19 de octubre 2015    /   CREATIVIDAD
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Alessandro Gallo, el abogado que dejó las leyes para hacer cerámica

19 de octubre 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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Cuando George Orwell publicó Rebelión en la Granja en 1945, no sabía la repercusión que su fábula tendría en el mundo entero. Años más tarde, en Italia, nacía Alessandro Gallo. Se inclinó por la abogacía como profesión y durante un tiempo compaginó su carrera entre los libros con su pasión por las artes. Pero un buen día, como si de otra fábula se tratase, Alessandro eligió entre los dos caminos que separaban sus pasiones y se decantó por el aparentemente menos prometedor. Afortunadamente para todos, Alessandro colgó la toga.
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«Fue un proceso gradual», comenta el artista. «Cada una de las alternativas me ofrecía buenas opciones», añade. Aunque al principio tuvo miedo de los riesgos de hacer del arte su medio de vida, a día de hoy se siente muy afortunado de haber elegido este mundo.
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Alessandro es Genovés pero vive en Helena, la capital de Montana, junto a su mujer, la también impresionante artista Beth Cavener y Nicco, su hijo de año y medio. Con su trabajo pretende crear retratos psicológicos reproduciendo, con mimo y cuidado, cabezas de animales en personajes solitarios que recuerdan a las pinturas de Hopper. Para ello escribe notas y de vez en cuando dibuja para bajar sus ideas a tierra, pero lo que más hace es sacar cientos de fotografías con las que luego boceta en el ordenador.
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Como Orwell, Alessandro hace una metáfora entre los humanos y los animales, y aunque rompe los siete mandamientos, mezcla ambos mundos en cerámicas de pequeño tamaño pero gran detalle. «Los animales muestran características biológicas y patrones de comportamiento que podrían parecerse a los humanos y se prestan a encarnar de manera humorística posiciones básicas de una persona. La parte animal representa nuestras inclinaciones y nuestro bagaje, como una especie de legado genético de algún ancestro imaginario, pero también muestran estados de ánimo», explica Gallo.
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Su fascinación por los animales le viene de niño y su inspiración, comenta, sale de millones de lugares diferentes. Actualmente trabaja para su exposición en Jonathan Levine Gallery, uno de los espacios de arte contemporáneo más interesantes de Nueva York. Para esto tendremos que esperar a noviembre del año que viene. Mientras tanto los cerdos, como en Rebelión en la Granja, siguen gobernando.
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Cuando George Orwell publicó Rebelión en la Granja en 1945, no sabía la repercusión que su fábula tendría en el mundo entero. Años más tarde, en Italia, nacía Alessandro Gallo. Se inclinó por la abogacía como profesión y durante un tiempo compaginó su carrera entre los libros con su pasión por las artes. Pero un buen día, como si de otra fábula se tratase, Alessandro eligió entre los dos caminos que separaban sus pasiones y se decantó por el aparentemente menos prometedor. Afortunadamente para todos, Alessandro colgó la toga.
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«Fue un proceso gradual», comenta el artista. «Cada una de las alternativas me ofrecía buenas opciones», añade. Aunque al principio tuvo miedo de los riesgos de hacer del arte su medio de vida, a día de hoy se siente muy afortunado de haber elegido este mundo.
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Alessandro es Genovés pero vive en Helena, la capital de Montana, junto a su mujer, la también impresionante artista Beth Cavener y Nicco, su hijo de año y medio. Con su trabajo pretende crear retratos psicológicos reproduciendo, con mimo y cuidado, cabezas de animales en personajes solitarios que recuerdan a las pinturas de Hopper. Para ello escribe notas y de vez en cuando dibuja para bajar sus ideas a tierra, pero lo que más hace es sacar cientos de fotografías con las que luego boceta en el ordenador.
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Como Orwell, Alessandro hace una metáfora entre los humanos y los animales, y aunque rompe los siete mandamientos, mezcla ambos mundos en cerámicas de pequeño tamaño pero gran detalle. «Los animales muestran características biológicas y patrones de comportamiento que podrían parecerse a los humanos y se prestan a encarnar de manera humorística posiciones básicas de una persona. La parte animal representa nuestras inclinaciones y nuestro bagaje, como una especie de legado genético de algún ancestro imaginario, pero también muestran estados de ánimo», explica Gallo.
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Su fascinación por los animales le viene de niño y su inspiración, comenta, sale de millones de lugares diferentes. Actualmente trabaja para su exposición en Jonathan Levine Gallery, uno de los espacios de arte contemporáneo más interesantes de Nueva York. Para esto tendremos que esperar a noviembre del año que viene. Mientras tanto los cerdos, como en Rebelión en la Granja, siguen gobernando.
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