19 de octubre 2015    /   CREATIVIDAD
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Amas de casa, ¡el psicoanálisis os hará libres!

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El 26 de septiembre de 1948 veía la luz la revista Idilio, publicación pionera en la Argentina de lo que serían posteriormente las revistas del corazón. Además de fotonovelas, consejos para el hogar y artículos sobre moda, Idilio incluía una novedad que, a diferencia de las anteriores secciones, no ha vuelto a formar parte del contenido habitual de las revistas para el público femenino: un consultorio de psicoanálisis.

César Civita, uno de los responsables de la Editorial Abril, pensó que sería buena idea incluir una sección dedicada al psicoanálisis en un momento en el que la disciplina aún era algo enormemente novedoso. Para ello recurrió a Gino Germani, fundador de la Sociología moderna en la Argentina, y a Enrique Butelman, editor de la prestigiosa editorial Paidós y que había sido alumno de Carl Gustav Jung en Suiza.
Tal y como declaró Eduardo Prieto a Ana Germani para su libro Gino Germani. Del antifascismo a la sociología, «la idea era difundir de alguna manera nociones de psicoanálisis a nivel muy elemental. Pero, sobre todo, la iniciativa obedecía a la lógica de mercado, a la certeza de que ofreciendo ese tipo de cosas aumentaban las ventas». Efectivamente, la estrategia funcionó e Idilio se convirtió en una de las revistas más populares de la Argentina, llegando a vender más de trescientos mil ejemplares a la semana.

La sección de la dupla formada por Germani y Butelman levaba por título El psicoanálisis le ayudará (posteriormente se cambió el usted por el tuteo) y era firmada por un tal Doctor Richard Rest, que no era más que la variación del nombre de Ricardo Resta, un amigo italiano de ambos que se había marchado a vivir a Panamá.
El mensaje por el cual se invitaba a las lectoras a participar en la sección era el siguiente:
«Queremos ayudarla a conocerse a sí misma, a fortalecer su alma, a resolver sus problemas, a responder sus dudas, a vencer sus complejos y a superarse. Escriba a Sección Psicoanálisis, redacción de Idilio, Piedras 113, Buenos Aires.
En esta sección queremos poner a su alcance, en la medida en que lo permita el medio empleado, la ayuda que el psicoanálisis puede proporcionarle para resolver sus problemas. en este y en los números sucesivos publicaremos las contestaciones al cuestionario que aquí se publica, y en algunos casos contestaremos directamente. Invitamos pues a todos los lectores y lectoras a escribirnos sin miedo, sin vacilaciones, pues solo encontrarán humana comprensión y leal ayuda. – Prof. Richard Rest».

La mención expresa a los lectores en ese texto abre un interesante tema de reflexión que invita a no descartar que alguno de los sueños escritos bajo nombre de mujer pudiera responder, en realidad, a una identidad masculina. En todo caso, y para intentar minimizar estos posibles engaños y conocer mejor la personalidad de la persona que escribía al consultorio, se le instaba a responder un breve cuestionario en el que se preguntaban detalles como «cuéntenos sus más antiguos recuerdos infantiles. ¿Tuvo usted una infancia feliz? ¿Cómo eran sus padres para con usted y usted para con ellos? ¿Y con sus hermanos? ¿Cuáles eran sus más ardientes deseos cuando niña? ¿Qué aspiraba a ser cuando grande? ¿De qué se ocupa actualmente? ¿Está satisfecha de su trabajo? ¿Cuáles son sus diversiones? ¿Tiene muchas amistades?».
Además, con objeto de explorar el problema con las menos interferencias e inhibiciones posibles, se aconsejaba escribir con total espontaneidad, de manera sencilla y sincera, sin preocuparse de aspectos como la calidad literaria o el léxico empleado.

El público de Idilio estaba formado principalmente por amas de casas, empleadas domésticas, adolescentes argentinas de diferentes lugares del país y de diversa posición social. Desde personas de clase baja a aquellas de clase media y media alta. Lectoras que recuerdan a los personajes de Boquitas pintadas o Sangre de amor correspondido de Manuel Puig y que firmaban sus cartas con nombre como «mendocina narigona», «negra fea», «la desesperada» que, como señala el psicoanalista Jorge Alemán, merecerían un análisis aparte.

A pesar de este heterogéneo público, los mensajes y la estética iban destinados a una clase media emergente que disfrutaba de los logros desarrollistas del primer gobierno peronista. Un hecho que se percibía no solo en los sueños elegidos para ser contestados en la sección, sino en las imágenes destinadas a ilustrarlos y que llevaban la firma de, ni más ni menos, que Grete Stern.
Entre los sueños, abundaban los que Germani y Butelman denominaron «sueños de ambición» y «sueños de opresión», en los que la protagonista mostraba problemas originados por las neurosis de la vida moderna como tener un living pequeño, lograr casarse con una persona de prestigio o sentirse apresada en una realidad que no creía merecer. Entre las imágenes, la mujer representada por Stern pertenecía a la clase media y mostraba aspiraciones de mejorar socialmente, bien en su papel de ama de casa, bien en el de mujer independiente y trabajadora.

Sin lugar a dudas, las imágenes de El psicoanálisis le puede ayudar fueron uno de los aciertos de la sección no solo por constituir un trabajo artístico de primera línea sino por la capacidad del fotomontaje para representar imágenes oníricas.

De hecho, la calidad gráfica de Idilio fue una de sus características principales, probablemente mucho más que la literaria. Además de Grete Stern, los responsables de la publicación contrataron a George Friedman, emigrante de origen húngaro que había trabajado en Francia como iluminador y director de fotografía de diferentes filmes, para encargarse del departamento de fotonovelas, las cuales estaban dirigidas y protagonizadas por realizadores y actores que triunfarían posteriormente en el cine argentino.

El proceso de creación de los fotomontajes (que no collages, ojo) para El psicoanálisis le puede ayudar empezaba con la recepción del sueño enviado por los lectores. A continuación, Germani y Butelman se lo entregaban a Grete Stern con ciertas indicaciones sobre la interpretación, la necesidad de incorporar algunos elementos en la foto, crear un escenario opresivo o amable, e incluso sobre la conveniencia de utilizar un formato horizontal o vertical.

Para la creación de las imágenes, Stern empleaba diferentes técnicas. Desde la creación de dioramas, en los que las imágenes aparecían en diferentes planos para conseguir una sensación de profundidad y que eran fotografiados nuevamente para obtener la toma definitiva, a la creación en el laboratorio de los diferentes sueños incorporando capas, sombreando otras y echando mano de trucos que, en la época actual en la que reina el Photoshop, parecen cosa de alquimia y otros saberes herméticos.
A pesar de la calidad artística de los fotomontajes de Stern, ni ella, ni los responsables de la sección, ni siquiera los dueños de Idilio los valoraron en un primer momento. Los originales quedaron en poder de la Editora Abril y, con el tiempo, acabaron siendo destruidos. De las 140 piezas realizadas, a un ritmo de una por semana, en el archivo de Grete Stern solo quedaron 46 negativos. El resto de fotomontajes rescatados de las hemerotecas que conservaban colecciones de Idilio, a excepción de cinco que, a día de hoy, continúan perdidos porque tampoco se conservan las revistas en las que se publicaron.
Las revistas del corazón y sus lectoras no muestran actualmente excesivo interés por el psicoanálisis, sin embargo, a cambio el paso del tiempo ha devuelto al trabajo de Stern la dimensión e importancia que realmente tiene. Muestra de ello es la exposición que, hasta el próximo enero, acoge en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y en el que se muestran más de treinta de Los sueños positivados por Horacio Coppola, uno de los fotógrafos más importantes de la Argentina y pareja de Stern.

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El 26 de septiembre de 1948 veía la luz la revista Idilio, publicación pionera en la Argentina de lo que serían posteriormente las revistas del corazón. Además de fotonovelas, consejos para el hogar y artículos sobre moda, Idilio incluía una novedad que, a diferencia de las anteriores secciones, no ha vuelto a formar parte del contenido habitual de las revistas para el público femenino: un consultorio de psicoanálisis.

César Civita, uno de los responsables de la Editorial Abril, pensó que sería buena idea incluir una sección dedicada al psicoanálisis en un momento en el que la disciplina aún era algo enormemente novedoso. Para ello recurrió a Gino Germani, fundador de la Sociología moderna en la Argentina, y a Enrique Butelman, editor de la prestigiosa editorial Paidós y que había sido alumno de Carl Gustav Jung en Suiza.
Tal y como declaró Eduardo Prieto a Ana Germani para su libro Gino Germani. Del antifascismo a la sociología, «la idea era difundir de alguna manera nociones de psicoanálisis a nivel muy elemental. Pero, sobre todo, la iniciativa obedecía a la lógica de mercado, a la certeza de que ofreciendo ese tipo de cosas aumentaban las ventas». Efectivamente, la estrategia funcionó e Idilio se convirtió en una de las revistas más populares de la Argentina, llegando a vender más de trescientos mil ejemplares a la semana.

La sección de la dupla formada por Germani y Butelman levaba por título El psicoanálisis le ayudará (posteriormente se cambió el usted por el tuteo) y era firmada por un tal Doctor Richard Rest, que no era más que la variación del nombre de Ricardo Resta, un amigo italiano de ambos que se había marchado a vivir a Panamá.
El mensaje por el cual se invitaba a las lectoras a participar en la sección era el siguiente:
«Queremos ayudarla a conocerse a sí misma, a fortalecer su alma, a resolver sus problemas, a responder sus dudas, a vencer sus complejos y a superarse. Escriba a Sección Psicoanálisis, redacción de Idilio, Piedras 113, Buenos Aires.
En esta sección queremos poner a su alcance, en la medida en que lo permita el medio empleado, la ayuda que el psicoanálisis puede proporcionarle para resolver sus problemas. en este y en los números sucesivos publicaremos las contestaciones al cuestionario que aquí se publica, y en algunos casos contestaremos directamente. Invitamos pues a todos los lectores y lectoras a escribirnos sin miedo, sin vacilaciones, pues solo encontrarán humana comprensión y leal ayuda. – Prof. Richard Rest».

La mención expresa a los lectores en ese texto abre un interesante tema de reflexión que invita a no descartar que alguno de los sueños escritos bajo nombre de mujer pudiera responder, en realidad, a una identidad masculina. En todo caso, y para intentar minimizar estos posibles engaños y conocer mejor la personalidad de la persona que escribía al consultorio, se le instaba a responder un breve cuestionario en el que se preguntaban detalles como «cuéntenos sus más antiguos recuerdos infantiles. ¿Tuvo usted una infancia feliz? ¿Cómo eran sus padres para con usted y usted para con ellos? ¿Y con sus hermanos? ¿Cuáles eran sus más ardientes deseos cuando niña? ¿Qué aspiraba a ser cuando grande? ¿De qué se ocupa actualmente? ¿Está satisfecha de su trabajo? ¿Cuáles son sus diversiones? ¿Tiene muchas amistades?».
Además, con objeto de explorar el problema con las menos interferencias e inhibiciones posibles, se aconsejaba escribir con total espontaneidad, de manera sencilla y sincera, sin preocuparse de aspectos como la calidad literaria o el léxico empleado.

El público de Idilio estaba formado principalmente por amas de casas, empleadas domésticas, adolescentes argentinas de diferentes lugares del país y de diversa posición social. Desde personas de clase baja a aquellas de clase media y media alta. Lectoras que recuerdan a los personajes de Boquitas pintadas o Sangre de amor correspondido de Manuel Puig y que firmaban sus cartas con nombre como «mendocina narigona», «negra fea», «la desesperada» que, como señala el psicoanalista Jorge Alemán, merecerían un análisis aparte.

A pesar de este heterogéneo público, los mensajes y la estética iban destinados a una clase media emergente que disfrutaba de los logros desarrollistas del primer gobierno peronista. Un hecho que se percibía no solo en los sueños elegidos para ser contestados en la sección, sino en las imágenes destinadas a ilustrarlos y que llevaban la firma de, ni más ni menos, que Grete Stern.
Entre los sueños, abundaban los que Germani y Butelman denominaron «sueños de ambición» y «sueños de opresión», en los que la protagonista mostraba problemas originados por las neurosis de la vida moderna como tener un living pequeño, lograr casarse con una persona de prestigio o sentirse apresada en una realidad que no creía merecer. Entre las imágenes, la mujer representada por Stern pertenecía a la clase media y mostraba aspiraciones de mejorar socialmente, bien en su papel de ama de casa, bien en el de mujer independiente y trabajadora.

Sin lugar a dudas, las imágenes de El psicoanálisis le puede ayudar fueron uno de los aciertos de la sección no solo por constituir un trabajo artístico de primera línea sino por la capacidad del fotomontaje para representar imágenes oníricas.

De hecho, la calidad gráfica de Idilio fue una de sus características principales, probablemente mucho más que la literaria. Además de Grete Stern, los responsables de la publicación contrataron a George Friedman, emigrante de origen húngaro que había trabajado en Francia como iluminador y director de fotografía de diferentes filmes, para encargarse del departamento de fotonovelas, las cuales estaban dirigidas y protagonizadas por realizadores y actores que triunfarían posteriormente en el cine argentino.

El proceso de creación de los fotomontajes (que no collages, ojo) para El psicoanálisis le puede ayudar empezaba con la recepción del sueño enviado por los lectores. A continuación, Germani y Butelman se lo entregaban a Grete Stern con ciertas indicaciones sobre la interpretación, la necesidad de incorporar algunos elementos en la foto, crear un escenario opresivo o amable, e incluso sobre la conveniencia de utilizar un formato horizontal o vertical.

Para la creación de las imágenes, Stern empleaba diferentes técnicas. Desde la creación de dioramas, en los que las imágenes aparecían en diferentes planos para conseguir una sensación de profundidad y que eran fotografiados nuevamente para obtener la toma definitiva, a la creación en el laboratorio de los diferentes sueños incorporando capas, sombreando otras y echando mano de trucos que, en la época actual en la que reina el Photoshop, parecen cosa de alquimia y otros saberes herméticos.
A pesar de la calidad artística de los fotomontajes de Stern, ni ella, ni los responsables de la sección, ni siquiera los dueños de Idilio los valoraron en un primer momento. Los originales quedaron en poder de la Editora Abril y, con el tiempo, acabaron siendo destruidos. De las 140 piezas realizadas, a un ritmo de una por semana, en el archivo de Grete Stern solo quedaron 46 negativos. El resto de fotomontajes rescatados de las hemerotecas que conservaban colecciones de Idilio, a excepción de cinco que, a día de hoy, continúan perdidos porque tampoco se conservan las revistas en las que se publicaron.
Las revistas del corazón y sus lectoras no muestran actualmente excesivo interés por el psicoanálisis, sin embargo, a cambio el paso del tiempo ha devuelto al trabajo de Stern la dimensión e importancia que realmente tiene. Muestra de ello es la exposición que, hasta el próximo enero, acoge en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y en el que se muestran más de treinta de Los sueños positivados por Horacio Coppola, uno de los fotógrafos más importantes de la Argentina y pareja de Stern.

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Opiniones 3
  • Lo que me gustaria es que este producto, la revista Idilio, es posible por tantas y multiples razones que se cuentan en muchos de los relatos pero lo que no se cuenta es que, a diferencia de muchas otras sociedades, la mujer tenia la libertad de escribir, de comprar, de trabajar y de votar! con lo cual la independencia que logra es disfrutada…y estaria bueno remarcar que Gino Germani no recuerda en sus analisis acerca del peronismo esta situcación.

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