27 de octubre 2021    /   ENTRETENIMIENTO
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Asaari Bibang: «En cualquier situación puedo encontrar un chiste»

27 de octubre 2021    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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«Cuando le das humor a lo que no tiene gracia te da la risa. Y eso es un descubrimiento muy importante porque significa que casi todo en esta vida es susceptible de ser un chiste». Asaari Bibang

Quedamos un domingo a media mañana en Madrid. Justo un rato antes de su actuación en El Golfo Comedy Club. La incombustible cómica, actriz y mamá —y no necesariamente en ese orden— Asaari Bibang llega apurada, pero sin perder su sonrisa deslumbrante: «¡No he parado este fin de semana! Ni me acuerdo de lo que he hecho».

Recapitulamos las últimas horas en su carrusel existencial frenético: «Tuve bolo el viernes. Un bolazo, me lo pasé superbien. Luego me fui a casa, hice la cena, estuve con el niño, me acosté y me levanté a presentar el sábado el festival de Conciencia Afro. Reunión, reencuentros, amigos, actividades. Me nutrí tanto del cariño de la gente, Jorge… Había mucha multiculturalidad, fue un encuentro muy bonito y acabamos muy tarde. Y hoy domingo estoy aquí en El Golfo. Mañana, más reuniones para otros proyectos. El viernes viajo al sur y estaré de entrevistas para el show; y así todo», comenta radiante.

Asaari Bibang

Pero no todo son alegrías en la vida. Bien lo sabe la autora de Y a pesar de todo, aquí estoy (Penguin Libros), una biografía honesta y afilada que convierte en humor incluso el dolor. La ecuatoguineana que llegó a España con seis años se ha convertido en una de las grandes monologuistas de la escena. Y, aunque la comedia siempre fluctúa y evoluciona, Asaari Bibang confiesa sentirse plena con su actual espectáculo, Humor Negra. Van varios años haciendo stand up comedy y por fin ha encontrado su tono, comenta la recientemente catalogada por Forbes como una de las cien mejores influencers del momento, en su caso, dentro del apartado de ‘Activismo y divulgación’. Su discurso contra el racismo y en defensa de una «igualdad transversal» intensifican aún más el poder de la voz de Asaari Bibang, cómica de la empatía, el compromiso y la jarana sin filtros.

«Actriz, cómica y mamá», dices en tus redes. ¿Cómo lo contamos, Asaari?

Madre soy como actriz, como cómica, como persona, como mujer. Ser madre me acompaña siempre porque es una tarea que no se deja nunca. Ahora llevo unos años más metida en la comedia y tengo ganas de hacer también más ficción. La comedia, el público en directo, me ha dado tablas y un valor añadido para volver a lo de actriz.

¿Cómo llevas ser un icono contra el racismo y la xenofobia, un compromiso que contrasta mucho con lo de hacer reír?

La verdad es que no me gusta ser referente en nada y creo que hay muchísimas personas que están aportando mucho más que yo y que están siempre ahí, en la picota; y lo dan todo. Por tanto, ser un referente —lo soy porque me lo hacen ver— lo asumo con humildad. Me gusta hablar más de aquellos que realmente están en el activismo.

Me considero una pieza de ayuda y admito que todos debemos ayudar desde los espacios que ocupamos, como en mi caso es la comedia. Me gusta hacer de altavoz de ciertos discursos y mensajes para que calen entre la gente. ¡Pensé que a estas alturas no tendríamos que estar hablando de estos asuntos! Y, lamentablemente, sí. La situación política es nefasta.

 ¿Estamos peor ahora que hace años?

Estamos peor que hace años, sí. Yo creo que todos habíamos llegado a un punto en que sabíamos que hay cosas que no se pueden consentir. Al menos, estábamos en lo políticamente correcto: yo igual no puedo cambiar tu mentalidad, pero si te callas y no me amargas la vida es maravilloso. Ahora estamos llegando a un punto en que incluso la gente con prejuicios se siente orgullosa al decirlo en voz alta porque se ha consentido.

Pero, por otro lado, entiendo que también se ha reforzado nuestro discurso antirracista. Y, de repente, hay muchos activistas y referentes. Gracias a muchos medios, se les está dando espacio frente al discurso de odio de otros.

Mira, yo creo que el periodismo no consiste en que digas lo que quieras y luego se transcribe y lo pongo en mis medios. El periodismo consiste en buscar información y rebatirla. Oí algo que me gustó: en el periodismo, cuando alguien dice que llueve, el periodista tiene que asomarse a la ventana ¡y ver si llueve! Y si no llueve, decir: «¡No llueve!». Y eso no se está haciendo. Por suerte, tenemos medios alternativos dando voz a sectores más discriminados que no habían tenido tanta voz. ¡Y yo creo que los buenos somos más! Y hay que seguir en esta línea.

¿Tú notas en tus propias carnes esa polarización reinante?

Yo recibo muchísimo cariño y amor de la gente. Y también haters. Pero no me puedo olvidar del amor porque cuatro individuos hagan tonterías y mucho ruido. Me gusta destacar más el amor y las circunstancias que me cuentan otras personas. Y me estoy esforzando en cuidarme a mí misma porque sufro, no dejo de pensar en cosas que me cuentan.

Sufro porque la lucha por la igualdad tiene que ser transversal y abarcar a todas las minorías. Yo no puedo estar en la lucha antirracista sin comprender que hay una lucha LGTBI o contra la transfobia o el antigitanismo. Tenemos que remar en un mismo sentido todos, ayudarnos y trabajar con conciencia de unidad. Eso intento.

Ahora vayamos de lleno con la comedia. ¿Te ayuda el humor en el día a día casi casi como terapia, Asaari, y no solo por la dedicación profesional?

¡Absolutamente! La felicidad que me da la comedia, el hacer reír a la gente, me da mucha energía para sobrellevar esos otros temas más desagradables. La comedia, como decía, me ha dado un altavoz, un altavoz para ayudar, una posición de ventaja para poder acceder a gente como tú, como vosotros, los medios, y dar valor añadido a mi mensaje. Estoy muy agradecida.

¿Has encontrado en tu monólogo Humor Negra una cima en tu carrera?

Humor Negra me ha dado muchísimo. Creo que es el más completo de los espectáculos que he hecho hasta ahora, que son tres. Ya sabes que el texto siempre está vivo, va creciendo, va cambiando, vas creciendo tú… Y Humor Negra es el espectáculo con el que estoy más contenta.

Gracias a los dos anteriores, es mucho más grande este, con un discurso más coherente, más cercano. Todo me ha ayudado a encontrar un mensaje más cercano para la gente.

Va cambiando, sí, pero Humor Negra es un monólogo que está funcionando muy bien con casi todos los públicos. ¡Siempre hay un día que pinchas, claro! Y quien diga que no, miente. Pero es un proyecto con el que seguiré mucho tiempo. Hoy aquí —en El Golfo Comedy Club— traigo 15 minutos de texto nuevo y estoy acojonada. Porque da igual el tiempo que lleves actuando: probando cosas nuevas nunca sabes si van a entrar. Y acostumbrada a tener un show que ya sabes que funciona… En fin.

¿Qué remate o historia nunca te falla, Asaari?

Son bastantes. En eso consiste el trabajo de probar y probar. Pero el chiste que siempre funciona y saca aplausos y carcajadas limpias es el de la mujer en un banco que me pregunta de dónde soy, le contesto que de Guinea y ella supercontenta responde: «¡Yo he estado hace un mes en Punta Cana!». Lo he grabado hace poco en TikTok y ha funcionado muy bien. Sí, el TikTok, otra movida en la que tienes que estar…

¿Cómo te inspiras y cómo creas, Asaari? ¿Te sientas con el ordenador, vas con una libreta, te grabas audios?

Qué va, no soy nada metódica en ese sentido. Todo me inspira. En cualquier situación puedo encontrar un chiste. Incluso hablando con algún compañero que me está contando algo gracioso y me gusta, le digo: «¡Déjame esta idea, que la puedo adaptar con premisa y remate!». Siempre pido permiso y, luego, cuando funciona, llamo a esa persona y le digo: «¿Te acuerdas de eso que me contaste? Pues lo he escrito así y asá y ha entrado». Y se ponen muy contentos.

¿Y cómo escribe Asaari Bibang? ¿Alguna rutina de trabajo?

No… Bueno, siempre escribo por la noche. Cuando salgo de algún bolo siempre salgo inspirada. Tengo mucha consciencia. Como suelo improvisar, si algo funciona lo trabajo más para fijarlo en el show. Si ha entrado bien, trabajándolo más quedará mejor.

Escribo más por la noche porque ya he acostado al peque, estoy en la duermevela con la mente despierta, en silencio… O escucho un poco de musiquita y me pongo a escribir. Incluso lo que no te funciona, déjalo ahí porque en algún momento puede funcionar. ¡Incluso lo que no te sirve, te sirve!

Sobre tu libro (Y pesar de todo, aquí estoy), ¿qué balance hacemos?

Me está dando muchas cosas bonitas. Una de las cosas importantes para mí es que trata de lo que supone ser mujer y negra, pero mucha gente empatiza también con otras situaciones del libro. Y me escriben y me lo hacen saber. Y ese es el sentido que tiene este trabajo: la gente.

Como monologuista, sería una loca hablando en el escenario si nadie me escuchara ni me escribiera después. Y como escritora, sería una tía con ínfulas locas si nadie me leyera. Y lo ha leído mucha gente. Me lo han hecho saber. Mucha gente me escribe y me habla de la relación con su madre… ¡Es que poder llegar a la gente, a sus emociones, y que te abran su corazón y sus sentimientos, hostiá!… [Resopla Asaari Bibang].

No es fácil y eso es mérito tuyo, comunicando bien y abriéndote en canal…

Siempre he sido muy cercana, he hablado en primera persona y con honestidad. Y me parece un privilegio que la gente se acerque a mí desde este espacio de cercanía y a corazón abierto. Siempre hay mucho trabajo por hacer, pero estoy muy satisfecha porque recibo muchísimo cariño.

¿Te pasa también con la columna de El País (“A mi bola”)?

¡Es una oportunidad que nunca esperaba! Nunca pensé que pudiera escribir en los medios. Siempre he escrito poesía… Aquí hablo de cosas cotidianas y me llega mucho feedback. Por ejemplo, hay un periodista mexicano que siempre lo retuitea todos los viernes, que me sigue…

Es que la globalización tiene esto. Que, de repente, mucha gente de muchos países con quienes nunca tendrías contacto te diga que le encanta tu trabajo; y tú puedas descubrirles a ellos y al revés: esto es un trabajo de doble dirección. Y conoces gente muy interesante con la que acabas haciendo proyectos, planes. Está todo muy vivo.

¿Nombres de la comedia que nos recomiendas a bote pronto para ver en esta edad de oro del humor?

Estamos en muy buen momento para la comedia gracias a esos discursos que ya no son tan homogéneos. Se está dando espacio a otras personas que antes no lo tenían y cada vez hay más mujeres en lugares donde tienen que estar por su talento.

Te recomendaría, por ejemplo, a Esther Gimeno, a Bianca Kovacs, a Coria Castillo, a mis compañeros de Los perros no hablan… y un montón de gente que no para, que está siempre inventando y haciendo cosas positivas, aportando en el mundo de la comedia. Tanto mujeres como hombres.

¿Una reflexión final antes de subir al escenario, aquí y ahora?

Hay una frase en mi show La negra batalla que dice: «Cuando le das humor a lo que no tiene gracia te da la risa. Y eso es un descubrimiento muy importante porque significa que casi todo en esta vida es susceptible de ser un chiste».

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«Cuando le das humor a lo que no tiene gracia te da la risa. Y eso es un descubrimiento muy importante porque significa que casi todo en esta vida es susceptible de ser un chiste». Asaari Bibang

Quedamos un domingo a media mañana en Madrid. Justo un rato antes de su actuación en El Golfo Comedy Club. La incombustible cómica, actriz y mamá —y no necesariamente en ese orden— Asaari Bibang llega apurada, pero sin perder su sonrisa deslumbrante: «¡No he parado este fin de semana! Ni me acuerdo de lo que he hecho».

Recapitulamos las últimas horas en su carrusel existencial frenético: «Tuve bolo el viernes. Un bolazo, me lo pasé superbien. Luego me fui a casa, hice la cena, estuve con el niño, me acosté y me levanté a presentar el sábado el festival de Conciencia Afro. Reunión, reencuentros, amigos, actividades. Me nutrí tanto del cariño de la gente, Jorge… Había mucha multiculturalidad, fue un encuentro muy bonito y acabamos muy tarde. Y hoy domingo estoy aquí en El Golfo. Mañana, más reuniones para otros proyectos. El viernes viajo al sur y estaré de entrevistas para el show; y así todo», comenta radiante.

Asaari Bibang

Pero no todo son alegrías en la vida. Bien lo sabe la autora de Y a pesar de todo, aquí estoy (Penguin Libros), una biografía honesta y afilada que convierte en humor incluso el dolor. La ecuatoguineana que llegó a España con seis años se ha convertido en una de las grandes monologuistas de la escena. Y, aunque la comedia siempre fluctúa y evoluciona, Asaari Bibang confiesa sentirse plena con su actual espectáculo, Humor Negra. Van varios años haciendo stand up comedy y por fin ha encontrado su tono, comenta la recientemente catalogada por Forbes como una de las cien mejores influencers del momento, en su caso, dentro del apartado de ‘Activismo y divulgación’. Su discurso contra el racismo y en defensa de una «igualdad transversal» intensifican aún más el poder de la voz de Asaari Bibang, cómica de la empatía, el compromiso y la jarana sin filtros.

«Actriz, cómica y mamá», dices en tus redes. ¿Cómo lo contamos, Asaari?

Madre soy como actriz, como cómica, como persona, como mujer. Ser madre me acompaña siempre porque es una tarea que no se deja nunca. Ahora llevo unos años más metida en la comedia y tengo ganas de hacer también más ficción. La comedia, el público en directo, me ha dado tablas y un valor añadido para volver a lo de actriz.

¿Cómo llevas ser un icono contra el racismo y la xenofobia, un compromiso que contrasta mucho con lo de hacer reír?

La verdad es que no me gusta ser referente en nada y creo que hay muchísimas personas que están aportando mucho más que yo y que están siempre ahí, en la picota; y lo dan todo. Por tanto, ser un referente —lo soy porque me lo hacen ver— lo asumo con humildad. Me gusta hablar más de aquellos que realmente están en el activismo.

Me considero una pieza de ayuda y admito que todos debemos ayudar desde los espacios que ocupamos, como en mi caso es la comedia. Me gusta hacer de altavoz de ciertos discursos y mensajes para que calen entre la gente. ¡Pensé que a estas alturas no tendríamos que estar hablando de estos asuntos! Y, lamentablemente, sí. La situación política es nefasta.

 ¿Estamos peor ahora que hace años?

Estamos peor que hace años, sí. Yo creo que todos habíamos llegado a un punto en que sabíamos que hay cosas que no se pueden consentir. Al menos, estábamos en lo políticamente correcto: yo igual no puedo cambiar tu mentalidad, pero si te callas y no me amargas la vida es maravilloso. Ahora estamos llegando a un punto en que incluso la gente con prejuicios se siente orgullosa al decirlo en voz alta porque se ha consentido.

Pero, por otro lado, entiendo que también se ha reforzado nuestro discurso antirracista. Y, de repente, hay muchos activistas y referentes. Gracias a muchos medios, se les está dando espacio frente al discurso de odio de otros.

Mira, yo creo que el periodismo no consiste en que digas lo que quieras y luego se transcribe y lo pongo en mis medios. El periodismo consiste en buscar información y rebatirla. Oí algo que me gustó: en el periodismo, cuando alguien dice que llueve, el periodista tiene que asomarse a la ventana ¡y ver si llueve! Y si no llueve, decir: «¡No llueve!». Y eso no se está haciendo. Por suerte, tenemos medios alternativos dando voz a sectores más discriminados que no habían tenido tanta voz. ¡Y yo creo que los buenos somos más! Y hay que seguir en esta línea.

¿Tú notas en tus propias carnes esa polarización reinante?

Yo recibo muchísimo cariño y amor de la gente. Y también haters. Pero no me puedo olvidar del amor porque cuatro individuos hagan tonterías y mucho ruido. Me gusta destacar más el amor y las circunstancias que me cuentan otras personas. Y me estoy esforzando en cuidarme a mí misma porque sufro, no dejo de pensar en cosas que me cuentan.

Sufro porque la lucha por la igualdad tiene que ser transversal y abarcar a todas las minorías. Yo no puedo estar en la lucha antirracista sin comprender que hay una lucha LGTBI o contra la transfobia o el antigitanismo. Tenemos que remar en un mismo sentido todos, ayudarnos y trabajar con conciencia de unidad. Eso intento.

Ahora vayamos de lleno con la comedia. ¿Te ayuda el humor en el día a día casi casi como terapia, Asaari, y no solo por la dedicación profesional?

¡Absolutamente! La felicidad que me da la comedia, el hacer reír a la gente, me da mucha energía para sobrellevar esos otros temas más desagradables. La comedia, como decía, me ha dado un altavoz, un altavoz para ayudar, una posición de ventaja para poder acceder a gente como tú, como vosotros, los medios, y dar valor añadido a mi mensaje. Estoy muy agradecida.

¿Has encontrado en tu monólogo Humor Negra una cima en tu carrera?

Humor Negra me ha dado muchísimo. Creo que es el más completo de los espectáculos que he hecho hasta ahora, que son tres. Ya sabes que el texto siempre está vivo, va creciendo, va cambiando, vas creciendo tú… Y Humor Negra es el espectáculo con el que estoy más contenta.

Gracias a los dos anteriores, es mucho más grande este, con un discurso más coherente, más cercano. Todo me ha ayudado a encontrar un mensaje más cercano para la gente.

Va cambiando, sí, pero Humor Negra es un monólogo que está funcionando muy bien con casi todos los públicos. ¡Siempre hay un día que pinchas, claro! Y quien diga que no, miente. Pero es un proyecto con el que seguiré mucho tiempo. Hoy aquí —en El Golfo Comedy Club— traigo 15 minutos de texto nuevo y estoy acojonada. Porque da igual el tiempo que lleves actuando: probando cosas nuevas nunca sabes si van a entrar. Y acostumbrada a tener un show que ya sabes que funciona… En fin.

¿Qué remate o historia nunca te falla, Asaari?

Son bastantes. En eso consiste el trabajo de probar y probar. Pero el chiste que siempre funciona y saca aplausos y carcajadas limpias es el de la mujer en un banco que me pregunta de dónde soy, le contesto que de Guinea y ella supercontenta responde: «¡Yo he estado hace un mes en Punta Cana!». Lo he grabado hace poco en TikTok y ha funcionado muy bien. Sí, el TikTok, otra movida en la que tienes que estar…

¿Cómo te inspiras y cómo creas, Asaari? ¿Te sientas con el ordenador, vas con una libreta, te grabas audios?

Qué va, no soy nada metódica en ese sentido. Todo me inspira. En cualquier situación puedo encontrar un chiste. Incluso hablando con algún compañero que me está contando algo gracioso y me gusta, le digo: «¡Déjame esta idea, que la puedo adaptar con premisa y remate!». Siempre pido permiso y, luego, cuando funciona, llamo a esa persona y le digo: «¿Te acuerdas de eso que me contaste? Pues lo he escrito así y asá y ha entrado». Y se ponen muy contentos.

¿Y cómo escribe Asaari Bibang? ¿Alguna rutina de trabajo?

No… Bueno, siempre escribo por la noche. Cuando salgo de algún bolo siempre salgo inspirada. Tengo mucha consciencia. Como suelo improvisar, si algo funciona lo trabajo más para fijarlo en el show. Si ha entrado bien, trabajándolo más quedará mejor.

Escribo más por la noche porque ya he acostado al peque, estoy en la duermevela con la mente despierta, en silencio… O escucho un poco de musiquita y me pongo a escribir. Incluso lo que no te funciona, déjalo ahí porque en algún momento puede funcionar. ¡Incluso lo que no te sirve, te sirve!

Sobre tu libro (Y pesar de todo, aquí estoy), ¿qué balance hacemos?

Me está dando muchas cosas bonitas. Una de las cosas importantes para mí es que trata de lo que supone ser mujer y negra, pero mucha gente empatiza también con otras situaciones del libro. Y me escriben y me lo hacen saber. Y ese es el sentido que tiene este trabajo: la gente.

Como monologuista, sería una loca hablando en el escenario si nadie me escuchara ni me escribiera después. Y como escritora, sería una tía con ínfulas locas si nadie me leyera. Y lo ha leído mucha gente. Me lo han hecho saber. Mucha gente me escribe y me habla de la relación con su madre… ¡Es que poder llegar a la gente, a sus emociones, y que te abran su corazón y sus sentimientos, hostiá!… [Resopla Asaari Bibang].

No es fácil y eso es mérito tuyo, comunicando bien y abriéndote en canal…

Siempre he sido muy cercana, he hablado en primera persona y con honestidad. Y me parece un privilegio que la gente se acerque a mí desde este espacio de cercanía y a corazón abierto. Siempre hay mucho trabajo por hacer, pero estoy muy satisfecha porque recibo muchísimo cariño.

¿Te pasa también con la columna de El País (“A mi bola”)?

¡Es una oportunidad que nunca esperaba! Nunca pensé que pudiera escribir en los medios. Siempre he escrito poesía… Aquí hablo de cosas cotidianas y me llega mucho feedback. Por ejemplo, hay un periodista mexicano que siempre lo retuitea todos los viernes, que me sigue…

Es que la globalización tiene esto. Que, de repente, mucha gente de muchos países con quienes nunca tendrías contacto te diga que le encanta tu trabajo; y tú puedas descubrirles a ellos y al revés: esto es un trabajo de doble dirección. Y conoces gente muy interesante con la que acabas haciendo proyectos, planes. Está todo muy vivo.

¿Nombres de la comedia que nos recomiendas a bote pronto para ver en esta edad de oro del humor?

Estamos en muy buen momento para la comedia gracias a esos discursos que ya no son tan homogéneos. Se está dando espacio a otras personas que antes no lo tenían y cada vez hay más mujeres en lugares donde tienen que estar por su talento.

Te recomendaría, por ejemplo, a Esther Gimeno, a Bianca Kovacs, a Coria Castillo, a mis compañeros de Los perros no hablan… y un montón de gente que no para, que está siempre inventando y haciendo cosas positivas, aportando en el mundo de la comedia. Tanto mujeres como hombres.

¿Una reflexión final antes de subir al escenario, aquí y ahora?

Hay una frase en mi show La negra batalla que dice: «Cuando le das humor a lo que no tiene gracia te da la risa. Y eso es un descubrimiento muy importante porque significa que casi todo en esta vida es susceptible de ser un chiste».

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