17 de diciembre 2020    /   CINE/TV
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‘Ambiancé’, una película irrepetible (porque solo podrás verla una vez)

Anders Weberg pone el broche final a su carrera cinematográfica con 'Ambiancé', una cinta de 720 horas de metraje que solo se proyectará una vez

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Una playa desconocida, dos personajes y una toma de más de siete horas sin ningún corte. Esto, además de un par de tomas confusas en un prado y una escena con sinuosas sombras, es todo lo que sabemos hasta ahora de la última película de Anders Weberg. Un recorrido íntimo y misterioso por la mente de este artista sueco, que, con 53 años, ha decidido poner fin a su carrera como cinematógrafo después de más de 300 obras y 20 años de dedicación. 

El 31 de diciembre de 2020 se estrenará Ambiancé, una pieza de cine experimental que cambia por completo el concepto de cine como lo conocíamos hasta ahora. Antes de retirarse, Weberg ha querido que el tiempo, la materialidad y el valor de lo efímero se unan para dar como resultado una película que durará 720 horas, o lo que es lo mismo, un mes. Para hacernos una idea, si juntásemos todas las temporadas de Juego de tronos, Bigbang Theory, Expediente X y One piece, y las viéramos todas en un maratón sin pausa, estaríamos cerca de igualar la duración de este film.

Ambiancé de Anders Weberg

¿Se trata entonces de la película más larga de la historia? Lo cierto es que el proyecto de Weberg no buscaba batir ningún récord en particular. De hecho, la película más larga de la historia hasta la fecha es Logistics, con 888 horas de metraje, una película que hace seguimiento en tiempo real del recorrido de los electrodomésticos desde su fabricación hasta que llegan a las tiendas en las que son comprados.

Tal duración se justifica por otros argumentos menos superficiales que un simple récord. La numerología fue uno de los factores determinantes para elegir 720 como el número de horas. Antes de empezar a grabar, Weberg ya sabía que quería hacer que su última obra fuese extensa, pero le llevó una larga reflexión elegir la duración exacta.

Factores como la importancia del número 7 en numerología, el 30 (días) como representación de un ciclo o la descomposición de 720 (1x2x3x4x5x6=720) fueron algunos de los estudiados por este director para determinar la extensión.

El artista sueco no quiso dejar ningún cabo suelto. De hecho, este nivel de detalle es algo que ya había aplicado a obras anteriores, como en 09090909, otra pieza audiovisual que duró 9 horas, 9 minutos, 9 segundos y 9 fotogramas, y que fue estrenada el 9 de septiembre (09) de 2009.

Otra de las características que hace de Ambiancé una película irrepetible es, precisamente, que jamás se repetirá. El 31 de diciembre se proyectará simultáneamente en todo el mundo sin pausa. Una sola vez y no volverá a verse nunca más. Este nuevo dato pone de manifiesto otro rasgo del largometraje: es imposible ver la totalidad del mismo.

El mayor periodo de tiempo registrado mirando películas sin pausa es de solo 120 horas y 23 minutos, y fue conseguido en India por Ashish Sharma en noviembre de 2008. Sharma visualizó 48 películas parando solo 10 minutos entre título y título. ¿720 horas? imposible.

Ambiancé, a través de su propia morfología y forma de expresión, hace reflexionar sobre la vida tal y como la percibimos hoy en día; solo con su propia existencia, sin necesidad de visualizarla siquiera. Una vida que podemos parar y recuperar más adelante. Una vida que queda plasmada en redes sociales o en nuestros dispositivos móviles para ser retomada cuando uno quiera y tantas veces como deseemos, no importa donde estemos. O, al menos, eso pensamos.

No somos conscientes de que el tiempo en nuestras vidas, como en esta película, pasa de manera implacable. Que esa sensación de control que tenemos es completamente ilusoria, pues cada momento que no vivimos de manera presencial desaparece. Ambiancé tiene vida propia y, como en la vida de cualquier otra criatura, es imposible compartir cada instante pues la única vida de la que disfrutaremos hasta el último segundo es la nuestra.

Y por eso en esta cinta la única persona que ha disfrutado completamente ha sido su creador. «Yo seré el único que habrá visto todos los fotogramas ya que yo los creé uno a uno. Pero será imposible verlos todos seguidos durante 30 días, y eso le aporta belleza al proyecto», dice Weberg.

Pero Ambiancé guarda una última sorpresa para cerrar un proyecto verdaderamente irrepetible. Tras su proyección simultánea el último día de la década, Weberg viajará a cada una de las salas en las que se haya proyectado la película y destruirá todas las copias. Así pondrá fin a su último proyecto cinematográfico, reforzando aún más la idea de que, aunque nos empeñemos en pensar lo contrario, el tiempo no se detiene y no hay marcha atrás; que cuando la vida pasa, lo que hayamos vivido desaparece completamente, dejando solo las sensaciones y recuerdos grabados en nuestros corazones.

Aunque pueda parecer una visión pesimista de la vida, la película es también un llamamiento al mundo para que cambie su manera de vivirla. Que vivamos en el presente y disfrutemos cada brisa de aire que respiramos sabiendo que el ahora está justo donde estamos nosotros. Y es entonces cuando hay que disfrutarlo porque solo un instante después ya será parte del pasado.

«Mi proceso se basa en recoger destellos de luz con la cámara y llevarlos a mi ordenador, donde comienza el verdadero trabajo. Tomar todos estos destellos, editarlos y reajustarlos en un flujo que acabe representando las emociones que trato de expresar», explica el director.

No se trata solo de una película muy larga. Las escenas muestran un trabajo de edición meticuloso. Planos y encuadres muy medidos y una estética única, detrás de los cuales se intuye un arduo trabajo que el director ha afrontado prescindiendo de toda ayuda.

El proceso de grabación y postproducción de Ambiancé llevó a Weberg más de 14.000 horas repartidas en seis años de producción.

Actualmente se puede ver en YouTtube una de las escenas del film a modo de trailer. Dicha escena es una única toma de 7 horas y nos da una pequeña muestra de lo que será la última película de Anders Weber.

LA PELÍCULA QUE NUNCA VERÁS

100 years: the movie you will never see es una película dirigida por Robert Rodríguez y protagonizada por John Malkovic. Hasta aquí podría parecer el anuncio de otra película más de Hollywood. Nada más lejos de la realidad. En 2015 la marca de coñac Louis XIII anuncia que ha producido junto con el director y el actor mencionados una película que, aunque ya está terminada, no será estrenada hasta 2115.

Ambiancé de Anders Weberg

Louis XIII es una prestigiosa marca de brandy que vende sus productos a precios astronómicos. La película, junto con una botella de su coñac, han sido guardadas en una caja fuerte que no se abrirá hasta dentro de 95 años para su estreno. Cuando este se anunció, se sortearon 1.000 entradas para la premier, con la intención de que los ganadores pasaran los tiques a sus descendientes.

Esta acción, que no deja de ser una campaña de marketing, puede parecer algo más anecdótico que reflexivo, pero de nuevo pone de manifiesto la importancia del tiempo, ya sea el presente que debemos aprovechar o el futuro, del que a veces parecemos no tener consciencia.

Si, cada vez, más los autores están teniendo en cuenta estos factores para transmitirlos en sus obras, no será extraño encontrarnos con nuevos proyectos que se salgan de los clichés del cine hollywoodiense. Proyectos que nos hagan reflexionar, que nos inspiren y que cambien las balas y la acción desmesurada por la reflexión, la filosofía o la ética.

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Una playa desconocida, dos personajes y una toma de más de siete horas sin ningún corte. Esto, además de un par de tomas confusas en un prado y una escena con sinuosas sombras, es todo lo que sabemos hasta ahora de la última película de Anders Weberg. Un recorrido íntimo y misterioso por la mente de este artista sueco, que, con 53 años, ha decidido poner fin a su carrera como cinematógrafo después de más de 300 obras y 20 años de dedicación. 

El 31 de diciembre de 2020 se estrenará Ambiancé, una pieza de cine experimental que cambia por completo el concepto de cine como lo conocíamos hasta ahora. Antes de retirarse, Weberg ha querido que el tiempo, la materialidad y el valor de lo efímero se unan para dar como resultado una película que durará 720 horas, o lo que es lo mismo, un mes. Para hacernos una idea, si juntásemos todas las temporadas de Juego de tronos, Bigbang Theory, Expediente X y One piece, y las viéramos todas en un maratón sin pausa, estaríamos cerca de igualar la duración de este film.

Ambiancé de Anders Weberg

¿Se trata entonces de la película más larga de la historia? Lo cierto es que el proyecto de Weberg no buscaba batir ningún récord en particular. De hecho, la película más larga de la historia hasta la fecha es Logistics, con 888 horas de metraje, una película que hace seguimiento en tiempo real del recorrido de los electrodomésticos desde su fabricación hasta que llegan a las tiendas en las que son comprados.

Tal duración se justifica por otros argumentos menos superficiales que un simple récord. La numerología fue uno de los factores determinantes para elegir 720 como el número de horas. Antes de empezar a grabar, Weberg ya sabía que quería hacer que su última obra fuese extensa, pero le llevó una larga reflexión elegir la duración exacta.

Factores como la importancia del número 7 en numerología, el 30 (días) como representación de un ciclo o la descomposición de 720 (1x2x3x4x5x6=720) fueron algunos de los estudiados por este director para determinar la extensión.

El artista sueco no quiso dejar ningún cabo suelto. De hecho, este nivel de detalle es algo que ya había aplicado a obras anteriores, como en 09090909, otra pieza audiovisual que duró 9 horas, 9 minutos, 9 segundos y 9 fotogramas, y que fue estrenada el 9 de septiembre (09) de 2009.

Otra de las características que hace de Ambiancé una película irrepetible es, precisamente, que jamás se repetirá. El 31 de diciembre se proyectará simultáneamente en todo el mundo sin pausa. Una sola vez y no volverá a verse nunca más. Este nuevo dato pone de manifiesto otro rasgo del largometraje: es imposible ver la totalidad del mismo.

El mayor periodo de tiempo registrado mirando películas sin pausa es de solo 120 horas y 23 minutos, y fue conseguido en India por Ashish Sharma en noviembre de 2008. Sharma visualizó 48 películas parando solo 10 minutos entre título y título. ¿720 horas? imposible.

Ambiancé, a través de su propia morfología y forma de expresión, hace reflexionar sobre la vida tal y como la percibimos hoy en día; solo con su propia existencia, sin necesidad de visualizarla siquiera. Una vida que podemos parar y recuperar más adelante. Una vida que queda plasmada en redes sociales o en nuestros dispositivos móviles para ser retomada cuando uno quiera y tantas veces como deseemos, no importa donde estemos. O, al menos, eso pensamos.

No somos conscientes de que el tiempo en nuestras vidas, como en esta película, pasa de manera implacable. Que esa sensación de control que tenemos es completamente ilusoria, pues cada momento que no vivimos de manera presencial desaparece. Ambiancé tiene vida propia y, como en la vida de cualquier otra criatura, es imposible compartir cada instante pues la única vida de la que disfrutaremos hasta el último segundo es la nuestra.

Y por eso en esta cinta la única persona que ha disfrutado completamente ha sido su creador. «Yo seré el único que habrá visto todos los fotogramas ya que yo los creé uno a uno. Pero será imposible verlos todos seguidos durante 30 días, y eso le aporta belleza al proyecto», dice Weberg.

Pero Ambiancé guarda una última sorpresa para cerrar un proyecto verdaderamente irrepetible. Tras su proyección simultánea el último día de la década, Weberg viajará a cada una de las salas en las que se haya proyectado la película y destruirá todas las copias. Así pondrá fin a su último proyecto cinematográfico, reforzando aún más la idea de que, aunque nos empeñemos en pensar lo contrario, el tiempo no se detiene y no hay marcha atrás; que cuando la vida pasa, lo que hayamos vivido desaparece completamente, dejando solo las sensaciones y recuerdos grabados en nuestros corazones.

Aunque pueda parecer una visión pesimista de la vida, la película es también un llamamiento al mundo para que cambie su manera de vivirla. Que vivamos en el presente y disfrutemos cada brisa de aire que respiramos sabiendo que el ahora está justo donde estamos nosotros. Y es entonces cuando hay que disfrutarlo porque solo un instante después ya será parte del pasado.

«Mi proceso se basa en recoger destellos de luz con la cámara y llevarlos a mi ordenador, donde comienza el verdadero trabajo. Tomar todos estos destellos, editarlos y reajustarlos en un flujo que acabe representando las emociones que trato de expresar», explica el director.

No se trata solo de una película muy larga. Las escenas muestran un trabajo de edición meticuloso. Planos y encuadres muy medidos y una estética única, detrás de los cuales se intuye un arduo trabajo que el director ha afrontado prescindiendo de toda ayuda.

El proceso de grabación y postproducción de Ambiancé llevó a Weberg más de 14.000 horas repartidas en seis años de producción.

Actualmente se puede ver en YouTtube una de las escenas del film a modo de trailer. Dicha escena es una única toma de 7 horas y nos da una pequeña muestra de lo que será la última película de Anders Weber.

LA PELÍCULA QUE NUNCA VERÁS

100 years: the movie you will never see es una película dirigida por Robert Rodríguez y protagonizada por John Malkovic. Hasta aquí podría parecer el anuncio de otra película más de Hollywood. Nada más lejos de la realidad. En 2015 la marca de coñac Louis XIII anuncia que ha producido junto con el director y el actor mencionados una película que, aunque ya está terminada, no será estrenada hasta 2115.

Ambiancé de Anders Weberg

Louis XIII es una prestigiosa marca de brandy que vende sus productos a precios astronómicos. La película, junto con una botella de su coñac, han sido guardadas en una caja fuerte que no se abrirá hasta dentro de 95 años para su estreno. Cuando este se anunció, se sortearon 1.000 entradas para la premier, con la intención de que los ganadores pasaran los tiques a sus descendientes.

Esta acción, que no deja de ser una campaña de marketing, puede parecer algo más anecdótico que reflexivo, pero de nuevo pone de manifiesto la importancia del tiempo, ya sea el presente que debemos aprovechar o el futuro, del que a veces parecemos no tener consciencia.

Si, cada vez, más los autores están teniendo en cuenta estos factores para transmitirlos en sus obras, no será extraño encontrarnos con nuevos proyectos que se salgan de los clichés del cine hollywoodiense. Proyectos que nos hagan reflexionar, que nos inspiren y que cambien las balas y la acción desmesurada por la reflexión, la filosofía o la ética.

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