6 de marzo 2017    /   CREATIVIDAD
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¿Te han robado un Matisse? Tal vez aquí puedas encontrarlo

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Existen empresas de todo tipo, pero algunas son más exóticas que otras. Este es el caso de ALR (Art Loss Register) una entidad comercial dedicada a crear una base de datos informatizada sobre todas las obras de arte robadas en este planeta.

Fundada en Londres en 1991, comenzó con un listado de 20.000 piezas desaparecidas bajo diversas circunstancias: el expolio de los nazis a los judíos, robos en museos y colecciones particulares, etc. En la actualidad, ese listado sobrepasa las 350.000 obras.  Una cifra apabullante si tenemos en cuenta que la base de datos del FBI, por ejemplo, ni siquiera alcanza las 8.000.

El problema con el arte robado es la escasez de recursos que en general, y con la excepción de Italia, le dedican los países para recuperarlo. De hecho, hay grandes centros de negocio de arte robado, como las ciudades de Los Ángeles y Nueva York, que cuentan con tan sólo un agente para investigarlo. La razón es que existen otros crímenes considerados socialmente más alarmantes. Y también que muchas obras desaparecidas ni siquiera están en «búsqueda y captura» porque sus propietarios desaparecieron durante la última guerra mundial sin dejar herederos.

La fuente de datos del ALR, de la que se nutren muchas organizaciones policiales de todo el mundo y grandes firmas de subastas tiene, no obstante, sus detractores. La razón está, sobre todo, en la forma que esta empresa se remunera. Ellos cobran un porcentaje (en torno al 20%) sobre el valor de la obra recuperada. Algo que no debería sorprender, pues es un sistema similar al que utilizan, por ejemplo, muchos despachos de abogados por sus servicios. La diferencia es que en este caso, la ALR utiliza fuentes de información de todo tipo, lo que incluye confidentes, copistas, marchantes de dudosa reputación y otros sujetos en ocasiones al margen de la ley. Además, no proporciona la información que permite recuperar la obra robada hasta que no cobran su porcentaje. Esto, en algunos países, es considerado ocultación de pruebas y en más de una ocasión ALR ha tenido dificultades con la policía debido a ello.

Pero lo cierto es que la lista de las obras encontradas por ALR es impresionante, incluyendo algunas del nivel de Bouilloire et fruits de Cézanne o Le jardín de Matisse, robada en el Museo de Arte Moderno de Estocolmo en 1987. Y también que le queda mucho trabajo por delante. Por ejemplo, el espectacular robo realizado en el Museo Isabella Stewart Gardner de Boston en 1980. En total, los ladrones se llevaron 13 obras de Rembrandt, Degas, Manet y Vermeer. Ninguna de ellas ha sido aún recuperada.

En España ha habido dos famosos litigios sobre arte robado. El primero, el cuadro de La metamorfosis, de André Masson, expuesto en el Reina Sofía que se solucionó gracias a un acuerdo privado entre el museo y los herederos. El segundo, Rue de Saint Honoré por la tarde. Efecto de lluvia de Camille Pissarro, que puede verse en el Thyssen porque los tribunales le dieron la razón al museo frente a los descendientes del anterior propietario.

Este es un mundo extraño en el que se mezcla el Big Data con tasadores, delincuentes, abogados, museos y exnazis reconvertidos. Todo el mundo recuerda el caso Gurlitt, el anciano al que en el 2010 le descubrieron en su apartamento de Múnich nada menos que 1.280 obras del llamado por los nazis arte degenerado. Gurlitt era hijo de uno de los pocos marchantes autorizados por el régimen alemán para comprar obras a los judíos.

La cantidad de obras descubiertas en aquel apartamento parece impresionante. Pero deja de serlo cuando consideramos que la Comisión para el Arte Incautado en Europa calcula que sólo a la comunidad judía los nazis le despojaron de más de 600.000 obras de gran valor.

Queda mucho por recuperar. Miles de obras, muchas de las cuales jamás volverán a verse. Por eso resulta fácil imaginar la satisfacción de los profesionales de ALR cada vez que descubren un nuevo cuadro gracias a su tenaz labor de cazarrecompensas del arte.

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Fundada en Londres en 1991, comenzó con un listado de 20.000 piezas desaparecidas bajo diversas circunstancias: el expolio de los nazis a los judíos, robos en museos y colecciones particulares, etc. En la actualidad, ese listado sobrepasa las 350.000 obras.  Una cifra apabullante si tenemos en cuenta que la base de datos del FBI, por ejemplo, ni siquiera alcanza las 8.000.

El problema con el arte robado es la escasez de recursos que en general, y con la excepción de Italia, le dedican los países para recuperarlo. De hecho, hay grandes centros de negocio de arte robado, como las ciudades de Los Ángeles y Nueva York, que cuentan con tan sólo un agente para investigarlo. La razón es que existen otros crímenes considerados socialmente más alarmantes. Y también que muchas obras desaparecidas ni siquiera están en «búsqueda y captura» porque sus propietarios desaparecieron durante la última guerra mundial sin dejar herederos.

La fuente de datos del ALR, de la que se nutren muchas organizaciones policiales de todo el mundo y grandes firmas de subastas tiene, no obstante, sus detractores. La razón está, sobre todo, en la forma que esta empresa se remunera. Ellos cobran un porcentaje (en torno al 20%) sobre el valor de la obra recuperada. Algo que no debería sorprender, pues es un sistema similar al que utilizan, por ejemplo, muchos despachos de abogados por sus servicios. La diferencia es que en este caso, la ALR utiliza fuentes de información de todo tipo, lo que incluye confidentes, copistas, marchantes de dudosa reputación y otros sujetos en ocasiones al margen de la ley. Además, no proporciona la información que permite recuperar la obra robada hasta que no cobran su porcentaje. Esto, en algunos países, es considerado ocultación de pruebas y en más de una ocasión ALR ha tenido dificultades con la policía debido a ello.

Pero lo cierto es que la lista de las obras encontradas por ALR es impresionante, incluyendo algunas del nivel de Bouilloire et fruits de Cézanne o Le jardín de Matisse, robada en el Museo de Arte Moderno de Estocolmo en 1987. Y también que le queda mucho trabajo por delante. Por ejemplo, el espectacular robo realizado en el Museo Isabella Stewart Gardner de Boston en 1980. En total, los ladrones se llevaron 13 obras de Rembrandt, Degas, Manet y Vermeer. Ninguna de ellas ha sido aún recuperada.

En España ha habido dos famosos litigios sobre arte robado. El primero, el cuadro de La metamorfosis, de André Masson, expuesto en el Reina Sofía que se solucionó gracias a un acuerdo privado entre el museo y los herederos. El segundo, Rue de Saint Honoré por la tarde. Efecto de lluvia de Camille Pissarro, que puede verse en el Thyssen porque los tribunales le dieron la razón al museo frente a los descendientes del anterior propietario.

Este es un mundo extraño en el que se mezcla el Big Data con tasadores, delincuentes, abogados, museos y exnazis reconvertidos. Todo el mundo recuerda el caso Gurlitt, el anciano al que en el 2010 le descubrieron en su apartamento de Múnich nada menos que 1.280 obras del llamado por los nazis arte degenerado. Gurlitt era hijo de uno de los pocos marchantes autorizados por el régimen alemán para comprar obras a los judíos.

La cantidad de obras descubiertas en aquel apartamento parece impresionante. Pero deja de serlo cuando consideramos que la Comisión para el Arte Incautado en Europa calcula que sólo a la comunidad judía los nazis le despojaron de más de 600.000 obras de gran valor.

Queda mucho por recuperar. Miles de obras, muchas de las cuales jamás volverán a verse. Por eso resulta fácil imaginar la satisfacción de los profesionales de ALR cada vez que descubren un nuevo cuadro gracias a su tenaz labor de cazarrecompensas del arte.

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