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13 de febrero 2017    /   ENTRETENIMIENTO
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«Ashes to ashes»: la canción del renacer de David Bowie

13 de febrero 2017    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Cuando David Bowie grabó el álbum Scary Monsters en 1980 tenía la edad con la que murió Jesucristo. Para esa fecha ya estaba de vuelta todo. Tras sus inicios como mod adolescente consiguió saborear la fama por primera vez gracias a una oportuna rareza espacial. Después fue estrella del rock, primer rey del glam, mensajero intergaláctico, visionario de un futuro apocalíptico y rindió tributo a sus héroes de los 60. Cuando nadie lo esperaba arrasó con un álbum inspirado en el sonido negro para inmediatamente después sumergirse en los sintetizadores y la electrónica, dándole una vuelta de tuerca al krautrock. Es cierto, fue un visionario, un astuto cazador de ideas que sabía moldear a su manera para anticiparse al resto.

Cuando Bowie cumplió los 33 ya había mutado muchas veces su piel de camaleón. En ese camino había sufrido la indiferencia mediática para después ascender a la cumbre, sabiendo mantenerse en lo alto durante toda una década. Pero ese ascenso a la gloria conllevó de forma simultánea un descenso a los infiernos, con una desmedida adicción a la cocaína que le dejó en los huesos y le llenó la cabeza de las más estrambóticas paranoias, como verse perseguido por brujas que querían su simiente, o conceder sólo entrevistas a periodistas con un signo zodiacal compatible. El Delgado Duque Blanco sobrevivió. Y una vez desintoxicado, (se) demostró que no necesitaba drogas para componer grandes canciones. Este Ashes to ashes es el mejor ejemplo.

Desde la primera frase la canción hizo pensar en una secuela del primer gran éxito de Bowie, aquel Space oddity del 69. En aquella canción se narraba la historia del comandante Tom. Un viaje al espacio en donde este astronauta ficticio perdía toda comunicación con la Tierra y quedaba a la deriva vagando entre las estrellas. En Ashes to ashes Bowie cuenta, diez años después, qué fue de aquel hombre de acción. Habían llegado rumores desde el Control de Tierra, el comandante había enviado un mensaje. Decía que estaba feliz, y que ahí arriba había amado todo lo que necesitaba amar.

La respuesta de la base fue tajante; el comandante Tom es un yonqui. A partir de aquí todo cobra otra perspectiva. La letra cuenta que Tom no tiene pelo ni dinero. Vuela muy alto, más allá del cielo, pero también ha tocado fondo. Día tras día dice que se mantendrá limpio, pero sus demonios le persiguen. Está atrapado con ese viejo «amigo».

Resulta sencillo hacer analogía con la vida del autor. El comandante Tom es el Bowie del pasado, el Bowie adicto. Nos hace creer, incluso, que aquel Space oddity no fue un viaje real por el espacio, sino más bien el viaje imaginario de un colgado de las drogas. Dice que sólo quiere romper esa prisión helada que le atrapa y poder regresar. Todo acaba con esos versos en forma de mantra que parecen imitar una típica rima infantil: «Mi mama dice que si quieres hacer bien las cosas, no te busques líos con el comandante Tom». Es un aviso para navegantes. Posiblemente ningún tema de ninguno de sus trece álbumes anteriores tuvo más mensajes por estrofa que esta canción. Ni más interpretaciones, ya que el enigmático Bowie nunca explicaba los trasfondos reales.

El 10 de enero de 2016 el cosmos de la música quedó paralizado al conocer la noticia del fallecimiento de una de sus estrellas más brillantes. Dos días antes Bowie había editado el álbum Blackstar. En el agitador vídeo que acompañaba a la canción que le daba título aparecía un astronauta muerto en un planeta perdido. Su cráneo era adorado por una extraña raza alienígena. Interpretando de nuevo, uno puede pensar que era el cadáver del comandante y que el genio de Bowie se despedía así de su primera gran creación, dejándonos presenciar cuál fue el final de Tom.

Cenizas a las cenizas decía el título. Porque polvo eres y en polvo te convertirás, podemos añadir. No hay duda. Bowie se convirtió en polvo de estrellas.

Cuando David Bowie grabó el álbum Scary Monsters en 1980 tenía la edad con la que murió Jesucristo. Para esa fecha ya estaba de vuelta todo. Tras sus inicios como mod adolescente consiguió saborear la fama por primera vez gracias a una oportuna rareza espacial. Después fue estrella del rock, primer rey del glam, mensajero intergaláctico, visionario de un futuro apocalíptico y rindió tributo a sus héroes de los 60. Cuando nadie lo esperaba arrasó con un álbum inspirado en el sonido negro para inmediatamente después sumergirse en los sintetizadores y la electrónica, dándole una vuelta de tuerca al krautrock. Es cierto, fue un visionario, un astuto cazador de ideas que sabía moldear a su manera para anticiparse al resto.

Cuando Bowie cumplió los 33 ya había mutado muchas veces su piel de camaleón. En ese camino había sufrido la indiferencia mediática para después ascender a la cumbre, sabiendo mantenerse en lo alto durante toda una década. Pero ese ascenso a la gloria conllevó de forma simultánea un descenso a los infiernos, con una desmedida adicción a la cocaína que le dejó en los huesos y le llenó la cabeza de las más estrambóticas paranoias, como verse perseguido por brujas que querían su simiente, o conceder sólo entrevistas a periodistas con un signo zodiacal compatible. El Delgado Duque Blanco sobrevivió. Y una vez desintoxicado, (se) demostró que no necesitaba drogas para componer grandes canciones. Este Ashes to ashes es el mejor ejemplo.

Desde la primera frase la canción hizo pensar en una secuela del primer gran éxito de Bowie, aquel Space oddity del 69. En aquella canción se narraba la historia del comandante Tom. Un viaje al espacio en donde este astronauta ficticio perdía toda comunicación con la Tierra y quedaba a la deriva vagando entre las estrellas. En Ashes to ashes Bowie cuenta, diez años después, qué fue de aquel hombre de acción. Habían llegado rumores desde el Control de Tierra, el comandante había enviado un mensaje. Decía que estaba feliz, y que ahí arriba había amado todo lo que necesitaba amar.

La respuesta de la base fue tajante; el comandante Tom es un yonqui. A partir de aquí todo cobra otra perspectiva. La letra cuenta que Tom no tiene pelo ni dinero. Vuela muy alto, más allá del cielo, pero también ha tocado fondo. Día tras día dice que se mantendrá limpio, pero sus demonios le persiguen. Está atrapado con ese viejo «amigo».

Resulta sencillo hacer analogía con la vida del autor. El comandante Tom es el Bowie del pasado, el Bowie adicto. Nos hace creer, incluso, que aquel Space oddity no fue un viaje real por el espacio, sino más bien el viaje imaginario de un colgado de las drogas. Dice que sólo quiere romper esa prisión helada que le atrapa y poder regresar. Todo acaba con esos versos en forma de mantra que parecen imitar una típica rima infantil: «Mi mama dice que si quieres hacer bien las cosas, no te busques líos con el comandante Tom». Es un aviso para navegantes. Posiblemente ningún tema de ninguno de sus trece álbumes anteriores tuvo más mensajes por estrofa que esta canción. Ni más interpretaciones, ya que el enigmático Bowie nunca explicaba los trasfondos reales.

El 10 de enero de 2016 el cosmos de la música quedó paralizado al conocer la noticia del fallecimiento de una de sus estrellas más brillantes. Dos días antes Bowie había editado el álbum Blackstar. En el agitador vídeo que acompañaba a la canción que le daba título aparecía un astronauta muerto en un planeta perdido. Su cráneo era adorado por una extraña raza alienígena. Interpretando de nuevo, uno puede pensar que era el cadáver del comandante y que el genio de Bowie se despedía así de su primera gran creación, dejándonos presenciar cuál fue el final de Tom.

Cenizas a las cenizas decía el título. Porque polvo eres y en polvo te convertirás, podemos añadir. No hay duda. Bowie se convirtió en polvo de estrellas.

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Opiniones 3
  • Me gustó mucho tu artículo. Apenas he comenzado a escuchar música como debe de ser ( desmembrar cada sonido ) y me ha servido para entender a David Bowie

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