómo el buen diseño es importante, sobre todo para la empresa».

Posteriormente se incluirá también al diseñador: son los primeros premios en tener este carácter dual, premiando al creador y a la empresa que ha apostado por ese diseño. «Es interesante destacar que el trofeo que se acabó creando para estos premios, diseñado por Tomás Vellvé en 1970, es un paralelepípedo rectangular configurado por dos piezas de diferentes colores que encajaban entre sí, representando la simbiosis entre diseñador y cliente. Fue un trofeo revolucionario por representar tan bien la filosofía de los premios y obtuvo un premio del ADI-FAD, la asociación de diseñadores industriales».

Diseño de Ainhoa Nagore por el 60 aniversario de ADG-FAD

 

LA CONSOLIDACIÓN

Con los años 70 llega la época de la consolidación y comienza la presidencia de Isern, que será el encargado de recoger el legado de los fundadores de la asociación, actualizarlo e impulsarlo hacia el futuro.

Entre lo más destacado de la década, la adaptación del nombre de la asociación al nuevo concepto de diseñador gráfico que se había empezado a utilizar en nuestro país debido a la influencia del inglés graphic designer. En 1971 la asociación pasa a llamarse ADG-FAD y se renueva completamente su imagen.

Diseño de Carles Murillo por el 60 aniversario de ADG-FAD

 

Diseño de Bildi por el 60 aniversario de ADG

 

Por otro lado, 1974 constituye la puesta de largo de los premios LAUS, que se comienzan a entregar anualmente, se aumenta la comunicación a los medios y se entregan en una gran fiesta en la que coinciden cada año los profesionales más importantes del sector. «Se convirtió en un evento social y profesional imprescindible para el mundo del diseño», recuerda Isern.

«A lo largo de los años, estuvimos en la mayoría de salas de fiestas de la ciudad, como Studio 54, Up&Down y hasta Razzmatazz. Se trata de una fiesta desenfadada, un lugar donde se reflexiona sobre el diseño pero también se celebra».

LA EXPANSIÓN

Durante los años 80, los miembros de la asociación viajan por todo el mundo enseñando lo que se hace en Barcelona y conociendo otras escenas de diseño, algo que ya se había comenzado a hacer de forma más tímida durante la década anterior. Se viaja por Europa, pero también a lugares más distantes como Japón, California, Cuba o Nueva York, con visita incluida al estudio del gurú Milton Glaser.

Diseño de Dani Rubio Arauna por el 60 aniversario de ADG-FAD

 

David Torrents

 

Eduardo del Fraile

Es en esta década en la que Barcelona se convierte en «la ciudad del diseño». Fundamentalmente, según Isern, por el eco que las actividades de ADG-FAD y de otras asociaciones similares tienen en los medios de comunicación, algo que estaba muy claro en su agenda como presidente: «La idea era salir del ámbito profesional y darse a conocer a todos los niveles de la sociedad y, desde los medios, llegar al público en general que, en definitiva, es el receptor final del diseño gráfico. Esto último nos parecía muy importante», afirma el creador.

BARCELONA, POLÍTICA Y DISEÑO

Para Isern, la relación de Barcelona con el diseño viene de lejos. Ya desde la época de la industrialización, y en especial en el sector de las artes decorativas, la Barcelona del modernismo ya era una ciudad del diseño, «lo que pasa es que las cosas tienen sus curvas, sus altibajos, y pasó lo que pasó en el país: hubo las guerras que hubo y la cultura quedó completamente relegada», afirma. Por tanto, lo que ocurre en los años 60 es un renacimiento; un reencuentro de la ciudad con su propia esencia, perdida durante varias décadas oscuras.

 

Maria de Gibert

 

Laura Armet

 

AMàrius Zorrilla

Esta relevancia, según Isern, se ha conseguido a pesar de los dirigentes políticos que, en su opinión, no se han rodeado de gente que los podría haber ayudado muchísimo. «Pasqual Maragall se preocupó de rodearse de gente que sabía: arquitectos, diseñadores… Y consiguió hacer las olimpiadas en Barcelona. Pero ahora ves gente que no sabe y que no quiere reconocer que no sabe, y aplica métodos vistos en otros lugares sin analizar la idiosincrasia del lugar, la topología de nuestra ciudad y coloca cosas horribles en la calle y a veces peligrosas, que incluso confunden a la circulación», comenta Isern, haciendo referencia al polémico proyecto de las superillas impulsado en los últimos años por el gobierno municipal de Ada Colau.

EL FUTURO DE LOS JÓVENES DISEÑADORES

Pero a pesar de reconocer estas dificultades externas, el mensaje de Isern sobre el futuro del diseño es optimista, aunque con algunos matices: «Por un lado, los nuevos diseñadores tienen unos medios y un acceso al conocimiento que no podíamos ni soñar en los años 60. Por otro, no se habla mucho sobre las dificultades que tienen muchos jóvenes para incorporarse a un mercado laboral totalmente saturado. Es imposible que todos encuentren trabajo como diseñadores», explica el catalán.

LA PAGE

 

Grande

 

F33

 

Extra

 

Eva Vesikansa

 

Lacasta Design

«Independientemente de eso, mi mensaje para los jóvenes que empiezan en esto es que no desfallezcan, que apuesten por esta profesión con toda su motivación y su energía. Que estén al día de todo, que trabajen mucho y que, si finalmente no pueden encajar en el lugar que más les gustaría, busquen alternativas. El mercado está duro y hay mucha competencia, pero del diseño vemos la punta del iceberg y la industria es mucho más amplia. Pueden ser muy útiles en una empresa de artes gráficas o como jefes de marketing de una empresa. Todos esos puestos son necesarios».

Por lo demás, Isern no piensa que diseñar en los 60 fuera muy diferente a hacerlo en 2021. «Lo importante es definir bien el concepto», afirma. Para él, los ordenadores supusieron una revolución en su momento, aportaron rapidez, aunque también recortaron el tiempo para reflexionar.

Lo Siento

 

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«Yo siempre digo a mis alumnos que antes de ponerse a diseñar tienen que pensar, escribir sus ideas, conceptualizar. Una vez que tengan el concepto, tienen que pensar en las posibilidades gráficas para comunicarlo y ajustarse a ese plan. Con el proceso artesanal, cada cambio era lento y te daba un tiempo de reflexión, aparte de dejar cierto margen para los accidentes felices, sucesos inesperados que, en mi opinión, te hacían acertar más que ahora».

Albert Isern representa en sí mismo el espíritu de una asociación, la ADG-FAD, y de una profesión, el diseño gráfico, que disfruta en nuestros días de muy buena salud. El diseñador no puede sentirse más feliz del momento por el que atraviesa el sector: «Estoy muy satisfecho de esta exposición y de la importancia de la labor de la asociación. Ten en cuenta que el diseño para mí ha sido mucho más que una profesión, ha sido un modo de vida, y cuando lo vives desde esa perspectiva, es algo que te enriquece y te llena muchísimo», concluye.

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