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El ser humano se ha planteado desde sus orígenes innumerables cuestiones acerca de los temas más variopintos, que para eso es un ser curioso… y estúpido. Cuando más avanza el conocimiento, más cuestiones se plantean. Por fortuna, el desarrollo tecnológico provee de herramientas cada vez más eficientes para gestionar esos flujos de información y resolver problemas con mayor eficiencia. Preguntas… y respuestas.
Google, la herramienta cuya desaparición provocaría que la mayoría de periodistas dejara de hacer su trabajo, encarna la materialización de esta idea, la de poder encontrar información, respuestas a cualquier duda, casi instantáneamente. Para tres empresas, éste concepto puede depurarse algo más eliminando -o al menos intentándolo- el contenido irrelevante, confuso o erróneo. ¿Y cómo se hace eso? Básicamente, poniéndose en manos de gente que pilota. Tanto Chaxpert como Quora o Chacha intentan evitar algo que tantas horas de risión han proporcionado a los usuarios de Internet desde los años 90, ‘el efecto Yahoo Answers’. Si no saben de qué va, aquí hay un par de ejemplos.

Nos situamos en la complejidad de la gestión del tema, ¿no? Bien. Chaxpert, Quora y Chacha usan, como Yahoo Answers, a personas para resolver cuestiones complejas. El quid es que las tres start-ups han articulado mecanismos para que la calidad de la respuesta no tenga nada que ver con los delirios de los usuarios de Yahoo Answers.
Chaxpert es un buscador semántico, con oficina en Madrid, que organiza la información por temas y que tiene la característica de buscar a la persona que nos va a ayudar en tiempo real. De hecho, si el ‘experto’ se encuentra online, la respuesta se ofrecerá a través de un chat. Posteriormente, si los autores de pregunta y respuesta dan su consentimiento, la conversación se publicará para que otros usuarios con la misma duda puedan acceder a la información.
Chaxpert ha articulado dos procesos para clasificar el nivel de conocimiento de los expertos acerca de un tema específico. El primero es a la hora del registro. Como explica el director de comunicación de la empresa, Rafael Campoamor, «el registro, que se puede gestionar a través de Facebook Connect o de tu cuenta de Twitter, Chaxpert analiza el perfil del usuario sugiriendo tags que contribuyan a delimitar los temas en el que tiene más conocimientos. Posteriormente, cuando el experto resuelve alguna duda, su interlocutor puede valorar la ayuda que ha recibido. Esto contribuye a crear perfiles fiables». Además, el propio usuario puede, por supuesto, agregar los tags que desee, es decir, declararse ‘experto’ en los temas que se le hayan pasado por alto a la aplicación.
Quora es el último hype entre el endogámico mundo de seres que habitan el universo 2.0. Hubo un día, no hace más de dos semanas, en el que todo el mundo adquirió una indescriptible fiebre por preguntar y responder en inglés acerca de todo tipo de cuestiones más o menos trascendentales. Quora se autodefine como como «una creciente colección de preguntas y respuestas creadas, editadas y organizadas por todos aquellos que la utilizan». Colaborativamente, se organiza de una manera en la que el número de implicados en cada pregunta es mayor y confía en la buena fe de los usuarios apra hacer del sitio un recurso de alta calidad.
El caso de Chacha es totalmente diferente. Su nombre se presta al chiste fácil y básicamente consiste en un servicio que funciona a través de SMS o teléfono móvil exclusivamente. Chacha recibe una pregunta, la deriva a un experto que la contesta y que, además, puede obtener ingresos con ello. Chacha incorpora además un servicio de preguntas rápidas. Con esta variante, el usuario puede hacer consultas cortas como ‘weather’ o ‘stocks’ por poner un ejemplo, y recibir información casi instantánea acerca de esos temas comunes.
Cuando imaginábamos el futuro, cuando lo veíamos en películas de ciencia-ficción, las ensoñaciones colocaban a las máquinas como entes que regían las vidas y destinos de los seres humanos. El ideal era el de eliminar burocracia, funcionariado y humana imperfección para obtener servicios rápidos y efectivos gestionados por la tecnología. Lo que parece que se dibuja en el futuro próximo es que sean los humanos y su selectiva iteleigencia quienes resuelvan las cuestiones más particulares y complejas. ¿Mejora el panorama o hemos dado un paso atrás?


El ser humano se ha planteado desde sus orígenes innumerables cuestiones acerca de los temas más variopintos, que para eso es un ser curioso… y estúpido. Cuando más avanza el conocimiento, más cuestiones se plantean. Por fortuna, el desarrollo tecnológico provee de herramientas cada vez más eficientes para gestionar esos flujos de información y resolver problemas con mayor eficiencia. Preguntas… y respuestas.
Google, la herramienta cuya desaparición provocaría que la mayoría de periodistas dejara de hacer su trabajo, encarna la materialización de esta idea, la de poder encontrar información, respuestas a cualquier duda, casi instantáneamente. Para tres empresas, éste concepto puede depurarse algo más eliminando -o al menos intentándolo- el contenido irrelevante, confuso o erróneo. ¿Y cómo se hace eso? Básicamente, poniéndose en manos de gente que pilota. Tanto Chaxpert como Quora o Chacha intentan evitar algo que tantas horas de risión han proporcionado a los usuarios de Internet desde los años 90, ‘el efecto Yahoo Answers’. Si no saben de qué va, aquí hay un par de ejemplos.

Nos situamos en la complejidad de la gestión del tema, ¿no? Bien. Chaxpert, Quora y Chacha usan, como Yahoo Answers, a personas para resolver cuestiones complejas. El quid es que las tres start-ups han articulado mecanismos para que la calidad de la respuesta no tenga nada que ver con los delirios de los usuarios de Yahoo Answers.
Chaxpert es un buscador semántico, con oficina en Madrid, que organiza la información por temas y que tiene la característica de buscar a la persona que nos va a ayudar en tiempo real. De hecho, si el ‘experto’ se encuentra online, la respuesta se ofrecerá a través de un chat. Posteriormente, si los autores de pregunta y respuesta dan su consentimiento, la conversación se publicará para que otros usuarios con la misma duda puedan acceder a la información.
Chaxpert ha articulado dos procesos para clasificar el nivel de conocimiento de los expertos acerca de un tema específico. El primero es a la hora del registro. Como explica el director de comunicación de la empresa, Rafael Campoamor, «el registro, que se puede gestionar a través de Facebook Connect o de tu cuenta de Twitter, Chaxpert analiza el perfil del usuario sugiriendo tags que contribuyan a delimitar los temas en el que tiene más conocimientos. Posteriormente, cuando el experto resuelve alguna duda, su interlocutor puede valorar la ayuda que ha recibido. Esto contribuye a crear perfiles fiables». Además, el propio usuario puede, por supuesto, agregar los tags que desee, es decir, declararse ‘experto’ en los temas que se le hayan pasado por alto a la aplicación.
Quora es el último hype entre el endogámico mundo de seres que habitan el universo 2.0. Hubo un día, no hace más de dos semanas, en el que todo el mundo adquirió una indescriptible fiebre por preguntar y responder en inglés acerca de todo tipo de cuestiones más o menos trascendentales. Quora se autodefine como como «una creciente colección de preguntas y respuestas creadas, editadas y organizadas por todos aquellos que la utilizan». Colaborativamente, se organiza de una manera en la que el número de implicados en cada pregunta es mayor y confía en la buena fe de los usuarios apra hacer del sitio un recurso de alta calidad.
El caso de Chacha es totalmente diferente. Su nombre se presta al chiste fácil y básicamente consiste en un servicio que funciona a través de SMS o teléfono móvil exclusivamente. Chacha recibe una pregunta, la deriva a un experto que la contesta y que, además, puede obtener ingresos con ello. Chacha incorpora además un servicio de preguntas rápidas. Con esta variante, el usuario puede hacer consultas cortas como ‘weather’ o ‘stocks’ por poner un ejemplo, y recibir información casi instantánea acerca de esos temas comunes.
Cuando imaginábamos el futuro, cuando lo veíamos en películas de ciencia-ficción, las ensoñaciones colocaban a las máquinas como entes que regían las vidas y destinos de los seres humanos. El ideal era el de eliminar burocracia, funcionariado y humana imperfección para obtener servicios rápidos y efectivos gestionados por la tecnología. Lo que parece que se dibuja en el futuro próximo es que sean los humanos y su selectiva iteleigencia quienes resuelvan las cuestiones más particulares y complejas. ¿Mejora el panorama o hemos dado un paso atrás?

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