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6 de julio 2017    /   BRANDED CONTENT
 

Los monstruos buenos de Bakea, en Callao

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«¡Anda que no molaría ver a Cacafrutti aquí!». Cada vez que Juan Carlos Paz, alias Bakea, pasaba por Callao se imaginaba cómo sería ver a Cacafrutti y sus otros monstruitos en la gran pantalla de la plaza madrileña. Lo hacía sin tener en cuenta la advertencia de aquel aforismo que se suele atribuir a Wilde y que reza: «Cuidado con lo que deseas porque puede convertirse en realidad».

El ilustrador y escultor por fin puede comprobar qué se siente al ver sus creaciones en aquel emplazamiento porque desde el pasado 1 de julio se exhiben en formato gigante en las pantallas de Callao City Lights.

El resto de viandantes no deben temer nada porque los monstruos de Bakea no dan miedo. Son monstruos buenos. «Comencé a crearlos en un momento de bajón vital en el que había muchos monstruos (y no de los majos) en mi cabeza. Decidí darle la vuelta y buscar las cosas (monstruos) buenas que había dentro de mi cabeza».

No descarta que su fijación por este tipo de personaje se deba a una especie de complejo de Peter Pan, aunque no es el sentido estricto: «Más que no querer crecer, es querer volver a esa etapa de ingenuidad en la que nada te preocupa y te sientes seguro. Una especie de reducto de tranquilidad en la vida adulta». El atracón de dibujos «de los bueno, de los de antes» que se dio de pequeño también tiene parte de culpa de su afición por los monstruitos.

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En sus dibujos son frecuentes las escenas más o menos cotidianas en las que son sus protagonistas, los monstruos, los que se encargan de romper los esquemas. «En mis ilustraciones pretendo reflejar un mundo que no es el nuestro, con una luz diferente, especies distintas y prácticamente virgen, en el que la huella del ser humano es casi imperceptible».

No se considera maniático pero, a la hora de trabajar, si repite ciertas rutinas: «Como paso mucho tiempo solo delante del ordenador, me gusta ponerme música o podcast de humor…soy muy fan de La Vida Moderna, me descojono con Broncano, Ignatius y Quequé». Su faceta «más rarita», confiesa, la muestra precisamente cuando se trata de crear monstruos: «Tengo mis propias reglas, por ejemplo, veo la foto y si en 5 minutos no “ha salido” el monstruo de mi cabeza, desecho la foto y empiezo de nuevo».

Cuando escriben sobre su trabajo suelen calificar su estilo como «surrealismo pop». A él le gusta «porque es un concepto muy loco» así que es al que recurre cuando le piden que se defina como artista.

Su experiencia como director de arte en agencias como Contrapunto BBDO o DDB explica que se sienta más cómodo con los trabajos que le llegan del sector de la publicidad aunque admite que le gustaría recibir encargos de todo tipo. «Acabo de colaborar con el restaurante Sublimotion para diseñar un postre monstruoso de chocolate con Paco Torreblanca y ha sido un experiencia muy enriquecedora. A veces necesito alejarme de la pantalla del ordenador para refrescarme las ideas». Ahora tiene una excusa más para alejarse del ordenador de vez en cuando: acercarse a Callao a ver a sus criaturitas. «Pasaré por allí todo lo que pueda», confiesa.

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«¡Anda que no molaría ver a Cacafrutti aquí!». Cada vez que Juan Carlos Paz, alias Bakea, pasaba por Callao se imaginaba cómo sería ver a Cacafrutti y sus otros monstruitos en la gran pantalla de la plaza madrileña. Lo hacía sin tener en cuenta la advertencia de aquel aforismo que se suele atribuir a Wilde y que reza: «Cuidado con lo que deseas porque puede convertirse en realidad».

El ilustrador y escultor por fin puede comprobar qué se siente al ver sus creaciones en aquel emplazamiento porque desde el pasado 1 de julio se exhiben en formato gigante en las pantallas de Callao City Lights.

El resto de viandantes no deben temer nada porque los monstruos de Bakea no dan miedo. Son monstruos buenos. «Comencé a crearlos en un momento de bajón vital en el que había muchos monstruos (y no de los majos) en mi cabeza. Decidí darle la vuelta y buscar las cosas (monstruos) buenas que había dentro de mi cabeza».

No descarta que su fijación por este tipo de personaje se deba a una especie de complejo de Peter Pan, aunque no es el sentido estricto: «Más que no querer crecer, es querer volver a esa etapa de ingenuidad en la que nada te preocupa y te sientes seguro. Una especie de reducto de tranquilidad en la vida adulta». El atracón de dibujos «de los bueno, de los de antes» que se dio de pequeño también tiene parte de culpa de su afición por los monstruitos.

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En sus dibujos son frecuentes las escenas más o menos cotidianas en las que son sus protagonistas, los monstruos, los que se encargan de romper los esquemas. «En mis ilustraciones pretendo reflejar un mundo que no es el nuestro, con una luz diferente, especies distintas y prácticamente virgen, en el que la huella del ser humano es casi imperceptible».

No se considera maniático pero, a la hora de trabajar, si repite ciertas rutinas: «Como paso mucho tiempo solo delante del ordenador, me gusta ponerme música o podcast de humor…soy muy fan de La Vida Moderna, me descojono con Broncano, Ignatius y Quequé». Su faceta «más rarita», confiesa, la muestra precisamente cuando se trata de crear monstruos: «Tengo mis propias reglas, por ejemplo, veo la foto y si en 5 minutos no “ha salido” el monstruo de mi cabeza, desecho la foto y empiezo de nuevo».

Cuando escriben sobre su trabajo suelen calificar su estilo como «surrealismo pop». A él le gusta «porque es un concepto muy loco» así que es al que recurre cuando le piden que se defina como artista.

Su experiencia como director de arte en agencias como Contrapunto BBDO o DDB explica que se sienta más cómodo con los trabajos que le llegan del sector de la publicidad aunque admite que le gustaría recibir encargos de todo tipo. «Acabo de colaborar con el restaurante Sublimotion para diseñar un postre monstruoso de chocolate con Paco Torreblanca y ha sido un experiencia muy enriquecedora. A veces necesito alejarme de la pantalla del ordenador para refrescarme las ideas». Ahora tiene una excusa más para alejarse del ordenador de vez en cuando: acercarse a Callao a ver a sus criaturitas. «Pasaré por allí todo lo que pueda», confiesa.

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