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5 de octubre 2015    /   IDEAS
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Instalan altavoces gigantes en un bosque para crear una biblioteca de sonidos

5 de octubre 2015    /   IDEAS     por          
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Dicen que es el país menos religioso del mundo. El 80% de la población de Estonia no profesa ninguna religión. Pocos creen que haya algo más allá del cielo y prefieren quedarse con lo que ven en el suelo. En su caso, verde, mucho verde, porque el 51% del terreno estonio lo ocupan bosques.
En uno de ellos se encuentra el centro natural Pähni. Está muy cerca de la frontera con Letonia y ha sido el lugar elegido por un grupo de estudiantes de la Academia de las Artes para instalar tres megáfonos de madera de tres metros de diámetro.
«Los altavoces están instalados de manera estratégica de modo que desde el centro de la instalación se recibe los sonidos del bosque desde tres direcciones distintas, logrando así un efecto envolvente único».
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Hannes Praks es el arquitecto que dirige el Departamento de Arquitectura de Interiores de la escuela y el que ha liderado la iniciativa junto a Birgit Öigus, el estudiante al que se le ocurrió la idea.
El proyecto, en el que los estudiantes han contado con el tutelaje de arquitectos y diseñadores profesionales, está inspirado en la obra del escritor estonio Valdur Mikita, autor entre otros de la obra The Linguistic Forest y firme defensor del profundo vínculo de la cultura estonia con la naturaleza. Involucrado en la iniciativa desde el comienzo, Mikita aseguró al visitar la instalación que los estudiantes habían conseguido crear una verdadera biblioteca de sonidos en el bosque: «Es un lugar para escuchar, para buscar el libro audible de la naturaleza. Desde luego no hay otro lugar así en Estonia».
Praks coincide con el escritor al hablar de biblioteca de sonidos: «Es una biblioteca sin libros. Aunque técnicamente resulta muy acogedor sentarse allí a leer, no sería muy recomendable dejar allí los libros a expensas de la humedad de los bosques estonios, sobre todo de noviembre a marzo», contaba irónicamente a Yorokobu.
Y constata lo que dice Mikita acerca de que la naturaleza en Estonia no es solo paisaje: «Tengo la sensación de que hay un mapa escondido en los bosques de Estonia que conduce directamente a su propia alma. La información no se oculta bajo el tocón de un árbol, sino que flota en algún lugar entre los árboles. Este mensaje es probablemente de origen divino. Es una información difícil de interpretar, difícil de leer, incluso con la ayuda de los megáfonos. Lo que la instalación intenta es hacer reflexionar sobre la hipótesis de la existencia de tal mensaje».

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Praks y los estudiantes que han participado en el proyecto animan a permanecer durante horas dentro de uno de estos megáfonos y esperar a que se manifieste ese mensaje a través de los sonidos y los silencios del bosque. «Yo no he pernoctado allí aún y no sé si alguien ya lo ha hecho ya pero estoy seguro de que es una experiencia inolvidable. Incluso en invierno si disponemos de un buen saco capaz de aguantar temperaturas muy bajas».
El arquitecto no ha pasado ninguna noche entera allí pero sí ha conseguido registrar los sonidos de aquel lugar del bosque cuando se marcha el sol. «Esta es una pista corta que trata de enfatizar las propiedades acústicas de los bosques de Estonia. Corté varias partes para centrarme en la respuesta reverberante de la naturaleza que puede durar hasta 7 segundos (la pieza original se puede descargar ‘para jugar’ con ella). Se grabó durante una noche de calma chicha del pasado mes de septiembre».

 
 

Dicen que es el país menos religioso del mundo. El 80% de la población de Estonia no profesa ninguna religión. Pocos creen que haya algo más allá del cielo y prefieren quedarse con lo que ven en el suelo. En su caso, verde, mucho verde, porque el 51% del terreno estonio lo ocupan bosques.
En uno de ellos se encuentra el centro natural Pähni. Está muy cerca de la frontera con Letonia y ha sido el lugar elegido por un grupo de estudiantes de la Academia de las Artes para instalar tres megáfonos de madera de tres metros de diámetro.
«Los altavoces están instalados de manera estratégica de modo que desde el centro de la instalación se recibe los sonidos del bosque desde tres direcciones distintas, logrando así un efecto envolvente único».
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Hannes Praks es el arquitecto que dirige el Departamento de Arquitectura de Interiores de la escuela y el que ha liderado la iniciativa junto a Birgit Öigus, el estudiante al que se le ocurrió la idea.
El proyecto, en el que los estudiantes han contado con el tutelaje de arquitectos y diseñadores profesionales, está inspirado en la obra del escritor estonio Valdur Mikita, autor entre otros de la obra The Linguistic Forest y firme defensor del profundo vínculo de la cultura estonia con la naturaleza. Involucrado en la iniciativa desde el comienzo, Mikita aseguró al visitar la instalación que los estudiantes habían conseguido crear una verdadera biblioteca de sonidos en el bosque: «Es un lugar para escuchar, para buscar el libro audible de la naturaleza. Desde luego no hay otro lugar así en Estonia».
Praks coincide con el escritor al hablar de biblioteca de sonidos: «Es una biblioteca sin libros. Aunque técnicamente resulta muy acogedor sentarse allí a leer, no sería muy recomendable dejar allí los libros a expensas de la humedad de los bosques estonios, sobre todo de noviembre a marzo», contaba irónicamente a Yorokobu.
Y constata lo que dice Mikita acerca de que la naturaleza en Estonia no es solo paisaje: «Tengo la sensación de que hay un mapa escondido en los bosques de Estonia que conduce directamente a su propia alma. La información no se oculta bajo el tocón de un árbol, sino que flota en algún lugar entre los árboles. Este mensaje es probablemente de origen divino. Es una información difícil de interpretar, difícil de leer, incluso con la ayuda de los megáfonos. Lo que la instalación intenta es hacer reflexionar sobre la hipótesis de la existencia de tal mensaje».

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Praks y los estudiantes que han participado en el proyecto animan a permanecer durante horas dentro de uno de estos megáfonos y esperar a que se manifieste ese mensaje a través de los sonidos y los silencios del bosque. «Yo no he pernoctado allí aún y no sé si alguien ya lo ha hecho ya pero estoy seguro de que es una experiencia inolvidable. Incluso en invierno si disponemos de un buen saco capaz de aguantar temperaturas muy bajas».
El arquitecto no ha pasado ninguna noche entera allí pero sí ha conseguido registrar los sonidos de aquel lugar del bosque cuando se marcha el sol. «Esta es una pista corta que trata de enfatizar las propiedades acústicas de los bosques de Estonia. Corté varias partes para centrarme en la respuesta reverberante de la naturaleza que puede durar hasta 7 segundos (la pieza original se puede descargar ‘para jugar’ con ella). Se grabó durante una noche de calma chicha del pasado mes de septiembre».

 
 

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