5 de septiembre 2018    /   IDEAS
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Los cinco casos en los que deberías tomar un año sabático

5 de septiembre 2018    /   IDEAS     por          
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Esta semana es así: pisas la oficina después de muchos días de desparrame vacacional y dices «ay». Pero cuidado. Aquí venimos a hablar de año sabático y no de cómo superar el síndrome posvacacional. Venimos a hablar de cuál es el momento ideal para apretar el botón rojo y, como dicen los ingleses, saltar a los brazos del gap year:

Estás seco de ideas

Cuando Ferran Adrià todavía no era Ferran Adrià fue a una demostración culinaria que le impactó. Al frente del evento estaba el célebre cocinero francés Jacques Maximim, que en un momento de su intervención soltó la frase: «Creatividad significa no copiar». Adrià quedó ojiplático y a partir de ese día se las agenció para mantener su creatividad en forma al margen de las ideas del prójimo.

Por eso en 2012 se tomó no un año sabático, sino dos. Adrià quería encontrar inspiración para que el Bulli continuara en la cresta de la ola con méritos propios. Y este es el primer caso recomendable para tomar un paréntesis: abrir la mirada, relajar la rutina para encontrar nuevo alimento que sintetizar y re-parir.

La realidad laboral venidera también encaja con este período de regeneración: en el futuro, con la mayoría de oficios actuales en vías de extinción, vamos a necesitar un músculo fuerte acostumbrado a reciclar nuevas aptitudes.

Otro ejemplo, más reciente. Pablo Alborán, después de sus años de intrépido ascenso, anunció que se tomaba «más o menos dos años para viajar y seguir estudiando». El malagueño en busca de la musa voltaica para enfatizar otra vez su guitarra.

Y como no hay dos sin tres, el ejemplo del cineasta Steven Soderbergh, director de cintas como Traffic o Sexo, mentiras y cintas de video. Un día de 2011 Soderbergh dijo alto y clarito: «Se me ha acabado el impulso artístico». Y se tomó un descanso «para recalibrar, para poder descubrir algo nuevo». Cuando saltaron las alarmas desde el mundo del cine, él los tranquilizó a todos: «Es menos dramático de lo que suena. Se trata solo de un período sabático».

Estás hecho polvo

Cada vez que nos quejamos de una jornada laboral de ocho horas, hay algún memorioso en el mundo que se despierta: «pues antes la gente trabajaba mucho más». Y parece que los números les dan la razón: un estudio realizado por Michael Huberman y Chris Minns establece que en todo Occidente se trabaja ahora mucho menos. En España, sin ir más lejos, eran 2.980 horas en 1870 y 1.815 en el año 2000. O sea, un 39% menos en solo 130 años.

La buena noticia es que, hay consenso, la tendencia parece continuar. Y en el futuro podríamos dedicar no más de cuatro horas al día a ganarnos el pan, si sabemos ser productivos cuando nos aplicamos en lo nuestro. Speakers, gurús, expertos y conferenciantes hablan ya de jornadas de trabajo de 20 horas.

¿Y esto que tiene que ver con el año sabático? Bien visto. Allá va la explicación: por inconsciencia o por pasión exacerbada, masas ingentes de personas exprimen su capacidad laboral al máximo y el resultado es que un día su cuerpo no da más. Están agotados. Y muchos deciden colgar la bata, las botas o el micrófono durante un tiempo: para regenerar sus células como Dios manda.

Le pasó a Leonardo di Caprio, que tras rodar tres películas en dos años (Django desencadenado, El gran Gatsby y El lobo de Wall Street) puso el freno de mano. «Me he quedado seco. Necesito unas largas vacaciones, un respiro», dijo en 2014 a la prensa mundial.

Tres años antes, un Justin Bieber exhausto, después de «trabajar muy duro», anunció también que necesitaba un inciso para «pensar, rezar y de alguna manera crecer», dijo. Bieber tenía 17 años y anhelaba con toda la fuerza «un mes sabático» (que en España es el mes de agosto de toda la vida).

Te debes al clan

Konrad Lorenz era un zoólogo vienés del siglo pasado con un peculiar sistema de estudio. Para probar sus teorías, tomó un día unos huevos de ganso y se preparó para ser lo primero que vieran los pequeños animales al nacer. Cuidó de ellos como si fueran sus hijos y el resultado fue contundente: los gansitos, durante toda su vida, se comportaron como si Lorenz fuera su madre-ganso.

Luego, estas investigaciones sirvieron al inglés John Bowlby como base de su teoría del apego, en la que sostiene que, en la niñez temprana, la figura del cuidador es imprescindible para el desarrollo y el comportamiento de ese futuro adulto.

Quizás por eso, en algún momento de la vida, muchos humanos pasan de contemplar el mundo a mirar hacia adentro: hacia el clan, la familia, los hijos. El apellido acapara la atención y las ganas, y la cosa acaba detonando en un año sabático.

Y comprobado. La lista de famosos que se toma un respiro con la maternidad / paternidad es larga: Javier Bardem, Ryan Gosling, Adele, Laura Pausini, Angelina Jolie o, entre otros, Ricky Martin. (Martin, por cierto, tomó carrerilla en ese año ausente y, además de cuidar a sus mellizos, se preparó para anunciar al mundo su homosexualidad).

El caso de Guillermo de Inglaterra fue algo distinto. Se fue, en este caso, para proteger a su inminente y real esposa: después de pasar por el altar, le pidió dos años sabáticos a su abuela-the-queen. Quería afianzar su matrimonio fuera de los focos de la prensa.

Estás out, burn-out

Estás harto, estás frito. Estás que no estás. Tu cuerpo, tu mente, tus emociones van a contrapelo. Deseas huir de ESA empresa, ESE cargo, ESE buen samaritano o samaritana que ejercen de jefe.

Si la descripción te ha ido que ni pintada, estás quemado o con el síndrome de burn-out y eres un candidato 10 para arrojarte al año sabático de cabeza.

Como le pasó a David Bowie en 2006 (con 59 años) cuando dijo aquello de «estoy harto de la industria musical, no vuelvo hasta dentro de un año», aunque al final fueron seis. La fórmula regeneradora del británico consistió, al parecer, en pasear y ver películas.

En la lista de achicharrados laborales hay más famosos (que siempre van bien para ilustrar): la cantante Bebe, que después del superéxito de su primer disco, no quiso saber nada de la fama que le trajo la música (tardó cinco años en editar su segundo trabajo) o el extécnico del Barça, Pep Guardiola, que salió disparado en 2015 hacia Nueva York huyendo de la densidad futbolística.

Antes del caso siguiente, una pregunta para la reflexión: ¿lo que antes era un trabajador explotado es hoy un profesional quemado? (Opinen, opinen).

Estás (un poco) perdido

Imagínate a Robert Redford con 29 años. En plena juventud, con su pelo amarillo al sol, su mandíbula cuadrada bien definida y su sonrisa intacta. Es 1966 y el actor, que todavía no sabe si quiere serlo, está en Málaga, preguntándose si lo suyo es de verdad el cine o más bien la pintura. Había rodado ya tres películas, pero necesitó de un año sabático en el sur para destrabar su crisis profesional. (Hace poco recordó el momento. Dijo: «No bailaba flamenco, pero fue una experiencia maravillosa»).

Si, como Redford, hay dudas en lo laboral porque no sabes hacia dónde, o en lo emocional sientes mil cosas que no se compaginan entre sí y no acabas de entender qué viniste a hacer a este tinglado, plantéate un kitkat de reflexión. (De hecho, el término sabático proviene etimológicamente del hebreo šhabbat, sábado, que es el día de descanso semanal, en el que se reflexiona sobre los seis días anteriores).

Meditar sobre el futuro con calma y no lanzarse compulsivamente a la acción es un método de éxito al que apuntan todos los psicólogos del globo… y últimamente también los empresarios.

En Estados Unidos no es extraño que las compañías cuenten con un programa llamado «de recompensas totales», en el que incluyen incentivos económicos para sus empleados y también horarios flexibles, vacaciones extra y hasta períodos sabáticos para sus empleados. En 2017, el 40% de empresas preguntadas afirmaron adoptar medidas de bienestar para fidelizar a sus trabajadores.

¿Es tu momento para una tregua? Uno de los ejercicios para averiguarlo es apuntar en un folio en blanco cuáles eran tus aspiraciones laborales cuando empezaste tu carrera. Y escribir, en la otra cara, qué es lo que has conseguido. Si ambas listas están divorciadas, a lo mejor deberías quedarte quieto durante un tiempo y pensar.

Prepárate para un año loco

Si es que sí, los expertos recomiendan antes que nada hacer números (hay quien calcula que por cada año sabático deberás ahorrar durante dos). Luego, mentalizarse para un poco de inestabilidad emocional, porque este paréntesis supone una ruptura de las estructuras que hasta ese momento han ordenado tu vida. Y se aconsejan también grandes dosis de pasotismo cuando la frasecita «si no trabajas, eres un vago» martillee tu cabeza.

Y, por último, una advertencia de la mano de Stefan Sagmeister, director de un estudio de diseño en Nueva York, que cada siete años cierra todo un año «para realizar algunos experimentos que son un poco difíciles de hacer en un horario regular».

En su charla TED El poder del tiempo libre, contó cómo, al tomar la decisión, enseguida la agendó en su calendario. Y, pronto, el primer día de pausa, se dio cuenta de su error: «pensé que para el año sabático no necesitaba ningún plan».

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Esta semana es así: pisas la oficina después de muchos días de desparrame vacacional y dices «ay». Pero cuidado. Aquí venimos a hablar de año sabático y no de cómo superar el síndrome posvacacional. Venimos a hablar de cuál es el momento ideal para apretar el botón rojo y, como dicen los ingleses, saltar a los brazos del gap year:

Estás seco de ideas

Cuando Ferran Adrià todavía no era Ferran Adrià fue a una demostración culinaria que le impactó. Al frente del evento estaba el célebre cocinero francés Jacques Maximim, que en un momento de su intervención soltó la frase: «Creatividad significa no copiar». Adrià quedó ojiplático y a partir de ese día se las agenció para mantener su creatividad en forma al margen de las ideas del prójimo.

Por eso en 2012 se tomó no un año sabático, sino dos. Adrià quería encontrar inspiración para que el Bulli continuara en la cresta de la ola con méritos propios. Y este es el primer caso recomendable para tomar un paréntesis: abrir la mirada, relajar la rutina para encontrar nuevo alimento que sintetizar y re-parir.

La realidad laboral venidera también encaja con este período de regeneración: en el futuro, con la mayoría de oficios actuales en vías de extinción, vamos a necesitar un músculo fuerte acostumbrado a reciclar nuevas aptitudes.

Otro ejemplo, más reciente. Pablo Alborán, después de sus años de intrépido ascenso, anunció que se tomaba «más o menos dos años para viajar y seguir estudiando». El malagueño en busca de la musa voltaica para enfatizar otra vez su guitarra.

Y como no hay dos sin tres, el ejemplo del cineasta Steven Soderbergh, director de cintas como Traffic o Sexo, mentiras y cintas de video. Un día de 2011 Soderbergh dijo alto y clarito: «Se me ha acabado el impulso artístico». Y se tomó un descanso «para recalibrar, para poder descubrir algo nuevo». Cuando saltaron las alarmas desde el mundo del cine, él los tranquilizó a todos: «Es menos dramático de lo que suena. Se trata solo de un período sabático».

Estás hecho polvo

Cada vez que nos quejamos de una jornada laboral de ocho horas, hay algún memorioso en el mundo que se despierta: «pues antes la gente trabajaba mucho más». Y parece que los números les dan la razón: un estudio realizado por Michael Huberman y Chris Minns establece que en todo Occidente se trabaja ahora mucho menos. En España, sin ir más lejos, eran 2.980 horas en 1870 y 1.815 en el año 2000. O sea, un 39% menos en solo 130 años.

La buena noticia es que, hay consenso, la tendencia parece continuar. Y en el futuro podríamos dedicar no más de cuatro horas al día a ganarnos el pan, si sabemos ser productivos cuando nos aplicamos en lo nuestro. Speakers, gurús, expertos y conferenciantes hablan ya de jornadas de trabajo de 20 horas.

¿Y esto que tiene que ver con el año sabático? Bien visto. Allá va la explicación: por inconsciencia o por pasión exacerbada, masas ingentes de personas exprimen su capacidad laboral al máximo y el resultado es que un día su cuerpo no da más. Están agotados. Y muchos deciden colgar la bata, las botas o el micrófono durante un tiempo: para regenerar sus células como Dios manda.

Le pasó a Leonardo di Caprio, que tras rodar tres películas en dos años (Django desencadenado, El gran Gatsby y El lobo de Wall Street) puso el freno de mano. «Me he quedado seco. Necesito unas largas vacaciones, un respiro», dijo en 2014 a la prensa mundial.

Tres años antes, un Justin Bieber exhausto, después de «trabajar muy duro», anunció también que necesitaba un inciso para «pensar, rezar y de alguna manera crecer», dijo. Bieber tenía 17 años y anhelaba con toda la fuerza «un mes sabático» (que en España es el mes de agosto de toda la vida).

Te debes al clan

Konrad Lorenz era un zoólogo vienés del siglo pasado con un peculiar sistema de estudio. Para probar sus teorías, tomó un día unos huevos de ganso y se preparó para ser lo primero que vieran los pequeños animales al nacer. Cuidó de ellos como si fueran sus hijos y el resultado fue contundente: los gansitos, durante toda su vida, se comportaron como si Lorenz fuera su madre-ganso.

Luego, estas investigaciones sirvieron al inglés John Bowlby como base de su teoría del apego, en la que sostiene que, en la niñez temprana, la figura del cuidador es imprescindible para el desarrollo y el comportamiento de ese futuro adulto.

Quizás por eso, en algún momento de la vida, muchos humanos pasan de contemplar el mundo a mirar hacia adentro: hacia el clan, la familia, los hijos. El apellido acapara la atención y las ganas, y la cosa acaba detonando en un año sabático.

Y comprobado. La lista de famosos que se toma un respiro con la maternidad / paternidad es larga: Javier Bardem, Ryan Gosling, Adele, Laura Pausini, Angelina Jolie o, entre otros, Ricky Martin. (Martin, por cierto, tomó carrerilla en ese año ausente y, además de cuidar a sus mellizos, se preparó para anunciar al mundo su homosexualidad).

El caso de Guillermo de Inglaterra fue algo distinto. Se fue, en este caso, para proteger a su inminente y real esposa: después de pasar por el altar, le pidió dos años sabáticos a su abuela-the-queen. Quería afianzar su matrimonio fuera de los focos de la prensa.

Estás out, burn-out

Estás harto, estás frito. Estás que no estás. Tu cuerpo, tu mente, tus emociones van a contrapelo. Deseas huir de ESA empresa, ESE cargo, ESE buen samaritano o samaritana que ejercen de jefe.

Si la descripción te ha ido que ni pintada, estás quemado o con el síndrome de burn-out y eres un candidato 10 para arrojarte al año sabático de cabeza.

Como le pasó a David Bowie en 2006 (con 59 años) cuando dijo aquello de «estoy harto de la industria musical, no vuelvo hasta dentro de un año», aunque al final fueron seis. La fórmula regeneradora del británico consistió, al parecer, en pasear y ver películas.

En la lista de achicharrados laborales hay más famosos (que siempre van bien para ilustrar): la cantante Bebe, que después del superéxito de su primer disco, no quiso saber nada de la fama que le trajo la música (tardó cinco años en editar su segundo trabajo) o el extécnico del Barça, Pep Guardiola, que salió disparado en 2015 hacia Nueva York huyendo de la densidad futbolística.

Antes del caso siguiente, una pregunta para la reflexión: ¿lo que antes era un trabajador explotado es hoy un profesional quemado? (Opinen, opinen).

Estás (un poco) perdido

Imagínate a Robert Redford con 29 años. En plena juventud, con su pelo amarillo al sol, su mandíbula cuadrada bien definida y su sonrisa intacta. Es 1966 y el actor, que todavía no sabe si quiere serlo, está en Málaga, preguntándose si lo suyo es de verdad el cine o más bien la pintura. Había rodado ya tres películas, pero necesitó de un año sabático en el sur para destrabar su crisis profesional. (Hace poco recordó el momento. Dijo: «No bailaba flamenco, pero fue una experiencia maravillosa»).

Si, como Redford, hay dudas en lo laboral porque no sabes hacia dónde, o en lo emocional sientes mil cosas que no se compaginan entre sí y no acabas de entender qué viniste a hacer a este tinglado, plantéate un kitkat de reflexión. (De hecho, el término sabático proviene etimológicamente del hebreo šhabbat, sábado, que es el día de descanso semanal, en el que se reflexiona sobre los seis días anteriores).

Meditar sobre el futuro con calma y no lanzarse compulsivamente a la acción es un método de éxito al que apuntan todos los psicólogos del globo… y últimamente también los empresarios.

En Estados Unidos no es extraño que las compañías cuenten con un programa llamado «de recompensas totales», en el que incluyen incentivos económicos para sus empleados y también horarios flexibles, vacaciones extra y hasta períodos sabáticos para sus empleados. En 2017, el 40% de empresas preguntadas afirmaron adoptar medidas de bienestar para fidelizar a sus trabajadores.

¿Es tu momento para una tregua? Uno de los ejercicios para averiguarlo es apuntar en un folio en blanco cuáles eran tus aspiraciones laborales cuando empezaste tu carrera. Y escribir, en la otra cara, qué es lo que has conseguido. Si ambas listas están divorciadas, a lo mejor deberías quedarte quieto durante un tiempo y pensar.

Prepárate para un año loco

Si es que sí, los expertos recomiendan antes que nada hacer números (hay quien calcula que por cada año sabático deberás ahorrar durante dos). Luego, mentalizarse para un poco de inestabilidad emocional, porque este paréntesis supone una ruptura de las estructuras que hasta ese momento han ordenado tu vida. Y se aconsejan también grandes dosis de pasotismo cuando la frasecita «si no trabajas, eres un vago» martillee tu cabeza.

Y, por último, una advertencia de la mano de Stefan Sagmeister, director de un estudio de diseño en Nueva York, que cada siete años cierra todo un año «para realizar algunos experimentos que son un poco difíciles de hacer en un horario regular».

En su charla TED El poder del tiempo libre, contó cómo, al tomar la decisión, enseguida la agendó en su calendario. Y, pronto, el primer día de pausa, se dio cuenta de su error: «pensé que para el año sabático no necesitaba ningún plan».

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Opiniones 4
  • La es que para poder tomarse un año sabático tienes que tenerlo todo muy bien atado, muchos querríamos hacerlo y viajar ver mundo descubrir nuevas comidas y lugares pero la realidad suele ser otra y es que el mantener ese nivel sin trabajo diario es complicado tendrías que tener unos buenos ahorros o un trabajo que puedas realizar desde otros lugares pero claro eso ya no seria sabático jajaja

  • Yo hace un año decidí hacerlo! Trabajé como nunca hasta quemarme para ahorrar y desde el pasado 9 de septiembre estoy viajando. De hecho escribo esto desde un hostal en Arunadhapura, Sri Lanka. Cada dia estoy más convencida no solo de que un año sabático es muy necesario sino que todo el mundo puede hacerlo. Lo que pasa que hay que estar dispuesto a realizar grandes esfuerzos (el año que ahorrė me pasé meses sin salir a cenar o el cine) y renunciar a cosas como un trabajo, tu piso de alquiler o comprarte un coche, un piso nuevo o un perro. He de decir por eso que yo durante el viaje sigo con algunos proyectos que me dan algo de sustento económico ya que puedo trabajar online.

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