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14 de junio 2019    /   BUSINESS
por
Ilustración  David González

Alexis Díaz-Pimienta: «La rima y yo somos hermanos gemelos»

14 de junio 2019    /   BUSINESS     por        Ilustración  David González
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Eran las seis y media de la mañana en La Habana. Alexis Díaz-Pimienta dormía con su mujer y su hijo recién nacido. ¡Prrreeehhh! El interfono lo despertó de un susto: «¡Oh! ¡Alguien de mi familia está en apuros!», pensó y botó de la cama. Agarró el teléfono y preguntó quién era.

—Buenos días, señor Pimienta, soy Fulano de tal, el presidente de la Asociación de Combatientes del Cerro. Anoche me dijeron que usted vivía aquí, en el edificio ‘Fama y Aplausos’, y he venido a abrazarlo porque lo admiro mucho.

—¿?*-*¿?

Después de un silencio de confusión, Pimienta le dijo:

—Mire, yo se lo agradezco mucho, pero ¿no podría pasar más tarde a visitarme? Es que tengo un hijo recién nacido…

—Es solo un momento. Por favor, déjeme subir.

El poeta abrió el portón del edificio de 20 plantas y esperó al desconocido. El combatiente no pasó de la puerta de la casa, ni un paso adentro, y le repitió que solo quería darle un abrazo porque le gustaban mucho sus versos. Pimienta le dijo que ya que estaba ahí, que pasara a tomar un café.

—No. No quiero molestarle. Solo quería este abrazo —y se fue.

Esa es una, pero tiene mil. El repentista Alexis Díaz-Pimienta tiene un repertorio de historias que le han ocurrido en Cuba porque desde los cinco años hace poesía improvisada en radio y televisión. Por la calle lo llaman «¡poeta!»; quizá la única palabra que iguala en belleza a su nombre: Pimienta.

La Habana es su origen; su hogar a ratos. Pero vive entre Sevilla, el tren, el avión y algún hotel. Es un «trotamundos inevitable»; un escritor entre el suelo, el cielo y los raíles. «¡Menos mal que puedo escribir en cualquier parte!», exclama. Aunque habría que verlo: Pimienta escribe con dos dedos, los dedos corazón de cada mano.

—¿Estos? ¿Los dedos medios? —con torpeza, intento sacar esos dos dedos para hacer el gesto de teclear. Pero él tiene más oficio y antes de que yo encuentre el gesto, apunta sus dedos mayores hacia la mesa y teclea en el aire con una soltura insólita.

Parecemos espejo y reflejo. Quien nos vea desde fuera pensará: «¿Y estos dos idiotas?». Esta vez hay un motivo: estamos intentando representar una escena. Lo curioso ocurre el resto del tiempo. Durante las tres horas que pasamos en el Café Gijón de Madrid, estamos frente a frente, a menudo en la misma postura, y pienso: «Pimienta tiene unas neuronas espejo de impresión».

LAS CANICAS

El repentista creció entre versos improvisados. Mientras otros bebés oían «gu-gu-gu», «oooyyy… qué guapo es mi niiiñooo», Pimienta oía seguidillas («una retahíla de décimas, una detrás de otra sin parar»). Su padre reunía en casa a sus amigos y «hablaban en verso todo el tiempo». De mayor descubrió que no solo eran los amigos de su padre; esos hombres eran «los maestros clásicos del repentismo».

El habla en verso se pegó al niño como un segundo idioma, «como un intralenguaje, un lenguaje dentro del lenguaje». Y se hizo tan suyo que ya es más que hablar: «Para mí es como respirar. No tienes que pensar cuándo tomas aire ni cuándo lo expulsas. A mí esto me sale solo».

Y antes de darse cuenta, ya estaba en el escenario. Alexis Díaz-Pimienta debutó a los cinco años en el Festival Nacional de la Toronja, en la Isla de la Juventud, «el lugar que inspiró a Stevenson para escribir La isla del tesoro».

Empezó entonces con los pies forzados: «un tipo de improvisación poética en la que el público da el verso final y el repentista improvisa una décima que acaba en ese octosílabo». Lo hacía también en la televisión y la radio. Y eran tan pequeños sus cinco años que, para que el micrófono del techo oyera sus décimas, tenían que subirlo a dos taburetes. Era tan niño que siempre que iba a la emisora, jugaba a las canicas, en una esquina, hasta que lo llamaban a antena.

Los pies forzados vienen de los días dorados de la literatura. Góngora, Quevedo y Cervantes jugaban a esta forma de improvisar en el Siglo de Oro. Pimienta imagina la escena de estos hombres ingeniosos retando y disparando versos en el Barrio de las Letras de Madrid: «Con esto se entretenían», dice, emocionado.

En esa misma ciudad transcurre este almuerzo (una preciosa palabra que él utiliza) y después hacemos la entrevista entre idas y venidas de los camareros. Si antes alguien pensó que éramos idiotas por teclear en el aire a la vez, ahora va a creer que la idiocia es irreparable. El novelista y profesor no va a parar de mover los brazos y yo, al final de la entrevista, descubro que he estado bailando a su ritmo. Bailando sus versos cabeza aquí, cabeza allá.

—Alexis, vamos a hacer una entrevista improvisada.

—Dirás en verso, porque todas las entrevistas son improvisadas.

—¡Eso! Entrevista en verso.

Pimienta da un trago a su copa de vino y yo lanzo la primera ‘pregunta forzada’ que dará pie a sus décimas.

¿Repentista, Improvisador,
Poeta o Trovador?

Soy poeta y repentista,
Las dos cosas a la vez.
Pienso con tal rapidez
Que soy un múltiple artista.
Yo puedo sobre una pista
Decir que soy escritor
Pero me siento mejor
Cuando digo ante la gente
Que improviso de repente
Porque soy «oralitor».

Vengo de la oralitura,
La literatura oral.
No pongo punto final
En esta aérea escritura.
Tengo distinta cultura,
Herencia de los juglares.
Le voy poniendo lunares
Lingüísticos al idioma
Y soy como una paloma
Volando sobre palmares

De silencio, haciendo un cuento
Que la gente no ha entendido,
Intentando en cada oído
Dejar versos al momento.
Cuando escribo sobre el viento,
Como otros «oralitores»,
Le estoy haciendo favores
A la palabra dormida
Para llenar esta vida
De líricos resplandores.

alexis díaz pimienta

¿Cubano? ¿Español?
¿O un poquito de los dos?

Soy cien por ciento cubano,
Aunque viva en cualquier parte.
Puedo ir a vivir a Marte,
Que sigo siendo antillano
Y habanero. En cada mano
Tengo olor a malecón.
Soy de la caña, del ron,
De la rumba y la guajira.
Y aunque siempre esté de gira,
Cuba está en mi corazón.

Aunque yo lleve en España,
(Almería), media vida,
Cuba nunca se me olvida.
Tengo el sabor de la caña
En el fondo de mi entraña
Y cierto olor a palmera.
Puedo vivir donde quiera,
En tierras de vid y uva,
Pero siempre llevo a Cuba
Grabada en la guayabera.

Soy cubano, sí, señor.
Aunque adoptivo almeriense
Y aunque en Almería piense
Que me adapté a su color.
Soy de Cuba por amor,
Soy de Cuba por respeto,
Soy a Cuba por el reto
De llevar a Cuba encima.
Por eso con cada rima,
Más a Cuba me sujeto.

Empezaste a improvisar antes que a estudiar:
Ni leer ni escribir sabías. ¡Menuda algarabía!

Cuando empecé a improvisar
No sabía ni escribir,
Mas ya sabía decir
Lo que quería expresar.
Le hice a mi voz un altar
En versos desde pequeño.
Era un juglar caribeño
Con mi padre de la mano.
Era un poeta cubano,
Era un aedo, un isleño

Entre versos sin saber
Ni siquiera de escritura,
Libros o literatura.
Ese, mi Alexis de ayer
Que podía componer
Muchos versos en el viento.
Sin embargo, yo me siento
Como un niño todavía
Y llevo la poesía
Entre sangre y pensamiento.

Soy un orador, un bardo,
Un guajiro citadino,
Muchas cosas que el destino
Me dio en el alma las guardo
Y a veces este resguardo
De la palabra rimada
Lo escondo bajo mi almohada.
Por eso sueño mejor.
Soy un improvisador
Con la edad disimulada.

Empecé antes que a escribir
A cantar la poesía.
Y me siento todavía
Cómodo en este existir.
Y algo te voy a decir:
Viéndome ahora en la distancia,
Tal vez por esa fragancia
Que la poesía tiene
Es que tanto me entretiene
Escribir para la infancia.

Has hecho un guion de cine en verso.
¿Cómo se hace eso?

Versificar para mí
Es igual que respirar.
Te podría incluso hablar
El día completo así.
A traducir aprendí
Todo lo que el mundo escribe
En prosa, porque en mí vive
Un ser versificador
Con el ritmo y el color
De las islas del Caribe.

Convierto cualquier guion,
Cuento o novela en poemas.
Y acabo con los problemas
Que esconde la redacción.
Yo le doy continuación
Lírica a cualquier lectura.
Vuelvo la literatura
Más potable ante la gente.
Es un modo inteligente
De entrar en mi oralitura.

Así reescribí el Quijote,
Y escribí El gato con botas
Y Cenicienta, con notas
Distintas. Y ya por rebote
Entré al bosque (verde islote)
De Caperucita Roja.
Es como una paradoja
Coger esos viejos cuentos
Y con nuevos argumentos,
Moverme en la cuerda floja

Y hablarle al lector pequeño
De una manera distinta.
Yo soy un bardo que pinta
Con los pinceles del sueño.
Por eso a veces diseño
Cualquier libro que me llega
Como una distinta entrega
Y lo versifico todo.
Ese es el único modo
De ser un viejo que juega.

¿Por qué nos gustan las rimas?

La rima tiene un encanto
Que la no-rima no tiene.
Porque la rima entretiene
E invita a la vez al canto.
La rima oculta que el llanto
Es parte de la sonrisa.
La rima es una premisa
Que a mí me encanta escuchar
Y enseñar y dibujar
Y convertir en divisa.

Yo también hago escritura
En verso libre, eso es cierto,
Porque soy un hombre abierto
A cualquier literatura
(oral o escrita). Procura
Lo oral siempre distinguirse.
Por eso es que puede oírse
Y puede rememorarse.
Por eso no ha de olvidarse,
Por eso no ha de extinguirse.

La rima es un mecanismo
Y es también una herramienta
Aunque nadie se dé cuenta
(Sin rima nada es lo mismo).
Esto no es proselitismo
De un repentista cubano,
De un oralitor malsano
Que intenta a alguien engañar.
Te lo puedo demostrar
Sin un libro en cada mano.

Sin rimas, el mundo es soso.
Sin rimas, la vida es seca.
Yo vengo de la «Eoloteca»
Y allí me siento gozoso.
Parece hasta peligroso,
Pero es algo divertido.
La rima le da un sentido
Musical a lo que piensas
Y crea fuerzas inmensas
Para matar al olvido.

Por esa misma razón
Yo abandono el verso libre
Y hago que mi verso vibre
Con rimas. Mi corazón,
Con rimas le da pasión
A todo lo que me encanta.
Pues yo soy como una planta
Que florece donde quiera
Mientras una rima espera
Al fondo de mi garganta.

¿Es rimar un modo de jugar?
¿Acaso cante, acaso baile?

Rimar, es cierto, es un juego.
Es un juego divertido.
Un juego con el sonido
Y nunca se olvida luego.
Rima el que ve, rima el ciego.
Rima el sordo, rima el mudo.
Todos riman. Hasta el rudo
Silencioso a veces rima
Porque lleva ritmo encima
Y aunque olvidar algo pudo.

Lo recupera después
A través de su memoria
Como el ave migratoria
Que regresa tras un mes
De viaje y con rapidez
Encuentra lo que dejó.
Creo que la rima y yo
Somos hermanos gemelos,
Aves que en distintos vuelos
El tiempo las separó.

Y se vuelven a encontrar
En una rama distinta.
Pincel que a veces no pinta
Y a veces sale a pintar.
La rima me ha de besar
Aunque no la bese a ella.
La rima es una botella
De la que bebo bastante.
La rima ayuda a que cante
Y alumbra como una estrella.

En tu silencio, en tu alegría y tormento,
¿piensas en prosa, quizá en verso?

Yo, como tú, pienso en prosa
Y todo lo versifico.
Lo traduzco y ramifico,
Hago la frase gozosa.
De cualquier medida ociosa
De texto saco otro río
Poético, El desvarío
Lo convierto en frase plena.
Por eso vale la pena
Conversar al lado mío.

Yo, como cualquier humano,
Pienso en prosa y hablo en prosa.
Pero es que esto es otra cosa.
Cuando llega algo a mi mano,
Lo remodelo. Temprano
Entro en una alfarería
Verbal y a la voz vacía
Le doy forma y la convierto
En abstracto libro abierto
Que no está en la librería.

Mmm… Se me olvidó tu pregunta
Mas la recuperaré…

Piensas en prosa o verso…

Se me olvidó tu pregunta
Mas la recuperaré
Porque ahora mismo yo sé
Que en tu mente se barrunta
Que este muchacho que junta
Un poético universo
Después de este gran almuerzo
[ja, ja, ja, ja]
Delante de una mujer,
No te quiere responder
Si piensa en prosa o en verso.
[Ja, ja, ja, ja].

¿Viene el rap de improvisar?

El rap es un arte nuevo,
Un arte recién nacido.
Yo incluso lo he compartido
Con amigos y me bebo
Sus versos. No es el relevo
De la poesía oral
Antigua. Es árbol frutal
De diferente raíz.
El rap tiene otro matiz,
Otro entorno cultural.

Rap es poesía urbana,
Y el repentismo rural
Se juntarán al final
Del camino. Una mañana,
Cuando se abra una ventana
De distinta dimensión
Se encontrarán con pasión.
Se estrecharán diariamente
Y se va a tender un puente
De arte e improvisación.

El rap es también rimado.
El rap es también oral.
El rap es espiritual
Y es también improvisado
(a veces). Pero el pasado
Está lleno de un lirismo
Con profundo repentismo
Que no tiene en realidad
Vínculos con una ciudad,
Sino con el paisajismo,

Con el pulso diferente
De los espacios rurales
Donde poetas orales
Tendieron un largo puente
Hacia este raro presente
En el que el rap ha nacido.
Por eso yo solo pido
Ya sea en papel o en app
Que un día se encuentre el rap
Con el verso que he tenido

La oportunidad de hacer
Desde que era un pequeñuelo
Y juntos alcen el vuelo
Buscando otro amanecer.
Tenemos que entretejer
Lo antiguo con lo moderno,
Crear el nuevo gobierno
De la poesía oral
Porque yo sé que al final
El silencio es el infierno.

¿Y las peleas de gallos?
¿A quiénes han copiado?

Es un nombre comercial
Lo de «pelea de gallos».
Son como modernos rayos
De un sol que ya es ancestral.
Siempre hubo discurso oral
Y siempre hubo enfrentamiento.
Siempre hubo divertimento
De poetas que improvisan,
De palabras que se rizan
Sobre el tatami del viento.

Lo de gallo y de pelea
Es un extraño eufemismo
Que está de moda ahora mismo
Para que el joven de hoy vea
Que hay poética presea
En discusión, con el verso.
Pero ya en este universo
Esa discusión la había
En la antigua juglería.
Allí el poeta converso

De la poesía escrita
Pasaba al discurso oral
Y se enfrentaba al final
Con quien iba de visita.
Esto es viejo, señorita.
[Ja, ja, ja, ja].
Esto no es ningún invento.
Que ahora esté en un momento
De explosión y de expansión
Es darle continuación
Al principio de otro cuento.

Yo también he combatido
Como si un gallito fuera.
Me pasé la vida entera
Dando a estos pleito sentido.
Me gusta su contenido
Y su teatralidad.
Más para decir verdad
Yo vengo de otras peleas:
La lucha de las ideas
En el campo y la ciudad.

Las peleas con las rimas,
Las discusiones verbales,
Los poéticos puñales
Que se van tirando encima.
Los pleitos en la tarima,
El público enfebrecido…
Todo eso ya ha existido.
En Europa y en América.
En una suerte quimérica
Que se ha envuelto en el olvido.

Tenemos que rescatar
Esta forma de hacer versos,
Estos lúdicos esfuerzos
Que son maneras de estar
Aprendiendo y de jugar
Con la palabra cantada.
A mí no me asusta nada
Porque a mí todo me gusta.
A mí lo que me disgusta
Es la nube en la mirada.

Que nadie mire al pasado,
Que se olvide a los poetas
Que con fórmulas secretas
Este ejercicio han sembrado
De versos y que han dejado
Un legado diferente,
Un testamento docente
De poesía verbal.
Porque yo sé que al final
Ese es otro continente.

Sí, que viva el repentismo.
Que viva el free style. Todo.
Porque es el único modo
De no caer al abismo
Del silencio, del mutismo,
De la incomunicación.
Por esa misma razón,
Haya o no haya plataforma,
En una o en otra forma,
Viva la improvisación.

Treinta y nueve libros.
¿Tanto has escrito?

No. Ya no son treinta y nueve.
Ya va a salir el cuarenta.
Y va a crecer más la cuenta
Porque escribir me conmueve.
Mi mano a nadie le debe
Y mi cerebro tampoco.
Cada teclado que toco
Pare un poema al momento.
Por eso no me arrepiento
Ni tengo miedo. Me evoco

A mí mismo en cada escrito.
Me busco en cualquier lugar
Y no empiezo a inventariar
La escritura. Es un delito
Que a veces no me permito
Contar los libros que llevo.
¿Vuelvo a escribirlos de nuevo?
¿Vuelvo a escribir? Sí, yo escribo.
Pero eso es porque estoy vivo.
Y a mí mismo me relevo.

Treinta y nueve publicados.
Uno que se halla en imprenta,
Que es el número cuarenta,
Y otros que aún no te he contado.
¿Inéditos? Demasiados.
No puedes ni imaginar.
Si me pongo a confesar
Todo lo que tengo escrito,
Hasta decir me permito
Que alguien se puede infartar.

Por esa misma razón
Voy sacando poco a poco
Lo que escribo como un loco,
Escondido en un rincón
De mi casa. No hay razón
Para sacar todo junto.
Yo solamente pregunto:
¿es un delito escribir,
Si eso me ayuda a vivir,
Si escribir no es un asunto

Peligroso para aquel
Que es lector y busca un libro?
¿Cómo puedo, si equilibro
En lo blanco de un papel
El acíbar y la miel,
Y distancia y cercanía,
La luz de la luna, el día,
Si todo en mí se equilibra,
Entonces por qué se libra
Esta batalla tardía?

Yo escribo porque escribir
Me hace sentir más persona.
Le hago caso a una neurona
Cuando ella empieza a decir:
Yo escribo porque es vivir,
Yo escribo porque estoy vivo,
Yo escribo porque recibo,
A través de los lectores,
La luz, no los reflectores,
De las palabras que escribo.

Más de veinte premios en tu haber.
¿Cómo lo pudiste hacer?

Debe ser un accidente
O una rara confluencia.
Debe ser cierta clemencia
De un lector condescendiente.
Es cierto que hay mucha gente
Que mis libros ha premiado.
Que me ha leído y gozado
A través de mi escritura.
A mí la literatura
Muchas sorpresas me ha dado.

Pero voy a confesarte
Algo, aquí, en este lugar:
Escribir y concursar
Es diferente en el arte.
Yo escribo porque eso es parte
De mi propia anatomía.
Pero no concursaría
Si existiese otra manera
De que lo que yo escribiera
Se viera en la librería.

Yo he escrito y he concursado
Para, sin pedir favores,
Llegar a muchos lectores
Que se hallan en otro lado.
Por buena suerte he ganado.
Y al ganar, el libro sale.
Pero a veces no me vale
Con ganar en los concursos.
Yo prefiero otros recursos
Que a mis lectores me iguale.

Por esa misma razón
Casi no estoy concursando.
Sino que estoy publicando
Y tras la publicación
Si hay una buena edición,
Y se distribuye bien,
Hay un camino también
Para llegar a la gente.
Un camino diferente
Pero que es igual que un tren

Al que no detiene nada.
Porque el libro después vive
Su propia vida y recibe
A través de la mirada
De un lector una estocada
De felicidad ajena.
Creo que vale la pena
Escribir, no concursar.
Escribir para llegar
A alguien que, como colmena

Que busca miel de otro polo,
Miel de otro lugar abstracto,
Pueda saber en el acto
Que el escritor está solo.
Yo en el teclado me inmolo,
Pero vuelvo a renacer
Cuando alguien se va a leer
Un libro que yo escribí.
Por eso me ves aquí,
Contándotelo, mujer.

Por eso escribo y publico,
Por eso escribo y concurso,
Por eso busco un recurso
Diferente y me autoexplico
Las horas que le dedico
A jugar con el teclado.
Es verdad que he concursado
Y que premios he tenido.
Pero lo que he conseguido
Es poco. No es demasiado.

A mí lo que más me gusta
Es que la gente me lea,
Que la gente lea y crea
En lo que amo o que me asusta.
Para darme con la fusta
Del silencio en el lugar
Que menos puedo tocar,
(en la espalda de la mente).
Para que entienda la gente
Adónde quiero llegar.

Te repito: vivo, escribo,
Sueño, busco a mis lectores.
Los concursos son las flores
De las que aroma recibo
Cuando para seguir vivo
Necesito algo sacar
Al mercado y continuar
En esta loca carrera
Que sé que, aunque no lo quiera,
Algún día va a acabar.

Versionaste el Quijote en verso.
¿Cómo es eso?

Fue la mayor aventura
Que he acometido en la vida.
Algo que no se me olvida
Y que me da calentura.
El Quijote, qué figura.
Y qué figura Cervantes.
Yo nunca había hecho antes
Empresa tan quijotesca.
Aunque no te lo parezca,
Y aunque parezca pedante,

A cuatro manos me puse
A escribir con don Miguel.
La prosa la puso él.
Yo, los versos. Se traduce
Lo que él escribió y reluce
Distinto a través del verso.
Yo entré en su loco universo
Y me enloquecí también,
Pero me fue bien, muy bien.
Y a veces con él converso.

Yo conocí a Dulcinea,
Yo bebí con Sancho Panza,
Yo cogí mucha confianza
Con Miguel y aunque no crea
Nadie que incluso lo vea.
Y sí, lo vi, habló conmigo.
Cervantes se hizo mi amigo.
Me prestó incluso su gola,
La tengo en la casa, sola,
Y muchas veces consigo

Ponérmela ante el espejo
Y me parezco a Cervantes.
No soy negro, como antes,
Incluso soy menos viejo.
A Cervantes yo le dejo
Un espacio en mi lugar
Cuando él quiere conversar
De Madrid, del Matadero,
De las cosas que yo quiero,
De qué hay más allá del mar.

Y yo le empiezo a contar
Cómo escribí «mi Quijote»
Yo soneto, él estrambote.
Cervantes luz, yo lunar.
Cervantes es un buen juglar
Que quería ser poeta,
Pero una trampa secreta,
Dicen, le jugó el destino,
Hasta que el Quijote vino
A hacer su obra más completa.

Cuando el Quijote traduje,
Cuando yo lo reinventé,
En realidad conversé
Con Miguel. Incluso aduje
Muchas cosas y deduje
Que él quería conversar
Y me dediqué a jugar
Con capítulos ajenos
Y todos salieron buenos.
Te lo puedo demostrar.

La locura del Quijote
A mí se me traspasó.
Te juro que alguien me vio
Andando Almería al trote.
Fui de mogote en mogote,
Adarga al hombro, trotando.
Fui los molinos buscando
Por diferentes caminos
Y al no encontrar los molinos
Yo mismo me fui golpeando.

Es verdad, me enquijoté
Y hasta Sancho Panza fui,
Pero me gustó. Y así
Muy a gustito me quedé.
Algún día volveré
A hacer la segunda parte,
Sea en la Tierra o en Marte,
En Saturno o en Plutón.
No importa. Me tomo un ron
Y si Cervantes comparte

Conmigo lo que pensó,
Yo vuelvo a escribir con él
Y a poner sobre el papel
Lo que el Quijote vivió.
Dulcinea se alegró
Porque a través de mi idea
Dejó de ser ruda y fea,
Para ser guapa y hermosa.
Mi Dulcinea es la esposa
Que el gran Alonso desea.

Mi amigo Alonso Quijano
Que algunos llaman Quijada.
Pero ya no importa nada.
Yo lo veo hasta cubano.
Don Quijote es un hermano
Que va conmigo en la vida
Y que se dio a la bebida
Cuando yo empecé a beber
Y que tiene una mujer
De la que nunca se olvida.

Es más, voy a recordar
Cómo mi Quijote empieza.
Lo tengo aquí, en la cabeza,
Y no lo voy a olvidar.
Te invito así a trabajar
Con tu memoria lectora
Este Quijote que aflora
No es el mismo de Cervantes.
Nadie lo escuchaba antes
Como te lo digo ahora:

En un lugar de la Mancha,
De cuyo nombre no quiero
Acordarme, un caballero
De alto porte y mente ancha,
De los de pleito y revancha,
De los de arenga y motín,
De adarga antigua, rocín
Flaco y galgo corredor,
Con lanza de gladiador
Y estampa de paladín

No ha mucho tiempo vivía
Entre duelos y quebrantos
Sin más tesoros ni encantos
Que su verbo y su hidalguía.
Una olla vieja tenía
De más vaca que carnero.
Salpicón nocturno, austero
Viernes de frías lentejas,
Sábado de broncas viejas,
Palomino dominguero…

Gracias por haber grabado
Esta entrevista rimada
La décima improvisada
A responder me ha ayudado.
Qué bueno haber conversado
Contigo en esta ciudad.
Cuánta generosidad,
Tuya en el Café Gijón
Espero la transcripción.
Muchas gracias, Mar Abad.

Eran las seis y media de la mañana en La Habana. Alexis Díaz-Pimienta dormía con su mujer y su hijo recién nacido. ¡Prrreeehhh! El interfono lo despertó de un susto: «¡Oh! ¡Alguien de mi familia está en apuros!», pensó y botó de la cama. Agarró el teléfono y preguntó quién era.

—Buenos días, señor Pimienta, soy Fulano de tal, el presidente de la Asociación de Combatientes del Cerro. Anoche me dijeron que usted vivía aquí, en el edificio ‘Fama y Aplausos’, y he venido a abrazarlo porque lo admiro mucho.

—¿?*-*¿?

Después de un silencio de confusión, Pimienta le dijo:

—Mire, yo se lo agradezco mucho, pero ¿no podría pasar más tarde a visitarme? Es que tengo un hijo recién nacido…

—Es solo un momento. Por favor, déjeme subir.

El poeta abrió el portón del edificio de 20 plantas y esperó al desconocido. El combatiente no pasó de la puerta de la casa, ni un paso adentro, y le repitió que solo quería darle un abrazo porque le gustaban mucho sus versos. Pimienta le dijo que ya que estaba ahí, que pasara a tomar un café.

—No. No quiero molestarle. Solo quería este abrazo —y se fue.

Esa es una, pero tiene mil. El repentista Alexis Díaz-Pimienta tiene un repertorio de historias que le han ocurrido en Cuba porque desde los cinco años hace poesía improvisada en radio y televisión. Por la calle lo llaman «¡poeta!»; quizá la única palabra que iguala en belleza a su nombre: Pimienta.

La Habana es su origen; su hogar a ratos. Pero vive entre Sevilla, el tren, el avión y algún hotel. Es un «trotamundos inevitable»; un escritor entre el suelo, el cielo y los raíles. «¡Menos mal que puedo escribir en cualquier parte!», exclama. Aunque habría que verlo: Pimienta escribe con dos dedos, los dedos corazón de cada mano.

—¿Estos? ¿Los dedos medios? —con torpeza, intento sacar esos dos dedos para hacer el gesto de teclear. Pero él tiene más oficio y antes de que yo encuentre el gesto, apunta sus dedos mayores hacia la mesa y teclea en el aire con una soltura insólita.

Parecemos espejo y reflejo. Quien nos vea desde fuera pensará: «¿Y estos dos idiotas?». Esta vez hay un motivo: estamos intentando representar una escena. Lo curioso ocurre el resto del tiempo. Durante las tres horas que pasamos en el Café Gijón de Madrid, estamos frente a frente, a menudo en la misma postura, y pienso: «Pimienta tiene unas neuronas espejo de impresión».

LAS CANICAS

El repentista creció entre versos improvisados. Mientras otros bebés oían «gu-gu-gu», «oooyyy… qué guapo es mi niiiñooo», Pimienta oía seguidillas («una retahíla de décimas, una detrás de otra sin parar»). Su padre reunía en casa a sus amigos y «hablaban en verso todo el tiempo». De mayor descubrió que no solo eran los amigos de su padre; esos hombres eran «los maestros clásicos del repentismo».

El habla en verso se pegó al niño como un segundo idioma, «como un intralenguaje, un lenguaje dentro del lenguaje». Y se hizo tan suyo que ya es más que hablar: «Para mí es como respirar. No tienes que pensar cuándo tomas aire ni cuándo lo expulsas. A mí esto me sale solo».

Y antes de darse cuenta, ya estaba en el escenario. Alexis Díaz-Pimienta debutó a los cinco años en el Festival Nacional de la Toronja, en la Isla de la Juventud, «el lugar que inspiró a Stevenson para escribir La isla del tesoro».

Empezó entonces con los pies forzados: «un tipo de improvisación poética en la que el público da el verso final y el repentista improvisa una décima que acaba en ese octosílabo». Lo hacía también en la televisión y la radio. Y eran tan pequeños sus cinco años que, para que el micrófono del techo oyera sus décimas, tenían que subirlo a dos taburetes. Era tan niño que siempre que iba a la emisora, jugaba a las canicas, en una esquina, hasta que lo llamaban a antena.

Los pies forzados vienen de los días dorados de la literatura. Góngora, Quevedo y Cervantes jugaban a esta forma de improvisar en el Siglo de Oro. Pimienta imagina la escena de estos hombres ingeniosos retando y disparando versos en el Barrio de las Letras de Madrid: «Con esto se entretenían», dice, emocionado.

En esa misma ciudad transcurre este almuerzo (una preciosa palabra que él utiliza) y después hacemos la entrevista entre idas y venidas de los camareros. Si antes alguien pensó que éramos idiotas por teclear en el aire a la vez, ahora va a creer que la idiocia es irreparable. El novelista y profesor no va a parar de mover los brazos y yo, al final de la entrevista, descubro que he estado bailando a su ritmo. Bailando sus versos cabeza aquí, cabeza allá.

—Alexis, vamos a hacer una entrevista improvisada.

—Dirás en verso, porque todas las entrevistas son improvisadas.

—¡Eso! Entrevista en verso.

Pimienta da un trago a su copa de vino y yo lanzo la primera ‘pregunta forzada’ que dará pie a sus décimas.

¿Repentista, Improvisador,
Poeta o Trovador?

Soy poeta y repentista,
Las dos cosas a la vez.
Pienso con tal rapidez
Que soy un múltiple artista.
Yo puedo sobre una pista
Decir que soy escritor
Pero me siento mejor
Cuando digo ante la gente
Que improviso de repente
Porque soy «oralitor».

Vengo de la oralitura,
La literatura oral.
No pongo punto final
En esta aérea escritura.
Tengo distinta cultura,
Herencia de los juglares.
Le voy poniendo lunares
Lingüísticos al idioma
Y soy como una paloma
Volando sobre palmares

De silencio, haciendo un cuento
Que la gente no ha entendido,
Intentando en cada oído
Dejar versos al momento.
Cuando escribo sobre el viento,
Como otros «oralitores»,
Le estoy haciendo favores
A la palabra dormida
Para llenar esta vida
De líricos resplandores.

alexis díaz pimienta

¿Cubano? ¿Español?
¿O un poquito de los dos?

Soy cien por ciento cubano,
Aunque viva en cualquier parte.
Puedo ir a vivir a Marte,
Que sigo siendo antillano
Y habanero. En cada mano
Tengo olor a malecón.
Soy de la caña, del ron,
De la rumba y la guajira.
Y aunque siempre esté de gira,
Cuba está en mi corazón.

Aunque yo lleve en España,
(Almería), media vida,
Cuba nunca se me olvida.
Tengo el sabor de la caña
En el fondo de mi entraña
Y cierto olor a palmera.
Puedo vivir donde quiera,
En tierras de vid y uva,
Pero siempre llevo a Cuba
Grabada en la guayabera.

Soy cubano, sí, señor.
Aunque adoptivo almeriense
Y aunque en Almería piense
Que me adapté a su color.
Soy de Cuba por amor,
Soy de Cuba por respeto,
Soy a Cuba por el reto
De llevar a Cuba encima.
Por eso con cada rima,
Más a Cuba me sujeto.

Empezaste a improvisar antes que a estudiar:
Ni leer ni escribir sabías. ¡Menuda algarabía!

Cuando empecé a improvisar
No sabía ni escribir,
Mas ya sabía decir
Lo que quería expresar.
Le hice a mi voz un altar
En versos desde pequeño.
Era un juglar caribeño
Con mi padre de la mano.
Era un poeta cubano,
Era un aedo, un isleño

Entre versos sin saber
Ni siquiera de escritura,
Libros o literatura.
Ese, mi Alexis de ayer
Que podía componer
Muchos versos en el viento.
Sin embargo, yo me siento
Como un niño todavía
Y llevo la poesía
Entre sangre y pensamiento.

Soy un orador, un bardo,
Un guajiro citadino,
Muchas cosas que el destino
Me dio en el alma las guardo
Y a veces este resguardo
De la palabra rimada
Lo escondo bajo mi almohada.
Por eso sueño mejor.
Soy un improvisador
Con la edad disimulada.

Empecé antes que a escribir
A cantar la poesía.
Y me siento todavía
Cómodo en este existir.
Y algo te voy a decir:
Viéndome ahora en la distancia,
Tal vez por esa fragancia
Que la poesía tiene
Es que tanto me entretiene
Escribir para la infancia.

Has hecho un guion de cine en verso.
¿Cómo se hace eso?

Versificar para mí
Es igual que respirar.
Te podría incluso hablar
El día completo así.
A traducir aprendí
Todo lo que el mundo escribe
En prosa, porque en mí vive
Un ser versificador
Con el ritmo y el color
De las islas del Caribe.

Convierto cualquier guion,
Cuento o novela en poemas.
Y acabo con los problemas
Que esconde la redacción.
Yo le doy continuación
Lírica a cualquier lectura.
Vuelvo la literatura
Más potable ante la gente.
Es un modo inteligente
De entrar en mi oralitura.

Así reescribí el Quijote,
Y escribí El gato con botas
Y Cenicienta, con notas
Distintas. Y ya por rebote
Entré al bosque (verde islote)
De Caperucita Roja.
Es como una paradoja
Coger esos viejos cuentos
Y con nuevos argumentos,
Moverme en la cuerda floja

Y hablarle al lector pequeño
De una manera distinta.
Yo soy un bardo que pinta
Con los pinceles del sueño.
Por eso a veces diseño
Cualquier libro que me llega
Como una distinta entrega
Y lo versifico todo.
Ese es el único modo
De ser un viejo que juega.

¿Por qué nos gustan las rimas?

La rima tiene un encanto
Que la no-rima no tiene.
Porque la rima entretiene
E invita a la vez al canto.
La rima oculta que el llanto
Es parte de la sonrisa.
La rima es una premisa
Que a mí me encanta escuchar
Y enseñar y dibujar
Y convertir en divisa.

Yo también hago escritura
En verso libre, eso es cierto,
Porque soy un hombre abierto
A cualquier literatura
(oral o escrita). Procura
Lo oral siempre distinguirse.
Por eso es que puede oírse
Y puede rememorarse.
Por eso no ha de olvidarse,
Por eso no ha de extinguirse.

La rima es un mecanismo
Y es también una herramienta
Aunque nadie se dé cuenta
(Sin rima nada es lo mismo).
Esto no es proselitismo
De un repentista cubano,
De un oralitor malsano
Que intenta a alguien engañar.
Te lo puedo demostrar
Sin un libro en cada mano.

Sin rimas, el mundo es soso.
Sin rimas, la vida es seca.
Yo vengo de la «Eoloteca»
Y allí me siento gozoso.
Parece hasta peligroso,
Pero es algo divertido.
La rima le da un sentido
Musical a lo que piensas
Y crea fuerzas inmensas
Para matar al olvido.

Por esa misma razón
Yo abandono el verso libre
Y hago que mi verso vibre
Con rimas. Mi corazón,
Con rimas le da pasión
A todo lo que me encanta.
Pues yo soy como una planta
Que florece donde quiera
Mientras una rima espera
Al fondo de mi garganta.

¿Es rimar un modo de jugar?
¿Acaso cante, acaso baile?

Rimar, es cierto, es un juego.
Es un juego divertido.
Un juego con el sonido
Y nunca se olvida luego.
Rima el que ve, rima el ciego.
Rima el sordo, rima el mudo.
Todos riman. Hasta el rudo
Silencioso a veces rima
Porque lleva ritmo encima
Y aunque olvidar algo pudo.

Lo recupera después
A través de su memoria
Como el ave migratoria
Que regresa tras un mes
De viaje y con rapidez
Encuentra lo que dejó.
Creo que la rima y yo
Somos hermanos gemelos,
Aves que en distintos vuelos
El tiempo las separó.

Y se vuelven a encontrar
En una rama distinta.
Pincel que a veces no pinta
Y a veces sale a pintar.
La rima me ha de besar
Aunque no la bese a ella.
La rima es una botella
De la que bebo bastante.
La rima ayuda a que cante
Y alumbra como una estrella.

En tu silencio, en tu alegría y tormento,
¿piensas en prosa, quizá en verso?

Yo, como tú, pienso en prosa
Y todo lo versifico.
Lo traduzco y ramifico,
Hago la frase gozosa.
De cualquier medida ociosa
De texto saco otro río
Poético, El desvarío
Lo convierto en frase plena.
Por eso vale la pena
Conversar al lado mío.

Yo, como cualquier humano,
Pienso en prosa y hablo en prosa.
Pero es que esto es otra cosa.
Cuando llega algo a mi mano,
Lo remodelo. Temprano
Entro en una alfarería
Verbal y a la voz vacía
Le doy forma y la convierto
En abstracto libro abierto
Que no está en la librería.

Mmm… Se me olvidó tu pregunta
Mas la recuperaré…

Piensas en prosa o verso…

Se me olvidó tu pregunta
Mas la recuperaré
Porque ahora mismo yo sé
Que en tu mente se barrunta
Que este muchacho que junta
Un poético universo
Después de este gran almuerzo
[ja, ja, ja, ja]
Delante de una mujer,
No te quiere responder
Si piensa en prosa o en verso.
[Ja, ja, ja, ja].

¿Viene el rap de improvisar?

El rap es un arte nuevo,
Un arte recién nacido.
Yo incluso lo he compartido
Con amigos y me bebo
Sus versos. No es el relevo
De la poesía oral
Antigua. Es árbol frutal
De diferente raíz.
El rap tiene otro matiz,
Otro entorno cultural.

Rap es poesía urbana,
Y el repentismo rural
Se juntarán al final
Del camino. Una mañana,
Cuando se abra una ventana
De distinta dimensión
Se encontrarán con pasión.
Se estrecharán diariamente
Y se va a tender un puente
De arte e improvisación.

El rap es también rimado.
El rap es también oral.
El rap es espiritual
Y es también improvisado
(a veces). Pero el pasado
Está lleno de un lirismo
Con profundo repentismo
Que no tiene en realidad
Vínculos con una ciudad,
Sino con el paisajismo,

Con el pulso diferente
De los espacios rurales
Donde poetas orales
Tendieron un largo puente
Hacia este raro presente
En el que el rap ha nacido.
Por eso yo solo pido
Ya sea en papel o en app
Que un día se encuentre el rap
Con el verso que he tenido

La oportunidad de hacer
Desde que era un pequeñuelo
Y juntos alcen el vuelo
Buscando otro amanecer.
Tenemos que entretejer
Lo antiguo con lo moderno,
Crear el nuevo gobierno
De la poesía oral
Porque yo sé que al final
El silencio es el infierno.

¿Y las peleas de gallos?
¿A quiénes han copiado?

Es un nombre comercial
Lo de «pelea de gallos».
Son como modernos rayos
De un sol que ya es ancestral.
Siempre hubo discurso oral
Y siempre hubo enfrentamiento.
Siempre hubo divertimento
De poetas que improvisan,
De palabras que se rizan
Sobre el tatami del viento.

Lo de gallo y de pelea
Es un extraño eufemismo
Que está de moda ahora mismo
Para que el joven de hoy vea
Que hay poética presea
En discusión, con el verso.
Pero ya en este universo
Esa discusión la había
En la antigua juglería.
Allí el poeta converso

De la poesía escrita
Pasaba al discurso oral
Y se enfrentaba al final
Con quien iba de visita.
Esto es viejo, señorita.
[Ja, ja, ja, ja].
Esto no es ningún invento.
Que ahora esté en un momento
De explosión y de expansión
Es darle continuación
Al principio de otro cuento.

Yo también he combatido
Como si un gallito fuera.
Me pasé la vida entera
Dando a estos pleito sentido.
Me gusta su contenido
Y su teatralidad.
Más para decir verdad
Yo vengo de otras peleas:
La lucha de las ideas
En el campo y la ciudad.

Las peleas con las rimas,
Las discusiones verbales,
Los poéticos puñales
Que se van tirando encima.
Los pleitos en la tarima,
El público enfebrecido…
Todo eso ya ha existido.
En Europa y en América.
En una suerte quimérica
Que se ha envuelto en el olvido.

Tenemos que rescatar
Esta forma de hacer versos,
Estos lúdicos esfuerzos
Que son maneras de estar
Aprendiendo y de jugar
Con la palabra cantada.
A mí no me asusta nada
Porque a mí todo me gusta.
A mí lo que me disgusta
Es la nube en la mirada.

Que nadie mire al pasado,
Que se olvide a los poetas
Que con fórmulas secretas
Este ejercicio han sembrado
De versos y que han dejado
Un legado diferente,
Un testamento docente
De poesía verbal.
Porque yo sé que al final
Ese es otro continente.

Sí, que viva el repentismo.
Que viva el free style. Todo.
Porque es el único modo
De no caer al abismo
Del silencio, del mutismo,
De la incomunicación.
Por esa misma razón,
Haya o no haya plataforma,
En una o en otra forma,
Viva la improvisación.

Treinta y nueve libros.
¿Tanto has escrito?

No. Ya no son treinta y nueve.
Ya va a salir el cuarenta.
Y va a crecer más la cuenta
Porque escribir me conmueve.
Mi mano a nadie le debe
Y mi cerebro tampoco.
Cada teclado que toco
Pare un poema al momento.
Por eso no me arrepiento
Ni tengo miedo. Me evoco

A mí mismo en cada escrito.
Me busco en cualquier lugar
Y no empiezo a inventariar
La escritura. Es un delito
Que a veces no me permito
Contar los libros que llevo.
¿Vuelvo a escribirlos de nuevo?
¿Vuelvo a escribir? Sí, yo escribo.
Pero eso es porque estoy vivo.
Y a mí mismo me relevo.

Treinta y nueve publicados.
Uno que se halla en imprenta,
Que es el número cuarenta,
Y otros que aún no te he contado.
¿Inéditos? Demasiados.
No puedes ni imaginar.
Si me pongo a confesar
Todo lo que tengo escrito,
Hasta decir me permito
Que alguien se puede infartar.

Por esa misma razón
Voy sacando poco a poco
Lo que escribo como un loco,
Escondido en un rincón
De mi casa. No hay razón
Para sacar todo junto.
Yo solamente pregunto:
¿es un delito escribir,
Si eso me ayuda a vivir,
Si escribir no es un asunto

Peligroso para aquel
Que es lector y busca un libro?
¿Cómo puedo, si equilibro
En lo blanco de un papel
El acíbar y la miel,
Y distancia y cercanía,
La luz de la luna, el día,
Si todo en mí se equilibra,
Entonces por qué se libra
Esta batalla tardía?

Yo escribo porque escribir
Me hace sentir más persona.
Le hago caso a una neurona
Cuando ella empieza a decir:
Yo escribo porque es vivir,
Yo escribo porque estoy vivo,
Yo escribo porque recibo,
A través de los lectores,
La luz, no los reflectores,
De las palabras que escribo.

Más de veinte premios en tu haber.
¿Cómo lo pudiste hacer?

Debe ser un accidente
O una rara confluencia.
Debe ser cierta clemencia
De un lector condescendiente.
Es cierto que hay mucha gente
Que mis libros ha premiado.
Que me ha leído y gozado
A través de mi escritura.
A mí la literatura
Muchas sorpresas me ha dado.

Pero voy a confesarte
Algo, aquí, en este lugar:
Escribir y concursar
Es diferente en el arte.
Yo escribo porque eso es parte
De mi propia anatomía.
Pero no concursaría
Si existiese otra manera
De que lo que yo escribiera
Se viera en la librería.

Yo he escrito y he concursado
Para, sin pedir favores,
Llegar a muchos lectores
Que se hallan en otro lado.
Por buena suerte he ganado.
Y al ganar, el libro sale.
Pero a veces no me vale
Con ganar en los concursos.
Yo prefiero otros recursos
Que a mis lectores me iguale.

Por esa misma razón
Casi no estoy concursando.
Sino que estoy publicando
Y tras la publicación
Si hay una buena edición,
Y se distribuye bien,
Hay un camino también
Para llegar a la gente.
Un camino diferente
Pero que es igual que un tren

Al que no detiene nada.
Porque el libro después vive
Su propia vida y recibe
A través de la mirada
De un lector una estocada
De felicidad ajena.
Creo que vale la pena
Escribir, no concursar.
Escribir para llegar
A alguien que, como colmena

Que busca miel de otro polo,
Miel de otro lugar abstracto,
Pueda saber en el acto
Que el escritor está solo.
Yo en el teclado me inmolo,
Pero vuelvo a renacer
Cuando alguien se va a leer
Un libro que yo escribí.
Por eso me ves aquí,
Contándotelo, mujer.

Por eso escribo y publico,
Por eso escribo y concurso,
Por eso busco un recurso
Diferente y me autoexplico
Las horas que le dedico
A jugar con el teclado.
Es verdad que he concursado
Y que premios he tenido.
Pero lo que he conseguido
Es poco. No es demasiado.

A mí lo que más me gusta
Es que la gente me lea,
Que la gente lea y crea
En lo que amo o que me asusta.
Para darme con la fusta
Del silencio en el lugar
Que menos puedo tocar,
(en la espalda de la mente).
Para que entienda la gente
Adónde quiero llegar.

Te repito: vivo, escribo,
Sueño, busco a mis lectores.
Los concursos son las flores
De las que aroma recibo
Cuando para seguir vivo
Necesito algo sacar
Al mercado y continuar
En esta loca carrera
Que sé que, aunque no lo quiera,
Algún día va a acabar.

Versionaste el Quijote en verso.
¿Cómo es eso?

Fue la mayor aventura
Que he acometido en la vida.
Algo que no se me olvida
Y que me da calentura.
El Quijote, qué figura.
Y qué figura Cervantes.
Yo nunca había hecho antes
Empresa tan quijotesca.
Aunque no te lo parezca,
Y aunque parezca pedante,

A cuatro manos me puse
A escribir con don Miguel.
La prosa la puso él.
Yo, los versos. Se traduce
Lo que él escribió y reluce
Distinto a través del verso.
Yo entré en su loco universo
Y me enloquecí también,
Pero me fue bien, muy bien.
Y a veces con él converso.

Yo conocí a Dulcinea,
Yo bebí con Sancho Panza,
Yo cogí mucha confianza
Con Miguel y aunque no crea
Nadie que incluso lo vea.
Y sí, lo vi, habló conmigo.
Cervantes se hizo mi amigo.
Me prestó incluso su gola,
La tengo en la casa, sola,
Y muchas veces consigo

Ponérmela ante el espejo
Y me parezco a Cervantes.
No soy negro, como antes,
Incluso soy menos viejo.
A Cervantes yo le dejo
Un espacio en mi lugar
Cuando él quiere conversar
De Madrid, del Matadero,
De las cosas que yo quiero,
De qué hay más allá del mar.

Y yo le empiezo a contar
Cómo escribí «mi Quijote»
Yo soneto, él estrambote.
Cervantes luz, yo lunar.
Cervantes es un buen juglar
Que quería ser poeta,
Pero una trampa secreta,
Dicen, le jugó el destino,
Hasta que el Quijote vino
A hacer su obra más completa.

Cuando el Quijote traduje,
Cuando yo lo reinventé,
En realidad conversé
Con Miguel. Incluso aduje
Muchas cosas y deduje
Que él quería conversar
Y me dediqué a jugar
Con capítulos ajenos
Y todos salieron buenos.
Te lo puedo demostrar.

La locura del Quijote
A mí se me traspasó.
Te juro que alguien me vio
Andando Almería al trote.
Fui de mogote en mogote,
Adarga al hombro, trotando.
Fui los molinos buscando
Por diferentes caminos
Y al no encontrar los molinos
Yo mismo me fui golpeando.

Es verdad, me enquijoté
Y hasta Sancho Panza fui,
Pero me gustó. Y así
Muy a gustito me quedé.
Algún día volveré
A hacer la segunda parte,
Sea en la Tierra o en Marte,
En Saturno o en Plutón.
No importa. Me tomo un ron
Y si Cervantes comparte

Conmigo lo que pensó,
Yo vuelvo a escribir con él
Y a poner sobre el papel
Lo que el Quijote vivió.
Dulcinea se alegró
Porque a través de mi idea
Dejó de ser ruda y fea,
Para ser guapa y hermosa.
Mi Dulcinea es la esposa
Que el gran Alonso desea.

Mi amigo Alonso Quijano
Que algunos llaman Quijada.
Pero ya no importa nada.
Yo lo veo hasta cubano.
Don Quijote es un hermano
Que va conmigo en la vida
Y que se dio a la bebida
Cuando yo empecé a beber
Y que tiene una mujer
De la que nunca se olvida.

Es más, voy a recordar
Cómo mi Quijote empieza.
Lo tengo aquí, en la cabeza,
Y no lo voy a olvidar.
Te invito así a trabajar
Con tu memoria lectora
Este Quijote que aflora
No es el mismo de Cervantes.
Nadie lo escuchaba antes
Como te lo digo ahora:

En un lugar de la Mancha,
De cuyo nombre no quiero
Acordarme, un caballero
De alto porte y mente ancha,
De los de pleito y revancha,
De los de arenga y motín,
De adarga antigua, rocín
Flaco y galgo corredor,
Con lanza de gladiador
Y estampa de paladín

No ha mucho tiempo vivía
Entre duelos y quebrantos
Sin más tesoros ni encantos
Que su verbo y su hidalguía.
Una olla vieja tenía
De más vaca que carnero.
Salpicón nocturno, austero
Viernes de frías lentejas,
Sábado de broncas viejas,
Palomino dominguero…

Gracias por haber grabado
Esta entrevista rimada
La décima improvisada
A responder me ha ayudado.
Qué bueno haber conversado
Contigo en esta ciudad.
Cuánta generosidad,
Tuya en el Café Gijón
Espero la transcripción.
Muchas gracias, Mar Abad.

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