13 de febrero 2018    /   DIGITAL
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La primera expedición a la Antártida por WhatsApp

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El fotógrafo Paco Gómez y el montañero Hilo Moreno acaban de publicar Volverás a la Antártida, un libro que relata la primera expedición a ese continente. Algunos objetarán que ese territorio ya había sido visitado por Shackleton o Amundsen. Es cierto, pero ni el irlandés ni el noruego tenían WhatsApp para documentarlo. Gómez y Moreno, sí.

«Todo fue muy instintivo, no hubo ninguna elección ni mucha reflexión», explica Gómez.«Le propuse a Hilo este experimento con un mensaje de WhatsApp y era lógico usar en el proyecto esta herramienta que utilizábamos normalmente para comunicarnos. Ni el Twitter ni el SMS lo empleamos asiduamente. Además, el WhatsApp me remite más a la conversación entre dos personas que se envían textos e imágenes. Es como charlar en la barra de un bar; mensajes cortos propensos a contar chorradas».

Paco Gómez es fotógrafo. También es escritor y documentalista. Entre sus trabajos se encuentra Los Modlin, un magnífico libro reportaje en el que, partiendo de unas imágenes encontradas en un contenedor, Gómez reconstruye la vida de una particular familia de estadounidenses afincados en Madrid.

Después de años de investigación, Gómez logró publicar Los Modlin gracias al micromecenazgo. Un proceso de edición independiente que continuó con una larga serie de presentaciones allá donde fuera bien recibido.

Uno de los lugares a los que Gómez acudió para presentar su libro fue La Modesta, una pequeña librería del barrio de Chamberí llevada con exquisito cuidado y cariño por la madre de Hilo Moreno. Allí, este explorador madrileño aprovechó para preguntarle a Gómez detalles sobre cómo llevar a cabo un crowdfunding y le informó que, en breve, marcharía a la Base Antártica Juan Carlos I.

Paco Gómez no tardó mucho en proponerle que fuera sus ojos y sus manos en la zona ártica. Una relación semejante a la que tienen los científicos de la NASA con la sonda Curiosity en Marte o como hacían los antiguos exploradores. La diferencia es que, en lugar de utilizar tecnología espacial o medios del siglo XIX como telegramas y cartas, ellos emplearían algo un poco más convencional: el WhatsApp.

«Este proyecto, sin tecnología, hubiera sido imposible. En nuestro caso, el tiempo de estancia en la Antártida era limitado y la conversación tenía que ser fluida. Hilo y yo llevábamos siempre nuestros teléfonos en el bolsillo. Estábamos separados por 12 mil kilómetros de agua, pero con el WhatsApp, Hilo era capaz de ejecutar mis ordenes al instante. Ese ritmo acelerado en la narración y la posibilidad constante de una desconexión son algunos de los atractivos del libro».

Otro de los atractivos de Volverás a la Antártida son los retos fotográficos que Paco Gómez le propone a Hilo Moreno. Por ejemplo, recrear con sus compañeros de expedición, imágenes icónicas de la historia de la fotografía. Desde un retrato de Shakleton a una imagen de Tina Modotti tomada por Edward Weston o una imagen de Castro Prieto inspirada en Martín Chambi. Unas imágenes que son descritas con asombrosa exactitud por Gómez y que hacen que el lector se replantee eso de que «una imagen vale más que mil palabras».

«Todos mis libros contienen una apología de la fotografía. Intentan contagiar al lector el misterio por la imagen. Estoy convencido que la lectura es un vehículo que sirve para comunicar ideas con el objetivo de que se conviertan en imágenes. Toda novela que hemos leído la conservamos en nuestra memoria en forma de película, no de una secuencia de palabras. En los libros me gusta hacer descripciones pormenorizadas de imágenes que tenemos en la página de al lado. A veces está la descripción en el libro, pero la fotografía está ausente. Esto lo hago para que el lector construya la imagen con las claves de lectura que se le dan en otros ejemplos. Quiero generar la necesidad de visualizar la imagen que se describe. Que se despierte el ansia por la fotografía».


Sin embargo, en ocasiones, y a pesar de lo pormenorizadas de las descripciones de Gómez, Hilo Moreno es incapaz de comprender lo que su amigo le está pidiendo. Un fallo en la comunicación comparable a que se caiga la wifi.

«Todo acto de comunicación es incompleto. Principalmente por las limitaciones del lenguaje y por los mecanismos de descifrado de ese lenguaje, que dependen de la experiencia de cada uno de nosotros –explica Gómez–. De todas formas creo que la comunicación entre Hilo y yo fue muy fluida y eso creo que es porque nos emocionamos con cosas parecidas. En el libro se menciona al principio un caso de incomunicación, pero que está más pensado para poner el foco en la importancia del retoque fotográfico. Se quiere incidir y enseñar cómo se puede engañar al ojo para que viaje en una fotografía en una dirección determinada».

Además de la tecnología, para Volverás a la Antártida ha sido imprescindible que Hilo Moreno sea un hombre a caballo de los siglos XX y XXI con una considerable cultura visual. Un bagaje necesario para descodificar las instrucciones de Paco Gómez y poder enviar las imágenes solicitadas, y del que carecían los exploradores de siglos pasados.

«En la época de las grandes expediciones de finales del siglo XIX y principios del XX esto hubiera sido más complicado. Había un respeto por el acto fotográfico que, aunque empezaba a popularizarse, estaba en manos de profesionales. En la actualidad todos tratamos con imágenes a diario para relacionarlos. Nosotros proponemos en el libro un juego con la fotografía imitando esos actos banales. Intentamos utilizar el humor y la ironía. Pero no nos engañemos, hablamos de cosas profundas que esperamos que alguien entienda».


Entre las cosas profundas de las que hablan Paco Gómez e Hilo Moreno están el compañerismo, la amistad, la solidaridad, las relaciones interculturales, la soledad, el ecologismo y, por supuesto, la fotografía, la literatura y los viajes. Temas abordados con un talento especial que permite que el lector no solo sea consciente de ellos, sino que devore Volverás a la Antártida como haría con cualquier clásico de aventuras.

«Para ser buen narrador o buen fotógrafo está claro que el talento siempre viene bien. Otra cosa es que Hilo o yo tengamos talento. Nunca se sabe si se consigue con un libro transmitir la sensación que se pretende, eso depende de nosotros pero también del receptor. Lo único que puedo confirmar es que a mí el teléfono móvil me ha servido para viajar virtualmente a la Antártida. He sentido el frío y me he podido fijar en lo que me interesaba gracias a los ojos de Hilo. He podido mirar a izquierda y a derecha, y he hecho fotografías; fotografías que conservo y que son la prueba de que yo estuve allí».

El fotógrafo Paco Gómez y el montañero Hilo Moreno acaban de publicar Volverás a la Antártida, un libro que relata la primera expedición a ese continente. Algunos objetarán que ese territorio ya había sido visitado por Shackleton o Amundsen. Es cierto, pero ni el irlandés ni el noruego tenían WhatsApp para documentarlo. Gómez y Moreno, sí.

«Todo fue muy instintivo, no hubo ninguna elección ni mucha reflexión», explica Gómez.«Le propuse a Hilo este experimento con un mensaje de WhatsApp y era lógico usar en el proyecto esta herramienta que utilizábamos normalmente para comunicarnos. Ni el Twitter ni el SMS lo empleamos asiduamente. Además, el WhatsApp me remite más a la conversación entre dos personas que se envían textos e imágenes. Es como charlar en la barra de un bar; mensajes cortos propensos a contar chorradas».

Paco Gómez es fotógrafo. También es escritor y documentalista. Entre sus trabajos se encuentra Los Modlin, un magnífico libro reportaje en el que, partiendo de unas imágenes encontradas en un contenedor, Gómez reconstruye la vida de una particular familia de estadounidenses afincados en Madrid.

Después de años de investigación, Gómez logró publicar Los Modlin gracias al micromecenazgo. Un proceso de edición independiente que continuó con una larga serie de presentaciones allá donde fuera bien recibido.

Uno de los lugares a los que Gómez acudió para presentar su libro fue La Modesta, una pequeña librería del barrio de Chamberí llevada con exquisito cuidado y cariño por la madre de Hilo Moreno. Allí, este explorador madrileño aprovechó para preguntarle a Gómez detalles sobre cómo llevar a cabo un crowdfunding y le informó que, en breve, marcharía a la Base Antártica Juan Carlos I.

Paco Gómez no tardó mucho en proponerle que fuera sus ojos y sus manos en la zona ártica. Una relación semejante a la que tienen los científicos de la NASA con la sonda Curiosity en Marte o como hacían los antiguos exploradores. La diferencia es que, en lugar de utilizar tecnología espacial o medios del siglo XIX como telegramas y cartas, ellos emplearían algo un poco más convencional: el WhatsApp.

«Este proyecto, sin tecnología, hubiera sido imposible. En nuestro caso, el tiempo de estancia en la Antártida era limitado y la conversación tenía que ser fluida. Hilo y yo llevábamos siempre nuestros teléfonos en el bolsillo. Estábamos separados por 12 mil kilómetros de agua, pero con el WhatsApp, Hilo era capaz de ejecutar mis ordenes al instante. Ese ritmo acelerado en la narración y la posibilidad constante de una desconexión son algunos de los atractivos del libro».

Otro de los atractivos de Volverás a la Antártida son los retos fotográficos que Paco Gómez le propone a Hilo Moreno. Por ejemplo, recrear con sus compañeros de expedición, imágenes icónicas de la historia de la fotografía. Desde un retrato de Shakleton a una imagen de Tina Modotti tomada por Edward Weston o una imagen de Castro Prieto inspirada en Martín Chambi. Unas imágenes que son descritas con asombrosa exactitud por Gómez y que hacen que el lector se replantee eso de que «una imagen vale más que mil palabras».

«Todos mis libros contienen una apología de la fotografía. Intentan contagiar al lector el misterio por la imagen. Estoy convencido que la lectura es un vehículo que sirve para comunicar ideas con el objetivo de que se conviertan en imágenes. Toda novela que hemos leído la conservamos en nuestra memoria en forma de película, no de una secuencia de palabras. En los libros me gusta hacer descripciones pormenorizadas de imágenes que tenemos en la página de al lado. A veces está la descripción en el libro, pero la fotografía está ausente. Esto lo hago para que el lector construya la imagen con las claves de lectura que se le dan en otros ejemplos. Quiero generar la necesidad de visualizar la imagen que se describe. Que se despierte el ansia por la fotografía».


Sin embargo, en ocasiones, y a pesar de lo pormenorizadas de las descripciones de Gómez, Hilo Moreno es incapaz de comprender lo que su amigo le está pidiendo. Un fallo en la comunicación comparable a que se caiga la wifi.

«Todo acto de comunicación es incompleto. Principalmente por las limitaciones del lenguaje y por los mecanismos de descifrado de ese lenguaje, que dependen de la experiencia de cada uno de nosotros –explica Gómez–. De todas formas creo que la comunicación entre Hilo y yo fue muy fluida y eso creo que es porque nos emocionamos con cosas parecidas. En el libro se menciona al principio un caso de incomunicación, pero que está más pensado para poner el foco en la importancia del retoque fotográfico. Se quiere incidir y enseñar cómo se puede engañar al ojo para que viaje en una fotografía en una dirección determinada».

Además de la tecnología, para Volverás a la Antártida ha sido imprescindible que Hilo Moreno sea un hombre a caballo de los siglos XX y XXI con una considerable cultura visual. Un bagaje necesario para descodificar las instrucciones de Paco Gómez y poder enviar las imágenes solicitadas, y del que carecían los exploradores de siglos pasados.

«En la época de las grandes expediciones de finales del siglo XIX y principios del XX esto hubiera sido más complicado. Había un respeto por el acto fotográfico que, aunque empezaba a popularizarse, estaba en manos de profesionales. En la actualidad todos tratamos con imágenes a diario para relacionarlos. Nosotros proponemos en el libro un juego con la fotografía imitando esos actos banales. Intentamos utilizar el humor y la ironía. Pero no nos engañemos, hablamos de cosas profundas que esperamos que alguien entienda».


Entre las cosas profundas de las que hablan Paco Gómez e Hilo Moreno están el compañerismo, la amistad, la solidaridad, las relaciones interculturales, la soledad, el ecologismo y, por supuesto, la fotografía, la literatura y los viajes. Temas abordados con un talento especial que permite que el lector no solo sea consciente de ellos, sino que devore Volverás a la Antártida como haría con cualquier clásico de aventuras.

«Para ser buen narrador o buen fotógrafo está claro que el talento siempre viene bien. Otra cosa es que Hilo o yo tengamos talento. Nunca se sabe si se consigue con un libro transmitir la sensación que se pretende, eso depende de nosotros pero también del receptor. Lo único que puedo confirmar es que a mí el teléfono móvil me ha servido para viajar virtualmente a la Antártida. He sentido el frío y me he podido fijar en lo que me interesaba gracias a los ojos de Hilo. He podido mirar a izquierda y a derecha, y he hecho fotografías; fotografías que conservo y que son la prueba de que yo estuve allí».

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