14 de julio 2020    /   CREATIVIDAD
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Lidia García: «La copla no es un estilo musical, es una cosmovisión»

La autora de los podcasts ‘Ay, campaneras’ dice que la copla se ve como una música opresiva, pero, en realidad, es un retrato de la opresión

14 de julio 2020    /   CREATIVIDAD     por          
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Tanta copla oyó de niña que hoy le sale por los cuatro costaos. Lidia García, más que coplera, es… ¡la copla! Hablan sus manos y sus dedos acompasando lo que dice; hablan sus ojos, que abre a lo grande cuando escucha y achina con tiralíneas al reír. 

Nació la copla para contar dolores y emociones. ¡Pa pedir la libertad! Será por eso que en el encierro Lidia García cogió un micrófono y se puso a contar y a cantar la historia de la copla. ¡A los cuatro vientos! (a los cuatro vientos de hoy: en podcast). Lo llamó ¡Ay, campaneras! y le endiñó una frasecilla: «Si no puedo llevar peineta, no es mi revolución». 

Esta mujer que se puso en Twitter The Queer Cañí Bot, esta profesora de Arte Contemporáneo de la Universidad de Murcia, aparece tras el negro de la pantalla de Zoom. Bruno es su pelo, y sus ojos, y los tirantes de la camiseta, y el redondel del micro. Luminosa la pared del fondo, la risa, la piel, y esa forma de explicar las cosas con la maestría de un chulo de toriles.

—Vayamos por bloques, Lidia, que se nos amontonan los temas y acabamos por peteneras. 

—Vamos.

Tanto orden trato de poner en la entrevista que ¡a ver si al final nos va a salir un Power Point! Pero no. Lidia García convierte en tablao cualquier conversación por erudita que sea.  

Hablemos de tu forma de hablar.

¡Por fin! Por fin la copla contada de forma actual, con una mirada de historiadora y limpia de prejuicios.

Fue una cosa supernatural. La cuento igual que la percibo. Antes de hacer el podcast, ya llevaba como un añico, o un añico y medio, escribiendo hilos en Twitter sobre esto. Entonces, claro, usé ese mismo lenguaje. Es como si te dejaras llevar por el medio. Al escribir para Twitter, acabé haciendo ciertas bromas, ciertos gags, y creo que eso, de alguna manera, se ha quedado en el podcast. Es la forma de hablar de mi generación. 

Tu hablar es muy coplero. Muchas veces ¡hasta cantas! ¿Es tu forma de expresarte en estos podcasts o es algo que te viene de serie?

Yo soy así todo el rato. Pensé que en un formato divulgativo como el podcast podía ser más libre que en otros, como el académico, que quieras o no, te constriñe. ¡Aunque también me he puesto a cantar en algún congreso! La copla tiene eso que tú dices: es el ser coplera. No es un estilo musical. Es una cosmovisión.

Qué bellísimo es el lenguaje de la copla y que lo desprecien diciendo que es antiguo, de catetas, de señoras de pueblo.

Yo lo siento como propio. Yo soy todas esas acusaciones que has dicho: cateta, una mujer de pueblo, gente pobre. Es que es todo lo que soy yo, aunque luego haya accedido a la universidad. No dejo de ser eso y precisamente esa es la parte de mi identidad de la que más orgullosa estoy y la que creo que tenemos que revisitar. En un sentido político, creo que para eso sirve escuchar la copla. 

Me encanta que te dirijas a tus oyentes como hijas mías, queridas, queridas mías. Me suena tan levantino… 

Soy de un pueblo de Albacete que se llama Montealegre del Castillo. ¡Tiene un nombre como muy de copla! Está pegao a Murcia (es un pueblo medio manchego medio murciano) y ahora vivo en Murcia. Digo estas expresiones de una forma totalmente natural. Es como hablo todo el tiempo.

Pero, ahora que lo dices, sí que me parece una herramienta para construir un lugar de enunciación en el que, explícitamente, tú seas como esas mujeres. Es decir, yo no soy diferente a mi objeto de estudio. Yo no miro a las mujeres que cantaban copla desde un baluarte intelectual ni las miro con distancia, con otredad. Yo formo parte de ese mismo discurso y quiero que quien me escucha se sienta parte de ese mismo discurso, porque, probablemente, también sea el suyo aunque no se haya parado a pensarlo. Por eso me sale así.

Hablemos de la forma que tenemos de juzgar la copla.

Vivimos tiempos dogmáticos, maniqueos, negacionistas. Muchos intentan borrar de la historia lo que no les gusta. Muchos están aferrados a la idea equivocada de que la copla es la música franquista. ¿Crees que sigue siendo la percepción más común?

Sí, desgraciadamente, sí. Es, en primer lugar, por un motivo generacional. Entiendo que una persona que viviera la Dictadura y percibiera que la copla era parte del discurso oficial le tenga cierta reticencia. El hecho de que a mí me guste este género no quiere decir que no pueda haber otras formas de verlo. 

Pero desde hace años hay muchísimas voces intentando deshacer esa vinculación. Hay que saber muy poco de la historia de la copla para ver que es anterior, que también fue el lenguaje de la República, que existen figuras como Miguel de Molina… Y, sin embargo, parece que todavía pesa la idea del franquismo. Aunque creo que por lo que más se la desprecia es por femenina y popular. 

Lo dices muy bien con tu frase: «La copla es la banda sonora del barrer y del fregar».

Y porque es del sur y porque tiene que ver con la disidencia sexual y una serie de cosas que no se perdonan. Que fuera de mujeres, de mujeres pobres y de maricones. Creo que esa es la clave.

¿Por qué crees que al flamenco se considera arte y la copla es un género chico del cantar? ¿También porque es una música de mujeres? 

El flamenco me gusta pero no soy ninguna experta. Creo que tiene mucho que ver con la diferencia de cómo surge uno y cómo surge otro. El flamenco tiene una raíz más popular. La copla, por mucho que tome el nombre de esos cantares anónimos, es poesía lírica hecha por poetas cultos. Pero creo que tiene que ver bastante con lo femenino. En el flamenco hay mujeres, pero la copla es la voz femenina. Los hombres intérpretes son absolutas excepciones. Eso es lo que marca la diferencia. A la intelectualidad le cuesta asimilar la figura de la diva de la copla por su exceso estético y por unas marcas culturales que han estado asociadas a lo kitsch, a lo que es demasiado, a lo que no encaja.  

Es tan injusto que se vea como el himno del franquismo… La copla era el cantar de las mujeres libres en los años 20 y 30: hablaban de feminismo y lesbianismo. ¿Crees que esa copla sigue siendo desconocida? 

Creo que solo es conocida en algunos círculos y entre personas que se han interesado en ella. Para el gran público sigue siendo absolutamente desconocida y lo noto en la respuesta a los podcasts. La gente se volvió loquísima con la versión de Se dice, de Concha Piquer. La gente alucina con este tipo de letras. 

Amar, yo quiero amar con libertad
Porque nací mujer
Para querer
Y hacer mi santa voluntad.
Amar, sin escuchar el qué dirán
Pues todo es
Hablar, hablar por no callar.

Hablemos de historia.

Vas contando la historia de España en las letras de las coplas.

De alguna manera, sí. También voy metiendo cuplés, zarzuelas, chotis. Al ser música pensada para el consumo de las masas, y para ser escuchada en vivo, había muchas referencias a la actualidad. En ese momento muchas letras eran solo un chascarrillo, pero, al escucharlas ahora, nos ayudan a entender el contexto de la época y a acercarnos a la historia de un modo más ameno. Es un privilegio tratar de comprender una época mediante la cultura. Es algo que nos dan estas canciones.

En el capítulo 6, Si las mujeres mandasen, dices: «Entre broma y broma, la verdad asoma». Eso es muy coplero, y muy de toda la vida de dios, para poder hablar de tabúes y temas prohibidos. 

Sí, sí, sí. Muchas veces pensamos que la copla solo habla de lo dramático, pero hay muchas muchas coplas humorísticas. Creo que forma parte de esa especie de estrategia del débil que ha conseguido colarse en el discurso, y si no puede decir lo que quiere decir, recurre al humor. Esto aparece en la copla constantemente. Por eso están las sexualidades diversas y tantas subversiones que en un contexto serio, con todas las comillas del mundo, no podrían darse. 

La copla habla, sobre todo, de asuntos populares: «El hambre colma el plato», dice una. También es frecuente cantar al matrimonio como única forma de salir adelante. ¿Qué asuntos te llaman más la atención?

Me interesa mucho que en la copla se cruzan los temas de género y clase social. Muchísimas hablan de eso: de la pobreza femenina. Es lo que le pasa a María de la O. Te tienes que casar con un tipo que no te gusta y renuncias al amor de tu vida porque es la única posibilidad de ascenso social. Es una forma específicamente femenina de renuncia vinculada a la pobreza.

Hay otro tema por el que van orbitando casi todas las coplas: la cárcel del matrimonio para la mujer. La copla me parece un género que te ayuda a entender muy bien esa especificidad: ser mujer y, además, ser pobre.

Dedicas un capítulo a las mujeres que se quedaron «para vestir santos». «A esa ya no hay quien le clave el diente». ¡Qué burlas y desprecios tuvieron que aguantar las mujeres que no se casaron: las solteronas! ¡Y qué pedazo de copla cantó Juanita Reina: Compuesta y sin novio

Con el barbero, no me he casao
y del quebradero de tres cabezas yo me he librao.
¿Por qué no te casas, niña?, dicen por los callejones.
Yo estoy compuesta y sin novio porque tengo mis razones.

Marío, suegra y cuñao, tres niños y uno de cría,
que en la feria, que la gripe, que tu mama, que la mía.
Son muchas complicaciones, soltera pa toa la vida.

Este es un ejemplo genial de humor. Sin humor, ¿cómo vas a decir eso? Que no venga ningún hombre a marearme, que quiero estar sola. No le hubiesen permitido decirlo como un alegato sin una brizna de humor. 

Las malas lenguas, las murmuraciones. Dedicas un capítulo a la cera que daban a las mujeres por su libertad sexual. ¡Las ponían verdes!

Y lo siguen haciendo. Esta vigilancia mutua es un mecanismo de coerción social. Es un control sobre los cuerpos en general y casi siempre sobre el de la mujer. Eso en la copla se ve estupendamente. Yo soy filóloga y, al final, me voy a las etimologías y a las movidas esas. Si haces un análisis del discurso, ves que muchas coplas se estructuran por las frases que dice la gente: qué le pasa a la Zarzamora, por qué bebe la Parrala…

Siempre son preguntas que no se hace ni el narrador, ni el que lo escucha, ni el que lo canta. Es una pregunta que se hace el pueblo, la gente. Es como un personaje invisible que atraviesa toda la copla y que la propia copla, como género, utiliza para retratar a esa mujer. Siempre se ha leído la copla como una música opresiva, pero la copla es un retrato de la opresión. Específicamente, de esa opresión de la libertad sexual. 

Hablemos de tus podcasts ¡Ay, campaneras!

¿Por qué elegiste ese título? 

Porque es la copla favorita de mi madre, es la que canta siempre. Y me gusta la historia que hay detrás. Cuando yo le pregunto: «Mama, ¿por qué es tu copla favorita?», ella me cuenta que su padre no cantaba muy bien. Le daba vergüenza hacerlo en público (esa cosa de la masculinidad). Pero una vez, trabajando en el campo, pensó que estaba solo y se puso a cantar. Mi madre, de pronto, lo oyó cantantando La campanera a voz en grito. Es un recuerdo que se le quedó grabado y por eso decidí llamar así el podcast.

¿Cuánto tiempo llevas estudiando la copla? 

Llevo escuchándola toda mi vida, desde que se la oía cantar a mi madre. En la adolescencia y en la universidad tuve esa crisis de: «Esto no se corresponde con la mujer de izquierdas, intelectual, que aspiro ser». Luego se me pasó el golpe y ya volví a lo mío. Estudiándola como tal, unos añitos. Pero leyendo sobre ella, desde la adolescencia.

Te he oído decir que has hecho los podcasts durante la cuarentena sola en casa.

Sí, sí, claro. Los sigo haciendo así. 

¡Madre mía! ¿Todo: guion, producción, diseño sonoro…? 

Sí, de hecho, hasta el episodio 10 ni siquiera tenía un micrófono. Una gente que me escuchaba me envió uno. «Ay, me encanta lo que haces, hija mía, pero no se te oye bien». O sea, ¡que imagínate los medios! ¡Nada! 

Empecé en el confinamiento por hacer algo. Estaba un poco atacá, como tol mundo y, la verdad, me vino muy bien. Vivimos en un piso de 30 metros y me encerraba en el baño a grabarlos. Ahora he cambiado la periodicidad: antes hacía uno a la semana y ahora hago uno cada 15 días, porque es bastante trabajo. Y no sé cuánto más tiempo podré seguir haciéndolos por mis propios medios. 

¿Cuáles son los episodios más escuchados?

No hay grandes diferencias de escucha entre uno y otro y eso me encanta porque me hace pensar que la gente se fideliza. Me hacen mucha gracia esas personas que crean cosas y fingen que les da igual si los demás las ven. Yo, al contrario. Yo estoy mirando las estadísticas todo el tiempo. Porque si nadie hiciera caso a lo que hago, no haría nada, te lo digo.

Tanta copla oyó de niña que hoy le sale por los cuatro costaos. Lidia García, más que coplera, es… ¡la copla! Hablan sus manos y sus dedos acompasando lo que dice; hablan sus ojos, que abre a lo grande cuando escucha y achina con tiralíneas al reír. 

Nació la copla para contar dolores y emociones. ¡Pa pedir la libertad! Será por eso que en el encierro Lidia García cogió un micrófono y se puso a contar y a cantar la historia de la copla. ¡A los cuatro vientos! (a los cuatro vientos de hoy: en podcast). Lo llamó ¡Ay, campaneras! y le endiñó una frasecilla: «Si no puedo llevar peineta, no es mi revolución». 

Esta mujer que se puso en Twitter The Queer Cañí Bot, esta profesora de Arte Contemporáneo de la Universidad de Murcia, aparece tras el negro de la pantalla de Zoom. Bruno es su pelo, y sus ojos, y los tirantes de la camiseta, y el redondel del micro. Luminosa la pared del fondo, la risa, la piel, y esa forma de explicar las cosas con la maestría de un chulo de toriles.

—Vayamos por bloques, Lidia, que se nos amontonan los temas y acabamos por peteneras. 

—Vamos.

Tanto orden trato de poner en la entrevista que ¡a ver si al final nos va a salir un Power Point! Pero no. Lidia García convierte en tablao cualquier conversación por erudita que sea.  

Hablemos de tu forma de hablar.

¡Por fin! Por fin la copla contada de forma actual, con una mirada de historiadora y limpia de prejuicios.

Fue una cosa supernatural. La cuento igual que la percibo. Antes de hacer el podcast, ya llevaba como un añico, o un añico y medio, escribiendo hilos en Twitter sobre esto. Entonces, claro, usé ese mismo lenguaje. Es como si te dejaras llevar por el medio. Al escribir para Twitter, acabé haciendo ciertas bromas, ciertos gags, y creo que eso, de alguna manera, se ha quedado en el podcast. Es la forma de hablar de mi generación. 

Tu hablar es muy coplero. Muchas veces ¡hasta cantas! ¿Es tu forma de expresarte en estos podcasts o es algo que te viene de serie?

Yo soy así todo el rato. Pensé que en un formato divulgativo como el podcast podía ser más libre que en otros, como el académico, que quieras o no, te constriñe. ¡Aunque también me he puesto a cantar en algún congreso! La copla tiene eso que tú dices: es el ser coplera. No es un estilo musical. Es una cosmovisión.

Qué bellísimo es el lenguaje de la copla y que lo desprecien diciendo que es antiguo, de catetas, de señoras de pueblo.

Yo lo siento como propio. Yo soy todas esas acusaciones que has dicho: cateta, una mujer de pueblo, gente pobre. Es que es todo lo que soy yo, aunque luego haya accedido a la universidad. No dejo de ser eso y precisamente esa es la parte de mi identidad de la que más orgullosa estoy y la que creo que tenemos que revisitar. En un sentido político, creo que para eso sirve escuchar la copla. 

Me encanta que te dirijas a tus oyentes como hijas mías, queridas, queridas mías. Me suena tan levantino… 

Soy de un pueblo de Albacete que se llama Montealegre del Castillo. ¡Tiene un nombre como muy de copla! Está pegao a Murcia (es un pueblo medio manchego medio murciano) y ahora vivo en Murcia. Digo estas expresiones de una forma totalmente natural. Es como hablo todo el tiempo.

Pero, ahora que lo dices, sí que me parece una herramienta para construir un lugar de enunciación en el que, explícitamente, tú seas como esas mujeres. Es decir, yo no soy diferente a mi objeto de estudio. Yo no miro a las mujeres que cantaban copla desde un baluarte intelectual ni las miro con distancia, con otredad. Yo formo parte de ese mismo discurso y quiero que quien me escucha se sienta parte de ese mismo discurso, porque, probablemente, también sea el suyo aunque no se haya parado a pensarlo. Por eso me sale así.

Hablemos de la forma que tenemos de juzgar la copla.

Vivimos tiempos dogmáticos, maniqueos, negacionistas. Muchos intentan borrar de la historia lo que no les gusta. Muchos están aferrados a la idea equivocada de que la copla es la música franquista. ¿Crees que sigue siendo la percepción más común?

Sí, desgraciadamente, sí. Es, en primer lugar, por un motivo generacional. Entiendo que una persona que viviera la Dictadura y percibiera que la copla era parte del discurso oficial le tenga cierta reticencia. El hecho de que a mí me guste este género no quiere decir que no pueda haber otras formas de verlo. 

Pero desde hace años hay muchísimas voces intentando deshacer esa vinculación. Hay que saber muy poco de la historia de la copla para ver que es anterior, que también fue el lenguaje de la República, que existen figuras como Miguel de Molina… Y, sin embargo, parece que todavía pesa la idea del franquismo. Aunque creo que por lo que más se la desprecia es por femenina y popular. 

Lo dices muy bien con tu frase: «La copla es la banda sonora del barrer y del fregar».

Y porque es del sur y porque tiene que ver con la disidencia sexual y una serie de cosas que no se perdonan. Que fuera de mujeres, de mujeres pobres y de maricones. Creo que esa es la clave.

¿Por qué crees que al flamenco se considera arte y la copla es un género chico del cantar? ¿También porque es una música de mujeres? 

El flamenco me gusta pero no soy ninguna experta. Creo que tiene mucho que ver con la diferencia de cómo surge uno y cómo surge otro. El flamenco tiene una raíz más popular. La copla, por mucho que tome el nombre de esos cantares anónimos, es poesía lírica hecha por poetas cultos. Pero creo que tiene que ver bastante con lo femenino. En el flamenco hay mujeres, pero la copla es la voz femenina. Los hombres intérpretes son absolutas excepciones. Eso es lo que marca la diferencia. A la intelectualidad le cuesta asimilar la figura de la diva de la copla por su exceso estético y por unas marcas culturales que han estado asociadas a lo kitsch, a lo que es demasiado, a lo que no encaja.  

Es tan injusto que se vea como el himno del franquismo… La copla era el cantar de las mujeres libres en los años 20 y 30: hablaban de feminismo y lesbianismo. ¿Crees que esa copla sigue siendo desconocida? 

Creo que solo es conocida en algunos círculos y entre personas que se han interesado en ella. Para el gran público sigue siendo absolutamente desconocida y lo noto en la respuesta a los podcasts. La gente se volvió loquísima con la versión de Se dice, de Concha Piquer. La gente alucina con este tipo de letras. 

Amar, yo quiero amar con libertad
Porque nací mujer
Para querer
Y hacer mi santa voluntad.
Amar, sin escuchar el qué dirán
Pues todo es
Hablar, hablar por no callar.

Hablemos de historia.

Vas contando la historia de España en las letras de las coplas.

De alguna manera, sí. También voy metiendo cuplés, zarzuelas, chotis. Al ser música pensada para el consumo de las masas, y para ser escuchada en vivo, había muchas referencias a la actualidad. En ese momento muchas letras eran solo un chascarrillo, pero, al escucharlas ahora, nos ayudan a entender el contexto de la época y a acercarnos a la historia de un modo más ameno. Es un privilegio tratar de comprender una época mediante la cultura. Es algo que nos dan estas canciones.

En el capítulo 6, Si las mujeres mandasen, dices: «Entre broma y broma, la verdad asoma». Eso es muy coplero, y muy de toda la vida de dios, para poder hablar de tabúes y temas prohibidos. 

Sí, sí, sí. Muchas veces pensamos que la copla solo habla de lo dramático, pero hay muchas muchas coplas humorísticas. Creo que forma parte de esa especie de estrategia del débil que ha conseguido colarse en el discurso, y si no puede decir lo que quiere decir, recurre al humor. Esto aparece en la copla constantemente. Por eso están las sexualidades diversas y tantas subversiones que en un contexto serio, con todas las comillas del mundo, no podrían darse. 

La copla habla, sobre todo, de asuntos populares: «El hambre colma el plato», dice una. También es frecuente cantar al matrimonio como única forma de salir adelante. ¿Qué asuntos te llaman más la atención?

Me interesa mucho que en la copla se cruzan los temas de género y clase social. Muchísimas hablan de eso: de la pobreza femenina. Es lo que le pasa a María de la O. Te tienes que casar con un tipo que no te gusta y renuncias al amor de tu vida porque es la única posibilidad de ascenso social. Es una forma específicamente femenina de renuncia vinculada a la pobreza.

Hay otro tema por el que van orbitando casi todas las coplas: la cárcel del matrimonio para la mujer. La copla me parece un género que te ayuda a entender muy bien esa especificidad: ser mujer y, además, ser pobre.

Dedicas un capítulo a las mujeres que se quedaron «para vestir santos». «A esa ya no hay quien le clave el diente». ¡Qué burlas y desprecios tuvieron que aguantar las mujeres que no se casaron: las solteronas! ¡Y qué pedazo de copla cantó Juanita Reina: Compuesta y sin novio

Con el barbero, no me he casao
y del quebradero de tres cabezas yo me he librao.
¿Por qué no te casas, niña?, dicen por los callejones.
Yo estoy compuesta y sin novio porque tengo mis razones.

Marío, suegra y cuñao, tres niños y uno de cría,
que en la feria, que la gripe, que tu mama, que la mía.
Son muchas complicaciones, soltera pa toa la vida.

Este es un ejemplo genial de humor. Sin humor, ¿cómo vas a decir eso? Que no venga ningún hombre a marearme, que quiero estar sola. No le hubiesen permitido decirlo como un alegato sin una brizna de humor. 

Las malas lenguas, las murmuraciones. Dedicas un capítulo a la cera que daban a las mujeres por su libertad sexual. ¡Las ponían verdes!

Y lo siguen haciendo. Esta vigilancia mutua es un mecanismo de coerción social. Es un control sobre los cuerpos en general y casi siempre sobre el de la mujer. Eso en la copla se ve estupendamente. Yo soy filóloga y, al final, me voy a las etimologías y a las movidas esas. Si haces un análisis del discurso, ves que muchas coplas se estructuran por las frases que dice la gente: qué le pasa a la Zarzamora, por qué bebe la Parrala…

Siempre son preguntas que no se hace ni el narrador, ni el que lo escucha, ni el que lo canta. Es una pregunta que se hace el pueblo, la gente. Es como un personaje invisible que atraviesa toda la copla y que la propia copla, como género, utiliza para retratar a esa mujer. Siempre se ha leído la copla como una música opresiva, pero la copla es un retrato de la opresión. Específicamente, de esa opresión de la libertad sexual. 

Hablemos de tus podcasts ¡Ay, campaneras!

¿Por qué elegiste ese título? 

Porque es la copla favorita de mi madre, es la que canta siempre. Y me gusta la historia que hay detrás. Cuando yo le pregunto: «Mama, ¿por qué es tu copla favorita?», ella me cuenta que su padre no cantaba muy bien. Le daba vergüenza hacerlo en público (esa cosa de la masculinidad). Pero una vez, trabajando en el campo, pensó que estaba solo y se puso a cantar. Mi madre, de pronto, lo oyó cantantando La campanera a voz en grito. Es un recuerdo que se le quedó grabado y por eso decidí llamar así el podcast.

¿Cuánto tiempo llevas estudiando la copla? 

Llevo escuchándola toda mi vida, desde que se la oía cantar a mi madre. En la adolescencia y en la universidad tuve esa crisis de: «Esto no se corresponde con la mujer de izquierdas, intelectual, que aspiro ser». Luego se me pasó el golpe y ya volví a lo mío. Estudiándola como tal, unos añitos. Pero leyendo sobre ella, desde la adolescencia.

Te he oído decir que has hecho los podcasts durante la cuarentena sola en casa.

Sí, sí, claro. Los sigo haciendo así. 

¡Madre mía! ¿Todo: guion, producción, diseño sonoro…? 

Sí, de hecho, hasta el episodio 10 ni siquiera tenía un micrófono. Una gente que me escuchaba me envió uno. «Ay, me encanta lo que haces, hija mía, pero no se te oye bien». O sea, ¡que imagínate los medios! ¡Nada! 

Empecé en el confinamiento por hacer algo. Estaba un poco atacá, como tol mundo y, la verdad, me vino muy bien. Vivimos en un piso de 30 metros y me encerraba en el baño a grabarlos. Ahora he cambiado la periodicidad: antes hacía uno a la semana y ahora hago uno cada 15 días, porque es bastante trabajo. Y no sé cuánto más tiempo podré seguir haciéndolos por mis propios medios. 

¿Cuáles son los episodios más escuchados?

No hay grandes diferencias de escucha entre uno y otro y eso me encanta porque me hace pensar que la gente se fideliza. Me hacen mucha gracia esas personas que crean cosas y fingen que les da igual si los demás las ven. Yo, al contrario. Yo estoy mirando las estadísticas todo el tiempo. Porque si nadie hiciera caso a lo que hago, no haría nada, te lo digo.

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