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18 de febrero 2016    /   CINE/TV
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Las mujeres y los hombres sin amigos

18 de febrero 2016    /   CINE/TV     por          
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Hay personas que no tienen suerte ni iniciativa para hacer amigos. Personas que no son antipáticas ni tienen gustos raritos.  En las películas de Hollywood sobre bodas, no tener amigos es un problema para encontrar padrino.


Era inevitable que aparecieran los argumentos sobre padrinos. Se agotaron las tramas de películas de boda protagonizadas por el padre/la madre/el hermano/la hermana de… la prometida/el novio/la hija… Luego vinieron las historias sobre las damas de honor y ahora tocan los padrinos, los best men, como se les conoce en inglés.

Sobre padrinos hay por ahora un puñado de películas con dos argumentos tipo. En uno, el padrino es un tipo que carga cuentas de hoteles y prostitutas de lujo al novio y expresa en más de una ocasión su deseo de tirarse a las damas de honor bajo la mesa, «como marca la tradición».

El otro argumento trata de un novio que no tiene amigos y debe hacerse con padrino antes de la boda. Esto es una pequeña tragedia para el novio: ¿quién portará el anillo y que sea digno de ello? ¿Quién dirá un gran discurso en la cena de ensayo que luego repetirá en la cena con trescientos invitados, incluido el gobernador de Iowa?

Para evitar una boda catastrófica el novio recurre a una vieja agenda, a los compañeros de oficina e incluso a una agencia que alquila padrinos. Lo último sucede en la película El gurú de las bodas, una ficción que muestra un negocio real.

Padrinos y damas de honor de alquiler

Contrata un padrino

En Reino Unido, la  página Hire a Best Man (Alquila un padrino) permite hacerse con el perfecto portador del anillo y el perfecto orador que cautivará a los suegros y encandilará a las casaderas y emocionaría a Spielberg de aparecer por allí. En Estados Unidos, a través de Bridesmaid for hire  es posible contratar los servicios de una dama de honor atractiva, divertida y discreta por 2.000 dólares el convite (el equivalente a un menú-tipo para 30 personas en un hotel de cinco estrellas).

Alquila un amigo

Los menos pudientes pueden recurrir a Rent a Friend (Alquila un amigo), que ofrece falsos amigos para bodas, asistir a espectáculos y hacer running y retro-running («como no gano corriendo pa’lante, gano pa’trás»). El precio: de 15 a 55 dólares la hora. En España, de momento, los amigos de alquiler de Rent a Friend solo acompañan a espectáculos y comidas y clases de yoga.

Si para muchos una boda es una forma de teatro, la posibilidad de alquilar un padrino o madrina ahonda en el concepto de ficción. Los irreales amigos como padrinos y damas de honor (aquí serían simples recogedoras de velo y lanzadoras de jazmines y arroces) son como el traje de la prometida: nuevecitos y vistosos.

«Quiero dos damas de honor de las que sentirme orgullosa en mi gran día», dice el blog de Rent a Friend que dice una prometida. «Quizá alquile padrino para mi prometido», dice Rent a Friend que dice la prometida, como en los anuncios culo-veo-culo-quiero. Tom y Kate no pueden permitir que los amigos de siempre estropeen la boda.

El drama de no tener amigos

Estas películas y negocios de alquiler de padrinos son ajenos a nuestras costumbres españolas. Aquí, cualquiera puede ser padrino: no se necesita estudios ni experiencia para colocarse la corbata como pañuelo en la frente. Sin embargo, exponen una realidad en las grandes urbes tanto de Europa, de América como de Asia: hay personas que no tienen amigos. Ni de los de barbacoa ni de los otros, los amigos de verdad, los confidentes, los que ofrecen su tiempo y esfuerzo y atención sin aspirar a contraprestaciones (ni dinero ni sexo ni la colaboración en un delito). Este es el verdadero drama y se habla poco de él.

Salimos de nuestros barrios y atrás dejamos amigos de la infancia. Vivir en pareja aleja a los amigotes de «yo pago ahora y tú, luego». En los trabajos no hay amigos (salvo excepciones): hay compañeros. Por el camino llegan nuevas personas que adoptamos como nuevos amigos, nuevos confidentes o quizá los primeros confidentes. Pero no todas las personas lo tienen fácil a la hora de hacer amigos.

Aplicaciones para hacer amigos

Hay hombres y mujeres jóvenes y adultos que no tienen suerte ni iniciativa para hacer amigos. Personas que no son antipáticas ni tienen gustos raritos. Incluso hay mujeres atractivas y trato agradable que no tienen amigas, pero sí amigos (al menos, eso dicen ellos). Personas que en ocasiones acaban tolerando amigos igual que otros toleran malas relaciones de pareja.

Solitarios que tontean en webs con desconocidos (¡envía flores!, ¡envía un beso! ¡mira más fotos por 9.99 € al mes). Solitarios que puntúan bares, cafeterías y restaurantes a través de aplicaciones móviles y se reúnen para comer y conocerse en uno de los locales criticados.

Solitarios que recurren a aplicaciones como Ameego, conocido como el «Uber de la amistad» o Skout o WhatsFriends para hacer nuevos amigos a través de Whatsapp, entre otras. Aplicaciones recién nacidas para un mundo conectado a aparatos, pero no a quienes se tiene alrededor.

No deja uno de pensar que hay en estas aplicaciones de encontrar nuevos amigos cierta infidelidad a los quinientos y pico de amigos por conocer agregados al Facebook. Una forma de amistad sin compromiso como otros tienen sexo de una noche. No tener con quién ir a conciertos o al cine puede abrumar.

No tener amigos o cómo parecer un criminal

Por otro lado, la soledad está mal vista. Los vecinos miran mal, los conocidos —que no amigos— miran mal, incluso la familia. A los hombres que no tienen amigos se les tiene por raros, locos u homosexuales —como si lo último fuera una anomalía—. Aquí lo importante para unos es etiquetar a los solitarios. Un hombre adulto sin amigos solo es comprendido en dos casos: si está entregado a la familia y al trabajo o, «pobrecito» si es «el soltero del grupo» (y no tiene hijos) y claro, «¿a dónde va un soltero solo?» Si este hombre es joven, la madre lo mira raro y le dice «sal a la calle a tomar el aire».

Los comentarios sobre las mujeres sin amigas varían según su edad. Si adulta, es «una mujer de su casa»; si joven, «una niña que no le gusta la calle». Para justificar esto, sus madres y abuelas dicen «para lo que hay…»

Un hombre sin amigos —sin amigotes, seamos claros— incluso despierta recelos. Es por esto que Dexter Morgan, el asesino forense, forma parte del equipo de bolos de la comisaría y toma cervezas; necesita pasar desapercibido, fingir ante Rita y ante el mundo que tiene amigos y que hace con ellos «cosas que hace la gente normal». Aunque estas cosas le parecen aburridas y carentes de sentido a Dexter.

Dexter es un cazador solitario y los grupos de amigotes funcionan como manadas aunque los objetivos cambian. No es cazar al mamut, sino ganar el partido de futbito del jueves por la noche (aunque sea una pachanguita); no es buscar agua, sino un vamos a tomar la última donde la rubia aquella. Los amigos también están para esto, por supuesto. La diferencia está en el después: los amigotes desaparecen en cuanto se acaba la barbacoa, ¡hasta otra! O no asoman la calva o el poco-pelo cuando se echan novia o se casan (se quejan los solteros, los singles para los modernos y cobardes).

Los amigos son necesarios (no como objetos), pero esto no significa tener un millón, como la canción para más fuerte poder cantar. Deberían contarse con los dedos de la mano y estar disponibles no solo para las tonterías. Pero al parecer, en estos tiempos modernos también hay falta de amigos para ir a tomar un café o ir a esto o lo otro o tan solo 15 minutos al teléfono. Y ante la escasez, el negocio de las aplicaciones que ofrecen amigos buenos, bonitos y baratos por una tarde. ¡Oh tiempos, oh costumbres!

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Imagen de portada: Jason Segel y Paul Rudd en Te quiero, tío: el drama de un hombre sin amigos que necesita un padrino de boda.

Hay personas que no tienen suerte ni iniciativa para hacer amigos. Personas que no son antipáticas ni tienen gustos raritos.  En las películas de Hollywood sobre bodas, no tener amigos es un problema para encontrar padrino.


Era inevitable que aparecieran los argumentos sobre padrinos. Se agotaron las tramas de películas de boda protagonizadas por el padre/la madre/el hermano/la hermana de… la prometida/el novio/la hija… Luego vinieron las historias sobre las damas de honor y ahora tocan los padrinos, los best men, como se les conoce en inglés.

Sobre padrinos hay por ahora un puñado de películas con dos argumentos tipo. En uno, el padrino es un tipo que carga cuentas de hoteles y prostitutas de lujo al novio y expresa en más de una ocasión su deseo de tirarse a las damas de honor bajo la mesa, «como marca la tradición».

El otro argumento trata de un novio que no tiene amigos y debe hacerse con padrino antes de la boda. Esto es una pequeña tragedia para el novio: ¿quién portará el anillo y que sea digno de ello? ¿Quién dirá un gran discurso en la cena de ensayo que luego repetirá en la cena con trescientos invitados, incluido el gobernador de Iowa?

Para evitar una boda catastrófica el novio recurre a una vieja agenda, a los compañeros de oficina e incluso a una agencia que alquila padrinos. Lo último sucede en la película El gurú de las bodas, una ficción que muestra un negocio real.

Padrinos y damas de honor de alquiler

Contrata un padrino

En Reino Unido, la  página Hire a Best Man (Alquila un padrino) permite hacerse con el perfecto portador del anillo y el perfecto orador que cautivará a los suegros y encandilará a las casaderas y emocionaría a Spielberg de aparecer por allí. En Estados Unidos, a través de Bridesmaid for hire  es posible contratar los servicios de una dama de honor atractiva, divertida y discreta por 2.000 dólares el convite (el equivalente a un menú-tipo para 30 personas en un hotel de cinco estrellas).

Alquila un amigo

Los menos pudientes pueden recurrir a Rent a Friend (Alquila un amigo), que ofrece falsos amigos para bodas, asistir a espectáculos y hacer running y retro-running («como no gano corriendo pa’lante, gano pa’trás»). El precio: de 15 a 55 dólares la hora. En España, de momento, los amigos de alquiler de Rent a Friend solo acompañan a espectáculos y comidas y clases de yoga.

Si para muchos una boda es una forma de teatro, la posibilidad de alquilar un padrino o madrina ahonda en el concepto de ficción. Los irreales amigos como padrinos y damas de honor (aquí serían simples recogedoras de velo y lanzadoras de jazmines y arroces) son como el traje de la prometida: nuevecitos y vistosos.

«Quiero dos damas de honor de las que sentirme orgullosa en mi gran día», dice el blog de Rent a Friend que dice una prometida. «Quizá alquile padrino para mi prometido», dice Rent a Friend que dice la prometida, como en los anuncios culo-veo-culo-quiero. Tom y Kate no pueden permitir que los amigos de siempre estropeen la boda.

El drama de no tener amigos

Estas películas y negocios de alquiler de padrinos son ajenos a nuestras costumbres españolas. Aquí, cualquiera puede ser padrino: no se necesita estudios ni experiencia para colocarse la corbata como pañuelo en la frente. Sin embargo, exponen una realidad en las grandes urbes tanto de Europa, de América como de Asia: hay personas que no tienen amigos. Ni de los de barbacoa ni de los otros, los amigos de verdad, los confidentes, los que ofrecen su tiempo y esfuerzo y atención sin aspirar a contraprestaciones (ni dinero ni sexo ni la colaboración en un delito). Este es el verdadero drama y se habla poco de él.

Salimos de nuestros barrios y atrás dejamos amigos de la infancia. Vivir en pareja aleja a los amigotes de «yo pago ahora y tú, luego». En los trabajos no hay amigos (salvo excepciones): hay compañeros. Por el camino llegan nuevas personas que adoptamos como nuevos amigos, nuevos confidentes o quizá los primeros confidentes. Pero no todas las personas lo tienen fácil a la hora de hacer amigos.

Aplicaciones para hacer amigos

Hay hombres y mujeres jóvenes y adultos que no tienen suerte ni iniciativa para hacer amigos. Personas que no son antipáticas ni tienen gustos raritos. Incluso hay mujeres atractivas y trato agradable que no tienen amigas, pero sí amigos (al menos, eso dicen ellos). Personas que en ocasiones acaban tolerando amigos igual que otros toleran malas relaciones de pareja.

Solitarios que tontean en webs con desconocidos (¡envía flores!, ¡envía un beso! ¡mira más fotos por 9.99 € al mes). Solitarios que puntúan bares, cafeterías y restaurantes a través de aplicaciones móviles y se reúnen para comer y conocerse en uno de los locales criticados.

Solitarios que recurren a aplicaciones como Ameego, conocido como el «Uber de la amistad» o Skout o WhatsFriends para hacer nuevos amigos a través de Whatsapp, entre otras. Aplicaciones recién nacidas para un mundo conectado a aparatos, pero no a quienes se tiene alrededor.

No deja uno de pensar que hay en estas aplicaciones de encontrar nuevos amigos cierta infidelidad a los quinientos y pico de amigos por conocer agregados al Facebook. Una forma de amistad sin compromiso como otros tienen sexo de una noche. No tener con quién ir a conciertos o al cine puede abrumar.

No tener amigos o cómo parecer un criminal

Por otro lado, la soledad está mal vista. Los vecinos miran mal, los conocidos —que no amigos— miran mal, incluso la familia. A los hombres que no tienen amigos se les tiene por raros, locos u homosexuales —como si lo último fuera una anomalía—. Aquí lo importante para unos es etiquetar a los solitarios. Un hombre adulto sin amigos solo es comprendido en dos casos: si está entregado a la familia y al trabajo o, «pobrecito» si es «el soltero del grupo» (y no tiene hijos) y claro, «¿a dónde va un soltero solo?» Si este hombre es joven, la madre lo mira raro y le dice «sal a la calle a tomar el aire».

Los comentarios sobre las mujeres sin amigas varían según su edad. Si adulta, es «una mujer de su casa»; si joven, «una niña que no le gusta la calle». Para justificar esto, sus madres y abuelas dicen «para lo que hay…»

Un hombre sin amigos —sin amigotes, seamos claros— incluso despierta recelos. Es por esto que Dexter Morgan, el asesino forense, forma parte del equipo de bolos de la comisaría y toma cervezas; necesita pasar desapercibido, fingir ante Rita y ante el mundo que tiene amigos y que hace con ellos «cosas que hace la gente normal». Aunque estas cosas le parecen aburridas y carentes de sentido a Dexter.

Dexter es un cazador solitario y los grupos de amigotes funcionan como manadas aunque los objetivos cambian. No es cazar al mamut, sino ganar el partido de futbito del jueves por la noche (aunque sea una pachanguita); no es buscar agua, sino un vamos a tomar la última donde la rubia aquella. Los amigos también están para esto, por supuesto. La diferencia está en el después: los amigotes desaparecen en cuanto se acaba la barbacoa, ¡hasta otra! O no asoman la calva o el poco-pelo cuando se echan novia o se casan (se quejan los solteros, los singles para los modernos y cobardes).

Los amigos son necesarios (no como objetos), pero esto no significa tener un millón, como la canción para más fuerte poder cantar. Deberían contarse con los dedos de la mano y estar disponibles no solo para las tonterías. Pero al parecer, en estos tiempos modernos también hay falta de amigos para ir a tomar un café o ir a esto o lo otro o tan solo 15 minutos al teléfono. Y ante la escasez, el negocio de las aplicaciones que ofrecen amigos buenos, bonitos y baratos por una tarde. ¡Oh tiempos, oh costumbres!

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Imagen de portada: Jason Segel y Paul Rudd en Te quiero, tío: el drama de un hombre sin amigos que necesita un padrino de boda.

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Opiniones 6
  • también se puede salir de tu ciudad natal volver y aunque hagas nuevos amigos no serán lo mismo, se puede ser sociable y estar sin amigos, o sin amigos de verdad, mejor dicho, tu texto no dice, nada, al final terminas con un, bueno, los amigos son necesarios , ok, para que tanto texto

  • Yo no tengo amigos ni amigas humanos pero no me muero por eso, sólo paso para ver qué tan rara piensa la gente que soy y para saber que la asusta más

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