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13 de noviembre 2014    /   DIGITAL
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Aral Balkan: Arcoiris y gatitos para espiarte en internet

13 de noviembre 2014    /   DIGITAL     por          
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Aral Balkan es un hombre preocupado por las libertades civiles y las experiencias amigables con el usuario. El lema de su web personal -Independencia, Democracia, Diseño- lo atestigua. Desde ella, este activista diseñador remite al manifiesto en el que declara sus intenciones. Más importante, también lleva al modelo de plataforma abierta que quiere crear, Ind.ie, una alternativa a Dropbox y Facebook alejadas del modelo de las compañías que dominan internet, que denomina «espionaje empresarial». El crowdfunding para financiar esta aventura, lanzada el 8 de noviembre, ya lleva 56 % de sus 100.000 dólares de meta.
«Todas las compañías que dominan internet tienen el mismo modelo de negocio, que no es otro que saber todo lo que pueden sobre ti para vendérselo a sus auténticos clientes: anunciantes y empresas que quieren saber tu comportamiento con fines comerciales», explica al teléfono desde su hotel en Barcelona, donde ha acudido a dar una charla en las ponencias del e-tron Hub.
En estas charlas organizadas por Audi en Barcelona (12-18 de noviembre) y Madrid (22-28), comparte cartel con gente como Kristin Neidlinger, experta en moda biosensible; Albert C. Mikkelsen, que presentará Ôasys, un proyecto que reinventa la forma en la que interactuamos con el agua; o el grupo Exarchitects, que introduce las nuevas tecnologías en el desarrollo creativo de la arquitectura. Al final de las mismas, para las que hay que apuntarse en su web, se podrá realizar un viaje de prueba en el modelo Audi A3 Sportback e-tron.
«Tú eres el producto», continúa Balkan, «ese es su negocio: vender personas. No nuestros cuerpos, sino todo lo demás». Este concepto lo denomina Spyware 2.0. «Es diferente del de antes, el de la era de las computadoras personales, cuando era muy fácil de entender que era malo y que había que luchar con ello», razona hablando de programas clásicos de malware que se dedicaban y dedican a extraer datos de los ordenadores para hacer un uso fraudulento de los mismos. Pero a la contra, el 2.0 «no es fácil de ver», ya que «te hacen las cosas sencillas, ya sea subir fotos o compartir algo con tus amigos, pero no te explican explícitamente que también lo estás compartiendo con la compañía, que va a analizar esas fotos y tus conversaciones».
La estrategia que usan estas corporaciones para «desviar la atención de que estudian, analizan y venden nuestra información» es «la del arcoiris y los gatitos». «¿Cómo va a ser Google mala si hace unos Doodles tan monos? ¿O Facebook, si tiene un dinosaurio para explicarte la privacidad?», se pregunta retóricamente. «Hay que empezar a mirar más allá de los colores bonitos y ver su modelo de negocio, seguir el dinero y ver que venden personas, no productos». Como demostración de esta concepción de la privacidad, usa las declaraciones de Michael Novak, de Facebook, que definió este concepto recogido en el artículo 12 de las Declaración de Derechos Humanos como «un conjunto de experiencias que ayuda a la gente a sentirse cómoda».

En sus charlas, Balkan pone el ejemplo de una nueva start-up ficticia, llamada Snail Mail, una compañía con un caracol como logo que promete mandar correo postal gratis para siempre. Al preguntar a la sala si les interesa, una parte levanta el brazo. El único pero, explica luego, es que podrán abrir el sobre y ver la correspondencia, pero solo para «adjuntarle anuncios y sugerencias de acuerdo con el contenido, nada más». Al volver a preguntar, solo uno de los presentes alza la mano. «Siempre hay alguien que le da todo igual mientras sea gratis», bromea con el público.
Pero, la verdad, es que al entrar y crear un usuario, la persona da su permiso para que la compañía haga lo que quiera con los datos. «Es cierto que es completamente voluntario pero, si decides que no te gusta lo que hace Google, ¿a dónde vas? ¿Yahoo? Tienen el mismo modelo de negocio», argumenta. «Las alternativas no existen, ya que o aceptas una gran pérdida de tu privacidad o te desconectas de la vida moderna». A esta falta de elección, lo denomina feudalismo digital. «Twitter es otro ejemplo perfecto, ya que aunque lo vemos como un espacio público, un ágora, no es eso», cuenta. «Es un espacio privado que pertenece a una corporación internacional, un centro comercial del que te pueden echar si llevas una camiseta que no les gusta». Protestas y cierres de servicio en países como Turquía le sirven de prueba.
«En el pasado solíamos vender el cuerpo de la gente, cosa que sabemos que está mal, pero ahora vendemos todo nuestro ser digital», explica. «Creo que en el futuro, cuando miremos esta práctica, veremos también que no es correcta». Balkan argumenta que necesitamos una alternativa, pero que las existentes son muy poco amigables con el usuario. Este es justo el enfoque que quiere dar a su plataforma abierta, en la que el diseño y la amabilidad lleven a los internautas a escoger su opción. «Necesitamos que la gente lo use ya que, si no, habremos fallado». «Se batalló mucho para que tuviéramos una serie de derechos», concluye. «Lo que está en juego es el futuro de la democracia».

Aral Balkan es un hombre preocupado por las libertades civiles y las experiencias amigables con el usuario. El lema de su web personal -Independencia, Democracia, Diseño- lo atestigua. Desde ella, este activista diseñador remite al manifiesto en el que declara sus intenciones. Más importante, también lleva al modelo de plataforma abierta que quiere crear, Ind.ie, una alternativa a Dropbox y Facebook alejadas del modelo de las compañías que dominan internet, que denomina «espionaje empresarial». El crowdfunding para financiar esta aventura, lanzada el 8 de noviembre, ya lleva 56 % de sus 100.000 dólares de meta.
«Todas las compañías que dominan internet tienen el mismo modelo de negocio, que no es otro que saber todo lo que pueden sobre ti para vendérselo a sus auténticos clientes: anunciantes y empresas que quieren saber tu comportamiento con fines comerciales», explica al teléfono desde su hotel en Barcelona, donde ha acudido a dar una charla en las ponencias del e-tron Hub.
En estas charlas organizadas por Audi en Barcelona (12-18 de noviembre) y Madrid (22-28), comparte cartel con gente como Kristin Neidlinger, experta en moda biosensible; Albert C. Mikkelsen, que presentará Ôasys, un proyecto que reinventa la forma en la que interactuamos con el agua; o el grupo Exarchitects, que introduce las nuevas tecnologías en el desarrollo creativo de la arquitectura. Al final de las mismas, para las que hay que apuntarse en su web, se podrá realizar un viaje de prueba en el modelo Audi A3 Sportback e-tron.
«Tú eres el producto», continúa Balkan, «ese es su negocio: vender personas. No nuestros cuerpos, sino todo lo demás». Este concepto lo denomina Spyware 2.0. «Es diferente del de antes, el de la era de las computadoras personales, cuando era muy fácil de entender que era malo y que había que luchar con ello», razona hablando de programas clásicos de malware que se dedicaban y dedican a extraer datos de los ordenadores para hacer un uso fraudulento de los mismos. Pero a la contra, el 2.0 «no es fácil de ver», ya que «te hacen las cosas sencillas, ya sea subir fotos o compartir algo con tus amigos, pero no te explican explícitamente que también lo estás compartiendo con la compañía, que va a analizar esas fotos y tus conversaciones».
La estrategia que usan estas corporaciones para «desviar la atención de que estudian, analizan y venden nuestra información» es «la del arcoiris y los gatitos». «¿Cómo va a ser Google mala si hace unos Doodles tan monos? ¿O Facebook, si tiene un dinosaurio para explicarte la privacidad?», se pregunta retóricamente. «Hay que empezar a mirar más allá de los colores bonitos y ver su modelo de negocio, seguir el dinero y ver que venden personas, no productos». Como demostración de esta concepción de la privacidad, usa las declaraciones de Michael Novak, de Facebook, que definió este concepto recogido en el artículo 12 de las Declaración de Derechos Humanos como «un conjunto de experiencias que ayuda a la gente a sentirse cómoda».

En sus charlas, Balkan pone el ejemplo de una nueva start-up ficticia, llamada Snail Mail, una compañía con un caracol como logo que promete mandar correo postal gratis para siempre. Al preguntar a la sala si les interesa, una parte levanta el brazo. El único pero, explica luego, es que podrán abrir el sobre y ver la correspondencia, pero solo para «adjuntarle anuncios y sugerencias de acuerdo con el contenido, nada más». Al volver a preguntar, solo uno de los presentes alza la mano. «Siempre hay alguien que le da todo igual mientras sea gratis», bromea con el público.
Pero, la verdad, es que al entrar y crear un usuario, la persona da su permiso para que la compañía haga lo que quiera con los datos. «Es cierto que es completamente voluntario pero, si decides que no te gusta lo que hace Google, ¿a dónde vas? ¿Yahoo? Tienen el mismo modelo de negocio», argumenta. «Las alternativas no existen, ya que o aceptas una gran pérdida de tu privacidad o te desconectas de la vida moderna». A esta falta de elección, lo denomina feudalismo digital. «Twitter es otro ejemplo perfecto, ya que aunque lo vemos como un espacio público, un ágora, no es eso», cuenta. «Es un espacio privado que pertenece a una corporación internacional, un centro comercial del que te pueden echar si llevas una camiseta que no les gusta». Protestas y cierres de servicio en países como Turquía le sirven de prueba.
«En el pasado solíamos vender el cuerpo de la gente, cosa que sabemos que está mal, pero ahora vendemos todo nuestro ser digital», explica. «Creo que en el futuro, cuando miremos esta práctica, veremos también que no es correcta». Balkan argumenta que necesitamos una alternativa, pero que las existentes son muy poco amigables con el usuario. Este es justo el enfoque que quiere dar a su plataforma abierta, en la que el diseño y la amabilidad lleven a los internautas a escoger su opción. «Necesitamos que la gente lo use ya que, si no, habremos fallado». «Se batalló mucho para que tuviéramos una serie de derechos», concluye. «Lo que está en juego es el futuro de la democracia».

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