14 de julio 2022    /   CREATIVIDAD
por
Ilustración  Alejandro Pasquale

Alejandro Pasquale: «La naturaleza es psicodélica. A veces, alienígena»

14 de julio 2022    /   CREATIVIDAD     por        Ilustración  Alejandro Pasquale
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Dice el pintor Alejandro Pasquale (Buenos Aires, 1982) que para él no existe separación entre lo natural y lo humano. Que somos un todo. Unas ideas que intenta transmitir en su día a día cuando conversa con sus allegados o a través de las redes sociales.

Pero, sobre todo, a través de su pintura. Unos cuadros muy singulares en los que los rostros de las personas que aparecen se desdibujan en plantas, como una clara alegoría de su pensamiento. Una forma ¿realista? de pintar que hace que las obras cobren mucha fuerza y uno quede atrapado en ellas.  Hemos hablado con él para intentar descifrar ese lenguaje tan único.

Tu obra es una auténtica simbiosis entre lo humano y lo natural.

No veo la separación entre las dos. Creo que el humano desde hace años lo intenta separar, lo que hace que veamos la naturaleza como un recurso natural. Pero mi trabajo no es más que mi pensamiento y mi sentimiento, no es que busque de qué hablar. Muestro lo que charlo con mis amigos, lo que milito en redes sociales… Es decir, este sentimiento que tengo que se basa en que es imprescindible que los humanos volvamos a sentirnos naturaleza. Cómo lleguemos a eso, es cosa de cada uno. A mí, por ejemplo, las plantas sagradas me han ayudado mucho a verme como naturaleza.

Alejandro Pasquale
‘Refugio’
‘La hora dorada’

Esto se puede ver, sobre todo, en los rostros de las personas, que dejan de ser humanos para desdibujarse en plantas. ¿Por qué?

Esto tiene muchas lecturas. La primera es que la persona deje de ver mis pinturas como una similitud con alguien o algo a través de lo físico, de lo figurativo. Eso tiene que ver mucho con el rostro, porque nos lo estamos viendo todo el tiempo.

Por otro lado, sería como una metáfora de esta conciencia no ordinaria que trabajo desde hace un tiempo. Pero en los últimos dibujos dejó de ser solo la cara y pasó a ser todo el cuerpo: ahora está todo junto. Intento que no haya un fondo de naturaleza y una figura humana como algo separado, sino que funcione junto. Algo que creo que no está sucediendo en la realidad.

Los animales también tienen mucho peso. Pero sobre todo los pájaros. ¿Por qué? 

No es que tengan más importancia respecto a su presencia. Para mí son una representación del resto de sus animales. Podría hacer un Arca de Noé, pero creo que con una sola ave se refleja a todo el reino.

Pero con las aves me pasa que, cuando estoy en las ceremonias de las plantas sagradas, sus cantos tienen un lenguaje muy importante. Muchas de estas plantas son hongos o lianas que tienen una medicina llamada ayahuasca. Esta sustancia tiene mucho DMT, que es una molécula que el humano libera en el nacimiento y en la muerte. En ese momento que estás bajo la influencia de esa molécula, los sonidos se fractalizan. Y el piar de las aves se vuelve increíble. Los pueblos indígenas los llaman ícaros.

‘La magia entre nosotros’
‘El renacer’

Todo esto hace que las obras sean muy psicodélicas, en las que hay claras referencias a este tipo de sustancias.

Al principio tenía dudas de hasta dónde hablar de estas sustancias. Yo creo que son más herramientas para dibujar. Crean un estado de psicodelia que liberan al espíritu del pensamiento, del prejuicio, de toda la mala educación actual. La sociedad te excluye de la naturaleza y los animales. Por eso yo dejo ese mensaje, siempre que se utilice desde un lugar responsable, no en una fiesta.

Alejandro Pasquale

Una psicoledelia que no representas a través de colores.

No pinto este tipo de obras, con colores más fuertes, porque intento generar una imagen que no tenga per se el tema psicodélico en el color. Busco que sea más amorosa con el medio ambiente. La naturaleza ya es lo suficientemente psicodélica. Por ejemplo la forma y los colores de los cactus. ¡Son una locura! Sus flores, sobre todo las de las crasas, tienen unas flores y unos tonos increíbles. Y no solo esas. Muchas parecen alienígenas.

También tienen mucho protagonismo las calaveras y los esqueletos en tu obra.

Desde hace un tiempo estoy intentando entender el budismo a través de lecturas. Las calaveras hablan de la impermanencia de todo. También del humano. La calavera es una alegoría de eso, de que somos un breve suspiro en el universo. Y que en nuestra insignificancia no la caguemos y dejemos algo bonito.

¿Qué te impulsó a hacer arte así? ¿Qué artistas y por qué la naturaleza?

Hay cientos de artistas que me fascinan. Como Goya, por ejemplo, que me parece alucinante. Pinto porque necesito decir algo, es mi forma de extender una semillita de las cosas en las que creo. Igual que cuando hablo con colegas.

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Dice el pintor Alejandro Pasquale (Buenos Aires, 1982) que para él no existe separación entre lo natural y lo humano. Que somos un todo. Unas ideas que intenta transmitir en su día a día cuando conversa con sus allegados o a través de las redes sociales.

Pero, sobre todo, a través de su pintura. Unos cuadros muy singulares en los que los rostros de las personas que aparecen se desdibujan en plantas, como una clara alegoría de su pensamiento. Una forma ¿realista? de pintar que hace que las obras cobren mucha fuerza y uno quede atrapado en ellas.  Hemos hablado con él para intentar descifrar ese lenguaje tan único.

Tu obra es una auténtica simbiosis entre lo humano y lo natural.

No veo la separación entre las dos. Creo que el humano desde hace años lo intenta separar, lo que hace que veamos la naturaleza como un recurso natural. Pero mi trabajo no es más que mi pensamiento y mi sentimiento, no es que busque de qué hablar. Muestro lo que charlo con mis amigos, lo que milito en redes sociales… Es decir, este sentimiento que tengo que se basa en que es imprescindible que los humanos volvamos a sentirnos naturaleza. Cómo lleguemos a eso, es cosa de cada uno. A mí, por ejemplo, las plantas sagradas me han ayudado mucho a verme como naturaleza.

Alejandro Pasquale
‘Refugio’
‘La hora dorada’

Esto se puede ver, sobre todo, en los rostros de las personas, que dejan de ser humanos para desdibujarse en plantas. ¿Por qué?

Esto tiene muchas lecturas. La primera es que la persona deje de ver mis pinturas como una similitud con alguien o algo a través de lo físico, de lo figurativo. Eso tiene que ver mucho con el rostro, porque nos lo estamos viendo todo el tiempo.

Por otro lado, sería como una metáfora de esta conciencia no ordinaria que trabajo desde hace un tiempo. Pero en los últimos dibujos dejó de ser solo la cara y pasó a ser todo el cuerpo: ahora está todo junto. Intento que no haya un fondo de naturaleza y una figura humana como algo separado, sino que funcione junto. Algo que creo que no está sucediendo en la realidad.

Los animales también tienen mucho peso. Pero sobre todo los pájaros. ¿Por qué? 

No es que tengan más importancia respecto a su presencia. Para mí son una representación del resto de sus animales. Podría hacer un Arca de Noé, pero creo que con una sola ave se refleja a todo el reino.

Pero con las aves me pasa que, cuando estoy en las ceremonias de las plantas sagradas, sus cantos tienen un lenguaje muy importante. Muchas de estas plantas son hongos o lianas que tienen una medicina llamada ayahuasca. Esta sustancia tiene mucho DMT, que es una molécula que el humano libera en el nacimiento y en la muerte. En ese momento que estás bajo la influencia de esa molécula, los sonidos se fractalizan. Y el piar de las aves se vuelve increíble. Los pueblos indígenas los llaman ícaros.

‘La magia entre nosotros’
‘El renacer’

Todo esto hace que las obras sean muy psicodélicas, en las que hay claras referencias a este tipo de sustancias.

Al principio tenía dudas de hasta dónde hablar de estas sustancias. Yo creo que son más herramientas para dibujar. Crean un estado de psicodelia que liberan al espíritu del pensamiento, del prejuicio, de toda la mala educación actual. La sociedad te excluye de la naturaleza y los animales. Por eso yo dejo ese mensaje, siempre que se utilice desde un lugar responsable, no en una fiesta.

Alejandro Pasquale

Una psicoledelia que no representas a través de colores.

No pinto este tipo de obras, con colores más fuertes, porque intento generar una imagen que no tenga per se el tema psicodélico en el color. Busco que sea más amorosa con el medio ambiente. La naturaleza ya es lo suficientemente psicodélica. Por ejemplo la forma y los colores de los cactus. ¡Son una locura! Sus flores, sobre todo las de las crasas, tienen unas flores y unos tonos increíbles. Y no solo esas. Muchas parecen alienígenas.

También tienen mucho protagonismo las calaveras y los esqueletos en tu obra.

Desde hace un tiempo estoy intentando entender el budismo a través de lecturas. Las calaveras hablan de la impermanencia de todo. También del humano. La calavera es una alegoría de eso, de que somos un breve suspiro en el universo. Y que en nuestra insignificancia no la caguemos y dejemos algo bonito.

¿Qué te impulsó a hacer arte así? ¿Qué artistas y por qué la naturaleza?

Hay cientos de artistas que me fascinan. Como Goya, por ejemplo, que me parece alucinante. Pinto porque necesito decir algo, es mi forma de extender una semillita de las cosas en las que creo. Igual que cuando hablo con colegas.

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