fbpx
13 de enero 2017    /   IDEAS
por
 

¿Qué te parece que el Estado pague un prostituto a tu abuela?

13 de enero 2017    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

El sexo es un elemento fundamental en la vida y el desarrollo de las personas. Su importancia en el ámbito individual acaba teniendo efectos en el conjunto de la sociedad. Esto hace que los estados se ocupen del sexo desde diferentes puntos de vista. Tanto educativo, como preventivo. En ocasiones, también punitivo.

Sin embargo, ¿se entendería que el Estado ayudase a sus ciudadanos a tener relaciones sexuales? ¿Qué ocurriría si esas relaciones se hicieran mediante prostitutas? ¿Y si el servicio fuera a cargo de los presupuestos del Estado?

La portavoz del Partido Verde, Elisabeth Scharfenberg, ha declarado al diario alemán Welt am Sonntag que no vería descabellado que el Estado financiara ciertas relaciones sexuales.

La idea de Scharfenberg se enfocaría únicamente en aquellos ciudadanos que, por edad o determinadas discapacidades, no pudieran procurarse relaciones sexuales por sí mismos, según informa la revista Time. Sin embargo, no han tardado en aparecer voces críticas que opinan que esta propuesta es una locura.

El socialdemócrata Karl Lautherbach ha declarado que Alemania no necesita pagar prostitutas a domicilio para los ancianos. Menos aún por prescripción médica. Sin embargo, lo que propone Scharfenberg no es ni una novedad ni una locura.

En los Países Bajos ya existen acciones destinadas a satisfacer estas necesidades. Unos programas en cuya gestión participan las autoridades médicas y políticas. En España, si bien el Estado no se ha pronunciado al respecto, también existen ONG dedicadas a este tipo de asistencia.

Tandem Team, por ejemplo, es una asociación sin ánimo de lucro cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida de las personas con diversidad funcional. Entre las actividades que ofrecen están la organización de viajes, talleres para mejorar la autoestima o cursos de imagen personal. También organizan programas para que estos individuos puedan desarrollar su sexualidad.

Los personas que demandan estos servicios tienen necesidades muy diferentes. Desde gente con diversidades de tipo físico a personas con diversidad intelectual o enfermedades mentales. Además, dentro de esas particularidades, cabe la amplia gama de la sexualidad: homosexualidad, transexualidad, etc. Si para algunas personas es difícil desarrollar su sexualidad libremente, para aquellos que tienen diversidad funcional es aún más complicado.

De todos modos, y a diferencia del caso alemán y holandés, Tandem Team no proporciona servicios de prostitución. Su labor es facilitar y gestionar a personas con diversidad funcional encuentros con asistentes íntimos y sexuales. En otras palabras, profesionales familiarizados con ese tipo de particulariades, con el cuerpo de estas personas, con sus dificultades de movilidad o comunicación y que, además de afecto, les proporcionan asistencia sexual.

Esto no quiere decir que una prostituta no pueda dar afecto y una asistencia sexual a estas personas. Sencillamente, Tandem Team reduce las posibilidades de que el profesional no sepa cómo necesitan ser tratados.

De hecho, esa diferencia entre prostitución y asistencia sexual es clave para las asociaciones que, como Tandem Team, forman parte de EPSEAS. Para los miembros de la European Platform Sexual Assistance, la sexualidad se concibe en sentido amplio. Como una experiencia emocional mas allá de la mera genitalidad o el coito.

Por esa razón, en la declaración de intenciones de EPSEAS no se rechaza que la asistencia sexual pueda tener una contraprestación económica. Se matiza que esta no se hará en virtud de un servicio, sino a cambio del tiempo que el profesional dedica a la persona. Además, y por si hubiera dudas, aclaran que sus asistentes operan dentro del marco legal de sus respectivos países.

La legalidad es otro de los elementos claves del tema. De hecho, enlaza con el principio de este artículo y la propuesta de Elisabeth Scharfenberg. La prostitución es legal en Alemania desde 2002, un hecho que permitiría que el Estado articulase programas de asistencia sexual a ancianos.

El sexo es un elemento fundamental en la vida y el desarrollo de las personas. Su importancia en el ámbito individual acaba teniendo efectos en el conjunto de la sociedad. Esto hace que los estados se ocupen del sexo desde diferentes puntos de vista. Tanto educativo, como preventivo. En ocasiones, también punitivo.

Sin embargo, ¿se entendería que el Estado ayudase a sus ciudadanos a tener relaciones sexuales? ¿Qué ocurriría si esas relaciones se hicieran mediante prostitutas? ¿Y si el servicio fuera a cargo de los presupuestos del Estado?

La portavoz del Partido Verde, Elisabeth Scharfenberg, ha declarado al diario alemán Welt am Sonntag que no vería descabellado que el Estado financiara ciertas relaciones sexuales.

La idea de Scharfenberg se enfocaría únicamente en aquellos ciudadanos que, por edad o determinadas discapacidades, no pudieran procurarse relaciones sexuales por sí mismos, según informa la revista Time. Sin embargo, no han tardado en aparecer voces críticas que opinan que esta propuesta es una locura.

El socialdemócrata Karl Lautherbach ha declarado que Alemania no necesita pagar prostitutas a domicilio para los ancianos. Menos aún por prescripción médica. Sin embargo, lo que propone Scharfenberg no es ni una novedad ni una locura.

En los Países Bajos ya existen acciones destinadas a satisfacer estas necesidades. Unos programas en cuya gestión participan las autoridades médicas y políticas. En España, si bien el Estado no se ha pronunciado al respecto, también existen ONG dedicadas a este tipo de asistencia.

Tandem Team, por ejemplo, es una asociación sin ánimo de lucro cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida de las personas con diversidad funcional. Entre las actividades que ofrecen están la organización de viajes, talleres para mejorar la autoestima o cursos de imagen personal. También organizan programas para que estos individuos puedan desarrollar su sexualidad.

Los personas que demandan estos servicios tienen necesidades muy diferentes. Desde gente con diversidades de tipo físico a personas con diversidad intelectual o enfermedades mentales. Además, dentro de esas particularidades, cabe la amplia gama de la sexualidad: homosexualidad, transexualidad, etc. Si para algunas personas es difícil desarrollar su sexualidad libremente, para aquellos que tienen diversidad funcional es aún más complicado.

De todos modos, y a diferencia del caso alemán y holandés, Tandem Team no proporciona servicios de prostitución. Su labor es facilitar y gestionar a personas con diversidad funcional encuentros con asistentes íntimos y sexuales. En otras palabras, profesionales familiarizados con ese tipo de particulariades, con el cuerpo de estas personas, con sus dificultades de movilidad o comunicación y que, además de afecto, les proporcionan asistencia sexual.

Esto no quiere decir que una prostituta no pueda dar afecto y una asistencia sexual a estas personas. Sencillamente, Tandem Team reduce las posibilidades de que el profesional no sepa cómo necesitan ser tratados.

De hecho, esa diferencia entre prostitución y asistencia sexual es clave para las asociaciones que, como Tandem Team, forman parte de EPSEAS. Para los miembros de la European Platform Sexual Assistance, la sexualidad se concibe en sentido amplio. Como una experiencia emocional mas allá de la mera genitalidad o el coito.

Por esa razón, en la declaración de intenciones de EPSEAS no se rechaza que la asistencia sexual pueda tener una contraprestación económica. Se matiza que esta no se hará en virtud de un servicio, sino a cambio del tiempo que el profesional dedica a la persona. Además, y por si hubiera dudas, aclaran que sus asistentes operan dentro del marco legal de sus respectivos países.

La legalidad es otro de los elementos claves del tema. De hecho, enlaza con el principio de este artículo y la propuesta de Elisabeth Scharfenberg. La prostitución es legal en Alemania desde 2002, un hecho que permitiría que el Estado articulase programas de asistencia sexual a ancianos.

Compártelo twitter facebook whatsapp
La creatividad se aprende
Lo que dice de nosotros nuestra forma de escribir e-mails  
Jean Purdy, la olvidada madre de la fecundación ‘in vitro’
Yes, We Fuck!
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 3
  • Sólo la ignorancia puede valorar criterios de a-sexualidad en personas de autonomía reducida o absoluta, pero no podemos culpar a la ciudadanía de a pie por juicios bajo criterios de desconocimiento por falta de cercanía a la problemática o falta de empatía. La reivindicación debe ir dirigida a las administraciones públicas y a nuestros políticos que con absoluto empoderamiento prefieren a una sociedad poco formada y desinformada para no tener que invertir en los colectivos más desfavorecidos y vulnerables de nuestra sociedad; al fin y al cabo las minorías no molestan y los que apenas se pueden expresar no tienen voz suficiente para ser oídos.
    La cuestión es que hay referentes de importante calado que defienden el derecho a la expresión sexual de todo individuo, tales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.
    Empieza a ser ya muy preocupante que haya necesidades tan básicas como históricas en el ser humano que sean todavía obviadas en el siglo XXI por cuestiones morales, culturales, sociales y religiosas.
    Desde la asociación sin ánimo de lucro, ASPASIA CANARIAS y como miembros de la Plataforma EPSEAS, defendemos el derecho a la sexualidad de las personas con discapacidad física o psíquica que por cuestiones de nula autonomía no pueden acceder a un derecho tan básico como el pleno respeto de su dignidad e intimidad dentro de una sexualidad respetuosa, sana, libre de coacción, discriminación y violencia.
    Los y las Asistentes Sexuales para personas con Diversidad Funcional que representan la figura especializada, son hombres y mujeres formados, con vocación y capacidad para atender al colectivo de discapacidad, que reclaman dignamente un reconocimiento social, con formación reglada y desde la autonomía laboral.
    Seamos honestos para admitir que el debate no es “el derecho o no” a la dignidad individual o singular de cada persona, que por ende ya viene implícita en todo ser humano, sino a la partida presupuestaria del Estado en el área de Servicios Sociales, que debería incluir esta asistencia para personas con una discapacidad severa, así como el reconocimiento y formación de espléndidos profesionales que ofrecen esta alternativa.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *