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7 de mayo 2012    /   BUSINESS
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Arduino: el mensajero entre el humano y las máquinas

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Hay una lógica habitual en el universo. Lo primero es nacer. Lo segundo es crear lazos con otros como tú. Lo tercero deviene entonces, inevitablemente, en un salto evolutivo. Pasó, en tiempos remotos, con los humanos. La aparición de las primeras comunidades adentró a la Historia en una nueva era. El proceso se repite hoy. Pero esta vez los protagonistas son máquinas. Nacieron hace siglos y, desde hace años, empiezan a hablar entre ellas. Es lo que llaman Internet de las cosas y lo que Wikipedia define como “una red de objetos cotidianos interconectados”.

Dibujemos un escenario. La lavadora, la nevera, el módem, el ordenador y el smartphone de una persona están conectados entre sí. Todos los dispositivos van recopilando datos a través de sensores para ofrecer información a su dueño. El frigorífico, por ejemplo, puede lanzar un aviso de que el cajón de la fruta ha quedado vacío. O ese individuo puede encender la lavadora desde cualquier lugar lejos de casa.

Para que esto suceda tiene que haber un mensajero que se encargue de establecer la comunicación entre las máquinas y las personas. En todas las direcciones. Las máquinas hablan entre ellas y las máquinas hablan con los individuos.

Uno de esos mensajeros se llama Arduino y es una herramienta que recoge información del mundo físico, a través de sensores, para llevarla a un ordenador. David Cuartielles, cocreador de esta plataforma, la define como “todo un ecosistema de dispositivos, hardwares y softwares, para que la gente pueda construir sus propios instrumentos digitales”. Por ejemplo, “un despertador o un control de riego de plantas”. Lo describe también como “un periférico genérico que permite leer sensores, conectar con el mundo físico y crear tus propias máquinas inteligentes. Es un ordenador en sí mismo”.

La web Arduino.cc va más al detalle incluso y dice que esta plataforma electrónica se puede utilizar “para crear objetos interactivos leyendo datos de una gran variedad de interruptores y sensores, y controlar multitud de tipos de luces, motores y otros actuadores físicos”.

Pongamos, por ejemplo…
El investigador de la universidad sueca de Malmö, que visitó Madrid para hablar de esta plataforma en The App Fest, recurre a su abuela de 90 años para explicar cómo puede cambiar esta placa la vida de una persona. “Todos los días mira por la ventana para ver qué tiempo hace. Puede saber si hay sol o no, pero no puede averiguar la temperatura. Ella no va a entrar en internet a mirar cuántos grados hay. Lo que necesita es que alguien le diga si ha de coger una chaqueta para salir a la calle o si tiene que llevar un paraguas. Mi abuela no necesita saber todas las conexiones de dispositivos que hay detrás de otro para que, cada mañana, le diga si ha de abrigarse o no. Lo que necesita es que un despertador, por ejemplo, le informe del tiempo que hace”.

Esa es una de las múltiples funciones que puede desarrollar Arduino. Otra es la que descubrió un chileno de 14 años. El niño jaqueó un programa que avisa de los movimientos sísmicos que se van a producir y ofrece esa información a través de Twitter. En apenas unos días, consiguió más de 32.000 seguidores interesados en conocer cuándo y dónde se producen terremotos.

Muchos japoneses recurrieron a Arduino después de la catástrofe de Fukushima para construir sus propios medidores de radiación. No confiaban en la información del gobierno y crearon dispositivos con sensores que medían las radiaciones y, después, llevaban esos datos a páginas de internet.

Arduino se utiliza también en dispositivos con fines deportivos. Una persona puede construir un aparato que mida, mediante sensores, sus pulsaciones, su peso o la evolución de su esfuerzo y la refleje en un entorno privado.

Más. El arte. Arduino se emplea en proyectos artísticos. De hecho, se inventó para artistas, para diseñadores industriales y para cualquier individuo interesado en crear objetos interactivos. “En Medea [Centro de Investigación de Nuevos Medios de la Universidad de Malmö] investigamos cómo la tecnología puede mejorar la vida de las personas, cómo puede mejorar la realidad y las capacidades humanas”, dice. “No pienso que la tecnología nos haga tontos. Lo que hace es quitarnos tareas. La gente estudia si somos más tontos desde que utilizamos aparatos tecnológicos pero no estudia si somos más felices. Nosotros creamos tecnología desde ese punto de vista. Queremos hacerla más fácil para que la utilicen más personas y porque la tecnología ayuda a saltar barreras”.

Pero hay un límite. La tecnología y la piel no se mezclan. “No quiero chips en mi cuerpo. No nos gusta la tecnología intrusiva”, sentencia.

¿Dónde está mi Arduino?
Arduino es una placa que puede montar cualquier persona (con unos conocimientos básicos de tecnología pero sin necesidad de ser ingeniero) o comprarla a un fabricante por un precio que puede rondar los 30 euros.

Dice Cuartielles que hay “450.000 placas distribuidas por todo el mundo” y que durante la última navidad se vendieron 70.000 unidades.

El mayor problema con el que se encuentra ahora mismo Internet de las cosas y también Arduino es “el precio de la conectividad”. Todos esos objetos, para relacionarse con otros dispositivos y con personas, tienen que estar conectados a internet. Es el tema pendiente porque, de acuerdo con el investigador, vamos a un mundo always on (siempre conectado).

Abierto para ser cada vez mejor
Esta plataforma es libre y está en código abierto. Cualquier persona puede utilizarlo para construir su propia placa o para mejorarla. “Arduino crece gracias a ser abierto. Ofrecemos el hardware, y la gente lo copia, lo fabrica y lo vende. Siempre recomendamos que, cuando se utilice el código, se intente mejorar”, especifica el ingeniero de telecomunicaciones de la Universidad de Zaragoza.

La filosofía open de compartir conocimiento está en la esencia de Arduino. “En Medea hacemos proyectos de nuevos medios. La universidad nos paga nuestro sueldo y nosotros pagamos a la sociedad con lo que creamos”, indica Cuartielles. “Hay muchos investigadores que se están dando cuenta de que la investigación pública, financiada con dinero público, debe ser pública. Necesitamos buscar modelos para que los inventos generados por dinero público sean para el público. Esto no significa que una persona no pueda explotar sus invenciones pero debería dejar el código abierto para que otros las mejoren”.

Escribió Cuartielles en un artículo, titulado Arduino in the Internet of Things, que esta herramienta que creó junto a sus amigos, hace siete años, pretende “llevarnos un poco más cerca de un mundo más conectado”. Un paso más en la era que empieza a envolver el mundo en una conversación infinita entre humanos y máquinas.

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Música electrónica hecha con gelatina.

Hay una lógica habitual en el universo. Lo primero es nacer. Lo segundo es crear lazos con otros como tú. Lo tercero deviene entonces, inevitablemente, en un salto evolutivo. Pasó, en tiempos remotos, con los humanos. La aparición de las primeras comunidades adentró a la Historia en una nueva era. El proceso se repite hoy. Pero esta vez los protagonistas son máquinas. Nacieron hace siglos y, desde hace años, empiezan a hablar entre ellas. Es lo que llaman Internet de las cosas y lo que Wikipedia define como “una red de objetos cotidianos interconectados”.

Dibujemos un escenario. La lavadora, la nevera, el módem, el ordenador y el smartphone de una persona están conectados entre sí. Todos los dispositivos van recopilando datos a través de sensores para ofrecer información a su dueño. El frigorífico, por ejemplo, puede lanzar un aviso de que el cajón de la fruta ha quedado vacío. O ese individuo puede encender la lavadora desde cualquier lugar lejos de casa.

Para que esto suceda tiene que haber un mensajero que se encargue de establecer la comunicación entre las máquinas y las personas. En todas las direcciones. Las máquinas hablan entre ellas y las máquinas hablan con los individuos.

Uno de esos mensajeros se llama Arduino y es una herramienta que recoge información del mundo físico, a través de sensores, para llevarla a un ordenador. David Cuartielles, cocreador de esta plataforma, la define como “todo un ecosistema de dispositivos, hardwares y softwares, para que la gente pueda construir sus propios instrumentos digitales”. Por ejemplo, “un despertador o un control de riego de plantas”. Lo describe también como “un periférico genérico que permite leer sensores, conectar con el mundo físico y crear tus propias máquinas inteligentes. Es un ordenador en sí mismo”.

La web Arduino.cc va más al detalle incluso y dice que esta plataforma electrónica se puede utilizar “para crear objetos interactivos leyendo datos de una gran variedad de interruptores y sensores, y controlar multitud de tipos de luces, motores y otros actuadores físicos”.

Pongamos, por ejemplo…
El investigador de la universidad sueca de Malmö, que visitó Madrid para hablar de esta plataforma en The App Fest, recurre a su abuela de 90 años para explicar cómo puede cambiar esta placa la vida de una persona. “Todos los días mira por la ventana para ver qué tiempo hace. Puede saber si hay sol o no, pero no puede averiguar la temperatura. Ella no va a entrar en internet a mirar cuántos grados hay. Lo que necesita es que alguien le diga si ha de coger una chaqueta para salir a la calle o si tiene que llevar un paraguas. Mi abuela no necesita saber todas las conexiones de dispositivos que hay detrás de otro para que, cada mañana, le diga si ha de abrigarse o no. Lo que necesita es que un despertador, por ejemplo, le informe del tiempo que hace”.

Esa es una de las múltiples funciones que puede desarrollar Arduino. Otra es la que descubrió un chileno de 14 años. El niño jaqueó un programa que avisa de los movimientos sísmicos que se van a producir y ofrece esa información a través de Twitter. En apenas unos días, consiguió más de 32.000 seguidores interesados en conocer cuándo y dónde se producen terremotos.

Muchos japoneses recurrieron a Arduino después de la catástrofe de Fukushima para construir sus propios medidores de radiación. No confiaban en la información del gobierno y crearon dispositivos con sensores que medían las radiaciones y, después, llevaban esos datos a páginas de internet.

Arduino se utiliza también en dispositivos con fines deportivos. Una persona puede construir un aparato que mida, mediante sensores, sus pulsaciones, su peso o la evolución de su esfuerzo y la refleje en un entorno privado.

Más. El arte. Arduino se emplea en proyectos artísticos. De hecho, se inventó para artistas, para diseñadores industriales y para cualquier individuo interesado en crear objetos interactivos. “En Medea [Centro de Investigación de Nuevos Medios de la Universidad de Malmö] investigamos cómo la tecnología puede mejorar la vida de las personas, cómo puede mejorar la realidad y las capacidades humanas”, dice. “No pienso que la tecnología nos haga tontos. Lo que hace es quitarnos tareas. La gente estudia si somos más tontos desde que utilizamos aparatos tecnológicos pero no estudia si somos más felices. Nosotros creamos tecnología desde ese punto de vista. Queremos hacerla más fácil para que la utilicen más personas y porque la tecnología ayuda a saltar barreras”.

Pero hay un límite. La tecnología y la piel no se mezclan. “No quiero chips en mi cuerpo. No nos gusta la tecnología intrusiva”, sentencia.

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Dice Cuartielles que hay “450.000 placas distribuidas por todo el mundo” y que durante la última navidad se vendieron 70.000 unidades.

El mayor problema con el que se encuentra ahora mismo Internet de las cosas y también Arduino es “el precio de la conectividad”. Todos esos objetos, para relacionarse con otros dispositivos y con personas, tienen que estar conectados a internet. Es el tema pendiente porque, de acuerdo con el investigador, vamos a un mundo always on (siempre conectado).

Abierto para ser cada vez mejor
Esta plataforma es libre y está en código abierto. Cualquier persona puede utilizarlo para construir su propia placa o para mejorarla. “Arduino crece gracias a ser abierto. Ofrecemos el hardware, y la gente lo copia, lo fabrica y lo vende. Siempre recomendamos que, cuando se utilice el código, se intente mejorar”, especifica el ingeniero de telecomunicaciones de la Universidad de Zaragoza.

La filosofía open de compartir conocimiento está en la esencia de Arduino. “En Medea hacemos proyectos de nuevos medios. La universidad nos paga nuestro sueldo y nosotros pagamos a la sociedad con lo que creamos”, indica Cuartielles. “Hay muchos investigadores que se están dando cuenta de que la investigación pública, financiada con dinero público, debe ser pública. Necesitamos buscar modelos para que los inventos generados por dinero público sean para el público. Esto no significa que una persona no pueda explotar sus invenciones pero debería dejar el código abierto para que otros las mejoren”.

Escribió Cuartielles en un artículo, titulado Arduino in the Internet of Things, que esta herramienta que creó junto a sus amigos, hace siete años, pretende “llevarnos un poco más cerca de un mundo más conectado”. Un paso más en la era que empieza a envolver el mundo en una conversación infinita entre humanos y máquinas.

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