Publicado: 07 de septiembre 2023 09:02  /   CREATIVIDAD
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¿En qué se parece un Rembrandt a tus retratos fotográficos?

Publicado: 07 de septiembre 2023 09:02  /   CREATIVIDAD     por          
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autorretratos de Rembrandt

¿Te imaginas la vida sin fotografía? Probablemente te resulte imposible. Hoy en día, rara es la persona que no tiene una cámara a su alcance. Basta con desbloquear tu móvil para tener la capacidad de capturar un instante para la posteridad.

Ha llovido mucho desde aquel día de 1839, cuando Louis Daguerre presentaba al mundo el primer procedimiento fotográfico oficial, el daguerrotipo. Estaba lejos de ser tan accesible y popular como es ahora, pero, desde entonces, la vida no ha vuelto a ser igual.

Antes del siglo XIX, la encargada de calcar la realidad era la pintura. No era un trabajo sencillo; requería una técnica exquisita y, sobre todo, de una paciencia infinita. Pintar un retrato, por ejemplo, podía alargarse semanas e incluso meses. Por no hablar de los posados interminables. Su precio tampoco era accesible para el común de los mortales.

Pero todo cambió con la llegada de la fotografía, que, de forma mucho más simple, era capaz de capturar la realidad al dedillo y, encima, de hacerlo en cuestión de segundos. Casi parecía cosa de magia. La pintura, entonces, se vio en la obligación de encontrar nuevos caminos, nuevas formas de mirar y retratar el mundo que, sin duda, fueron mucho más expresivas e incluso abstractas.

autorretratos de Rembrandt

Un gran ejemplo es el de los impresionistas que, usando la fotografía para sus propios intereses, crearon una forma de hacer arte mucho más libre y que podía centrarse en su verdadera obsesión: la exploración de la luz y cómo esta es capaz de cambiar nuestra forma de ver el mundo.

El tándem fotografía-pintura fue casi instantáneo. Su relación e influencias fueron esencialmente mutuas. En su cruzada en busca de valoración, los fotógrafos bebieron (y mucho) de la tradición pictórica. Y aquí, precisamente, es donde entran artistas como Rembrandt, cuya influencia se ha extendido hasta el punto de que algunas de las técnicas y procedimientos que se usan hoy tienen origen en su forma de concebir la pintura.

EL MAESTRO DE LOS SELFIS Y DE LA LUZ

Si hubiera vivido hoy, el porfolio de Rembrandt Harmenszoon van Rijn habría sido la envidia de sus contemporáneos. Pocos artistas en la historia pueden presumir de tener un repertorio tan amplio y diverso como el suyo.

En pleno siglo XVII, Rembrandt empuñó su pincel para crear obras monumentales, dibujos y grabados. Pintó escenas religiosas, bodegones, retratos e incluso paisajes. También hizo sus pinitos como inversor de arte; se cree que incluso llegó a comprar sus propias obras para tratar de revalorizarlas.

Pero si algo hizo Rembrandt, fue atreverse a innovar. Basta con mirar sus retratos colectivos, los que podríamos considerar predecesores de nuestras aburridas fotos corporativas. Frente al estatismo tradicional, muy a la moda en el Siglo de Oro holandés, Rembrandt dotaba a los personajes de sus obras de naturalidad y frescura, sin respetar jerarquías, con una libertad que se adelantaba a la de las fotografías. Y precisamente en este mismo contexto nacen algunas de sus pinturas más famosas, como La ronda de noche o La lección de anatomía.

autorretratos de Rembrandt

Con todas estas aportaciones, no es de extrañar que su creatividad y visión revolucionaria influenciara a infinidad de artistas posteriores, como Vincent Van Gogh, que pudo admirar sus obras durante su breve pero intensa estancia en Ámsterdam.

Pero su influencia se alargó más allá de los siglos y los soportes, impactando de forma sorprendente en nuestras fotografías. En la actualidad, algunos fotógrafos, como Suzanne Jongmans o Hendrik Kersterns, beben directamente de la producción de los maestros del Barroco holandés y el Renacimiento flamenco e italiano, trayendo sus obras a la actualidad.

En sus fotografías podemos vislumbrar el estilo y composiciones propias de artistas como Vermeer, Van Eyck, Da Vinci y, por supuesto, Rembrandt. Pero la influencia de la que venimos a hablar hoy es mucho más sutil y, al mismo tiempo, extremadamente común. De hecho, tiene que ver con la forma en la que tradicionalmente fotógrafos y cineastas han iluminado a sus protagonistas.

Como buen pintor barroco, Rembrandt fue muy consciente del potencial que tienen los efectos lumínicos para la expresividad. Por eso mismo usó contrastes de luces y sombras en prácticamente todas sus pinturas. A veces, para fijar el interés en un punto concreto de las mismas; otras, simplemente para crear ese dramatismo tan mítico del Barroco.

Pero su uso es especialmente interesante en el caso de los retratos. En este punto, es importante entender que Rembrandt no se limitaba a retratar a sus protagonistas, sino que se esforzaba por conocerlos y dejar parte de su personalidad y psicología plasmada en sus obras, a través de su rostro y expresiones.

autorretratos de Rembrandt

No le interesaba hacer retratos planos, por eso solía introducir estos contrastes. Es lo que comúnmente se conoce como claroscuro. A lo largo de su amplia carrera, exploró muchas fórmulas para tratar la luz sobre sus retratados, pero hay una en concreto que se repite infinidad de veces en sus obras y cuya influencia ha sobrevivido al paso del tiempo.

Para el naming no se comieron mucho la cabeza: se conoce como iluminación Rembrandt o triángulo de Rembrandt, y se ha usado en la fotografía y el cine hasta la saciedad.

Una vez conoces las claves para identificar este tipo de iluminación, es imposible dejar de verla. Consiste en un fuerte claroscuro, en el que una parte del rostro se mantiene bien iluminada, mientras que la otra permanece en penumbra.

En esta segunda se encuentra la clave: bajo el ojo, con una luz más o menos intensa, aparece un triángulo invertido, un recurso que acentúa los rasgos del retratado, además de crear un dramatismo muy interesante.

autorretratos de Rembrandt

Lograr este efecto en fotografía es fácil, sencillo y para toda la familia. Solo necesitas un foco principal de luz suave que impacte en el modelo desde uno de los laterales, más a menos a unos 45º. Cuando se busca un contraste más suave, es interesante introducir un reflector al lado contrario, pero más allá de estos pasos, no tiene mucho más misterio. El resultado, sin embargo, a menudo, es sublime.

Pero la cercanía de Rembrandt con la fotografía ni empieza ni acaba con su iluminación. Hemos hablado de sus retratos, pero se nos ha pasado por alto mencionar algo fundamental: su modelo principal fue él mismo.

Si algo hizo este pintor neerlandés, fue crear una auténtica autobiografía a través de casi un centenar de autorretratos que nos permiten observar cómo el paso del tiempo hizo mella en su persona, tanto física como psicológicamente.

Muchos de estos autorretratos poco o nada tienen que envidiar a nuestros famosos selfis. Ni siquiera en las poses. En un breve ejercicio de búsqueda, incluso puedes encontrar alguno en el que se atreve a poner morritos o a esbozar una media sonrisa. Habría que ver a Rembrandt con una cámara de fotos y acceso a internet. Tal vez, además de un artista mítico, habría sido el primer influencer de la historia.

¿Te imaginas la vida sin fotografía? Probablemente te resulte imposible. Hoy en día, rara es la persona que no tiene una cámara a su alcance. Basta con desbloquear tu móvil para tener la capacidad de capturar un instante para la posteridad.

Ha llovido mucho desde aquel día de 1839, cuando Louis Daguerre presentaba al mundo el primer procedimiento fotográfico oficial, el daguerrotipo. Estaba lejos de ser tan accesible y popular como es ahora, pero, desde entonces, la vida no ha vuelto a ser igual.

Antes del siglo XIX, la encargada de calcar la realidad era la pintura. No era un trabajo sencillo; requería una técnica exquisita y, sobre todo, de una paciencia infinita. Pintar un retrato, por ejemplo, podía alargarse semanas e incluso meses. Por no hablar de los posados interminables. Su precio tampoco era accesible para el común de los mortales.

Pero todo cambió con la llegada de la fotografía, que, de forma mucho más simple, era capaz de capturar la realidad al dedillo y, encima, de hacerlo en cuestión de segundos. Casi parecía cosa de magia. La pintura, entonces, se vio en la obligación de encontrar nuevos caminos, nuevas formas de mirar y retratar el mundo que, sin duda, fueron mucho más expresivas e incluso abstractas.

autorretratos de Rembrandt

Un gran ejemplo es el de los impresionistas que, usando la fotografía para sus propios intereses, crearon una forma de hacer arte mucho más libre y que podía centrarse en su verdadera obsesión: la exploración de la luz y cómo esta es capaz de cambiar nuestra forma de ver el mundo.

El tándem fotografía-pintura fue casi instantáneo. Su relación e influencias fueron esencialmente mutuas. En su cruzada en busca de valoración, los fotógrafos bebieron (y mucho) de la tradición pictórica. Y aquí, precisamente, es donde entran artistas como Rembrandt, cuya influencia se ha extendido hasta el punto de que algunas de las técnicas y procedimientos que se usan hoy tienen origen en su forma de concebir la pintura.

EL MAESTRO DE LOS SELFIS Y DE LA LUZ

Si hubiera vivido hoy, el porfolio de Rembrandt Harmenszoon van Rijn habría sido la envidia de sus contemporáneos. Pocos artistas en la historia pueden presumir de tener un repertorio tan amplio y diverso como el suyo.

En pleno siglo XVII, Rembrandt empuñó su pincel para crear obras monumentales, dibujos y grabados. Pintó escenas religiosas, bodegones, retratos e incluso paisajes. También hizo sus pinitos como inversor de arte; se cree que incluso llegó a comprar sus propias obras para tratar de revalorizarlas.

Pero si algo hizo Rembrandt, fue atreverse a innovar. Basta con mirar sus retratos colectivos, los que podríamos considerar predecesores de nuestras aburridas fotos corporativas. Frente al estatismo tradicional, muy a la moda en el Siglo de Oro holandés, Rembrandt dotaba a los personajes de sus obras de naturalidad y frescura, sin respetar jerarquías, con una libertad que se adelantaba a la de las fotografías. Y precisamente en este mismo contexto nacen algunas de sus pinturas más famosas, como La ronda de noche o La lección de anatomía.

autorretratos de Rembrandt

Con todas estas aportaciones, no es de extrañar que su creatividad y visión revolucionaria influenciara a infinidad de artistas posteriores, como Vincent Van Gogh, que pudo admirar sus obras durante su breve pero intensa estancia en Ámsterdam.

Pero su influencia se alargó más allá de los siglos y los soportes, impactando de forma sorprendente en nuestras fotografías. En la actualidad, algunos fotógrafos, como Suzanne Jongmans o Hendrik Kersterns, beben directamente de la producción de los maestros del Barroco holandés y el Renacimiento flamenco e italiano, trayendo sus obras a la actualidad.

En sus fotografías podemos vislumbrar el estilo y composiciones propias de artistas como Vermeer, Van Eyck, Da Vinci y, por supuesto, Rembrandt. Pero la influencia de la que venimos a hablar hoy es mucho más sutil y, al mismo tiempo, extremadamente común. De hecho, tiene que ver con la forma en la que tradicionalmente fotógrafos y cineastas han iluminado a sus protagonistas.

Como buen pintor barroco, Rembrandt fue muy consciente del potencial que tienen los efectos lumínicos para la expresividad. Por eso mismo usó contrastes de luces y sombras en prácticamente todas sus pinturas. A veces, para fijar el interés en un punto concreto de las mismas; otras, simplemente para crear ese dramatismo tan mítico del Barroco.

Pero su uso es especialmente interesante en el caso de los retratos. En este punto, es importante entender que Rembrandt no se limitaba a retratar a sus protagonistas, sino que se esforzaba por conocerlos y dejar parte de su personalidad y psicología plasmada en sus obras, a través de su rostro y expresiones.

autorretratos de Rembrandt

No le interesaba hacer retratos planos, por eso solía introducir estos contrastes. Es lo que comúnmente se conoce como claroscuro. A lo largo de su amplia carrera, exploró muchas fórmulas para tratar la luz sobre sus retratados, pero hay una en concreto que se repite infinidad de veces en sus obras y cuya influencia ha sobrevivido al paso del tiempo.

Para el naming no se comieron mucho la cabeza: se conoce como iluminación Rembrandt o triángulo de Rembrandt, y se ha usado en la fotografía y el cine hasta la saciedad.

Una vez conoces las claves para identificar este tipo de iluminación, es imposible dejar de verla. Consiste en un fuerte claroscuro, en el que una parte del rostro se mantiene bien iluminada, mientras que la otra permanece en penumbra.

En esta segunda se encuentra la clave: bajo el ojo, con una luz más o menos intensa, aparece un triángulo invertido, un recurso que acentúa los rasgos del retratado, además de crear un dramatismo muy interesante.

autorretratos de Rembrandt

Lograr este efecto en fotografía es fácil, sencillo y para toda la familia. Solo necesitas un foco principal de luz suave que impacte en el modelo desde uno de los laterales, más a menos a unos 45º. Cuando se busca un contraste más suave, es interesante introducir un reflector al lado contrario, pero más allá de estos pasos, no tiene mucho más misterio. El resultado, sin embargo, a menudo, es sublime.

Pero la cercanía de Rembrandt con la fotografía ni empieza ni acaba con su iluminación. Hemos hablado de sus retratos, pero se nos ha pasado por alto mencionar algo fundamental: su modelo principal fue él mismo.

Si algo hizo este pintor neerlandés, fue crear una auténtica autobiografía a través de casi un centenar de autorretratos que nos permiten observar cómo el paso del tiempo hizo mella en su persona, tanto física como psicológicamente.

Muchos de estos autorretratos poco o nada tienen que envidiar a nuestros famosos selfis. Ni siquiera en las poses. En un breve ejercicio de búsqueda, incluso puedes encontrar alguno en el que se atreve a poner morritos o a esbozar una media sonrisa. Habría que ver a Rembrandt con una cámara de fotos y acceso a internet. Tal vez, además de un artista mítico, habría sido el primer influencer de la historia.

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