Publicado: 13 de marzo 2012 03:25  /   IDEAS
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Ama tus experimentos como amarías a un hijo feo

Publicado: 13 de marzo 2012 03:25  /   IDEAS     por          
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¿Recuerdas cuándo fue la última vez que llevaste a cabo un experimento? ¿En qué consistió? ¿Qué aprendiste? El estigma del fracaso nos persigue y quizá ese sea el motivo fundamental por el cual no termine de calar la cultura de prueba-error en las organizaciones.

Pero la realidad, nos guste o no, es que aprendemos de los errores, que quien no arriesga no gana y que es ese aprendizaje —y no otro— el que nos permite avanzar y seguir creciendo.

Aunque lo sabemos, paradójicamente preferimos abandonar nuestra curiosidad y anclarnos en ‘una falsa seguridad’. Empezamos a contaminarnos con las dichosas autolimitaciones, una detrás de otra, hasta llegar a la enésima ‘los experimentos, con gaseosa’… ¡Error!

Experimentar va más allá de meter unos Mento’s en una botella de Coca-Cola de un litro o de trabajar con probetas en un laboratorio. Es probar diferentes alternativas en un entorno donde el riesgo existe, pero está controlado.

Es observar con detenimiento el porqué y el cómo, teniendo la certeza de que lo aprendido será nuevo conocimiento que podremos incorporar de forma rápida. Y lo más importante, es tratar de evitar errores que sólo conocemos cuando experimentamos/probamos.

Si quieres que las cosas cambien, comienza por cambiar tu forma de abordar los proyectos y prueba a experimentar. Empieza con un reto pequeño, lo importante es que vivas la experiencia en primera persona y que seas capaz de evaluar los resultados tú mismo, que nadie te lo cuente.

No te olvides que para experimentar es fundamental asumir la actitud de un principiante, dejar a un lado los prejuicios y enfrentarse al problema como si fuera la primera vez.

Sin humildad y sin estar absolutamente dispuesto a sorprenderte es muy complicado que ningún experimento te aporte nada nuevo, por eso sigue el sabio consejo de Bruce Mau, “Ama tus experimentos como amarías a un hijo feo”, y disfruta durante el proceso.

La emoción es el motor del crecimiento. Goza de la libertad de considerar tu trabajo como maravillosos experimentos, intentos, ensayos y errores. Adopta un enfoque de largo plazo y permítete todos los días la diversión de fracasar. Sin excusas, tú eres dueño de cómo hacer tu trabajo.

Pon a prueba tus ideas, tus habilidades y haz que ese aprendizaje te lleve a sitios donde antes no habías estado. ¡Experimenta!

Carmen Bustos. Socia fundadora de Soulsight.

¿Recuerdas cuándo fue la última vez que llevaste a cabo un experimento? ¿En qué consistió? ¿Qué aprendiste? El estigma del fracaso nos persigue y quizá ese sea el motivo fundamental por el cual no termine de calar la cultura de prueba-error en las organizaciones.

Pero la realidad, nos guste o no, es que aprendemos de los errores, que quien no arriesga no gana y que es ese aprendizaje —y no otro— el que nos permite avanzar y seguir creciendo.

Aunque lo sabemos, paradójicamente preferimos abandonar nuestra curiosidad y anclarnos en ‘una falsa seguridad’. Empezamos a contaminarnos con las dichosas autolimitaciones, una detrás de otra, hasta llegar a la enésima ‘los experimentos, con gaseosa’… ¡Error!

Experimentar va más allá de meter unos Mento’s en una botella de Coca-Cola de un litro o de trabajar con probetas en un laboratorio. Es probar diferentes alternativas en un entorno donde el riesgo existe, pero está controlado.

Es observar con detenimiento el porqué y el cómo, teniendo la certeza de que lo aprendido será nuevo conocimiento que podremos incorporar de forma rápida. Y lo más importante, es tratar de evitar errores que sólo conocemos cuando experimentamos/probamos.

Si quieres que las cosas cambien, comienza por cambiar tu forma de abordar los proyectos y prueba a experimentar. Empieza con un reto pequeño, lo importante es que vivas la experiencia en primera persona y que seas capaz de evaluar los resultados tú mismo, que nadie te lo cuente.

No te olvides que para experimentar es fundamental asumir la actitud de un principiante, dejar a un lado los prejuicios y enfrentarse al problema como si fuera la primera vez.

Sin humildad y sin estar absolutamente dispuesto a sorprenderte es muy complicado que ningún experimento te aporte nada nuevo, por eso sigue el sabio consejo de Bruce Mau, “Ama tus experimentos como amarías a un hijo feo”, y disfruta durante el proceso.

La emoción es el motor del crecimiento. Goza de la libertad de considerar tu trabajo como maravillosos experimentos, intentos, ensayos y errores. Adopta un enfoque de largo plazo y permítete todos los días la diversión de fracasar. Sin excusas, tú eres dueño de cómo hacer tu trabajo.

Pon a prueba tus ideas, tus habilidades y haz que ese aprendizaje te lleve a sitios donde antes no habías estado. ¡Experimenta!

Carmen Bustos. Socia fundadora de Soulsight.

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