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24 de octubre 2016    /   BUSINESS
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Aunque no lo parezca, cada vez hay menos asesinatos en el mundo

24 de octubre 2016    /   BUSINESS     por          
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A pesar de que los medios de comunicación insisten en crear alarma social (para ganar audiencia) y los políticos se muestran públicamente muy preocupados (para ganar votos), lo cierto es que los homicidios empiezan a dejar de ser un problema social importante. Al menos si atendemos exclusivamente a las estadísticas.

Homicide Monitor

En España, se produjeron 587 homicidios en el año 2003. En 2013, esa cifra se redujo a 302. Desde hace ya un siglo, la tasa de homicidios ha descendido tanto en España como en todo el mundo, incluso si hacemos el cómputo a nivel porcentual.

En las últimas décadas, este descenso se está acelerando tan rápidamente que, en efecto, parece que matar a otra persona se está convirtiendo en algo bastante inusual. En general, son más los hombres que mueren asesinados que las mujeres, 65% frente a 34%. Podéis ver un listado con los homicidios intencionados de otros países aquí.

Por ejemplo, entre 1975 y 2005, la tasa de homicidios en Nueva York se redujo de casi 22 muertes a 6 muertes por cada 100.000 habitantes. Y a ese descenso se le sumó también una caída del número de violaciones, robos y otros delitos graves. Podéis consultar las cifras de homicidios que se cometen en tu país en comparación con otros con Homicide Monitor.

Naturalmente, todavía hay mucha gente que mata a otra gente y esto no quita gravedad a otro tipo de violencia que sigue habiendo. Honduras, Venezuela, Belice, El Salvador y Guatemala son los cinco países con más homicidios porcentuales de todo el mundo. Por ejemplo, si en Austria, Suiza, Holanda o Alemania hay unos 0,7 asesinatos por cada 100.000 habitantes, las cifras de Honduras, Venezuela, Belice, El Salvador y Guatemala son, respectivamente, 84, 54, 41 y 34.

Son cifras altas, pero si la comparamos con el pasado en Estados Unidos hay razones para el optimismo: en New Orleans, durante los años veinte del siglo XX, había 26 homicidios por cada 100.000 habitantes. En Miami, 40. Memphis ostentaba el récord estadounidense con 69,3 asesinatos por cada 100.000 habitantes. Sin contar el grado de impunidad, como explica Bill Bryson en su libro 1927: un verano que cambió el mundo:

En realidad, en la década de 1920 eso no ocurría muy a menudo en Estados Unidos. En Nueva York se registraron 372 asesinatos en 1927; en 115 de esos casos no arrestaron a nadie. Y cuando sí había detenciones, la media de condenas era de menos del veinte por ciento.

Así pues, puntualmente, hay ciudades y hasta países donde la tasa de homicidios ha crecido. Sin embargo, con sus altibajos, la tendencia general es descendente, tal y como señala el profesor de Historia Yuval Noah Harari en su reciente libro Homo Deus:

Mientras que en las sociedades agrícolas antiguas la violencia humana causaba alrededor del 15 por ciento de todas las muertes, durante el siglo XX la violencia causó solo el 5 por ciento, y en el inicio del siglo XXI está siendo responsable del alrededor del 1 por ciento de la mortalidad global.

1crimescene

El caso español

El descenso de los homicidios en España es paradigmático. En 2003, era el país con mayor tasa de asesinatos de la Unión Europea (3 por cada 100.000 habitantes), pero actualmente se encuentra entre los tres países con menos homicidios de la UE. Los dos primeros países con menos homicidios son Islandia (0,3) y Eslovenia (0,6). Si contamos ciudades estado como Andorra o Luxemburgo, todavía hay cifras más bajas: algunos años han registrado cero asesinatos.

Otro dato contraintuitivo es que la mayor parte de estos homicidios no se perpetran con fines estereotípicamente malignos, como robar, violar o evitar una detención policial. La mayor parte de los homicidios, como ha señalado el experto en leyes Donald Black en su influyente artículo El crimen como control social, se cometen como represalia tras una ofensa, por una pelea doméstica o por un problema afectivo. Es decir: celos, venganza y defensa propia.

¿Por qué la gente mata menos?

Como todo fenómeno social complejo, ninguna explicación es satisfactoria si no resulta multifactorial, y todavía ignoramos un buen número de los factores que han inclinado la balanza hacia el pacifismo generalizado. No obstante, disponemos de algunas teorías.

Dado que la mayor parte de los homicidios se basan, prácticamente, en el ojo por ojo y el diente por diente, las sociedades con estados más protectores y garantistas, así como tribunales más eficaces, desincentivan esta clase de homicidios. Al aumentar el nivel de vida en general, también se desincentiva la idea de arriesgarlo todo por ajusticiar a alguien: la justicia actuará en nuestro lugar.

Las antropólogas Karen Ericksen y Heather Horton han cuantificado hasta qué punto la presencia de un gobierno puede alejar a una sociedad de la venganza mortal. Revisaron 192 estudios tradicionales, descubriendo que la venganza individual era frecuente en las sociedades recolectoras, que vivían en contextos mucho más violentos que el barrio del Bronx en la década de 1980.

Por su parte, John Donohue, de la Universidad de Yale, y Steven Levitt, de la Universidad de Chicago, proponen una explicación alternativa, aunque no excluyente: la legalización del aborto, es decir, la reducción de hijos no deseados, sobre todo en las capas más desfavorecidas de la sociedad. Los cinco estados que legalizaron el aborto antes de la legalización nacional de enero de 1973 experimentaron caídas en el número de hechos criminales un poco antes que los demás estados.

Las mujeres que con más probabilidad usan el aborto (cuando la ley lo permite) son las que no tienen pareja y son adolescentes o muy pobres. Los niños de estas madres, según un estudio citado por Levitt, tienen 50 por ciento más probabilidad que el promedio de vivir en la pobreza y el doble de cometer crímenes (Fuente: El Tiempo)

Puede que no haya una relación causa efecto entre ambos fenómenos, pero vale la pena echar un vistazo a la convincente argumentación que esgrimen en su artículo The Impact of Legalized Abortion on Crime.

También tenemos la tesis, un tanto desprestigiada, de la teoría de las ventanas rotas, que propone que un contexto vandálico donde reina el caos, produce más caos. Inconscientemente, una persona pensará que allí hay mucha vigilancia y orden y que su desliz llamará mucho más la atención, lo que reduce la posibilidad de que caiga en él.

Puede que haya influido también, en efecto, la proliferación de cámaras de vigilancia de circuito cerrado, que ha convertido las grandes ciudades en panópticos. La reducción del plomo en la gasolina, pues un ambiente con demasiado plomo en el aire puede afectar a las funciones cerebrales. Que la crianza tenga en cuenta muchas cosas que afectan negativamente al desarrollo cerebral: tabaco y alcohol durante la gestación, faltas de caricias en los primeros años, etc. El descenso de los precios de los bienes de consumo. Una población cada vez más envejecida (son los jóvenes, estadísticamente, los que cometen más crímenes de sangre). La lista de posibles motivos, o micromotivos encadenados, es casi infinita.

Con todo, en términos generales, hemos de admitir que no tenemos ni repajolera idea de lo que está pasando: la gente es cada vez más pacífica y más empática, y parece que cada vez lo es más y más rápidamente. No sabemos la razón, pero al menos es algo bueno.

Lo único que podemos atestiguar es que las líneas de actuación deben ser múltiples, atacar diversos frentes, porque las soluciones mágicas no existen. Y al contemplar el problema desde otros ángulos, quizá así empecemos también a esclarecer la otra cara de la moneda: mientras que por un lado hay menos homicidios, en términos generales están aumentando los suicidios, el homicidio a uno mismo. Es lo que tiene solucionar un problema: cual muñeca rusa, aparecen nuevos desafíos.

A pesar de que los medios de comunicación insisten en crear alarma social (para ganar audiencia) y los políticos se muestran públicamente muy preocupados (para ganar votos), lo cierto es que los homicidios empiezan a dejar de ser un problema social importante. Al menos si atendemos exclusivamente a las estadísticas.

Homicide Monitor

En España, se produjeron 587 homicidios en el año 2003. En 2013, esa cifra se redujo a 302. Desde hace ya un siglo, la tasa de homicidios ha descendido tanto en España como en todo el mundo, incluso si hacemos el cómputo a nivel porcentual.

En las últimas décadas, este descenso se está acelerando tan rápidamente que, en efecto, parece que matar a otra persona se está convirtiendo en algo bastante inusual. En general, son más los hombres que mueren asesinados que las mujeres, 65% frente a 34%. Podéis ver un listado con los homicidios intencionados de otros países aquí.

Por ejemplo, entre 1975 y 2005, la tasa de homicidios en Nueva York se redujo de casi 22 muertes a 6 muertes por cada 100.000 habitantes. Y a ese descenso se le sumó también una caída del número de violaciones, robos y otros delitos graves. Podéis consultar las cifras de homicidios que se cometen en tu país en comparación con otros con Homicide Monitor.

Naturalmente, todavía hay mucha gente que mata a otra gente y esto no quita gravedad a otro tipo de violencia que sigue habiendo. Honduras, Venezuela, Belice, El Salvador y Guatemala son los cinco países con más homicidios porcentuales de todo el mundo. Por ejemplo, si en Austria, Suiza, Holanda o Alemania hay unos 0,7 asesinatos por cada 100.000 habitantes, las cifras de Honduras, Venezuela, Belice, El Salvador y Guatemala son, respectivamente, 84, 54, 41 y 34.

Son cifras altas, pero si la comparamos con el pasado en Estados Unidos hay razones para el optimismo: en New Orleans, durante los años veinte del siglo XX, había 26 homicidios por cada 100.000 habitantes. En Miami, 40. Memphis ostentaba el récord estadounidense con 69,3 asesinatos por cada 100.000 habitantes. Sin contar el grado de impunidad, como explica Bill Bryson en su libro 1927: un verano que cambió el mundo:

En realidad, en la década de 1920 eso no ocurría muy a menudo en Estados Unidos. En Nueva York se registraron 372 asesinatos en 1927; en 115 de esos casos no arrestaron a nadie. Y cuando sí había detenciones, la media de condenas era de menos del veinte por ciento.

Así pues, puntualmente, hay ciudades y hasta países donde la tasa de homicidios ha crecido. Sin embargo, con sus altibajos, la tendencia general es descendente, tal y como señala el profesor de Historia Yuval Noah Harari en su reciente libro Homo Deus:

Así pues, puntualmente, hay ciudades y hasta países donde la tasa de homicidios ha crecido. Sin embargo, con sus altibajos, la tendencia general es descendente, tal y como señala el profesor de Historia Yuval Noah Harari en su reciente libro Homo Deus:

Mientras que en las sociedades agrícolas antiguas la violencia humana causaba alrededor del 15 por ciento de todas las muertes, durante el siglo XX la violencia causó solo el 5 por ciento, y en el inicio del siglo XXI está siendo responsable del alrededor del 1 por ciento de la mortalidad global.

1crimescene

El caso español

El descenso de los homicidios en España es paradigmático. En 2003, era el país con mayor tasa de asesinatos de la Unión Europea (3 por cada 100.000 habitantes), pero actualmente se encuentra entre los tres países con menos homicidios de la UE. Los dos primeros países con menos homicidios son Islandia (0,3) y Eslovenia (0,6). Si contamos ciudades estado como Andorra o Luxemburgo, todavía hay cifras más bajas: algunos años han registrado cero asesinatos.

Otro dato contraintuitivo es que la mayor parte de estos homicidios no se perpetran con fines estereotípicamente malignos, como robar, violar o evitar una detención policial. La mayor parte de los homicidios, como ha señalado el experto en leyes Donald Black en su influyente artículo El crimen como control social, se cometen como represalia tras una ofensa, por una pelea doméstica o por un problema afectivo. Es decir: celos, venganza y defensa propia.

¿Por qué la gente mata menos?

Como todo fenómeno social complejo, ninguna explicación es satisfactoria si no resulta multifactorial, y todavía ignoramos un buen número de los factores que han inclinado la balanza hacia el pacifismo generalizado. No obstante, disponemos de algunas teorías.

Dado que la mayor parte de los homicidios se basan, prácticamente, en el ojo por ojo y el diente por diente, las sociedades con estados más protectores y garantistas, así como tribunales más eficaces, desincentivan esta clase de homicidios. Al aumentar el nivel de vida en general, también se desincentiva la idea de arriesgarlo todo por ajusticiar a alguien: la justicia actuará en nuestro lugar.

Las antropólogas Karen Ericksen y Heather Horton han cuantificado hasta qué punto la presencia de un gobierno puede alejar a una sociedad de la venganza mortal. Revisaron 192 estudios tradicionales, descubriendo que la venganza individual era frecuente en las sociedades recolectoras, que vivían en contextos mucho más violentos que el barrio del Bronx en la década de 1980.

Por su parte, John Donohue, de la Universidad de Yale, y Steven Levitt, de la Universidad de Chicago, proponen una explicación alternativa, aunque no excluyente: la legalización del aborto, es decir, la reducción de hijos no deseados, sobre todo en las capas más desfavorecidas de la sociedad. Los cinco estados que legalizaron el aborto antes de la legalización nacional de enero de 1973 experimentaron caídas en el número de hechos criminales un poco antes que los demás estados.

Las mujeres que con más probabilidad usan el aborto (cuando la ley lo permite) son las que no tienen pareja y son adolescentes o muy pobres. Los niños de estas madres, según un estudio citado por Levitt, tienen 50 por ciento más probabilidad que el promedio de vivir en la pobreza y el doble de cometer crímenes (Fuente: El Tiempo)

Puede que no haya una relación causa efecto entre ambos fenómenos, pero vale la pena echar un vistazo a la convincente argumentación que esgrimen en su artículo The Impact of Legalized Abortion on Crime.

También tenemos la tesis, un tanto desprestigiada, de la teoría de las ventanas rotas, que propone que un contexto vandálico donde reina el caos, produce más caos. Inconscientemente, una persona pensará que allí hay mucha vigilancia y orden y que su desliz llamará mucho más la atención, lo que reduce la posibilidad de que caiga en él.

Puede que haya influido también, en efecto, la proliferación de cámaras de vigilancia de circuito cerrado, que ha convertido las grandes ciudades en panópticos. La reducción del plomo en la gasolina, pues un ambiente con demasiado plomo en el aire puede afectar a las funciones cerebrales. Que la crianza tenga en cuenta muchas cosas que afectan negativamente al desarrollo cerebral: tabaco y alcohol durante la gestación, faltas de caricias en los primeros años, etc. El descenso de los precios de los bienes de consumo. Una población cada vez más envejecida (son los jóvenes, estadísticamente, los que cometen más crímenes de sangre). La lista de posibles motivos, o micromotivos encadenados, es casi infinita.

Con todo, en términos generales, hemos de admitir que no tenemos ni repajolera idea de lo que está pasando: la gente es cada vez más pacífica y más empática, y parece que cada vez lo es más y más rápidamente. No sabemos la razón, pero al menos es algo bueno.

Lo único que podemos atestiguar es que las líneas de actuación deben ser múltiples, atacar diversos frentes, porque las soluciones mágicas no existen. Y al contemplar el problema desde otros ángulos, quizá así empecemos también a esclarecer la otra cara de la moneda: mientras que por un lado hay menos homicidios, en términos generales están aumentando los suicidios, el homicidio a uno mismo. Es lo que tiene solucionar un problema: cual muñeca rusa, aparecen nuevos desafíos.

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