13 de diciembre 2017    /   CINE/TV
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‘Alias Grace’: el peso de la palabra

13 de diciembre 2017    /   CINE/TV     por          
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El peso de la palabra de una mujer es para algunos hombres –y mujeres– poco más que el peso del humo. Sin embargo, la palabra de Grace Marks alienta, mantiene y nos guía bella, emotiva, a través de una época agria, quizá sentimentalmente no tan lejana.

Palabras de mujer, creadas, filmadas por mujeres… para mujeres y hombres.

Nombres de mujer

La ficha artística de la serie Netflix muestra nombres de mujer en los principales puestos creativos. Llama la atención en una industria con el poder copado por hombres. (Lo último explica, en parte, el silencio durante décadas de las actrices víctimas de abusos sexuales en Hollywood).

El argumento parte de una novela de Margaret Atwood (autora de The Handmaid’s Tale). La guionista y productora ejecutiva en jefe es Sarah Polley (actriz de Mi vida sin mí, de Isabel Coixet). La mayoría de los episodios, excepto uno, tienen a mujeres en la producción ejecutiva. Mary Harron (American Psycho) es la realizadora de cada episodio.

El riesgo de nacer mujer

Alias Grace relata las calamidades de las mujeres jóvenes y sin recursos en el siglo XIX. Grace no solo sufre explotación laboral, como tantas mujeres y hombres de entonces; además, es maltratada y violada por su padre y los carceleros, y acosada por su segundo patrón (por cuyo asesinato es condenada). Cuando Grace no es víctima, es testigo de la crueldad machista de palabra y de obra.

Hoy, en Occidente, las mujeres gozan de oportunidades, medios y una protección legal difíciles de imaginar en el siglo XIX. Sin embargo, soportan prejuicios arcaicos. Prejuicios alentados por hombres y por mujeres, que parecen extinguidos, pero repuntan en los medios de comunicación.

«Pregunte a los jueces, los periodistas y reporteros», dice Grace al doctor Jordan. «Ellos saben la historia mejor que yo». (Episodio 1×01).

El tono de Grace no es irónico. Está sorprendida de que un hombre muestre interés por escucharla, aunque este hombre está obligado por su profesión. El peso de la palabra de una mujer es para algunos hombres –y mujeres– poco más que el peso del humo.

Grace vs. Grace

Grace Marks narra la historia de Grace Marks. En ocasiones, con frases lapidarias que la cámara remarca con primeros planos de puntadas a la colcha. Creemos su discurso porque, por alguna razón, aceptamos lo que nos cuenta un personaje hasta que se demuestre lo contrario.

Los saltos al pasado y al interior de la mente (como en American Psycho) no contradicen las palabras de Grace. Si en estos saltos aparecen otras versiones de la historia es porque la misma Grace plantea dudas sobre qué hizo y qué no el día de los asesinatos.

El abogado de Grace y el doctor Jordan se plantean que la joven es una inteligente manipuladora.

«Mejor ser una asesina que un asesino, si solo hay esas dos opciones», confiesa Grace al público. Parece recordarnos que quizá por ser mujer podría ganarse al tribunal. De hecho, el mozo es ahorcado. «Grace Marks me obligó a hacerlo», son las últimas palabras del joven.

Para los hombres, Grace Marks es una femme fatale: seduce con sus historias «como Scherezade», apunta el abogado.

Realmente, Grace Marks no representa por voluntad propia a la causa feminista ni a la republicana, aunque muestra afecto por los canadienses que se opusieron a la corona británica.

La intriga de la serie no está en saber si Grace cometió o no los asesinatos; ni siquiera si tenía plenas facultades mentales entonces. (Ella misma no alega inocencia. Su comportamiento la noche de los hechos, como su huida con el asesino, se presta a distintas conclusiones: ¿lo hizo como cómplice, por temor o por incapacidad para tomar decisiones?). De hecho, realmente, no hay una verdadera intriga. La adivinamos pronto. Lo único cierto es que nosotros, los espectadores, mujeres y hombres, estamos fascinados por Grace Marks. 

Tanto si miente como si cuenta la verdad, pinta su tiempo con riqueza de detalles y buen gusto, y retrata con perspicacia al género humano. Quizá no la creamos a ella, pero sí creemos que el mundo era así de inhóspito para las mujeres.

Grace puede ser a la vez tanto víctima como asesina. Quizá lo sea. En su caso, el asesinato sería la consecuencia de una vida cruda. La edición lo recuerda: reúne en una de las secuencias finales escenas de Grace violada, golpeada y mutilada por los hombres de su vida.

Inteligencia

Alias Grace no dibuja a todos los hombres como opresores, lo que no quiere decir que los hombres salgan bien parados. De la misma manera que tampoco hay un retrato complaciente de las mujeres.

La inteligencia de la propuesta está en no crear divisiones marcadas entre buenos y malos, al menos al diseñar los caracteres principales. El claroscuro es el tono con el que están vestidos la mayoría de los personajes. Este tono permite que los personajes sean creíbles y no simples marionetas.

Mary Whitney es vital, generosa y con ideas audaces para una mujer de entonces que sorprenden a Grace. Sin embargo, la inteligencia no salva a Mary de enamorarse del señorito que la desprecia tras quedar embarazada.

Nancy Montgomery (Anna Paquin) es una déspota por miedo. Desprecia a Grace porque la ve como su sustituta en los apetitos del capitán Kinnear, un depredador sexual.

El padre de Grace, los carceleros, el señorito amante de Mary Whitney (la amiga de Grace) sí son necesariamente crueles, sin matices, porque apenas ocupan unas escenas.

El doctor Jordan es un cobarde: no acepta que Grace reúna distintas facetas de personalidad. Quisiera creerla pura. Como una damisela de la alta sociedad. El doctor representa al hombre romántico de portada de novela (como las que devora Marge Simpson). Es el rescatador de los cuentos de hadas, pero aquí no puede cumplir su función.

El reverendo metodista (interpretado por David Cronenberg) aboga por la excarcelación de Grace, pero siguiendo las directrices de un comité de damas que hacen obras piadosas.

Jamie, el viejo amigo de la adolescencia y cuyo testimonio acabó por llevar a Grace a la cárcel, la acoge buscando la redención y la mortificación escuchando las penurias de Grace.

Es curioso que el único hombre que parece mostrar un interés genuino en ella sea el farsante Jeremiah. Este hombre se muestra sin dobleces. La escena en la que propone a Grace huir juntos demuestra el poder de la imagen en movimiento: de mantenernos en el presente del relato: esperamos que Grace acepte y rompa con los hechos históricos. Por supuesto, no sucede así, pero a cambio tenemos una emotiva y poderosa historia.

El peso de la palabra de una mujer es para algunos hombres –y mujeres– poco más que el peso del humo. Sin embargo, la palabra de Grace Marks alienta, mantiene y nos guía bella, emotiva, a través de una época agria, quizá sentimentalmente no tan lejana.

Palabras de mujer, creadas, filmadas por mujeres… para mujeres y hombres.

Nombres de mujer

La ficha artística de la serie Netflix muestra nombres de mujer en los principales puestos creativos. Llama la atención en una industria con el poder copado por hombres. (Lo último explica, en parte, el silencio durante décadas de las actrices víctimas de abusos sexuales en Hollywood).

El argumento parte de una novela de Margaret Atwood (autora de The Handmaid’s Tale). La guionista y productora ejecutiva en jefe es Sarah Polley (actriz de Mi vida sin mí, de Isabel Coixet). La mayoría de los episodios, excepto uno, tienen a mujeres en la producción ejecutiva. Mary Harron (American Psycho) es la realizadora de cada episodio.

El riesgo de nacer mujer

Alias Grace relata las calamidades de las mujeres jóvenes y sin recursos en el siglo XIX. Grace no solo sufre explotación laboral, como tantas mujeres y hombres de entonces; además, es maltratada y violada por su padre y los carceleros, y acosada por su segundo patrón (por cuyo asesinato es condenada). Cuando Grace no es víctima, es testigo de la crueldad machista de palabra y de obra.

Hoy, en Occidente, las mujeres gozan de oportunidades, medios y una protección legal difíciles de imaginar en el siglo XIX. Sin embargo, soportan prejuicios arcaicos. Prejuicios alentados por hombres y por mujeres, que parecen extinguidos, pero repuntan en los medios de comunicación.

«Pregunte a los jueces, los periodistas y reporteros», dice Grace al doctor Jordan. «Ellos saben la historia mejor que yo». (Episodio 1×01).

El tono de Grace no es irónico. Está sorprendida de que un hombre muestre interés por escucharla, aunque este hombre está obligado por su profesión. El peso de la palabra de una mujer es para algunos hombres –y mujeres– poco más que el peso del humo.

Grace vs. Grace

Grace Marks narra la historia de Grace Marks. En ocasiones, con frases lapidarias que la cámara remarca con primeros planos de puntadas a la colcha. Creemos su discurso porque, por alguna razón, aceptamos lo que nos cuenta un personaje hasta que se demuestre lo contrario.

Los saltos al pasado y al interior de la mente (como en American Psycho) no contradicen las palabras de Grace. Si en estos saltos aparecen otras versiones de la historia es porque la misma Grace plantea dudas sobre qué hizo y qué no el día de los asesinatos.

El abogado de Grace y el doctor Jordan se plantean que la joven es una inteligente manipuladora.

«Mejor ser una asesina que un asesino, si solo hay esas dos opciones», confiesa Grace al público. Parece recordarnos que quizá por ser mujer podría ganarse al tribunal. De hecho, el mozo es ahorcado. «Grace Marks me obligó a hacerlo», son las últimas palabras del joven.

Para los hombres, Grace Marks es una femme fatale: seduce con sus historias «como Scherezade», apunta el abogado.

Realmente, Grace Marks no representa por voluntad propia a la causa feminista ni a la republicana, aunque muestra afecto por los canadienses que se opusieron a la corona británica.

La intriga de la serie no está en saber si Grace cometió o no los asesinatos; ni siquiera si tenía plenas facultades mentales entonces. (Ella misma no alega inocencia. Su comportamiento la noche de los hechos, como su huida con el asesino, se presta a distintas conclusiones: ¿lo hizo como cómplice, por temor o por incapacidad para tomar decisiones?). De hecho, realmente, no hay una verdadera intriga. La adivinamos pronto. Lo único cierto es que nosotros, los espectadores, mujeres y hombres, estamos fascinados por Grace Marks. 

Tanto si miente como si cuenta la verdad, pinta su tiempo con riqueza de detalles y buen gusto, y retrata con perspicacia al género humano. Quizá no la creamos a ella, pero sí creemos que el mundo era así de inhóspito para las mujeres.

Grace puede ser a la vez tanto víctima como asesina. Quizá lo sea. En su caso, el asesinato sería la consecuencia de una vida cruda. La edición lo recuerda: reúne en una de las secuencias finales escenas de Grace violada, golpeada y mutilada por los hombres de su vida.

Inteligencia

Alias Grace no dibuja a todos los hombres como opresores, lo que no quiere decir que los hombres salgan bien parados. De la misma manera que tampoco hay un retrato complaciente de las mujeres.

La inteligencia de la propuesta está en no crear divisiones marcadas entre buenos y malos, al menos al diseñar los caracteres principales. El claroscuro es el tono con el que están vestidos la mayoría de los personajes. Este tono permite que los personajes sean creíbles y no simples marionetas.

Mary Whitney es vital, generosa y con ideas audaces para una mujer de entonces que sorprenden a Grace. Sin embargo, la inteligencia no salva a Mary de enamorarse del señorito que la desprecia tras quedar embarazada.

Nancy Montgomery (Anna Paquin) es una déspota por miedo. Desprecia a Grace porque la ve como su sustituta en los apetitos del capitán Kinnear, un depredador sexual.

El padre de Grace, los carceleros, el señorito amante de Mary Whitney (la amiga de Grace) sí son necesariamente crueles, sin matices, porque apenas ocupan unas escenas.

El doctor Jordan es un cobarde: no acepta que Grace reúna distintas facetas de personalidad. Quisiera creerla pura. Como una damisela de la alta sociedad. El doctor representa al hombre romántico de portada de novela (como las que devora Marge Simpson). Es el rescatador de los cuentos de hadas, pero aquí no puede cumplir su función.

El reverendo metodista (interpretado por David Cronenberg) aboga por la excarcelación de Grace, pero siguiendo las directrices de un comité de damas que hacen obras piadosas.

Jamie, el viejo amigo de la adolescencia y cuyo testimonio acabó por llevar a Grace a la cárcel, la acoge buscando la redención y la mortificación escuchando las penurias de Grace.

Es curioso que el único hombre que parece mostrar un interés genuino en ella sea el farsante Jeremiah. Este hombre se muestra sin dobleces. La escena en la que propone a Grace huir juntos demuestra el poder de la imagen en movimiento: de mantenernos en el presente del relato: esperamos que Grace acepte y rompa con los hechos históricos. Por supuesto, no sucede así, pero a cambio tenemos una emotiva y poderosa historia.

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