23 de junio 2016    /   ENTRETENIMIENTO
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Así surgió la canción ‘Behind blue eyes’, de The Who

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«Tocábamos Rhythm & Blues. Smokestack lightning, I’m a man y otros clásicos con garra. Frente al micro, rasgo sin parar la aullante guitarra Rickenbacker y, entonces, la lanzo al aire con violencia. Siento un estremecimiento repentino mientras el sonido se degrada de rugido a un estertor. Miro hacia arriba y veo el cuerpo fracturado de la guitarra mientras la extraigo del agujero practicado en el techo bajo. En ese momento tomo una decisión repentina y, en un frenesí demente, vuelvo a arrojar una y otra vez la guitarra contra el techo. Lo que antes era una fractura ahora es un astillado estropicio. Sostengo la guitarra ante el gentío con gesto triunfal. No la he machacado: la he esculpido para ellos».

Así recuerda Pete Townshend en su autobiografía Who I Am, de Malpaso ediciones, el primer concierto que dieron The Who, una noche de junio de 1964 en un garito de Londres Oeste. Aquel tímido chaval de 19 años, durante un instante, se había sentido invencible. Era apenas un recién llegado a la efervescente escena mod londinense, pero enseguida se convirtió en uno de sus iconos.

En sus memorias Pete Townshend reconoce ser una de esas personas que se sienten solas en medio de la multitud, pero con su guitarra y el volumen del rocknroll todo estaba en orden. Las páginas de ese libro permiten aproximarse al interior de la cabeza del principal compositor de The Who. Se puede observar desde la barrera cómo habla de sus inseguridades, de sus miedos, de los traumas que arrastra desde la infancia, seguramente a causa de unos abusos que su mente bloqueó durante años.

The_Who_Logo

Para 1971 The Who ya era una de las bandas más grandes de la historia del rock; de tocar en clubes de mods habían pasado a llenar grandes estadios. Un sencillo cuarteto de voz, bajo, guitarra y batería poseía uno de los shows más atronadores del momento. Towshend y el bajista John Entwistle había realizado una auténtica carrera armamentística del sonido, peleando por ver quién era capaz de generar más decibelios desde un escenario. Pero aun en la cima del éxito, el guitarrista seguía arrastrando sus viejos temores y desconfianzas.

Esta canción nació el año anterior. Tras un concierto en Denver una groupie quiso ir con Townshend al hotel. Él la rechazo y se fue solo a la habitación. Allí recordó las enseñanzas de su gurú espiritual, el maestro indio Meher Baba, y comenzó a escribir una oración: «Cuando mi puño se tense, ábrelo, antes de que lo use y pierda el control».

Esas palabras aparecerían después en el estallido rockero que se produce hacia el final de esta canción. ¿Y esos ojos azules?, ¿eran los de Townshend? Él dijo que este no era un tema autobiográfico, que solo quiso plasmar lo solitario que se puede llegar a ser cuando eres poderoso. La canción estaba pensada para formar parte de un proyecto titulado Lifehouse, una ópera-rock al estilo de Tommy o Quadrophenia. Sería la pieza que describiría a Jumbo, el villano de esa película musical que nunca llegó a acabar. Finalmente, la canción apareció en el disco Who’s next, que fue número 1 en las listas de álbumes británicas.

Pero al igual que las experiencias perturbadoras de su infancia se habían filtrado en algunas de sus canciones anteriores, en los protagonistas de sus operas rock Townshend también reflejó características propias o de sus compañeros en la banda. No sería descabellado imaginar que parte de sus sentimientos y angustias estuvieran encarnados en Jumbo, ese malvado personaje que nunca llegó a nacer. Nadie sabe lo que es sentir la presión de las expectativas puestas en alguien que en realidad no es como piensan. Pide que no le dejen saborear ese triunfo porque en realidad no lo es. Sólo él conoce las miserias que se esconden tras su mirada, tras esos ojos azules.

Foto de portada: Jim Summaria

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«Tocábamos Rhythm & Blues. Smokestack lightning, I’m a man y otros clásicos con garra. Frente al micro, rasgo sin parar la aullante guitarra Rickenbacker y, entonces, la lanzo al aire con violencia. Siento un estremecimiento repentino mientras el sonido se degrada de rugido a un estertor. Miro hacia arriba y veo el cuerpo fracturado de la guitarra mientras la extraigo del agujero practicado en el techo bajo. En ese momento tomo una decisión repentina y, en un frenesí demente, vuelvo a arrojar una y otra vez la guitarra contra el techo. Lo que antes era una fractura ahora es un astillado estropicio. Sostengo la guitarra ante el gentío con gesto triunfal. No la he machacado: la he esculpido para ellos».

Así recuerda Pete Townshend en su autobiografía Who I Am, de Malpaso ediciones, el primer concierto que dieron The Who, una noche de junio de 1964 en un garito de Londres Oeste. Aquel tímido chaval de 19 años, durante un instante, se había sentido invencible. Era apenas un recién llegado a la efervescente escena mod londinense, pero enseguida se convirtió en uno de sus iconos.

En sus memorias Pete Townshend reconoce ser una de esas personas que se sienten solas en medio de la multitud, pero con su guitarra y el volumen del rocknroll todo estaba en orden. Las páginas de ese libro permiten aproximarse al interior de la cabeza del principal compositor de The Who. Se puede observar desde la barrera cómo habla de sus inseguridades, de sus miedos, de los traumas que arrastra desde la infancia, seguramente a causa de unos abusos que su mente bloqueó durante años.

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Para 1971 The Who ya era una de las bandas más grandes de la historia del rock; de tocar en clubes de mods habían pasado a llenar grandes estadios. Un sencillo cuarteto de voz, bajo, guitarra y batería poseía uno de los shows más atronadores del momento. Towshend y el bajista John Entwistle había realizado una auténtica carrera armamentística del sonido, peleando por ver quién era capaz de generar más decibelios desde un escenario. Pero aun en la cima del éxito, el guitarrista seguía arrastrando sus viejos temores y desconfianzas.

Esta canción nació el año anterior. Tras un concierto en Denver una groupie quiso ir con Townshend al hotel. Él la rechazo y se fue solo a la habitación. Allí recordó las enseñanzas de su gurú espiritual, el maestro indio Meher Baba, y comenzó a escribir una oración: «Cuando mi puño se tense, ábrelo, antes de que lo use y pierda el control».

Esas palabras aparecerían después en el estallido rockero que se produce hacia el final de esta canción. ¿Y esos ojos azules?, ¿eran los de Townshend? Él dijo que este no era un tema autobiográfico, que solo quiso plasmar lo solitario que se puede llegar a ser cuando eres poderoso. La canción estaba pensada para formar parte de un proyecto titulado Lifehouse, una ópera-rock al estilo de Tommy o Quadrophenia. Sería la pieza que describiría a Jumbo, el villano de esa película musical que nunca llegó a acabar. Finalmente, la canción apareció en el disco Who’s next, que fue número 1 en las listas de álbumes británicas.

Pero al igual que las experiencias perturbadoras de su infancia se habían filtrado en algunas de sus canciones anteriores, en los protagonistas de sus operas rock Townshend también reflejó características propias o de sus compañeros en la banda. No sería descabellado imaginar que parte de sus sentimientos y angustias estuvieran encarnados en Jumbo, ese malvado personaje que nunca llegó a nacer. Nadie sabe lo que es sentir la presión de las expectativas puestas en alguien que en realidad no es como piensan. Pide que no le dejen saborear ese triunfo porque en realidad no lo es. Sólo él conoce las miserias que se esconden tras su mirada, tras esos ojos azules.

Foto de portada: Jim Summaria

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