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5 de octubre 2011    /   CREATIVIDAD
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Aquí Manuel Maqueda, un emprendedor radical (y que cunda el ejemplo)

5 de octubre 2011    /   CREATIVIDAD     por          
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Cuando los poderosos equipararon el adjetivo radical a algo negativo, ganaron una batalla. No está, sin embargo, todo perdido. Todavía hay quien intenta que el término se aplique a aquellos ansiosos por un cambio ante una situación sangrante e insostenible y que esto no implique necesariamente preparar cócteles Molotov en el sótano. Manuel Maqueda es uno de estos radicales que piensa que la forma de crear y desarrollar empresas tendría que haber cambiado hace mucho tiempo. Ayer lo contó en la experiencia Open Green del EOI, en SIMO 2011.

Maqueda reaccciona cuando le llaman radical poniendo un caso sobre la mesa. «El 90% de los neonatos tiene YA productos químicos asociados al plástico en su flujo sanguíneo. Ninguno de nuestros hijos va a conocer una playa sin plásticos. La creación de ese material sí que es algo radical». Entre otras cosas, es por eso por lo que se pone enfermo cuando ve envases de plásticos rondando a su alrededor. «El plástico es un material que dura entre 700 y 1.000 años. No entiendo cómo se emplea en objetos que se emplean una o dos veces, como botellines o bolsas de plástico».
El mundo empresarial tiene, como todo, por otro lado, un asqueroso halo en el que se justifica y permite cualquier cosa si el balance de resultados arroja beneficios. Al triunfador se le cataloga de esa manera cuanto mayor es el calibre de los cigarros puros de su tabaquera y, en muchos casos, da absolutamente igual el camino que se haya tomado para alcanzar los objetivos. Para Manuel Maqueda, graduado en Macroeconomía, emprendedor y fundador de diversas ONGs y residente en California, la ética importa tanto como el debe y el haber. «La idea del emprendimiento verde o social no es una opción. Es la única opción. Estamos intentando experimentar cómo meter mensajes de responsabilidad social en el mundo empresarial. Es el primer paso, pero no es suficiente», contó.
Maqueda embistió directamente contra mucha de la vacua palabrería que emplean hoy en día las corporaciones para justificar ante sus clientes su comportamiento. «Muchas de las iniciativas verdes que vemos son puro marketing. No hay iniciativas inmediatas que funcionen. Tenemos que surcar un sendero a largo plazo y deberíamos haber empezado hace mucho», dijo.
Manuel Maqueda, aboga por pasar del emprendimiento social y optar directamente por el emprendimiento radical, puso el foco sobre la realidad que estamos viviendo en este momento, una realidad empresarial que paasrá una grave factura las próximas generaciones. «Este modelo no va a funcionar, esta muy claro. Se contabilizan cada año 25 mil millones de toneladas de residuos electrónicos. Todos tenemos en casa el típico cajón desastre lleno de teléfonos viejos y cargadores. ¿Dónde va la basura electrónica? Ghana, Nigeria, Pakistán… Allí hay niños abriendo y quemando estos aparatos sin protección para buscar los metales. ¿Qué le diríamos a estos niños si los tuviéramos hoy delante? ¿Qué les dirían estas empresas?», lamentó.
El economista continuó recordando que el cambio de conciencia es un asunto de todos. «Yo he venid a dar esta charla en avión. He contribuido a lo mal que está el planeta. Por eso no quiero señalar a nadie sino poner sobre la mesa el problema. Todos disfrutamos de estos productos», señaló. «Alguien tiene que alzar la voz y poner sobre la mesa la existente desregulación acerca del tratamiento de residuos electrónicos».
 

Cuando los poderosos equipararon el adjetivo radical a algo negativo, ganaron una batalla. No está, sin embargo, todo perdido. Todavía hay quien intenta que el término se aplique a aquellos ansiosos por un cambio ante una situación sangrante e insostenible y que esto no implique necesariamente preparar cócteles Molotov en el sótano. Manuel Maqueda es uno de estos radicales que piensa que la forma de crear y desarrollar empresas tendría que haber cambiado hace mucho tiempo. Ayer lo contó en la experiencia Open Green del EOI, en SIMO 2011.

Maqueda reaccciona cuando le llaman radical poniendo un caso sobre la mesa. «El 90% de los neonatos tiene YA productos químicos asociados al plástico en su flujo sanguíneo. Ninguno de nuestros hijos va a conocer una playa sin plásticos. La creación de ese material sí que es algo radical». Entre otras cosas, es por eso por lo que se pone enfermo cuando ve envases de plásticos rondando a su alrededor. «El plástico es un material que dura entre 700 y 1.000 años. No entiendo cómo se emplea en objetos que se emplean una o dos veces, como botellines o bolsas de plástico».
El mundo empresarial tiene, como todo, por otro lado, un asqueroso halo en el que se justifica y permite cualquier cosa si el balance de resultados arroja beneficios. Al triunfador se le cataloga de esa manera cuanto mayor es el calibre de los cigarros puros de su tabaquera y, en muchos casos, da absolutamente igual el camino que se haya tomado para alcanzar los objetivos. Para Manuel Maqueda, graduado en Macroeconomía, emprendedor y fundador de diversas ONGs y residente en California, la ética importa tanto como el debe y el haber. «La idea del emprendimiento verde o social no es una opción. Es la única opción. Estamos intentando experimentar cómo meter mensajes de responsabilidad social en el mundo empresarial. Es el primer paso, pero no es suficiente», contó.
Maqueda embistió directamente contra mucha de la vacua palabrería que emplean hoy en día las corporaciones para justificar ante sus clientes su comportamiento. «Muchas de las iniciativas verdes que vemos son puro marketing. No hay iniciativas inmediatas que funcionen. Tenemos que surcar un sendero a largo plazo y deberíamos haber empezado hace mucho», dijo.
Manuel Maqueda, aboga por pasar del emprendimiento social y optar directamente por el emprendimiento radical, puso el foco sobre la realidad que estamos viviendo en este momento, una realidad empresarial que paasrá una grave factura las próximas generaciones. «Este modelo no va a funcionar, esta muy claro. Se contabilizan cada año 25 mil millones de toneladas de residuos electrónicos. Todos tenemos en casa el típico cajón desastre lleno de teléfonos viejos y cargadores. ¿Dónde va la basura electrónica? Ghana, Nigeria, Pakistán… Allí hay niños abriendo y quemando estos aparatos sin protección para buscar los metales. ¿Qué le diríamos a estos niños si los tuviéramos hoy delante? ¿Qué les dirían estas empresas?», lamentó.
El economista continuó recordando que el cambio de conciencia es un asunto de todos. «Yo he venid a dar esta charla en avión. He contribuido a lo mal que está el planeta. Por eso no quiero señalar a nadie sino poner sobre la mesa el problema. Todos disfrutamos de estos productos», señaló. «Alguien tiene que alzar la voz y poner sobre la mesa la existente desregulación acerca del tratamiento de residuos electrónicos».
 

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