15 de enero 2020    /   CIENCIA
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Anya Bernstein: «En Rusia el transhumanismo es un proyecto colectivo que considera que la inmortalidad es un derecho universal»

15 de enero 2020    /   CIENCIA     por          
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El comunismo es una utopía de andar por casa al lado de la que se gestó en Rusia a finales del siglo XIX y en los albores del XX. La ideología pata negra era la de los inmortalistas biocósmicos. Los que estaban hartos de vivir asfixiados por el espacio-tiempo. Tras la revolución, pronto perdieron la fe en los bolcheviques cuando el socialismo no dio solución al mayor de sus problemas: la inmortalidad.

Les siguieron múltiples escuelas y ahora hay un movimiento transhumanista ruso que no solo no ha abandonado el sueño de la inmortalidad, sino que cree que actualmente es más fácil de conseguir por los avances tecnológicos. Anya Bernstein, profesora del departamento de Antropología de Harvard, los ha estudiado en su libro The Future of Immortality: Remaking Life and Death in Contemporary Russia (Princeton University Press, 2019) No se preocupe, lector, si no está vivo cuando el ser humano pueda ser inmortal; estos activistas también trabajan en la resurrección de los muertos.

En Occidente la idea de que la inmortalidad tal vez fuese posible empezó a circular en los sesenta, pero en Rusia, en el siglo XIX.

Hay que especificar antes a qué clase de inmortalidad nos referimos. De la que hablo en mi libro es una que tiene que ver con la tecnología y con la ciencia. La inmortalidad relacionada con el alma o el espíritu, como en las religiones tradicionales, es diferente. Yo estudio la inmortalidad por medios técnico-científicos, que en Rusia, y es algo que me sorprendió cuando inicié mi investigación, está presente desde el siglo XIX.

La palabra transhumanismo no se empleó hasta finales de los noventa y principios de 2000, pero su significado lo empezó a tratar Nikolai Fiódorov más de cien años antes. Fue el primero en Rusia en hablar del tema y probablemente de todo el mundo. 

Los poshumanistas creen que la Ilustración ha llegado demasiado lejos y los transhumanistas entienden que no ha llegado todo lo lejos que debería

Fiódorov era un filósofo cristiano ortodoxo ruso, un asceta que vivía de forma muy modesta. Donó todo su dinero y trabajó en una biblioteca. Tuvo gran relevancia en su época, influenció a toda Rusia y despertó mucho interés en escritores como Tolstói o Dostoyevsky. Sin embargo, es ahora cuando empieza a saberse de él globalmente.

Su gran teoría era que la cristiandad no debía esperar a que Dios resucitase a la gente, sino que la gente debía ayudar a Dios a resucitar a los que ya no están con todo lo que tenemos a nuestra disposición. En el siglo XIX ya vio cuál era la magnitud del progreso y los descubrimientos científicos. La resurrección fue lo más importante para él, pero luego teorizó también sobre el inmortalismo. La idea de conseguir la inmortalidad a través de la ciencia. 

Anya Berstein habla del transhumanismo y el derecho a la inmortalidad

Empiezas el libro contando tu experiencia en una manifestación actual de seguidores rusos de Fiódorov…

Están muy movilizados. En Moscú y en San Petersburgo se les conoce. Aunque generalmente aparezcan en medios sensacionalistas, tienen debates con la Iglesia ortodoxa con regularidad. El hecho de que esta institución les tenga en cuenta, aunque no comparta sus tesis, les da más relevancia. Su tarea es llamar la atención del gobierno sobre sus objetivos, aunque sean demasiado utópicos. Quieren que la población tome conciencia de que mediante la criobiología, el trasplante de órganos o la ingeniería genética se puede alargar radicalmente la vida. 

En la manifestación en la que estuve hablaron dos mujeres, Anastasia Gacheva y Valerija Pride, una muy religiosa y la otra no. Esto es muy interesante, porque Fiódorov defendía que en la humanidad, creyentes y no creyentes debían unirse para alcanzar una causa mayor. Valerija y Anastasia, que tienen edades similares, no podían ser más distintas, pero hablaron seguidas en la manifestación. Una presentó a la otra, se llevan muy bien. Eran la encarnación del sueño de Fiódorov.

Otro gran personaje ruso en este campo fue Alexander Bogdanov.

Tiene varias facetas. Fue un filósofo, un revolucionario hasta que rompió con Lenin y escritor de ciencia ficción. Su libro Estrella roja tuvo mucho éxito, en él escribe sobre una sociedad utópica en Marte que descubre cómo rejuvenecer intercambiando la sangre entre ellos. Lo curioso es que él probó su idea en la vida real. Creía que intercambiar sangre entre viejos y jóvenes serviría para que unos rejuvenecieran y otros obtuviesen más inmunidad. Su utopía era el colectivismo fisiológico. Ahora en Silicon Valley pretenden hacer algo similar, pero no tiene nada que ver.

En el siglo XX se probó en ratones que si uno viejo y uno joven compartían sangre mediante transfusiones rejuvenecía el más mayor. La técnica se llama parabiosis y la están empleando algunos millonarios en California, pero Bogdanov buscaba el beneficio mutuo, unir a la gente a través de sus fluidos. Se hizo las transfusiones él mismo. Fueron diez y murió en la undécima, pero es muy curioso, su laboratorio le sobrevivió y Rusia se convirtió en uno de los primeros países con bancos de sangre para transfusiones. 

En Rusia visitaste la empresa KrioRus.

Es una de las tres compañías de crionización que hay en el mundo con capacidad de almacenamiento y la única que hay en Rusia. Las otras dos están en Estados Unidos, en Arizona y Michigan. Creo que en Corea pronto habrá otra. Estas empresas dan servicio a la gente que cree en la posible utilidad de congelar su cuerpo. Digo posible porque muchas veces acusan a estas compañías de engañar a la gente, pero no es cierto que lo hagan. Ellas dicen que ahora mismo no hay tecnología para devolverte a la vida, pero si la hay algún día, posiblemente sea mejor estar congelado que incinerado o enterrado. 

Aparte de creer que funcionará algún día, también tienes que poder permitírtelo, porque no es barato. Conservar el cuerpo entero cuesta en torno a 36.000 dólares y solo el cerebro entre 12 y 15.000. El gran problema que se encuentran es que solo pueden crionizar a alguien si tienen un certificado de muerte oficial. No está permitido congelar a nadie que no esté legalmente muerto. Necesitan la firma del médico y que no le practiquen la autopsia a tu cuerpo.

La propia empresa te da unas indicaciones para que dejes en tus voluntades que por tus creencias religiosas rechazas que se te haga cualquier tipo de autopsia. Además, también necesitas asegurarte de que la empresa consiga tu cuerpo lo más rápido posible. 

Otro camino hacia la eternidad de la que hablas es la inmortalidad digital, mind uploading.

Esta creencia está muy extendida, no solo en Rusia, también en Estados Unidos. Es una idea dualista que se basa en que mente y cuerpo se pueden separar, que se puede extraer la consciencia del cerebro y recoger en otro soporte. Así, tu mente pasaría a existir en el ciberespacio o en la nube. Muchos transhumanistas creen en esta idea, que ha sido también muy difundida en la cultura popular. 

En series como Years and Years o Black Mirror, con el capítulo tan famoso de San Junipero.

En Black Mirror se trata en varios capítulos, no solo en ese. En muchos separan la consciencia del cuerpo, pero siempre con enfoques muy dark, un poco pesimistas. En Years and Years vi el primer capítulo, cuando la chica dice que quiere convertirse en datos, que la saquen de su cuerpo y la suban a la nube. Eso sería un ejemplo clarísimo de mind uploading

Nikolái Fiódorov fue una de las primeras personas que dijo que teníamos que marcharnos de este planeta

¿Qué diferencia hay entre poshumanos y transhumanos?

El término poshumano lo utilizan los poshumanistas y los transhumanistas para referirse a los humanos del futuro. Sin embargo, el transhumanismo es un movimiento social y político con unos objetivos claros e incluso partidos políticos. Mientras que el poshumanismo es una corriente académica, una escuela de pensamiento crítico sobre el humanismo. Los poshumanistas creen que, de alguna manera, el humanismo, la corriente filosófica propia de los siglos XIV y XV, les falló.

El hecho de situar al ser humano en el centro, desplazando a los animales y el medioambiente, ha traído, creen, entre otros problemas, enfermedades y catástrofes ambientales. Los transhumanistas, en cambio, piensan que el humanismo puede tener algunos fallos, pero es fundamentalmente una idea positiva. Se ven a sí mismos como humanistas, pero un paso más allá. Como han explicado los académicos Veronika Lipinska y Steve Fuller, los poshumanistas creen que la Ilustración ha llegado demasiado lejos y los transhumanistas entienden que no ha llegado todo lo lejos que debiera. 

Anya Berstein habla del transhumanismo y el derecho a la inmortalidad
Fotograma de ‘Black Mirror – San Junipero’

Citas que Anastasia Gacheva sostiene que el comunismo no funcionó porque el hombre, al ser mortal, nunca puede ser feliz. El comunismo, dice, falló no porque fuese demasiado utópico, sino porque no lo era lo suficiente.

Esas las declaraciones hay que verlas en su contexto. Se encontraba delante de una estatua enorme de Karl Marx, en una plaza donde se celebran muchos mítines. En ese momento, estaba señalando a Marx como un recurso retórico. Una crítica muy habitual al sistema comunista es que era demasiado utópico y que la humanidad no estaba lista para algo así. Ella sentenció que no, que en realidad no era lo suficientemente utópico porque no pretendía resolver el problema más importante, que es el de la muerte. 

No en vano, a principios del siglo XX, los seguidores de Fiódorov se reunían en círculos de inmortalistas biocósmicos que apoyaban la revolución de octubre a su manera. Estaban en contra de la propiedad privada y la tiranía, pero exigían que la revolución solucionase también el problema del espacio-tiempo, que era mucho más importante que las otras contingencias. No soportaban que los humanos viviesen un número limitado de años y no pudieran recorrer grandes distancias en el espacio. 

Escribes en el libro que había una gran debate entre ellos sobre si era lícito explorar el espacio si no se había conseguido aún la inmortalidad.

No fue propiamente un debate, lo leí en un foro y lo tomé como percha para mi estudio, para poner de relevancia que existía esa polémica. El usuario se preguntaba cómo íbamos a trabajar en la exploración del espacio si todavía no habíamos resuelto el problema de la muerte. Volviendo a Fiódorov, él fue el primero que empezó a hablar de resurrección e inmortalidad por medios tecnocientíficos y también de la exploración del espacio.

Fue una de las primeras personas en Rusia y, de nuevo, probablemente también del mundo, que dijo que teníamos que marcharnos de este planeta. Los transhumanistas coinciden con los fiodorovianos en que podemos conseguir las dos cosas a la vez, pero aquí se citaba a un biólogo de los años cincuenta que, como metáfora, dijo que si una mosca quiere cruzar el océano, con sus pocos días de vida, no puede hacerlo. Se quejan de que no podemos enfrentarnos al problema del espacio sin haber resuelto lo esencial. Lo primero es la inmortalidad. 

Conservar un cuerpo entero cuesta en torno a 36.000 dólares y solo el cerebro entre 12.000 y 15.000. Estas empresas dicen que ahora mismo no hay tecnología para devolverte a la vida, pero si la hay algún día, posiblemente sea mejor estar congelado que incinerado o enterrado

¿Por qué te sorprendió el equilibrio de género entre los inmortalistas rusos?

Yo no me sorprendí, pero vivo en Estados Unidos, donde los transhumanistas tienen la imagen de ser en su mayoría hombres, blancos, jóvenes y generalmente ricos. En mi libro comenté que esto no tiene por qué ser así necesariamente. En Rusia el movimiento está liderado por muchas mujeres; los seguidores no todos son hombres, no son ricos, de hecho, algunos distan mucho de ser ricos, y no son jóvenes. Solo quería subrayar que el transhumanista ruso es un contrapunto al de Silicon Valley. 

También hay diferencias políticas. En Rusia el transhumanismo es un proyecto colectivo, no buscan la inmortalidad solo para sí mismos. La resurrección está presente. Quieren devolver la vida a los muertos. Piensan que trabajaron muy duro para que nos encontremos donde hemos llegado y no es justo que no estén. Consideran que la inmortalidad es un derecho, están presionando al gobierno para que sea un derecho universal como la sanidad pública. 

Por el contrario, entre los estadounidenses los hay que piensan en la inmortalidad como algo individual; hay muchos transhumanistas libertarios y el debate de los derechos ni se lo plantean. La verdad es que sería estéril discutir cómo proveer de inmortalidad a millones de personas en un país en el que hay tanta gente que no tiene seguro médico siquiera. Aunque no generalizaría, también hay un transhumanismo democrático en Estados Unidos, como en Francia, que se denominan a sí mismos tecnoprogresistas. 

Un círculo transhumanista exige que el envejecimiento se trate como una enfermedad.

Dicen que no solo hay que tratar enfermedades como el Alzheimer relacionadas con envejecer, sino la peor enfermedad: el envejecimiento. No obstante, he hablado con expertos en biogerontología y tienen un debate científico, todavía no están de acuerdo en qué es lo que le pasa al cuerpo con la edad. Estos transhumanistas, en un aspecto más práctico que teórico, se quejan de que todo lo que te puedes tomar antiedad no son más que suplementos. Quieren que haya medicamentos contra la enfermedad del envejecimiento y cuya eficacia sea comprobada por las agencias oficiales.

Háblame del proyecto NeuroNet.

Se considera que Rusia llegó tan lejos en la carrera espacial porque empezó desde el principio. Ahora demandan que el Estado impulse la neurotecnología. Si las tecnologías que permiten conectar el cerebro al ordenador avanzan, podríamos acercarnos a la conciencia colectiva, algo que permita el mind uploading. Para sus partidarios, todo esto no sería un avance tecnológico, sino evolutivo.

La utopía es que si unimos las mentes mediante conexiones cerebro a cerebro, desaparecerán todas las discrepancias y diferencias humanas y llegaríamos a un siguiente nivel. Hablan de una evolución más espiritual que biológica. 

También hay unos transhumanistas que entienden que cuantos más datos dejes sobre ti, más posibilidades tendrán en el futuro de digitalizarte. Entrevisté a algunos, como Igor Trapeznikov, y estaban grabándose todo el tiempo. Lo hacen muy seriamente, registran todo lo que hacen y dicen y lo suben a la nube cada día para que quede una base de datos de sí mismos para el futuro. 

Otros proyectos que explicas tratan de que puedas comunicarte después de estar muerto.

Esto ya no es tanto en Rusia, es más en Silicon Valley. Hay muchas start-ups, como la que menciono en el libro, eterni.me, que proponen la gestión de tu legado digital después de la muerte, incluso crear un avatar que hablará con tus nietos cuando ya no estés. En Black Mirror hubo un episodio sobre esto. 

De todos estos proyectos para la inmortalidad, ¿cuál ves más viable?

Confío en la ingeniería genética, que se está desarrollando muy rápido. Lo más difícil me parece la inmortalidad digital. Si no entendemos lo que es la conciencia ni sabemos cómo está relacionada con el cuerpo, lo veo complicado mientras no se resuelva qué es la identidad y qué es la mente. La criobiología, en cambio, ha avanzado mucho.

Podemos enfriar a la gente para reanimarla, se está intentando congelar órganos, se congelan embriones. Otra podría ser la comunicación directa del cerebro con ordenadores. Ya se ha visto que con implantes los paralíticos pueden mover miembros robóticos. Hay mucha esperanza en el desarrollo de esta tecnología. Estamos en un proceso constante de redefinición de la muerte gracias a las nuevas tecnologías.

El comunismo es una utopía de andar por casa al lado de la que se gestó en Rusia a finales del siglo XIX y en los albores del XX. La ideología pata negra era la de los inmortalistas biocósmicos. Los que estaban hartos de vivir asfixiados por el espacio-tiempo. Tras la revolución, pronto perdieron la fe en los bolcheviques cuando el socialismo no dio solución al mayor de sus problemas: la inmortalidad.

Les siguieron múltiples escuelas y ahora hay un movimiento transhumanista ruso que no solo no ha abandonado el sueño de la inmortalidad, sino que cree que actualmente es más fácil de conseguir por los avances tecnológicos. Anya Bernstein, profesora del departamento de Antropología de Harvard, los ha estudiado en su libro The Future of Immortality: Remaking Life and Death in Contemporary Russia (Princeton University Press, 2019) No se preocupe, lector, si no está vivo cuando el ser humano pueda ser inmortal; estos activistas también trabajan en la resurrección de los muertos.

En Occidente la idea de que la inmortalidad tal vez fuese posible empezó a circular en los sesenta, pero en Rusia, en el siglo XIX.

Hay que especificar antes a qué clase de inmortalidad nos referimos. De la que hablo en mi libro es una que tiene que ver con la tecnología y con la ciencia. La inmortalidad relacionada con el alma o el espíritu, como en las religiones tradicionales, es diferente. Yo estudio la inmortalidad por medios técnico-científicos, que en Rusia, y es algo que me sorprendió cuando inicié mi investigación, está presente desde el siglo XIX.

La palabra transhumanismo no se empleó hasta finales de los noventa y principios de 2000, pero su significado lo empezó a tratar Nikolai Fiódorov más de cien años antes. Fue el primero en Rusia en hablar del tema y probablemente de todo el mundo. 

Los poshumanistas creen que la Ilustración ha llegado demasiado lejos y los transhumanistas entienden que no ha llegado todo lo lejos que debería

Fiódorov era un filósofo cristiano ortodoxo ruso, un asceta que vivía de forma muy modesta. Donó todo su dinero y trabajó en una biblioteca. Tuvo gran relevancia en su época, influenció a toda Rusia y despertó mucho interés en escritores como Tolstói o Dostoyevsky. Sin embargo, es ahora cuando empieza a saberse de él globalmente.

Su gran teoría era que la cristiandad no debía esperar a que Dios resucitase a la gente, sino que la gente debía ayudar a Dios a resucitar a los que ya no están con todo lo que tenemos a nuestra disposición. En el siglo XIX ya vio cuál era la magnitud del progreso y los descubrimientos científicos. La resurrección fue lo más importante para él, pero luego teorizó también sobre el inmortalismo. La idea de conseguir la inmortalidad a través de la ciencia. 

Anya Berstein habla del transhumanismo y el derecho a la inmortalidad

Empiezas el libro contando tu experiencia en una manifestación actual de seguidores rusos de Fiódorov…

Están muy movilizados. En Moscú y en San Petersburgo se les conoce. Aunque generalmente aparezcan en medios sensacionalistas, tienen debates con la Iglesia ortodoxa con regularidad. El hecho de que esta institución les tenga en cuenta, aunque no comparta sus tesis, les da más relevancia. Su tarea es llamar la atención del gobierno sobre sus objetivos, aunque sean demasiado utópicos. Quieren que la población tome conciencia de que mediante la criobiología, el trasplante de órganos o la ingeniería genética se puede alargar radicalmente la vida. 

En la manifestación en la que estuve hablaron dos mujeres, Anastasia Gacheva y Valerija Pride, una muy religiosa y la otra no. Esto es muy interesante, porque Fiódorov defendía que en la humanidad, creyentes y no creyentes debían unirse para alcanzar una causa mayor. Valerija y Anastasia, que tienen edades similares, no podían ser más distintas, pero hablaron seguidas en la manifestación. Una presentó a la otra, se llevan muy bien. Eran la encarnación del sueño de Fiódorov.

Otro gran personaje ruso en este campo fue Alexander Bogdanov.

Tiene varias facetas. Fue un filósofo, un revolucionario hasta que rompió con Lenin y escritor de ciencia ficción. Su libro Estrella roja tuvo mucho éxito, en él escribe sobre una sociedad utópica en Marte que descubre cómo rejuvenecer intercambiando la sangre entre ellos. Lo curioso es que él probó su idea en la vida real. Creía que intercambiar sangre entre viejos y jóvenes serviría para que unos rejuvenecieran y otros obtuviesen más inmunidad. Su utopía era el colectivismo fisiológico. Ahora en Silicon Valley pretenden hacer algo similar, pero no tiene nada que ver.

En el siglo XX se probó en ratones que si uno viejo y uno joven compartían sangre mediante transfusiones rejuvenecía el más mayor. La técnica se llama parabiosis y la están empleando algunos millonarios en California, pero Bogdanov buscaba el beneficio mutuo, unir a la gente a través de sus fluidos. Se hizo las transfusiones él mismo. Fueron diez y murió en la undécima, pero es muy curioso, su laboratorio le sobrevivió y Rusia se convirtió en uno de los primeros países con bancos de sangre para transfusiones. 

En Rusia visitaste la empresa KrioRus.

Es una de las tres compañías de crionización que hay en el mundo con capacidad de almacenamiento y la única que hay en Rusia. Las otras dos están en Estados Unidos, en Arizona y Michigan. Creo que en Corea pronto habrá otra. Estas empresas dan servicio a la gente que cree en la posible utilidad de congelar su cuerpo. Digo posible porque muchas veces acusan a estas compañías de engañar a la gente, pero no es cierto que lo hagan. Ellas dicen que ahora mismo no hay tecnología para devolverte a la vida, pero si la hay algún día, posiblemente sea mejor estar congelado que incinerado o enterrado. 

Aparte de creer que funcionará algún día, también tienes que poder permitírtelo, porque no es barato. Conservar el cuerpo entero cuesta en torno a 36.000 dólares y solo el cerebro entre 12 y 15.000. El gran problema que se encuentran es que solo pueden crionizar a alguien si tienen un certificado de muerte oficial. No está permitido congelar a nadie que no esté legalmente muerto. Necesitan la firma del médico y que no le practiquen la autopsia a tu cuerpo.

La propia empresa te da unas indicaciones para que dejes en tus voluntades que por tus creencias religiosas rechazas que se te haga cualquier tipo de autopsia. Además, también necesitas asegurarte de que la empresa consiga tu cuerpo lo más rápido posible. 

Otro camino hacia la eternidad de la que hablas es la inmortalidad digital, mind uploading.

Esta creencia está muy extendida, no solo en Rusia, también en Estados Unidos. Es una idea dualista que se basa en que mente y cuerpo se pueden separar, que se puede extraer la consciencia del cerebro y recoger en otro soporte. Así, tu mente pasaría a existir en el ciberespacio o en la nube. Muchos transhumanistas creen en esta idea, que ha sido también muy difundida en la cultura popular. 

En series como Years and Years o Black Mirror, con el capítulo tan famoso de San Junipero.

En Black Mirror se trata en varios capítulos, no solo en ese. En muchos separan la consciencia del cuerpo, pero siempre con enfoques muy dark, un poco pesimistas. En Years and Years vi el primer capítulo, cuando la chica dice que quiere convertirse en datos, que la saquen de su cuerpo y la suban a la nube. Eso sería un ejemplo clarísimo de mind uploading

Nikolái Fiódorov fue una de las primeras personas que dijo que teníamos que marcharnos de este planeta

¿Qué diferencia hay entre poshumanos y transhumanos?

El término poshumano lo utilizan los poshumanistas y los transhumanistas para referirse a los humanos del futuro. Sin embargo, el transhumanismo es un movimiento social y político con unos objetivos claros e incluso partidos políticos. Mientras que el poshumanismo es una corriente académica, una escuela de pensamiento crítico sobre el humanismo. Los poshumanistas creen que, de alguna manera, el humanismo, la corriente filosófica propia de los siglos XIV y XV, les falló.

El hecho de situar al ser humano en el centro, desplazando a los animales y el medioambiente, ha traído, creen, entre otros problemas, enfermedades y catástrofes ambientales. Los transhumanistas, en cambio, piensan que el humanismo puede tener algunos fallos, pero es fundamentalmente una idea positiva. Se ven a sí mismos como humanistas, pero un paso más allá. Como han explicado los académicos Veronika Lipinska y Steve Fuller, los poshumanistas creen que la Ilustración ha llegado demasiado lejos y los transhumanistas entienden que no ha llegado todo lo lejos que debiera. 

Anya Berstein habla del transhumanismo y el derecho a la inmortalidad
Fotograma de ‘Black Mirror – San Junipero’

Citas que Anastasia Gacheva sostiene que el comunismo no funcionó porque el hombre, al ser mortal, nunca puede ser feliz. El comunismo, dice, falló no porque fuese demasiado utópico, sino porque no lo era lo suficiente.

Esas las declaraciones hay que verlas en su contexto. Se encontraba delante de una estatua enorme de Karl Marx, en una plaza donde se celebran muchos mítines. En ese momento, estaba señalando a Marx como un recurso retórico. Una crítica muy habitual al sistema comunista es que era demasiado utópico y que la humanidad no estaba lista para algo así. Ella sentenció que no, que en realidad no era lo suficientemente utópico porque no pretendía resolver el problema más importante, que es el de la muerte. 

No en vano, a principios del siglo XX, los seguidores de Fiódorov se reunían en círculos de inmortalistas biocósmicos que apoyaban la revolución de octubre a su manera. Estaban en contra de la propiedad privada y la tiranía, pero exigían que la revolución solucionase también el problema del espacio-tiempo, que era mucho más importante que las otras contingencias. No soportaban que los humanos viviesen un número limitado de años y no pudieran recorrer grandes distancias en el espacio. 

Escribes en el libro que había una gran debate entre ellos sobre si era lícito explorar el espacio si no se había conseguido aún la inmortalidad.

No fue propiamente un debate, lo leí en un foro y lo tomé como percha para mi estudio, para poner de relevancia que existía esa polémica. El usuario se preguntaba cómo íbamos a trabajar en la exploración del espacio si todavía no habíamos resuelto el problema de la muerte. Volviendo a Fiódorov, él fue el primero que empezó a hablar de resurrección e inmortalidad por medios tecnocientíficos y también de la exploración del espacio.

Fue una de las primeras personas en Rusia y, de nuevo, probablemente también del mundo, que dijo que teníamos que marcharnos de este planeta. Los transhumanistas coinciden con los fiodorovianos en que podemos conseguir las dos cosas a la vez, pero aquí se citaba a un biólogo de los años cincuenta que, como metáfora, dijo que si una mosca quiere cruzar el océano, con sus pocos días de vida, no puede hacerlo. Se quejan de que no podemos enfrentarnos al problema del espacio sin haber resuelto lo esencial. Lo primero es la inmortalidad. 

Conservar un cuerpo entero cuesta en torno a 36.000 dólares y solo el cerebro entre 12.000 y 15.000. Estas empresas dicen que ahora mismo no hay tecnología para devolverte a la vida, pero si la hay algún día, posiblemente sea mejor estar congelado que incinerado o enterrado

¿Por qué te sorprendió el equilibrio de género entre los inmortalistas rusos?

Yo no me sorprendí, pero vivo en Estados Unidos, donde los transhumanistas tienen la imagen de ser en su mayoría hombres, blancos, jóvenes y generalmente ricos. En mi libro comenté que esto no tiene por qué ser así necesariamente. En Rusia el movimiento está liderado por muchas mujeres; los seguidores no todos son hombres, no son ricos, de hecho, algunos distan mucho de ser ricos, y no son jóvenes. Solo quería subrayar que el transhumanista ruso es un contrapunto al de Silicon Valley. 

También hay diferencias políticas. En Rusia el transhumanismo es un proyecto colectivo, no buscan la inmortalidad solo para sí mismos. La resurrección está presente. Quieren devolver la vida a los muertos. Piensan que trabajaron muy duro para que nos encontremos donde hemos llegado y no es justo que no estén. Consideran que la inmortalidad es un derecho, están presionando al gobierno para que sea un derecho universal como la sanidad pública. 

Por el contrario, entre los estadounidenses los hay que piensan en la inmortalidad como algo individual; hay muchos transhumanistas libertarios y el debate de los derechos ni se lo plantean. La verdad es que sería estéril discutir cómo proveer de inmortalidad a millones de personas en un país en el que hay tanta gente que no tiene seguro médico siquiera. Aunque no generalizaría, también hay un transhumanismo democrático en Estados Unidos, como en Francia, que se denominan a sí mismos tecnoprogresistas. 

Un círculo transhumanista exige que el envejecimiento se trate como una enfermedad.

Dicen que no solo hay que tratar enfermedades como el Alzheimer relacionadas con envejecer, sino la peor enfermedad: el envejecimiento. No obstante, he hablado con expertos en biogerontología y tienen un debate científico, todavía no están de acuerdo en qué es lo que le pasa al cuerpo con la edad. Estos transhumanistas, en un aspecto más práctico que teórico, se quejan de que todo lo que te puedes tomar antiedad no son más que suplementos. Quieren que haya medicamentos contra la enfermedad del envejecimiento y cuya eficacia sea comprobada por las agencias oficiales.

Háblame del proyecto NeuroNet.

Se considera que Rusia llegó tan lejos en la carrera espacial porque empezó desde el principio. Ahora demandan que el Estado impulse la neurotecnología. Si las tecnologías que permiten conectar el cerebro al ordenador avanzan, podríamos acercarnos a la conciencia colectiva, algo que permita el mind uploading. Para sus partidarios, todo esto no sería un avance tecnológico, sino evolutivo.

La utopía es que si unimos las mentes mediante conexiones cerebro a cerebro, desaparecerán todas las discrepancias y diferencias humanas y llegaríamos a un siguiente nivel. Hablan de una evolución más espiritual que biológica. 

También hay unos transhumanistas que entienden que cuantos más datos dejes sobre ti, más posibilidades tendrán en el futuro de digitalizarte. Entrevisté a algunos, como Igor Trapeznikov, y estaban grabándose todo el tiempo. Lo hacen muy seriamente, registran todo lo que hacen y dicen y lo suben a la nube cada día para que quede una base de datos de sí mismos para el futuro. 

Otros proyectos que explicas tratan de que puedas comunicarte después de estar muerto.

Esto ya no es tanto en Rusia, es más en Silicon Valley. Hay muchas start-ups, como la que menciono en el libro, eterni.me, que proponen la gestión de tu legado digital después de la muerte, incluso crear un avatar que hablará con tus nietos cuando ya no estés. En Black Mirror hubo un episodio sobre esto. 

De todos estos proyectos para la inmortalidad, ¿cuál ves más viable?

Confío en la ingeniería genética, que se está desarrollando muy rápido. Lo más difícil me parece la inmortalidad digital. Si no entendemos lo que es la conciencia ni sabemos cómo está relacionada con el cuerpo, lo veo complicado mientras no se resuelva qué es la identidad y qué es la mente. La criobiología, en cambio, ha avanzado mucho.

Podemos enfriar a la gente para reanimarla, se está intentando congelar órganos, se congelan embriones. Otra podría ser la comunicación directa del cerebro con ordenadores. Ya se ha visto que con implantes los paralíticos pueden mover miembros robóticos. Hay mucha esperanza en el desarrollo de esta tecnología. Estamos en un proceso constante de redefinición de la muerte gracias a las nuevas tecnologías.

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Opiniones 1
  • al final todo se convierte en derecho huimano salvo el derecho al afecto y al amor
    esto es tabu…y si lo tuvieramos lo demas no seria tan importante ni necesario de concretar
    Se declara dcho humano incluso la religion…pero no el afecto ni el amor

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