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10 de mayo 2018    /   BUSINESS
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El asistente de Google podrá pedir citas en la peluquería y encargar pizzas hawaianas

10 de mayo 2018    /   BUSINESS     por          
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Un tono telefónico se escucha por los altavoces del Shoreline Amphitheater, en California. Catorce mil orejas están impacientes por escuchar lo que Sundar Pichai, el CEO de Google, les ha prometido que van a presenciar. Al finalizar el tono, una voz femenina responde. Se trata de la recepcionista de un salón de belleza. Menos de un segundo después, otra voz femenina comienza a hablar, pidiendo una cita para un corte de pelo. La recepcionista le pide un segundo para comprobar la agenda y, de pronto, la otra voz de mujer emite un sugerente «Mm-hmm» de conformidad. La sala entera comienza a reír con excitación.

Esta escena no tendría nada de llamativo si no fuese porque la conversación no la llevaron a cabo dos humanos, sino un humano y un robot, el asistente de Google.

Google, tráeme una pizza hawaiana

La persona (hoy en búsqueda y captura por todos los italianos del planeta) que decidió poner un trozo de piña junto al queso y al tomate estará en este momento disfrutando de una vida placentera con los ingresos que le provee su ingeniosa idea. Este sujeto no es consciente del calvario al que condenó a todos los seres humanos –de gusto culinario dudoso– a los que hizo adictos de su innovación.

—Buenas noches, quería encargar una pizza.

—Por supuesto, ¿qué pizza quiere?

—Haw…ana.

—¿Perdón?

—Hawai…na.

—No le entiendo, caballero.

—HAWAIANA, ¡JODER! ¡HAWAIANA! Sí, lo reconozco, me gusta, ¡ME GUSTA! (en este punto comienza una larga serie de sollozos mezclados con confesiones en las que el trabajador de la pizzería intenta consolar al cliente de forma infructuosa. Finalmente, le manda la pizza con doble ración de piña).

Por fortuna, este pequeño sector de la población está de enhorabuena: en no mucho tiempo podrán comer una pizza hawaiana sin tener que pasar por tan terrible proceso: Google lo hará por ellos.

Google I/O 2018

El gigante informático presentó hace un par de días en el Google I/O 2018 –la conferencia de desarrolladores de la empresa de Silycon Valley– la función experiemental Duplex, por la cual el asistente de Google podrá ser capaz de suplantarnos cada vez que tengamos que hacer un recado por teléfono.

El asistente robótico utiliza un patrón de habla muy natural que incluye muletillas y vacilaciones. A la hora de fijar la fecha, el asistente echa mano del calendario de la persona para encontrar un intervalo de tiempo adecuado y luego lo notifica al usuario una vez cuadrada la cita.

Pichai mostró en directo dos ejemplos. En el primero, el robot llama a una peluquería donde la telefonista en ningún momento advierte la falta de humanidad de su interlocutor. En el otro, uno de los «muchos ejemplos –como confesó el propio Pichai– en los que la llamada no funciona como se esperaba», el robot llama a un restaurante para reservar una mesa. En este ejemplo, el asistente parece perderse durante la conversación pero al final logra solventar la papeleta.

En la conferencia, Pichai expuso: «Queremos conectar a los usuarios con las empresas de la mejor forma posible. En Estados Unidos, el 60% de las pequeñas empresas no tienen sistema online de reservas y creemos que podemos ayudar en eso». Tras años de investigación, los ingenieros de Google han conseguido que el asistente pueda entender los matices de las conversaciones.

Esta actualización aún no está disponible para los usuarios, pero Google planea probar la tecnología durante las próximas semanas realizando llamadas a empresas y preguntándoles por su horario de apertura. Tras recibir la información, Google actualizará la información en el buscador de forma automática.

Los consumidores de pizzas hawaianas del mundo ya pueden ir descorchando champán: el asistente de Google pronto acudirá en su ayuda.

Un tono telefónico se escucha por los altavoces del Shoreline Amphitheater, en California. Catorce mil orejas están impacientes por escuchar lo que Sundar Pichai, el CEO de Google, les ha prometido que van a presenciar. Al finalizar el tono, una voz femenina responde. Se trata de la recepcionista de un salón de belleza. Menos de un segundo después, otra voz femenina comienza a hablar, pidiendo una cita para un corte de pelo. La recepcionista le pide un segundo para comprobar la agenda y, de pronto, la otra voz de mujer emite un sugerente «Mm-hmm» de conformidad. La sala entera comienza a reír con excitación.

Esta escena no tendría nada de llamativo si no fuese porque la conversación no la llevaron a cabo dos humanos, sino un humano y un robot, el asistente de Google.

Google, tráeme una pizza hawaiana

La persona (hoy en búsqueda y captura por todos los italianos del planeta) que decidió poner un trozo de piña junto al queso y al tomate estará en este momento disfrutando de una vida placentera con los ingresos que le provee su ingeniosa idea. Este sujeto no es consciente del calvario al que condenó a todos los seres humanos –de gusto culinario dudoso– a los que hizo adictos de su innovación.

—Buenas noches, quería encargar una pizza.

—Por supuesto, ¿qué pizza quiere?

—Haw…ana.

—¿Perdón?

—Hawai…na.

—No le entiendo, caballero.

—HAWAIANA, ¡JODER! ¡HAWAIANA! Sí, lo reconozco, me gusta, ¡ME GUSTA! (en este punto comienza una larga serie de sollozos mezclados con confesiones en las que el trabajador de la pizzería intenta consolar al cliente de forma infructuosa. Finalmente, le manda la pizza con doble ración de piña).

Por fortuna, este pequeño sector de la población está de enhorabuena: en no mucho tiempo podrán comer una pizza hawaiana sin tener que pasar por tan terrible proceso: Google lo hará por ellos.

Google I/O 2018

El gigante informático presentó hace un par de días en el Google I/O 2018 –la conferencia de desarrolladores de la empresa de Silycon Valley– la función experiemental Duplex, por la cual el asistente de Google podrá ser capaz de suplantarnos cada vez que tengamos que hacer un recado por teléfono.

El asistente robótico utiliza un patrón de habla muy natural que incluye muletillas y vacilaciones. A la hora de fijar la fecha, el asistente echa mano del calendario de la persona para encontrar un intervalo de tiempo adecuado y luego lo notifica al usuario una vez cuadrada la cita.

Pichai mostró en directo dos ejemplos. En el primero, el robot llama a una peluquería donde la telefonista en ningún momento advierte la falta de humanidad de su interlocutor. En el otro, uno de los «muchos ejemplos –como confesó el propio Pichai– en los que la llamada no funciona como se esperaba», el robot llama a un restaurante para reservar una mesa. En este ejemplo, el asistente parece perderse durante la conversación pero al final logra solventar la papeleta.

En la conferencia, Pichai expuso: «Queremos conectar a los usuarios con las empresas de la mejor forma posible. En Estados Unidos, el 60% de las pequeñas empresas no tienen sistema online de reservas y creemos que podemos ayudar en eso». Tras años de investigación, los ingenieros de Google han conseguido que el asistente pueda entender los matices de las conversaciones.

Esta actualización aún no está disponible para los usuarios, pero Google planea probar la tecnología durante las próximas semanas realizando llamadas a empresas y preguntándoles por su horario de apertura. Tras recibir la información, Google actualizará la información en el buscador de forma automática.

Los consumidores de pizzas hawaianas del mundo ya pueden ir descorchando champán: el asistente de Google pronto acudirá en su ayuda.

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