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Artjacking!: la vida secreta de los iconos del arte

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La historia de los iconos del arte se puede contar hacia atrás, rememorando las circunstancias que llevaron a un artista a pintar ese cuadro. Es lo que hacen la mayoría de libros de historia. Pero también se puede contar hacia delante, partiendo del nacimiento de la obra en cuestión y analizando cómo el cuadro o la escultura ha ido impactando en la sociedad, convirtiéndose en el icono que es hoy. Eso es lo que hacen los videos de Artjacking!, pequeñas píldoras audiovisuales  producidas por Arte TV. 

Citar, copiar, destruir, reinventar… El arte, cuando trasciende las cuatro paredes de un museo, está en constante movimiento. Inspira a otros artistas que lo reinterpretan, lo actualizan, lo usan como contenedor de nuevas ideas. Solo desde esta interpretación se puede entender cómo obras pintadas hace más de 500 años siguen hipnotizándonos, formando parte casi de la cultura pop.

Esta colección de vídeos revisitan los clásicos y, partiendo de ellos, llegan a la creación artística moderna. Demuestran que las obras maestras están más vivas que nunca. Y lo hacen en un lenguaje fresco, rápido y entretenido.

Pero como es más fácil verlo que contarlo, os dejamos con un vídeo (y una transcripción del mismo, por si eres más clásico que Goya y prefieres leer) de lo que podéis encontrar en Artjaking!.

La última cena o dónde se sienta cada uno

Leonardo da Vinci sentó a Jesús y a sus discípulos alrededor de la mesa para el refectorio del convento de Santa María delle Grazie, en Milán. La última cena es un fresco que el artista comenzó en 1495 y terminó en 1498. En tres años, Leonardo Davinci revisó en numerosas ocasiones este clásico de la pintura religiosa, donde Jesús comparte pan y vino en su última cena.

Pero ¿de qué modo lo realizó? En la expresividad de los rostros y la precisión de las posturas. Ahí es donde reside la genialidad de Davinci. Tenemos cólera, admiración y moderación. Lo único que le falta a La última en el cena es el sonido. 

Su objetivo era mostrar la diversidad de la humanidad. Pero algo falla. La mitad de la humanidad no estaba representada. En 1972 la americana Mary Beth Edelson rectificó este fallo ilustrando a mujeres artistas. Están Louis Bourjois y Yoko Ono. En el lugar de Jesús, tenemos a Georgia O’keeffe, una de las mejores pintoras de la época. Reemplazar a Jesús y a los apóstoles con mujeres fue demasiado. Fue el primer escándalo.

Pero la artista jamaicana estadounidense Renee Cox cruzó otra línea en 1996. Se pintó a sí misma desnuda y embarazada en el lugar de Jesucristo. Comparó su situación de madre con la de redentora. Y, además, hizo otro cambio: alrededor de ella casi todos los apóstoles son negros.

El escándalo de esta obra estalló cinco años después, en 2001, cuando Rudy Giuliani, entonces alcalde de Nueva York, declaró que el cuadro era una ofensa para el cristianismo. René Cox recibió amenazas de muerte. Nunca volvió a aparecer desnuda en su obra.

Otra mujer, la fotógrafa sueca Elizabeth Ohlson Wallin, invitó a travestis, gays y transexuales al festín. El colorete sustituyó al pan en 1998. Con esta imagen, Wallin invitó a la iglesia a tolerar a quienes había despreciado hasta entonces.

Pero en lugar de conseguirlo, se granjeó un tercer escándalo. Esta vez las quejas vinieron del Vaticano. Sin embargo, fue la imagen de la campaña para la legalización del matrimonio homosexual, que se acabaría aprobando en Suecia en 2009. Incluso por la Iglesia.

Representar a los marginados también fue el objetivo del artista azerí Raoef Mamedov. En 1998 cambió a Jesús y a sus discípulos por personas con síndrome de Down, con un fondo vacío.

Durante siglos, los artistas han criticado y reivindicado el estatus sagrado de La última cena. A mediados de los 80, Andy Warhol destacó la pérdida de lo sagrado. Reprodujo la imagen 30, 50 y hasta 70 veces. Una última cena tan industrial como la sopa de Campbell. 

Esta imagen ha bombardeado la cultura popular. En Los Simpson, Homer no abre los brazos para compartir el pan y el vino (sino un puñado de cacahuetes, y alza su jarra de cerveza), pero la escena del capítulo Gracias a Dios que es el día del Juicio Final, de su temporada 16, es suficientemente evidente.  

Exclusión, reclamaciones, escándalos, homenajes. Muchos artistas se han atrevido a replantear La última cena. Y la mayoría han sido referenciados en el trabajo de Artjacking!

Quizá es porque el arte, cuando es de verdad, trasciende las paredes del museo y permea en la sociedad. Muta, se hackea, evoluciona. Así es como un cuadro con más de 500 años puede seguir vivo en la conciencia social. Y servir para expresar situaciones y realidades que, probablemente, Leonardo da Vinci no hubiera siquiera imaginado.

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La historia de los iconos del arte se puede contar hacia atrás, rememorando las circunstancias que llevaron a un artista a pintar ese cuadro. Es lo que hacen la mayoría de libros de historia. Pero también se puede contar hacia delante, partiendo del nacimiento de la obra en cuestión y analizando cómo el cuadro o la escultura ha ido impactando en la sociedad, convirtiéndose en el icono que es hoy. Eso es lo que hacen los videos de Artjacking!, pequeñas píldoras audiovisuales  producidas por Arte TV. 

Citar, copiar, destruir, reinventar… El arte, cuando trasciende las cuatro paredes de un museo, está en constante movimiento. Inspira a otros artistas que lo reinterpretan, lo actualizan, lo usan como contenedor de nuevas ideas. Solo desde esta interpretación se puede entender cómo obras pintadas hace más de 500 años siguen hipnotizándonos, formando parte casi de la cultura pop.

Esta colección de vídeos revisitan los clásicos y, partiendo de ellos, llegan a la creación artística moderna. Demuestran que las obras maestras están más vivas que nunca. Y lo hacen en un lenguaje fresco, rápido y entretenido.

Pero como es más fácil verlo que contarlo, os dejamos con un vídeo (y una transcripción del mismo, por si eres más clásico que Goya y prefieres leer) de lo que podéis encontrar en Artjaking!.

La última cena o dónde se sienta cada uno

Leonardo da Vinci sentó a Jesús y a sus discípulos alrededor de la mesa para el refectorio del convento de Santa María delle Grazie, en Milán. La última cena es un fresco que el artista comenzó en 1495 y terminó en 1498. En tres años, Leonardo Davinci revisó en numerosas ocasiones este clásico de la pintura religiosa, donde Jesús comparte pan y vino en su última cena.

Pero ¿de qué modo lo realizó? En la expresividad de los rostros y la precisión de las posturas. Ahí es donde reside la genialidad de Davinci. Tenemos cólera, admiración y moderación. Lo único que le falta a La última en el cena es el sonido. 

Su objetivo era mostrar la diversidad de la humanidad. Pero algo falla. La mitad de la humanidad no estaba representada. En 1972 la americana Mary Beth Edelson rectificó este fallo ilustrando a mujeres artistas. Están Louis Bourjois y Yoko Ono. En el lugar de Jesús, tenemos a Georgia O’keeffe, una de las mejores pintoras de la época. Reemplazar a Jesús y a los apóstoles con mujeres fue demasiado. Fue el primer escándalo.

Pero la artista jamaicana estadounidense Renee Cox cruzó otra línea en 1996. Se pintó a sí misma desnuda y embarazada en el lugar de Jesucristo. Comparó su situación de madre con la de redentora. Y, además, hizo otro cambio: alrededor de ella casi todos los apóstoles son negros.

El escándalo de esta obra estalló cinco años después, en 2001, cuando Rudy Giuliani, entonces alcalde de Nueva York, declaró que el cuadro era una ofensa para el cristianismo. René Cox recibió amenazas de muerte. Nunca volvió a aparecer desnuda en su obra.

Otra mujer, la fotógrafa sueca Elizabeth Ohlson Wallin, invitó a travestis, gays y transexuales al festín. El colorete sustituyó al pan en 1998. Con esta imagen, Wallin invitó a la iglesia a tolerar a quienes había despreciado hasta entonces.

Pero en lugar de conseguirlo, se granjeó un tercer escándalo. Esta vez las quejas vinieron del Vaticano. Sin embargo, fue la imagen de la campaña para la legalización del matrimonio homosexual, que se acabaría aprobando en Suecia en 2009. Incluso por la Iglesia.

Representar a los marginados también fue el objetivo del artista azerí Raoef Mamedov. En 1998 cambió a Jesús y a sus discípulos por personas con síndrome de Down, con un fondo vacío.

Durante siglos, los artistas han criticado y reivindicado el estatus sagrado de La última cena. A mediados de los 80, Andy Warhol destacó la pérdida de lo sagrado. Reprodujo la imagen 30, 50 y hasta 70 veces. Una última cena tan industrial como la sopa de Campbell. 

Esta imagen ha bombardeado la cultura popular. En Los Simpson, Homer no abre los brazos para compartir el pan y el vino (sino un puñado de cacahuetes, y alza su jarra de cerveza), pero la escena del capítulo Gracias a Dios que es el día del Juicio Final, de su temporada 16, es suficientemente evidente.  

Exclusión, reclamaciones, escándalos, homenajes. Muchos artistas se han atrevido a replantear La última cena. Y la mayoría han sido referenciados en el trabajo de Artjacking!

Quizá es porque el arte, cuando es de verdad, trasciende las paredes del museo y permea en la sociedad. Muta, se hackea, evoluciona. Así es como un cuadro con más de 500 años puede seguir vivo en la conciencia social. Y servir para expresar situaciones y realidades que, probablemente, Leonardo da Vinci no hubiera siquiera imaginado.

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