8 de febrero 2011    /   IDEAS
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Atlas de los lugares que no existen

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Amanecía un día de noviembre de 2009. Los habitantes de la región británica de Lancashire no sabían que aquel no iba a ser un día como otro cualquiera. Un nuevo pueblo, con sus habitantes, había aparecido al sur de Ormskirk. El pueblo en cuestión se llamaba Argleton y estaba en el área que rodea la autopista M58 y que corresponde al código postal L39. Ni los más viejos del lugar habían oído hablar jamás de Argleton y nadie recordaba ninguna catástrofe natural, crisis o fenómeno alguno que hubiese destruido o dejado en el olvido aquella localidad que, a partir de ese día, sería conocida como el Pueblo Fantasma de Argleton.

Lo mismo ocurrió unos cuantos miles de kilómetros al sur, en mayo de 2010, en un cruce de caminos de la Rioja. Este nuevo pueblo español se llama Eixt y apareció por arte de magia. Según cuenta Javier Martín, párroco de Alfaro, la localidad más cercana, “viene mucha gente preguntando y yo les explico cómo se va, pero allí no hay más que viñedos”.
Una búsqueda sencilla en Internet arroja resultados sorprendentes: una lista de trabajos, lugares y personas de Argleton y alrededor de 60 páginas de viviendas en venta en Eixt.
El caso es que un buen día, ambas localidades aparecieron en Google Maps con todo el equipamiento necesario; nombre, coordenadas, habitantes, casas… Ahí están y, sin embargo, son lugares que no existen.
Hasta hace muy poco, la literatura, el cine, las leyendas, creaban lugares como Macondo, el pueblo ficticio inventado por Gabriel García Márquez; Yoknapatawpha, el condado donde transcurren las novelas de William Faulkner; Shangri-La, el lugar perdido en el Himalaya de Horizontes perdidos, la novela de James Hilton, o la mismísima Atlántida, la isla legendaria que alimentó la imaginación de Platón y cuya existencia sigue siendo un misterio para algunos. Todos estos lugares existían en nuestra imaginación. Había quienes decían que habían estado allí y dibujaban mapas para desvelar el secreto de su ubicación.
Hoy, en Internet, podemos encontrar páginas en las que algunos soñadores se reúnen para darle forma a la imaginación creando geografías inventadas a partir de historias también inventadas.
Argleton y Eixt son el resultado de un error en el funcionamiento de Google Maps. “Trabajamos constantemente para mejorar la exactitud y la calidad de la información, pero se producen errores ocasionales” fue la explicación que dio la compañía. Pero, por mucho que quieran solucionarlo, ya no pueden: es palabra de Google. No pueden evitar que haya personas que, llevadas por la fascinación, se desplacen hasta Ormskirk y Alfaro preguntando por estos pueblos fantasmas o se manifiesten para salvar su existencia.
La capacidad de Google y la propagación de Internet juntas tienen el poder para crear universos paralelos formados por islas inexistentes y continentes perdidos donde habitan animales mitológicos. Allí están todos los lugares que hemos imaginado y estarán los que seamos capaces de imaginar.
Mares, ríos, valles y montañas que dibujan la cartografía inventada de los lugares que no existen.

Javier González es productor y periodista
Este artículo fue publicado en el número de Febrero de Ling Magazine
Foto de: thekarmapolice reproducida bajo licencia C.C

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Lo mismo ocurrió unos cuantos miles de kilómetros al sur, en mayo de 2010, en un cruce de caminos de la Rioja. Este nuevo pueblo español se llama Eixt y apareció por arte de magia. Según cuenta Javier Martín, párroco de Alfaro, la localidad más cercana, “viene mucha gente preguntando y yo les explico cómo se va, pero allí no hay más que viñedos”.
Una búsqueda sencilla en Internet arroja resultados sorprendentes: una lista de trabajos, lugares y personas de Argleton y alrededor de 60 páginas de viviendas en venta en Eixt.
El caso es que un buen día, ambas localidades aparecieron en Google Maps con todo el equipamiento necesario; nombre, coordenadas, habitantes, casas… Ahí están y, sin embargo, son lugares que no existen.
Hasta hace muy poco, la literatura, el cine, las leyendas, creaban lugares como Macondo, el pueblo ficticio inventado por Gabriel García Márquez; Yoknapatawpha, el condado donde transcurren las novelas de William Faulkner; Shangri-La, el lugar perdido en el Himalaya de Horizontes perdidos, la novela de James Hilton, o la mismísima Atlántida, la isla legendaria que alimentó la imaginación de Platón y cuya existencia sigue siendo un misterio para algunos. Todos estos lugares existían en nuestra imaginación. Había quienes decían que habían estado allí y dibujaban mapas para desvelar el secreto de su ubicación.
Hoy, en Internet, podemos encontrar páginas en las que algunos soñadores se reúnen para darle forma a la imaginación creando geografías inventadas a partir de historias también inventadas.
Argleton y Eixt son el resultado de un error en el funcionamiento de Google Maps. “Trabajamos constantemente para mejorar la exactitud y la calidad de la información, pero se producen errores ocasionales” fue la explicación que dio la compañía. Pero, por mucho que quieran solucionarlo, ya no pueden: es palabra de Google. No pueden evitar que haya personas que, llevadas por la fascinación, se desplacen hasta Ormskirk y Alfaro preguntando por estos pueblos fantasmas o se manifiesten para salvar su existencia.
La capacidad de Google y la propagación de Internet juntas tienen el poder para crear universos paralelos formados por islas inexistentes y continentes perdidos donde habitan animales mitológicos. Allí están todos los lugares que hemos imaginado y estarán los que seamos capaces de imaginar.
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