2 de febrero 2012    /   CIENCIA
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Algunos inconvenientes de ser un “macho-man”

2 de febrero 2012    /   CIENCIA     por          
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“Esos hombres que tú admiras, que parecen visigodos: mucho músculo, poco cerebro, y luego lloran como todos”. Siniestro total, “Yo te quiero”.

El estereotipo de hombre masculino, el visigodo que canta Siniestro o el “macho-man” de los Village People posee cuerpo musculoso, mandíbula prominente y voz grave. Estas características son más apreciadas por las mujeres, de modo que tienden a perpetuarse de generación en generación, en tanto el éxito reproductivo de los hombres más masculinos convierte las cualidades señaladas en una ventaja evolutiva. La voz y la mandíbula vienen de serie, pero la musculatura se puede esculpir en el gimnasio, de modo que esta última condición es un extra puede esquivar por la puerta trasera la teoría de la selección sexual.

Pero parece ser que la musculatura y la voz grave funcionan más como señuelos para las féminas que como genuinos indicadores de masculinidad. Un reciente estudio realizado por el biólogo evolutivo Phill Simmons concluyó que los hombres con voz grave tienen, en realidad, una concentración menor de espermatozoides que aquellos que ostentan un timbre agudo. El motivo de esta aparente paradoja es que los hombres muy hombres invierten más energía en resultar atractivos para las mujeres y sustraen esta energía de otras tareas, por ejemplo de producir semen, una actividad agotadora, como bien saben los maestros de tantra.

La voz grave suele estar asociada a tipos grandes y musculados, pero si aquella era un fake, el cuerpo Danone tampoco le va a la zaga. Instintivamente concluimos que un hombre dotado de una poderosa musculatura está más sano que otro enjuto. Sin embargo, las pruebas empíricas vuelven a contradecir este mito: los hombres musculosos obtienen su volumen de la testosterona, la hormona asociada a la masculinidad. Pero la testosterona también tiene sus contrapartidas: un alto nivel está asociado con una pobre defensa inmune, de modo que los hombres fuertes son más proclives a sufrir infecciones.

Así las cosas, ¿por qué se decanta una mujer por un hombre menos capaz de ofrecerle prole, que consume más energía y es más proclive a enfermar? En esencia, porque resulta más intimidatorio de cara a otros machos rivales. Y también adorna más.
En conclusión, vaya este aviso a navegantas en busca de varón: puede que el alfeñique del 1º derecha sea mejor partido (genéticamente hablando) que el cachas con voz de tenor que trota por el parque cada mañana. ¿Y en cuanto a la mandíbula? Habrá que esperar a que alguien estudie a fondo a Javier Bardem para llegar a una respuesta concluyente.

Ilustración: Juan Díaz Faes

Este artículo fue publicado en el número de febrero de Ling Magazine

 

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Pero parece ser que la musculatura y la voz grave funcionan más como señuelos para las féminas que como genuinos indicadores de masculinidad. Un reciente estudio realizado por el biólogo evolutivo Phill Simmons concluyó que los hombres con voz grave tienen, en realidad, una concentración menor de espermatozoides que aquellos que ostentan un timbre agudo. El motivo de esta aparente paradoja es que los hombres muy hombres invierten más energía en resultar atractivos para las mujeres y sustraen esta energía de otras tareas, por ejemplo de producir semen, una actividad agotadora, como bien saben los maestros de tantra.

La voz grave suele estar asociada a tipos grandes y musculados, pero si aquella era un fake, el cuerpo Danone tampoco le va a la zaga. Instintivamente concluimos que un hombre dotado de una poderosa musculatura está más sano que otro enjuto. Sin embargo, las pruebas empíricas vuelven a contradecir este mito: los hombres musculosos obtienen su volumen de la testosterona, la hormona asociada a la masculinidad. Pero la testosterona también tiene sus contrapartidas: un alto nivel está asociado con una pobre defensa inmune, de modo que los hombres fuertes son más proclives a sufrir infecciones.

Así las cosas, ¿por qué se decanta una mujer por un hombre menos capaz de ofrecerle prole, que consume más energía y es más proclive a enfermar? En esencia, porque resulta más intimidatorio de cara a otros machos rivales. Y también adorna más.
En conclusión, vaya este aviso a navegantas en busca de varón: puede que el alfeñique del 1º derecha sea mejor partido (genéticamente hablando) que el cachas con voz de tenor que trota por el parque cada mañana. ¿Y en cuanto a la mandíbula? Habrá que esperar a que alguien estudie a fondo a Javier Bardem para llegar a una respuesta concluyente.

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