17 de febrero 2013    /   CREATIVIDAD
por
 

Retratos hechos con tornillos

17 de febrero 2013    /   CREATIVIDAD     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista Noviembre haciendo clic aquí.

Andrew Myers
Hace retratos y no utiliza ni cámara, ni lápiz, ni ordenador. Los hace con clavos. Andrew Myers, creador de la técnica del ‘Art Screw’ o ‘Arte de tornillos’, realiza “esculturas pintadas” que habitan, a mitad de camino, entre la doble y la tercera dimensión.
Myers, afincado en la costa oeste de Estados Unidos, aunque nacido en Braunshweig (Alemania) y criado en Ciudad Real, ha acabado por hacerse amigo de la insatisfacción que, asegura, siempre le acompaña durante el proceso creativo. En ella ha sabido ver un estímulo con el que avanzar y reinventarse, y con el que lograr “la experiencia única” que todo artista ansía.
El ‘hallazgo’ del tornillo es fruto precisamente de ese “descontento perenne” que le hace ver el mundo con los ojos de un explorador. En esta rudimentaria (y hasta ordinaria) pieza industrial, Myers vio en 2007 un filón, una piedra preciosa, que ha resultado ser un componente más de un “largo y laborioso” proceso de creación.
Hacer cada retrato le lleva entre dos y seis meses, en los que utiliza entre 2.000 y 10.000 tornillos. El germen de su obra es el bosquejo de los rasgos del rostro que trata de conseguir, al que sucede un segundo paso que consiste en taladrar miles de veces los trazos esbozados sobre esa superficie. Una vez logrado su particular lienzo, inserta y da color al manto de tornillos que componen las obras.
El volumen es, fruto de su formación como escultor, su gran obsesión. Por eso juega con la profundidad de los taladros y con la gama de tonalidades que emplea para pintar las diferentes zonas del rostro.
Entre tanto, cuida otro detalle exclusivo de sus “pinturas escultóricas” y coloca, pegados, centenares de páginas de listines telefónicos que se aprecian sobre la base de los retratos. Con esta especie de guiño filantrópico, busca (y obtiene) un doble objetivo, íntimo y estético: incluir a miles de personas en su obra y a la vez enriquecer gráficamente el lienzo.
Lo que Myers cree que realmente diferencia su obra de la de miembros de escuelas como el ‘art trouvé’ o de técnicas tan ancianas como el mosaico es el proceso creativo en sí y, por supuesto, la utilización del tornillo.
Esa pieza ruda le lleva a lograr, declara, además de “la diferencia como artista” que andaba buscando, la delicadeza que existe siempre en la expresión de una mirada o un gesto. Precisamente, el efecto contrario que en un principio cabría esperar de un objeto fabricado en serie y que, convertido esta vez en una especie de gema, demuestra que lo funcional, como casi todo… puede caer rendido a los pies del arte.
a1
a2
a3
a4
a5
a6
a8
a9
a10
a11

¡Yorokobu gratis en formato digital!

Lee gratis la revista Noviembre haciendo clic aquí.

Andrew Myers
Hace retratos y no utiliza ni cámara, ni lápiz, ni ordenador. Los hace con clavos. Andrew Myers, creador de la técnica del ‘Art Screw’ o ‘Arte de tornillos’, realiza “esculturas pintadas” que habitan, a mitad de camino, entre la doble y la tercera dimensión.
Myers, afincado en la costa oeste de Estados Unidos, aunque nacido en Braunshweig (Alemania) y criado en Ciudad Real, ha acabado por hacerse amigo de la insatisfacción que, asegura, siempre le acompaña durante el proceso creativo. En ella ha sabido ver un estímulo con el que avanzar y reinventarse, y con el que lograr “la experiencia única” que todo artista ansía.
El ‘hallazgo’ del tornillo es fruto precisamente de ese “descontento perenne” que le hace ver el mundo con los ojos de un explorador. En esta rudimentaria (y hasta ordinaria) pieza industrial, Myers vio en 2007 un filón, una piedra preciosa, que ha resultado ser un componente más de un “largo y laborioso” proceso de creación.
Hacer cada retrato le lleva entre dos y seis meses, en los que utiliza entre 2.000 y 10.000 tornillos. El germen de su obra es el bosquejo de los rasgos del rostro que trata de conseguir, al que sucede un segundo paso que consiste en taladrar miles de veces los trazos esbozados sobre esa superficie. Una vez logrado su particular lienzo, inserta y da color al manto de tornillos que componen las obras.
El volumen es, fruto de su formación como escultor, su gran obsesión. Por eso juega con la profundidad de los taladros y con la gama de tonalidades que emplea para pintar las diferentes zonas del rostro.
Entre tanto, cuida otro detalle exclusivo de sus “pinturas escultóricas” y coloca, pegados, centenares de páginas de listines telefónicos que se aprecian sobre la base de los retratos. Con esta especie de guiño filantrópico, busca (y obtiene) un doble objetivo, íntimo y estético: incluir a miles de personas en su obra y a la vez enriquecer gráficamente el lienzo.
Lo que Myers cree que realmente diferencia su obra de la de miembros de escuelas como el ‘art trouvé’ o de técnicas tan ancianas como el mosaico es el proceso creativo en sí y, por supuesto, la utilización del tornillo.
Esa pieza ruda le lleva a lograr, declara, además de “la diferencia como artista” que andaba buscando, la delicadeza que existe siempre en la expresión de una mirada o un gesto. Precisamente, el efecto contrario que en un principio cabría esperar de un objeto fabricado en serie y que, convertido esta vez en una especie de gema, demuestra que lo funcional, como casi todo… puede caer rendido a los pies del arte.
a1
a2
a3
a4
a5
a6
a8
a9
a10
a11

Compártelo twitter facebook whatsapp
Así se visitarán los museos en el futuro (y ya, si quieres)
La aspiradora urbana que limpia el aire y, de paso, fabrica joyas
Google reminder: Hoy es el cumpleaños de Yorokobu
Y las abejas crearon el mundo
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Publicidad