11 de junio 2014    /   CREATIVIDAD
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El artista con la escopeta cargada

11 de junio 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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El artista no debería comenzar la lectura de un libro o de un artículo con la escopeta cargada y arremeter contra el autor por las primeras líneas. De esta manera, el artista se cierra la posibilidad de conocer ideas ajenas. Solo al final, cuando ha leído el texto, podrá emitir un juicio, aprovechar o rechazar lo leído.

El artista con la escopeta cargada resulta chocante porque la creación nace de explorar, de analizar, de absorber las ideas ajenas más que del rechazo. El artista escopetero coloca la exaltación mucho antes de que comience el proceso artístico. Este artista no es muy diferente del niño caprichoso o el adulto consentido que rechaza una comida sin haberla probado.
—No me gusta.
—La has probado.
—No. Pero sé que no me gusta.
Un pensamiento que, si se hubiera tenido como norma, hubiera hecho imposible comer huevos fritos. (En algún momento de la Historia, alguien tuvo la feliz idea de freír un huevo).

Lectura cuadriculada

El artista escopetero no es muy diferente de aquellos que presionaron a una mujer a cerrar su blog de belleza meses atrás. La autora ejerce como profesional de una carrera que requiere estudios largos y arduos. Para esta profesional, el blog de belleza era un entretenimiento. Cuando clientes, jefes y compañeros de trabajo descubrieron el blog tomaron a burla el trabajo de esta profesional. Para algunas personas era inconcebible que una profesional altamente cualificada en su área explicara cómo pintarse las uñas para una boda. La masa que acabó alentado el cierre del blog es un ejemplo de mentalidad cuadriculada.
La anécdota de esta profesional me viene a la cabeza cuando leo algunos comentarios a los artículos de Yorokobu. Hay comentarios llenos de rabia o hirientes o que apelan a las tradiciones. Aquella profesional fue víctima de prejuicios adquiridos desde la niñez: el maquillaje, la moda y los complementos son cosa de niñas o de mujeres desocupadas, no de profesionales cualificados. Uno entiende, que no acepta, que la sociedad prejuzgue a los individuos. Precisamente en estos prejuicios están basados muchos programas de actuaciones musicales o variedades: un médico que canta rap o un contable que hace malabarismos. A estas personas se les llama frikis en lugar de personas con aficiones.

La lectura fuera del marco

Uno también puede entender que un texto, fuera del contexto, pueda estar sujeto a malas interpretaciones y burlas. Hay marcianadas que se toman demasiado en serio. Hay públicos para unos temas y públicos para otros. La alabanza a una película asiática gore de bajo presupuesto hecha en un foro de la temática quizá no sería aceptada en un foro dedicado al cine clásico norteamericano.
También hay personas que simplemente no tienen sentido del humor y buscan la trascendencia en cada palabra ajena. Para estas personas, la frivolidad es un pecado o un error para hablar de un tema.
Y hay artistas que viven con envidia y conforme a ella comentan el trabajo ajeno:
—Lo que hace menganito es una mierda; no lo he visto, pero lo sé.

El artista con la escopeta

Pero lo más extraño es la crítica feroz del artista cuando no hay envidia por medio. Uno que es un artista (tanto como lo permita el guion) conoce la exaltación, pero esta la deja aparcada en la fase de documentación, de estudio. La exaltación impulsa el trabajo, reduce el cansancio, alienta a finalizar… Siempre después, no antes.
Hay artistas que se conducen con la exaltación en todo momento: leen el título o el primer párrafo y comentan sin morderse la lengua: sinvergüenza, estúpido, idiota… Hay comentarios delatores como:
«¡Hay que ser gilipollas para no darse cuenta de…!»
Lo que propone el artista y lector exaltado está en el texto, mucho más abajo que el cuadrito que aparece en el enlace de las redes sociales.
El artista que lee, si está disconforme lo expresa más o menos así:
«No estoy de acuerdo por esto, por esto y por esto…»

El comentario de segunda mano

Ciertas disconformidades también deberían ser objeto de estudio. Hay rechazos meditados y otros que no surgen de la cabeza del artista, sino de la tradición que ha mamado el artista. Opiniones tomadas prestadas. Críticas conservadoras que surgen como resorte. Críticas que son propias del círculo en el que se mueve el artista.

Leer y comentar

El artista no debería comentar textos sin haberlos leído y debería abstenerse de comentarlos con las ideas de otros. El artista debería ser crítico, cuestionar lo que lee, rechazar lo considera inconveniente o erróneo, desde su punto de vista, no el de sus padres, profesores o su pequeño círculo de aduladores o compañeros.

Escribir es una responsabilidad

Por supuesto, quien escribe también está sujeto a errores, tiene filias y fobias, y puede ser injusto con sus apreciaciones, actuar con irresponsabilidad cuando debe informar; colar al editor datos erróneos por pereza o simplemente, tomarse el trabajo con desgana. Todo esto siempre debería ser cuestionado por el lector.

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El artista con la escopeta cargada resulta chocante porque la creación nace de explorar, de analizar, de absorber las ideas ajenas más que del rechazo. El artista escopetero coloca la exaltación mucho antes de que comience el proceso artístico. Este artista no es muy diferente del niño caprichoso o el adulto consentido que rechaza una comida sin haberla probado.
—No me gusta.
—La has probado.
—No. Pero sé que no me gusta.
Un pensamiento que, si se hubiera tenido como norma, hubiera hecho imposible comer huevos fritos. (En algún momento de la Historia, alguien tuvo la feliz idea de freír un huevo).

Lectura cuadriculada

El artista escopetero no es muy diferente de aquellos que presionaron a una mujer a cerrar su blog de belleza meses atrás. La autora ejerce como profesional de una carrera que requiere estudios largos y arduos. Para esta profesional, el blog de belleza era un entretenimiento. Cuando clientes, jefes y compañeros de trabajo descubrieron el blog tomaron a burla el trabajo de esta profesional. Para algunas personas era inconcebible que una profesional altamente cualificada en su área explicara cómo pintarse las uñas para una boda. La masa que acabó alentado el cierre del blog es un ejemplo de mentalidad cuadriculada.
La anécdota de esta profesional me viene a la cabeza cuando leo algunos comentarios a los artículos de Yorokobu. Hay comentarios llenos de rabia o hirientes o que apelan a las tradiciones. Aquella profesional fue víctima de prejuicios adquiridos desde la niñez: el maquillaje, la moda y los complementos son cosa de niñas o de mujeres desocupadas, no de profesionales cualificados. Uno entiende, que no acepta, que la sociedad prejuzgue a los individuos. Precisamente en estos prejuicios están basados muchos programas de actuaciones musicales o variedades: un médico que canta rap o un contable que hace malabarismos. A estas personas se les llama frikis en lugar de personas con aficiones.

La lectura fuera del marco

Uno también puede entender que un texto, fuera del contexto, pueda estar sujeto a malas interpretaciones y burlas. Hay marcianadas que se toman demasiado en serio. Hay públicos para unos temas y públicos para otros. La alabanza a una película asiática gore de bajo presupuesto hecha en un foro de la temática quizá no sería aceptada en un foro dedicado al cine clásico norteamericano.
También hay personas que simplemente no tienen sentido del humor y buscan la trascendencia en cada palabra ajena. Para estas personas, la frivolidad es un pecado o un error para hablar de un tema.
Y hay artistas que viven con envidia y conforme a ella comentan el trabajo ajeno:
—Lo que hace menganito es una mierda; no lo he visto, pero lo sé.

El artista con la escopeta

Pero lo más extraño es la crítica feroz del artista cuando no hay envidia por medio. Uno que es un artista (tanto como lo permita el guion) conoce la exaltación, pero esta la deja aparcada en la fase de documentación, de estudio. La exaltación impulsa el trabajo, reduce el cansancio, alienta a finalizar… Siempre después, no antes.
Hay artistas que se conducen con la exaltación en todo momento: leen el título o el primer párrafo y comentan sin morderse la lengua: sinvergüenza, estúpido, idiota… Hay comentarios delatores como:
«¡Hay que ser gilipollas para no darse cuenta de…!»
Lo que propone el artista y lector exaltado está en el texto, mucho más abajo que el cuadrito que aparece en el enlace de las redes sociales.
El artista que lee, si está disconforme lo expresa más o menos así:
«No estoy de acuerdo por esto, por esto y por esto…»

El comentario de segunda mano

Ciertas disconformidades también deberían ser objeto de estudio. Hay rechazos meditados y otros que no surgen de la cabeza del artista, sino de la tradición que ha mamado el artista. Opiniones tomadas prestadas. Críticas conservadoras que surgen como resorte. Críticas que son propias del círculo en el que se mueve el artista.

Leer y comentar

El artista no debería comentar textos sin haberlos leído y debería abstenerse de comentarlos con las ideas de otros. El artista debería ser crítico, cuestionar lo que lee, rechazar lo considera inconveniente o erróneo, desde su punto de vista, no el de sus padres, profesores o su pequeño círculo de aduladores o compañeros.

Escribir es una responsabilidad

Por supuesto, quien escribe también está sujeto a errores, tiene filias y fobias, y puede ser injusto con sus apreciaciones, actuar con irresponsabilidad cuando debe informar; colar al editor datos erróneos por pereza o simplemente, tomarse el trabajo con desgana. Todo esto siempre debería ser cuestionado por el lector.

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Opiniones 2
  • Estoy muy de acuerdo con el texto en general, excepto por eso que se refiere únicamente a artistas. Desde mi punto de vista, la gran mayoría de burradas que leo por internet no son de gente dedicada al arte, sino de gente a secas que habla más que piensa. No sólo los artistas deben de tener opinión sobre el arte, ¿no?

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