17 de diciembre 2015    /   CREATIVIDAD
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El homenaje de Alex Palazzi a sus juguetes de la infancia

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Alex Palazzi recuerda su infancia con agrado. «Fui un niño muy feliz», asegura y añade que no la cambiaría por la de un niño de ahora «igual que supongo que mis padres y abuelos no cambiarían la suya por la mía».

Cada generación tiene sus características propias y la de Palazzi fue la de la transición entre los juegos manuales a los juegos de bits, un hecho que él valora como muy interesante.

«Creo que hemos tenido muchísima suerte de vivir esa época de cambio en el entretenimiento. Pudimos disfrutar de los dos mundos al mismo tiempo. Todo era nuevo y excitante. Hoy todo está sobresaturado».

Esa convivencia de dos mundos, el tecnológico y el analógico, por llamarlos de alguna manera, también ha sido clave a la hora de definir la forma de trabajar de Palazzi como diseñador e ilustrador.

«Desde bien pequeño me han fascinado las artesanías, demasiadas horas viendo Art Attack supongo. Mi forma de trabajar es una fusión entre lo material y lo digital. No me gusta debatir sobre cuál de los dos mundos es mejor o si tiene más o menos mérito hacerlo de una manera u otra. Para mí de lo que se trata es de utilizar y mezclar lo mejor de ambos mundos. Las herramientas de los programas de diseño son algo fantástico y sin duda permiten trabajar más rápido, el problema es que puedes perder tu visión inicial. Cuando en un proyecto partes de algo real, en el que no tienes un “ctrl+z” para deshacer, intentas tenerlo todo muy claro para no dar margen al error».

Estas vivencias tienen gran importancia en la obra de Palazzi, no solo en el aspecto técnico, sino también en el creativo.

«La nostalgia forma parte de nuestra esencia como personas. A todos nos gusta recordar viejos tiempos, objetos, libros, viajes, etc. Me gusta esa búsqueda premeditada de la nostalgia como reflexión personal y utilizar los recuerdos como válvula de escape e inspiración».

De esa forma nace My childhood, un trabajo en el que Palazzi hace un personal homenaje a sus juguetes de su niñez.

«Hice un repaso muy a fondo de los juegos que marcaron mi infancia. Después de una larga criba, elegí los que estéticamente funcionaban mejor. Algunos fueron descartados por la complejidad en la ejecución. Quería hacer un trabajo de lettering y algunos objetos no generaban un buen efecto como bases tipográficas. Muy a mi pesar me deje las canicas, Jenga de madera, máquina de agua con anillas, Scalextric, Ondamania, etc.».

My childhood está disponible en su perfil de Behance, donde no solo es posible ver el resultado final del trabajo, sino que es posible conocer todo el proceso de producción.

«Vivimos en un mundo global, no se trata de ser hermético y, además, soy la primera persona que invade internet en busca de tutoriales. Buena parte de mi trabajo gusta por el simple hecho de enseñar cómo está hecho y, por otra parte, tampoco creo que estoy haciendo algo que ninguna persona haya hecho antes. Se trata de ver que cualquier persona puede tener una idea y hacer algo con ella sin necesidad de ser un manitas».

Por mucho que el trabajo de Palazzi gire alrededor de la infancia, sus reflexiones sobre él distan mucho de ser planteamientos infantiles.

«La temática que utilizo casi siempre en mis trabajos se basan experiencias, recuerdos, cultura pop, etc. Sin embargo, también es cierto que a medida que pasan los años, mi trabajo personal empieza a tener una esencia bastante marcada. No sabría decirte si es un estilo propio, pero sí una manera de trabajar bastante metódica, seguramente fruto de la madurez».

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Cada generación tiene sus características propias y la de Palazzi fue la de la transición entre los juegos manuales a los juegos de bits, un hecho que él valora como muy interesante.

«Creo que hemos tenido muchísima suerte de vivir esa época de cambio en el entretenimiento. Pudimos disfrutar de los dos mundos al mismo tiempo. Todo era nuevo y excitante. Hoy todo está sobresaturado».

Esa convivencia de dos mundos, el tecnológico y el analógico, por llamarlos de alguna manera, también ha sido clave a la hora de definir la forma de trabajar de Palazzi como diseñador e ilustrador.

«Desde bien pequeño me han fascinado las artesanías, demasiadas horas viendo Art Attack supongo. Mi forma de trabajar es una fusión entre lo material y lo digital. No me gusta debatir sobre cuál de los dos mundos es mejor o si tiene más o menos mérito hacerlo de una manera u otra. Para mí de lo que se trata es de utilizar y mezclar lo mejor de ambos mundos. Las herramientas de los programas de diseño son algo fantástico y sin duda permiten trabajar más rápido, el problema es que puedes perder tu visión inicial. Cuando en un proyecto partes de algo real, en el que no tienes un “ctrl+z” para deshacer, intentas tenerlo todo muy claro para no dar margen al error».

Estas vivencias tienen gran importancia en la obra de Palazzi, no solo en el aspecto técnico, sino también en el creativo.

«La nostalgia forma parte de nuestra esencia como personas. A todos nos gusta recordar viejos tiempos, objetos, libros, viajes, etc. Me gusta esa búsqueda premeditada de la nostalgia como reflexión personal y utilizar los recuerdos como válvula de escape e inspiración».

De esa forma nace My childhood, un trabajo en el que Palazzi hace un personal homenaje a sus juguetes de su niñez.

«Hice un repaso muy a fondo de los juegos que marcaron mi infancia. Después de una larga criba, elegí los que estéticamente funcionaban mejor. Algunos fueron descartados por la complejidad en la ejecución. Quería hacer un trabajo de lettering y algunos objetos no generaban un buen efecto como bases tipográficas. Muy a mi pesar me deje las canicas, Jenga de madera, máquina de agua con anillas, Scalextric, Ondamania, etc.».

My childhood está disponible en su perfil de Behance, donde no solo es posible ver el resultado final del trabajo, sino que es posible conocer todo el proceso de producción.

«Vivimos en un mundo global, no se trata de ser hermético y, además, soy la primera persona que invade internet en busca de tutoriales. Buena parte de mi trabajo gusta por el simple hecho de enseñar cómo está hecho y, por otra parte, tampoco creo que estoy haciendo algo que ninguna persona haya hecho antes. Se trata de ver que cualquier persona puede tener una idea y hacer algo con ella sin necesidad de ser un manitas».

Por mucho que el trabajo de Palazzi gire alrededor de la infancia, sus reflexiones sobre él distan mucho de ser planteamientos infantiles.

«La temática que utilizo casi siempre en mis trabajos se basan experiencias, recuerdos, cultura pop, etc. Sin embargo, también es cierto que a medida que pasan los años, mi trabajo personal empieza a tener una esencia bastante marcada. No sabría decirte si es un estilo propio, pero sí una manera de trabajar bastante metódica, seguramente fruto de la madurez».

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