21 diciembre, 2016    /   BUSINESS
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«Es Disney, y no los padres ni el cole, quien enseña a los niños lo que es el amor»

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Ocurre cada mañana en los patios de los colegios. Niñas que juegan a casarse con otras niñas (con una o con varias) o niños que se comprometen con sus mejores amigos. «Los niños suelen enamorarse de sus amigos aunque sean del mismo sexo. Eso no significa que sean homosexuales. También es muy común el poliamor entre ellos. Es la educación la que al final les acaba llevando hacia el ideal del amor romántico convencional», explica María Acaso, responsable en innovación del estudio Rosan Bosch y experta en educación. 

Pareja heterosexual, y remarcando lo de pareja, porque en el modelo de amor vigente sólo es posible enamorarse de una sola persona a la vez. «La idea de pareja es muy potente en nuestra sociedad. Sólo te enamoras de tu pareja, con el resto puedes mantener otro tipo de relaciones afectivas, pero nunca amor romántico». De no ser así incurrimos en el concepto ‘amante’, cargado de connotaciones negativas como el engaño o la traición.

Los niños asumen todo ello como dogma. Pero lo paradójico es que no suelen hacerlo por lo aprendido en casa ni en clase, sino a través del ocio. «Son las películas de Disney, los cuentos populares o las canciones las que establecen que las relaciones tienen que ser así, de esa manera».

Que, en La Sirenita, la protagonista acceda a estar con el príncipe a cambio de perder su voz resulta paradigmático para Acaso. «¡Para estar con él tiene que renunciar a algo tan importante! Está claro que el amor romántico es un instrumento del patriarcado».

El matrimonio es también otra de las instituciones que se mete entre ceja y ceja a los niños desde que son pequeños. «Parece que si no te casas, esa relación no tiene validez». Son precisamente mujeres solteras las que encarnan el mal en muchos de esos cuentos y películas: «Las brujas, por ejemplo, suelen ser lo que se consideraría una ‘solterona’».

El bombardeo al que niños y niñas son sometidos desde el entretenimiento les lleva a concebir una única idea del amor. «Y de ahí se derivan varios problemas. Tengo muchísimas amigas con verdaderos estados de depresión y angustia sólo porque han llegado a cierta edad y no han encontrado ‘el amor’. Eso por no hablar de otros problemas tan graves como la violencia de género, o incluso el acoso escolar, que podría paliarse si ese modelo de amor no fuese el único ‘válido’».

La solución, según Acaso, pasa por «desarmar el amor romántico». «Lo ideal sería hacerlo desde casa y desde el colegio mediante, por ejemplo, talleres en los que se hable a los niños de las distintas formas de amar. Entre ellos, el amor a uno mismo, que no suele trabajarse y que es la base del amor a los demás».

Maria Acaso cita a Montse Barderi, autora del libro El amor no duele, cuando asegura que no saber amarse a uno mismo es lo que genera las relaciones de dependencia. «Si estamos desposeídos del amor hacia nosotros mismos, tenemos que buscarlo en los demás». Los cuentos populares y las películas infantiles tampoco ayudan en este sentido.

Alcanzar el ansiado final del «y vivieron felices y comieron perdices» pasa por desposarse con una persona del sexo contrario, preferentemente de la misma edad y raza. «Si desde pequeños los únicos mensajes que recibimos son estos, ¿cómo intentas convencer luego a una adolescente de que no hace falta que tenga novio para ser feliz?».

Desarrollar el pensamiento crítico sobre este tipo de temas a edades tempranas resulta fundamental. «Los niños deberían ser capaces de analizar los mensajes de las canciones de amor (¡algunas letras son tremendas!), de las películas, de los libros y cuentos».

Pero ¿quién y cómo les enseña a hacerlo? «Lo ideal sería hacerlo desde asignaturas relacionadas con la educación artística. Pero, normalmente, este tipo de asignaturas están concebidas para enseñar a los niños a crear sus propias obras, no a analizar o entender las de los otros (películas, libros, etc.)».

Imagen portada: Polya_olya (Shutterstock)

Ocurre cada mañana en los patios de los colegios. Niñas que juegan a casarse con otras niñas (con una o con varias) o niños que se comprometen con sus mejores amigos. «Los niños suelen enamorarse de sus amigos aunque sean del mismo sexo. Eso no significa que sean homosexuales. También es muy común el poliamor entre ellos. Es la educación la que al final les acaba llevando hacia el ideal del amor romántico convencional», explica María Acaso, responsable en innovación del estudio Rosan Bosch y experta en educación. 

Pareja heterosexual, y remarcando lo de pareja, porque en el modelo de amor vigente sólo es posible enamorarse de una sola persona a la vez. «La idea de pareja es muy potente en nuestra sociedad. Sólo te enamoras de tu pareja, con el resto puedes mantener otro tipo de relaciones afectivas, pero nunca amor romántico». De no ser así incurrimos en el concepto ‘amante’, cargado de connotaciones negativas como el engaño o la traición.

Los niños asumen todo ello como dogma. Pero lo paradójico es que no suelen hacerlo por lo aprendido en casa ni en clase, sino a través del ocio. «Son las películas de Disney, los cuentos populares o las canciones las que establecen que las relaciones tienen que ser así, de esa manera».

Que, en La Sirenita, la protagonista acceda a estar con el príncipe a cambio de perder su voz resulta paradigmático para Acaso. «¡Para estar con él tiene que renunciar a algo tan importante! Está claro que el amor romántico es un instrumento del patriarcado».

El matrimonio es también otra de las instituciones que se mete entre ceja y ceja a los niños desde que son pequeños. «Parece que si no te casas, esa relación no tiene validez». Son precisamente mujeres solteras las que encarnan el mal en muchos de esos cuentos y películas: «Las brujas, por ejemplo, suelen ser lo que se consideraría una ‘solterona’».

El bombardeo al que niños y niñas son sometidos desde el entretenimiento les lleva a concebir una única idea del amor. «Y de ahí se derivan varios problemas. Tengo muchísimas amigas con verdaderos estados de depresión y angustia sólo porque han llegado a cierta edad y no han encontrado ‘el amor’. Eso por no hablar de otros problemas tan graves como la violencia de género, o incluso el acoso escolar, que podría paliarse si ese modelo de amor no fuese el único ‘válido’».

La solución, según Acaso, pasa por «desarmar el amor romántico». «Lo ideal sería hacerlo desde casa y desde el colegio mediante, por ejemplo, talleres en los que se hable a los niños de las distintas formas de amar. Entre ellos, el amor a uno mismo, que no suele trabajarse y que es la base del amor a los demás».

Maria Acaso cita a Montse Barderi, autora del libro El amor no duele, cuando asegura que no saber amarse a uno mismo es lo que genera las relaciones de dependencia. «Si estamos desposeídos del amor hacia nosotros mismos, tenemos que buscarlo en los demás». Los cuentos populares y las películas infantiles tampoco ayudan en este sentido.

Alcanzar el ansiado final del «y vivieron felices y comieron perdices» pasa por desposarse con una persona del sexo contrario, preferentemente de la misma edad y raza. «Si desde pequeños los únicos mensajes que recibimos son estos, ¿cómo intentas convencer luego a una adolescente de que no hace falta que tenga novio para ser feliz?».

Desarrollar el pensamiento crítico sobre este tipo de temas a edades tempranas resulta fundamental. «Los niños deberían ser capaces de analizar los mensajes de las canciones de amor (¡algunas letras son tremendas!), de las películas, de los libros y cuentos».

Pero ¿quién y cómo les enseña a hacerlo? «Lo ideal sería hacerlo desde asignaturas relacionadas con la educación artística. Pero, normalmente, este tipo de asignaturas están concebidas para enseñar a los niños a crear sus propias obras, no a analizar o entender las de los otros (películas, libros, etc.)».

Imagen portada: Polya_olya (Shutterstock)

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Opiniones 11
  • Curiosamente, la mayoría de los cuentos populares (y tanto Perrault como Ancersen cumplen) no terminan con un “y fueron felices y comieron perdices”. Caperucita no sobrevive al lobo, la bella durmiente (en varias de sus múltiples versiones) no se casa con el príncipe, la sirenita tampoco y La Reina de las Nieves (Frozen) parece más una novela de terror psicológico que un cuento romántico infantil.

    • Bueno, pero es que esas versiones a día de hoy son casi una curiosidad, una anécdota que contar. Disney ha conseguido que su versión sea la única que se conoce y transmite a día de hoy.

  • Hola, estoy completamente de a cuerdo, de hecho mi tesis fue sobre cómo la música que se utiliza para hacer ejercicio influye en la adopción de conductas sociales en alumnos de preescolar, me gustaría ponerme en contacto con Gema para platicar sobre el tema.

  • Excelente artículo, cierto que hay mucho mito asociado al amor, eso acota nuestras libertades. El tema se debería abordar desde la escuela o como dices desde casa, pero con puntualizaciones sobre quien informa (educa) sobre el contenido. Estos educadores también deberían ser imparciales, justos y bien informados.
    Si dejamos la educación en manos de religiosos, personas con ideales cerrados o personas mal informadas, la educación se vuelve a tergiversar o manipular al antojo del educador.

  • Excelente artículo, el amor en cuestionamiento, válgame “Dios”.
    ¿Y ese conocimiento quien se encargará de transmitirlo? por que si lo dejamos en manos de personas mal informadas o de ideas cerradas estaremos cometiendo el mismo error una y otra vez.

  • Estimadxs; soy profesora en Artes Visuales y doy clases en escuelas Primarias y Secundarias y muchas veces se presentan estos temas sobre las diferentes tipos de parejas, la discriminación esta siempre a la orden del día. Yo trabajo también con mucha bibliografía para desarrollar una educación para la Paz, la No-Discriminación y sobre todo charlas sobre su propia auto-estima, sobre el respecto hacia ellos mismos, el apreciarse y estimarse. Es una labor constante y permanente! Saludos desde Argentina

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