26 de septiembre 2018    /   ENTRETENIMIENTO
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Los cielos azules de Anton Kusters que evocan el Holocausto

26 de septiembre 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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«Hace 75 años, los seres humanos lograron crear un sistema industrial para acabar, mermar y finalmente destruir a otros seres humanos. Hoy, 1.078 cielos azules silenciosos, fotografiados exactamente sobre cada coordenada donde tuvo lugar ese acto genocida, contienen la memoria colectiva y atestiguan el trauma del Holocausto».

The Blue Skies Project es un libro, una muestra y una instalación compuesta por 1.078 fotografías en formato polaroid. Anton Kusters produce imágenes abstractas de hermosos cielos azules, que pueden resultar inofensivas hasta el momento en el que el espectador depara en un pequeño pero decisivo detalle.

En la parte inferior de cada polaroid hay unos datos numéricos que corresponden a las coordenadas exactas de 1.078 lugares, que en el siglo pasado concentraron el terror y la desesperación de seis millones de personas.

Los cielos azules que retrata este fotógrafo belga son los que dominan los 1.078 campos de concentración que existieron en Europa en el siglo pasado. El mosaico que Kusters construye a partir de estas imágenes en sí mismas inocuas posee una fortísima carga simbólica.

Su trabajo, concebido como una instalación multimedia interactiva que incluye vídeo, audio y texto, se basa en una larga investigación que Kusters realizó a lo largo de cinco años. La lista exhaustiva de los escenarios del Holocausto fue divulgada por primera vez en 2009 con la publicación de la Enciclopedia de los campos y guetos, 1933-1945.

The Blue Skies Project es la traducción visual de este meticuloso trabajo de documentación, realizado por el United States Holocaust Memorial Museum.

Durante un lustro el artista visitó y fotografió de forma metódica cada localización, en la que hizo tres fotos polaroid. Posteriormente, cada imagen fue reproducida y archivada con el mayor cuidado.

«Un aspecto importante del trabajo es el paso del tiempo. Mediante el uso deliberado de imágenes polaroid, que por definición son frágiles y se desvanecen con el tiempo, se crea un enlace con el desvanecimiento de nuestra memoria colectiva y el acto de conservación que preserva esta memoria, ya que pronto no habrá más testigos directos y de primera mano del Holocausto», explica Kusters.

Este ensayo fotográfico nace como un desafío ante la dificultad de representar el trauma del genocidio judío perpetrado por los nazis. Al mismo tiempo, intenta abrir un espacio de reflexión en el que cada espectador puede escoger cómo recordar uno de los capítulos más crueles de la historia de la humanidad.

El interés de Kusters por el Holocausto surgió en 2007 con la muerte de su abuelo y tiene que ver con su pasado misterioso durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque no era judío ni miembro de la resistencia belga, Kusters relata que su abuelo fue incluido en las listas de deportación. En 1943 las SS fueron a buscarlo a su pequeña aldea. El abuelo consiguió huir la misma noche en que entraron a su casa y nunca fue capturado.

Sin embargo, antes de su muerte, Kusters nunca pudo preguntarle detalles sobre su aventura. Con el paso del tiempo, se creó un vínculo entre este pasado no resuelto y las especulaciones que surgieron en la cabeza del artista. ¿Qué habría ocurrido si su abuelo hubiese sido capturado? ¿A dónde le habrían llevado? ¿De qué habría podido sido testigo? ¿Qué habría recordado?

Cuando se sumergió en la vastísima documentación que existe sobre el Holocausto, el fotógrafo descubrió una abrumadora cantidad de campos de concentración. La geografía del genocidio resultó ser mucho más extendida de lo esperado. Kusters tomó consciencia de que había decenas de subcampos y centros más pequeños escondidos en el corazón de varios pueblos y ciudades.

Esta revelación le llevó a concebir un proyecto de largo alcance que incluye incluso una app para teléfonos móviles, que permite ubicar todos los campos de concentración en un mapa interactivo. La aplicación reconoce cada lugar y manda una alerta cada vez que la persona que la usa está próxima a una de las localizaciones, ofreciendo además datos sobre la historia y el número de víctimas.

Su ensayo tiene la clara la vocación de educar a los más jóvenes para que la memoria histórica del Holocausto permanezca viva e intacta.

‘The Blue Skies Project’ de Anton Kusters estará expuesto en Getxophoto, el Festival Internacional de Imagen, hasta el próximo 30 de septiembre.

«Hace 75 años, los seres humanos lograron crear un sistema industrial para acabar, mermar y finalmente destruir a otros seres humanos. Hoy, 1.078 cielos azules silenciosos, fotografiados exactamente sobre cada coordenada donde tuvo lugar ese acto genocida, contienen la memoria colectiva y atestiguan el trauma del Holocausto».

The Blue Skies Project es un libro, una muestra y una instalación compuesta por 1.078 fotografías en formato polaroid. Anton Kusters produce imágenes abstractas de hermosos cielos azules, que pueden resultar inofensivas hasta el momento en el que el espectador depara en un pequeño pero decisivo detalle.

En la parte inferior de cada polaroid hay unos datos numéricos que corresponden a las coordenadas exactas de 1.078 lugares, que en el siglo pasado concentraron el terror y la desesperación de seis millones de personas.

Los cielos azules que retrata este fotógrafo belga son los que dominan los 1.078 campos de concentración que existieron en Europa en el siglo pasado. El mosaico que Kusters construye a partir de estas imágenes en sí mismas inocuas posee una fortísima carga simbólica.

Su trabajo, concebido como una instalación multimedia interactiva que incluye vídeo, audio y texto, se basa en una larga investigación que Kusters realizó a lo largo de cinco años. La lista exhaustiva de los escenarios del Holocausto fue divulgada por primera vez en 2009 con la publicación de la Enciclopedia de los campos y guetos, 1933-1945.

The Blue Skies Project es la traducción visual de este meticuloso trabajo de documentación, realizado por el United States Holocaust Memorial Museum.

Durante un lustro el artista visitó y fotografió de forma metódica cada localización, en la que hizo tres fotos polaroid. Posteriormente, cada imagen fue reproducida y archivada con el mayor cuidado.

«Un aspecto importante del trabajo es el paso del tiempo. Mediante el uso deliberado de imágenes polaroid, que por definición son frágiles y se desvanecen con el tiempo, se crea un enlace con el desvanecimiento de nuestra memoria colectiva y el acto de conservación que preserva esta memoria, ya que pronto no habrá más testigos directos y de primera mano del Holocausto», explica Kusters.

Este ensayo fotográfico nace como un desafío ante la dificultad de representar el trauma del genocidio judío perpetrado por los nazis. Al mismo tiempo, intenta abrir un espacio de reflexión en el que cada espectador puede escoger cómo recordar uno de los capítulos más crueles de la historia de la humanidad.

El interés de Kusters por el Holocausto surgió en 2007 con la muerte de su abuelo y tiene que ver con su pasado misterioso durante la Segunda Guerra Mundial. Aunque no era judío ni miembro de la resistencia belga, Kusters relata que su abuelo fue incluido en las listas de deportación. En 1943 las SS fueron a buscarlo a su pequeña aldea. El abuelo consiguió huir la misma noche en que entraron a su casa y nunca fue capturado.

Sin embargo, antes de su muerte, Kusters nunca pudo preguntarle detalles sobre su aventura. Con el paso del tiempo, se creó un vínculo entre este pasado no resuelto y las especulaciones que surgieron en la cabeza del artista. ¿Qué habría ocurrido si su abuelo hubiese sido capturado? ¿A dónde le habrían llevado? ¿De qué habría podido sido testigo? ¿Qué habría recordado?

Cuando se sumergió en la vastísima documentación que existe sobre el Holocausto, el fotógrafo descubrió una abrumadora cantidad de campos de concentración. La geografía del genocidio resultó ser mucho más extendida de lo esperado. Kusters tomó consciencia de que había decenas de subcampos y centros más pequeños escondidos en el corazón de varios pueblos y ciudades.

Esta revelación le llevó a concebir un proyecto de largo alcance que incluye incluso una app para teléfonos móviles, que permite ubicar todos los campos de concentración en un mapa interactivo. La aplicación reconoce cada lugar y manda una alerta cada vez que la persona que la usa está próxima a una de las localizaciones, ofreciendo además datos sobre la historia y el número de víctimas.

Su ensayo tiene la clara la vocación de educar a los más jóvenes para que la memoria histórica del Holocausto permanezca viva e intacta.

‘The Blue Skies Project’ de Anton Kusters estará expuesto en Getxophoto, el Festival Internacional de Imagen, hasta el próximo 30 de septiembre.

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