17 de junio 2011    /   CIENCIA
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Cualquier niño puede pintar un cuadro abstracto (un 96%), según un estudio

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¿Artista o lactante?
Puede que hayas oído o incluso pronunciado en alguna ocasión la frase: “Eso lo hace mi sobrino de tres años”, a ser posible delante de un cuadro de Miró, pintor que se presta a este tipo de aseveraciones. ¿Es esto cierto o se trata sólo de la voz de la ignorancia, incapaz de enfrentarse al hecho artístico?

El profesor de la UCLA Mikhail Simkin decidió coger el toro por los cuernos y cuantificar empíricamente los méritos del arte abstracto. Para ello, Simkin creó una página web en la que preguntaba al público si una serie de cuadros eran obra de artistas famosos o bien una chapucilla hecha por él mismo con un lienzo o con Microsoft Paint. El resultado obtenido tras tres años y 56.000 respuestas después es que el 66% de las veces identificaron cuál era el “auténtico” arte (puedes hacer la prueba aquí, yo acerté el 88%).
Esto, en principio, parecen buenas noticias para los artistas abstractos, porque significa que el público es capaz de distinguir y, eventualmente, apreciar la pintura abstracta frente a imitaciones amateur. A continuación Simkin recurrió a un segundo estudio, llevado a cabo entre estudiantes de arte, y que concluía que en el 67% de las ocasiones éstos eran capaces de adivinar qué pieza era obra de un artista frente a muestras hechas por niños o incluso monos. Conclusión provisional: los profesionales del ramo no tienen un criterio estrictamente más amplio que los amateurs a la hora de hacer estos distingos.

¿Artista o chimpancé?
El siguiente paso del profesor es, desde mi punto de vista, el más controvertido. Simkin intentó determinar cuál es la capacidad que tenemos los humanos para distinguir cosas en otras áreas distintas. Para ello recurrió a un conocido experimento en el que se pedía a unos voluntarios estimar el peso de una serie de objetos. A medida que los pesos comparados eran más cercanos, mayor era la dificultad de la gente para determinar cuál de ellos era el más pesado. Concretamente, el 72% de las veces fueron capaces de distinguir un objeto de 100 kilos de uno de 96.
Utilizando este 72% como referencia, Simkin concluye que si equiparamos el cuadro profesional al peso de 100 kilos y el realizado por los niños al de 96 kilos, el 4% de disonancia entre ambos es todo lo que aporta el pintor profesional frente al amateur, el niño o el simio. Se trata, a mi entender, de un arabesco lateral de la lógica, en tanto la capacidad de distinción del público no implica necesariamente un indicio de mejor calidad. En última instancia, tal vez los niños y los chimpancés del experimento estén haciendo arte abstracto a su manera. Como muestra, un botón: Aelia Andre, la mocosa de 4 años que está vendiendo cuadros abstactos a un kilo de las antiguas pesetas la unidad.
Test: ¿Arte abstracto o bazofia?
Test: ¿Artista o mono?
Entrevista con Mikhail Simkin sobre arte abstracto.
Visto en Tecnology Review, vía Io9.com.
En el mismo orden de cosas:
Demostrado: los malos tienen cara de malos
La caca voladora y otras obras artísticas de mierda
 

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¿Artista o lactante?
Puede que hayas oído o incluso pronunciado en alguna ocasión la frase: “Eso lo hace mi sobrino de tres años”, a ser posible delante de un cuadro de Miró, pintor que se presta a este tipo de aseveraciones. ¿Es esto cierto o se trata sólo de la voz de la ignorancia, incapaz de enfrentarse al hecho artístico?

El profesor de la UCLA Mikhail Simkin decidió coger el toro por los cuernos y cuantificar empíricamente los méritos del arte abstracto. Para ello, Simkin creó una página web en la que preguntaba al público si una serie de cuadros eran obra de artistas famosos o bien una chapucilla hecha por él mismo con un lienzo o con Microsoft Paint. El resultado obtenido tras tres años y 56.000 respuestas después es que el 66% de las veces identificaron cuál era el “auténtico” arte (puedes hacer la prueba aquí, yo acerté el 88%).
Esto, en principio, parecen buenas noticias para los artistas abstractos, porque significa que el público es capaz de distinguir y, eventualmente, apreciar la pintura abstracta frente a imitaciones amateur. A continuación Simkin recurrió a un segundo estudio, llevado a cabo entre estudiantes de arte, y que concluía que en el 67% de las ocasiones éstos eran capaces de adivinar qué pieza era obra de un artista frente a muestras hechas por niños o incluso monos. Conclusión provisional: los profesionales del ramo no tienen un criterio estrictamente más amplio que los amateurs a la hora de hacer estos distingos.

¿Artista o chimpancé?
El siguiente paso del profesor es, desde mi punto de vista, el más controvertido. Simkin intentó determinar cuál es la capacidad que tenemos los humanos para distinguir cosas en otras áreas distintas. Para ello recurrió a un conocido experimento en el que se pedía a unos voluntarios estimar el peso de una serie de objetos. A medida que los pesos comparados eran más cercanos, mayor era la dificultad de la gente para determinar cuál de ellos era el más pesado. Concretamente, el 72% de las veces fueron capaces de distinguir un objeto de 100 kilos de uno de 96.
Utilizando este 72% como referencia, Simkin concluye que si equiparamos el cuadro profesional al peso de 100 kilos y el realizado por los niños al de 96 kilos, el 4% de disonancia entre ambos es todo lo que aporta el pintor profesional frente al amateur, el niño o el simio. Se trata, a mi entender, de un arabesco lateral de la lógica, en tanto la capacidad de distinción del público no implica necesariamente un indicio de mejor calidad. En última instancia, tal vez los niños y los chimpancés del experimento estén haciendo arte abstracto a su manera. Como muestra, un botón: Aelia Andre, la mocosa de 4 años que está vendiendo cuadros abstactos a un kilo de las antiguas pesetas la unidad.
Test: ¿Arte abstracto o bazofia?
Test: ¿Artista o mono?
Entrevista con Mikhail Simkin sobre arte abstracto.
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