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13 de junio 2012    /   CREATIVIDAD
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Balazo narrativo al mundo de la publicidad

13 de junio 2012    /   CREATIVIDAD     por          
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Dicen que el primer libro de Ralph del Valle, Gnandelos, es un balazo narrativo al mundo de la publicidad. Se han quedado cortos. Es una bomba que va a explotarle en la cara a muchos publicitarios y anunciantes de este país, que se reconocerán en sus páginas. Para abrir boca, el libro habla de creativos cocainómanos, anunciantes oligofrénicos, golfas, trepas y ególatras, entre otras cosas.

Gnadenlos es una palabra alemana que significa sin piedad, sin compasión. Y en su caso hace referencia a la forma en la que el autor narra en primera persona su experiencia de cinco años como redactor creativo en varias agencias de publicidad de Madrid. Antes de abrir el libro, ganador del Premio de Creación Literaria Bubok 2012, un marcapáginas te da la “Bienvenida al mundo de la publicidad” y de él cuelga un bolsita en cuyo interior hay un polvo blanco.

Del Valle menciona agencias como Copiapunto, Trashmore, La Panda, Grau, Clapsa, Cáspita… Y a profesionales que, aunque tienen el nombre cambiado, fácilmente reconocerá el sector. También habla de los sueldos miserables de los que empiezan en la profesión; del robo de ideas de los juniors por parte de los creativos de alto rango; de las fiestas de los publicitarios: “un lugar lleno de drogas donde no existe la inteligencia, el reparo ni nada que les ate a la más mínima decencia”; de las “zorras que trabajan en publicidad y que saben que el sexo es la mejor manera de llegar arriba en la profesión” o de los concurso amañados, entre otras cosas.

“Sé que es fuerte afirmar que los concursos publicitarios están amañados”, dice Ralph del Valle, “nadie lo dice pero todos sabemos la cantidad de concursos que se ganan con un maletín primero, y el maletín no es de cuero negro con billetes sin marcar,  sino que tiene forma de cuenta en el mejor prostíbulo de la ciudad o de una vuelta al mundo en clase business”.

Para el escritor, la publicidad refleja perfectamente la falta de moral y de ética de la sociedad actual. “Seguro que estas mismas cosas pasan en otros sectores, pero este es el que conozco”, afirma. Por eso reconoce que el trasfondo del libro no es criticar la profesión publicitaria gratuitamente, sino reflejar una generación que ha sido estafada y engañada, esclavizada como fuerza de trabajo barata y torturada psicológicamente con la inestabilidad laboral.

“Después de cinco años en agencias puedo afirmar que el talento no importa en esta profesión. Solo importa el precio al que te quieres vender”, señala Del valle, “al final decidí salir de este mundo por dos motivos: salud mental y dignidad, y contar esa especie de corrupción moral que se ha instalado en las agencias, en las que tú eres tan importante como el último anuncio que hayas hecho, en qué agencia trabajas o en qué reservados puedes entrar”.

Tiene claro que lo más bonito que le van a llamar es provocador y prepotente. “Entiendo que si me ponen verde es que estoy diciendo algo que toca la fibra sensible”. Sin embargo, no ha querido desvelar la identidad real de las agencias y publicitarios que aparecen en el libro, aunque da suficientes pistas para que sean reconocidos con facilidad… o no. “Me interesaba crear un poco de intriga y que la gente se pregunte ¿seré yo ese creativo de la melena, traje italiano, reloj de oro y tabique nasal de plata? ¿Será mi agencia esa que describe como un abrevadero de caspa regida por nulidades?”. Y sigue: “Además, no resultaría fácil demostrar que todo un departamento creativo de una agencia consume estupefacientes, algo que todos los que hemos trabajado en el sector sabemos que ocurre”, sentencia Ralph del Valle.

Durante mucho tiempo se limitó a quejarse… hasta que se cansó e hizo realidad, y sin compasión, aquello que tantas veces se había dicho: «El día que escriba un libro con lo que pasa en mi agencia se hunde». Así que, ya sabes, si eres creativo de una agencia, responsable de cuentas, director de marketing… cruza los dedos y reza a quien creas para no ser uno de los protagonistas de este libro.

Dicen que el primer libro de Ralph del Valle, Gnandelos, es un balazo narrativo al mundo de la publicidad. Se han quedado cortos. Es una bomba que va a explotarle en la cara a muchos publicitarios y anunciantes de este país, que se reconocerán en sus páginas. Para abrir boca, el libro habla de creativos cocainómanos, anunciantes oligofrénicos, golfas, trepas y ególatras, entre otras cosas.

Gnadenlos es una palabra alemana que significa sin piedad, sin compasión. Y en su caso hace referencia a la forma en la que el autor narra en primera persona su experiencia de cinco años como redactor creativo en varias agencias de publicidad de Madrid. Antes de abrir el libro, ganador del Premio de Creación Literaria Bubok 2012, un marcapáginas te da la “Bienvenida al mundo de la publicidad” y de él cuelga un bolsita en cuyo interior hay un polvo blanco.

Del Valle menciona agencias como Copiapunto, Trashmore, La Panda, Grau, Clapsa, Cáspita… Y a profesionales que, aunque tienen el nombre cambiado, fácilmente reconocerá el sector. También habla de los sueldos miserables de los que empiezan en la profesión; del robo de ideas de los juniors por parte de los creativos de alto rango; de las fiestas de los publicitarios: “un lugar lleno de drogas donde no existe la inteligencia, el reparo ni nada que les ate a la más mínima decencia”; de las “zorras que trabajan en publicidad y que saben que el sexo es la mejor manera de llegar arriba en la profesión” o de los concurso amañados, entre otras cosas.

“Sé que es fuerte afirmar que los concursos publicitarios están amañados”, dice Ralph del Valle, “nadie lo dice pero todos sabemos la cantidad de concursos que se ganan con un maletín primero, y el maletín no es de cuero negro con billetes sin marcar,  sino que tiene forma de cuenta en el mejor prostíbulo de la ciudad o de una vuelta al mundo en clase business”.

Para el escritor, la publicidad refleja perfectamente la falta de moral y de ética de la sociedad actual. “Seguro que estas mismas cosas pasan en otros sectores, pero este es el que conozco”, afirma. Por eso reconoce que el trasfondo del libro no es criticar la profesión publicitaria gratuitamente, sino reflejar una generación que ha sido estafada y engañada, esclavizada como fuerza de trabajo barata y torturada psicológicamente con la inestabilidad laboral.

“Después de cinco años en agencias puedo afirmar que el talento no importa en esta profesión. Solo importa el precio al que te quieres vender”, señala Del valle, “al final decidí salir de este mundo por dos motivos: salud mental y dignidad, y contar esa especie de corrupción moral que se ha instalado en las agencias, en las que tú eres tan importante como el último anuncio que hayas hecho, en qué agencia trabajas o en qué reservados puedes entrar”.

Tiene claro que lo más bonito que le van a llamar es provocador y prepotente. “Entiendo que si me ponen verde es que estoy diciendo algo que toca la fibra sensible”. Sin embargo, no ha querido desvelar la identidad real de las agencias y publicitarios que aparecen en el libro, aunque da suficientes pistas para que sean reconocidos con facilidad… o no. “Me interesaba crear un poco de intriga y que la gente se pregunte ¿seré yo ese creativo de la melena, traje italiano, reloj de oro y tabique nasal de plata? ¿Será mi agencia esa que describe como un abrevadero de caspa regida por nulidades?”. Y sigue: “Además, no resultaría fácil demostrar que todo un departamento creativo de una agencia consume estupefacientes, algo que todos los que hemos trabajado en el sector sabemos que ocurre”, sentencia Ralph del Valle.

Durante mucho tiempo se limitó a quejarse… hasta que se cansó e hizo realidad, y sin compasión, aquello que tantas veces se había dicho: «El día que escriba un libro con lo que pasa en mi agencia se hunde». Así que, ya sabes, si eres creativo de una agencia, responsable de cuentas, director de marketing… cruza los dedos y reza a quien creas para no ser uno de los protagonistas de este libro.

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Opiniones 54
  • «Para abrir boca, el libro habla de creativos cocainómanos, anunciantes oligofrénicos, golfas, trepas y ególatras, entre otros personajes».

    Pero bueno, esto es la vida, ¿no? Quicir, en el periodismo pasa lo mismo. Y en la carrera política, y en…

    • Bueno, esto me recuerda la frase de María Jiménez de «¿qué español no se ha metido una rallita en su vida?». Yo trabajo en publicidad y la cabeza me funciona bastante bien sin tener que consumir nada aparte del café diario, e incluso en el tiempo libre puedo tener una vida sin estar colocada. Vamos, que no tiene nada que ver dedicarse a un oficio con vivir como una rock star.

  • De acuerdo con las fiestas de publicitarios (y sobre todo las solidarias que dan asco y vergüenza ajena), de acuerdo con lo de los sueldos miserables (aunque la forma de buscar dignidad no es salirte de tu profesión y ganar dinero denuciándola, sino luchar por cambiarla), para nada de acuerdo en lo de la cocaína, me parece que este tío ha leído demasiado al francés.
    Respecto a la conclusión final, corrijo, no es «El día que escriba un libro con lo que pasa en mi agencia se hunde”, no amigo, es «El día que escriba un libro con lo que pasa en mi EMPRESA (sea la que sea) se hunde».
    Lo de las putas y la coca, tienes que ver menos películas, Ralphito. La publicidad es un trabajo mucho más aburrido y endogámico de lo que se cree. Lucha de egos y poco más. Jefes paletos y amantes del dinero y poco más. Lo demás son películas, mucho Beigbeder, muchas ansias de protagonismo y mucha caradura.
    Escribir un libro como si fueses a ser perseguido a lo Rushdie, joder macho, que estás escribiendo sobre los pringaos de siempre. Que vergüenza ajena.

  • Yo, que trabajo en esto, tengo ahora la sensación de haberme perdido toda la fiesta!

    Una reflexión: ¿5 años de experiencia en agencias? Eso no es nada… y las conoce todas a ese nivel? los entresijos, los secretos, los concursos, los apaños, las drogas.., definitivamente yo debo ser un patán porque en 17 años no he tenido ni síntomas….esto de ser profesional es un coñazo.

    Una pregunta: ¿Es un libro o un guión?

    • 5 años y 27 agencias… Pues sí que se ha movido.

      De todos modos, nada de lo que dice me sorprende ya después de 2 años trabajando en este sector…

  • El autor es un creativo publicitario, y, como tal, ha exagerado el mundo que refleja en su libro.

    Yo llevo trabajando de creativo 13 años y nunca he visto sexo, drogas ni rock’n’roll. Bueno, tal vez, rock’n’roll sí, para evitar el silencio en la agencia y no caer fulminado por el sueño.

    Es cierto que hay trepas, ineptos y concursos amañados, pero no tienen nada de cinematográfico ni literario. A mi alrededor hay cometronchos y comechirlas, pero no ejercen esa profesión (ni la que debieran) de manera literal, aunque estoy seguro de que no les importaría demasiado, se conforman con hacer, sencillamente, la pelota.

  • El autor es un creativo publicitario, y, como tal, ha exagerado el mundo que refleja en su libro.

    Yo llevo trabajando de creativo 13 años y nunca he visto sexo, drogas ni rock’n’roll. Bueno, tal vez, rock’n’roll sí, para evitar el silencio en la agencia y no caer fulminado por el sueño.

    Es cierto que hay trepas, ineptos y concursos amañados, pero no tienen nada de cinematográfico ni literario. A mi alrededor hay cometronchos y comechirlas, pero no ejercen esa profesión (ni la que debieran) de manera literal, aunque estoy seguro de que no les importaría demasiado, se conforman con hacer, sencillamente, la pelota.

  • Una convención de fontaneros de Ciudad Real se va más de putas y se droga más que los publicitarios. Sólo hay que ir a El Sol. Aún así mola estar resentido porque no te compraron un faldón de una inmobiliaria que tú creías que iba a ser la revolución de los festivales. Somos muy tristes.

  • Ralphito, tengo aquí a mi lado a uno que fue jefe tuyo y me cuenta que no te fuiste por ‘decencia’ sino que te echaron porque no dabas la talla. En concreto dice que no servías ni para tomar por el culo.

    • Ignatius Reilly:

      Este tipo está usando el sensacionalismo para impulsarse pero es un paquete. Léete el arranque de la novela en el blog del figura (http://www.ralphdelvalle.com/que.html) y luego me dices si te gastarías los 2,83€ que cuesta en Amazon o los 14,99€ de la edición en papel. Los cinco años trabajando como redactor le han cundido poco.

  • Cada vez que veo algo así alucino.
    A ver si ahora este tipo se cree que ha descubierto la rueda.
    Lo que pasa es que no le fue bien y ahora odia la profesión.
    Veremos que pasaría si siguiese trabajano, seguro que no diría nada.
    Oh, pobre hombre frustrado.

    • Cada vez que veo algo así alucino.
      A ver si ahora este tipo se cree que ha descubierto la rueda.
      Lo que pasa es que no le fue bien y ahora odia la profesión.
      Veremos que pasaría si siguiese trabajano.
      Oh, pobre hombre frustrado.

  • Muchas gracias por el artículo, Juanjo. Está claro que la lejía escuece a más de uno 🙂

    Me gustaría muchísimo comentar una a una las críticas que algunos hacen sin haber leído el libro, pero es que me esperan para comer. En cualquier caso, es precioso y reconfortante ver cómo el espíritu clásico español sigue en pie: 44 millones de entrenadores de fútbol que saben más que Mourinho, 44 millones de economistas que saben más que Krugman y, por supuesto, varios miles de creativos que opinan sin leer.

    Quien quiera creer que Gnadenlos es una historia de putas y cocaína, se equivoca. Es mucho más que eso. Es un retrato de una generación estafada que habla de la publicidad como podría hablar de periodismo, política o macroeconomía. Claro que para saberlo, hay que leerlo 😉

    Un abrazo a todos!

    • Hola Ralph,

      Mi (poca) experiencia trabajando como creativo en agencias publicidad de ha demostrado que la realidad es así como tú la cuentas.

      A los que comentáis diciendo que exagera con el tema de las drogas, os animo a acudir a cualquier fiesta publicitaria y pasaros por los baños. También os animo a que firméis contratos basura en la gran mayoría de agencias de este país y a que trabajéis 48 horas al día para luego ver como el jefe se apropia de tus ideas. Lo de los concursos… podría dar nombres de agencias que han llegado a acuerdos con marcas recientemente a través de concursos «politizados».

      Obviamente no se debe generalizar, aun quedan agencias y personas decentes y alejadas de todo ego, dentro del mundo de la publicidad. O esa es mi esperanza.

    • En efecto, Ralph, así es: al personal le encanta juzgar a los demás y vender sus opiniones como si fuesen verdades absolutas, como aquel escritor aficionado capaz de meter a 44 millones de españoles en un mismo saco o sacar conclusiones de todo un sector por su (reconocida) poca experiencia del mismo.

    • Esperemos que lo sea, me he acabado el libro hace unos minutos y atufa a petulancia que da gusto… Muchas de las cosas que se dicen son ciertas, el problema radica en el tono tan ególatra y sentencioso en que se dicen.

  • Yo opino habiéndome leído tu libro y trabajando MUY orgullosamente como redactor publicitario. No hemos vivido la misma publicidad. O no la vemos igual. Quizás sea porque tú no disfrutas absolutamente de nada. En tu libro no te quejas sólo de una industria que tiene muchos muertos en el armario (como casi todas); te quejas de TODO lo que te pasa. De ahí que me reafirme en mi anterior comentario.

  • Se nos olvida que estamos hablando de una novela, no un ensayo. Y aunque tenga un porcentaje importante de autobiográfica y esté escrita en primera persona el personaje principal es eso: un personaje. El autor ha cincelado el carácter del mismo y le ha otorgado un background que determina su actitud ante la vida.
    Ególatra? Es posible.
    Petulante? Estoy de acuerdo.
    Ficticio? Con toda seguridad.

  • Treinta y pico comentarios cuando la media de esta web es de 3. Guau! Ralph, has tocado las teclas correctas.
    Yo soy copy, copy, copy, copy (entonando la canción del «yo soy cani», que con un par de retoques quedaría clavada) de una agencia pequeña (15 esclavos) del este de la península. ¿Y a que no sabéis qué? Sucede lo mismo que describe Ralph: caspa, farlopa, concursos amañados, idiotas que mandan, farlopa, caspa, trepas, ¿he dicho farlopa?, ¿y caspa? etc.
    En cuanto al libro, leído y disfrutado hace una semana, solamente puedo recomendarlo. Enhorabuena Ralph!

    • Hombre, si yo entro en algún sitio como un elefante en una cacharrería es lógico que hablen de mi, otra cosa es que mi acto tenga algo de notable o meritorio.

      Lo que es vergonzoso del libro de Ralphie es el tono de «soy mucho mejor que vosotros» que desprende de continuo y los juicios facilones disfrazados de cinismo del tipo «hay 3 tipos de bobinas» (y todas son una mierda), «hay 5 tipos de anuncios» (y todos son una mierda), etc, etc, etc… Esto es como si yo escribiese una novela sobre estadistas y dijese «Hay solo dos posibilidades estadísticas para cada suceso: o pasa o no pasa», y me regodeo en lo hábil que soy frente a toda la profesión…

      En algún momento he tenido la sensación de estar leyendo «La conjura de los necios» pero escrito como si Ignatius fuese un héroe.

  • Que sí hombre, que la publicidad es un mundo de maletines, prostitución, cocaína, espías, portales interdimensionales y viajes en el tiempo. Yo mismo soy creativo y tengo un porsche, desayuno MDMA y estrangulo a una de cada cinco putas que me follo.

    Por cierto, qué malo era el libro de Beigbeder.

  • Hola Chicos /as yo ayer me compre el libro y lo he leido. La verdad me ha gustado ( me he reido bastante) . No acabo de entender pq mezcla conceptos como el de indignados con la situación personal del personaje del libro, con el dilema personal de cualquier creativo o persona que se dedica a crear, ( la idea o la pasta ). Me quedo con los nombres fake de las agencias que me he petado de risa y me quedo con el tema de las trepas folladoras ( que lo he visto muchas veces). Eso si, si tengo que decir, que al libro le sobran unas 90 páginas que no dicen absolutamente nada. Quizas hubíera estado mejor seguir simplemente con la narración de su día a día y dejar para una página las reflexiones kafkianas que son cansinas.

    Un saludo!
    😉

  • A mí el libro me ha recordado a una escena de Seven. Cuando Morgan Freeman coge al azar uno de los cuadernos que ha escrito el asesino y comienza a leer en voz alta su día a día. Me ha parecido denso, redicho y aburrido. Y eso que se lee en dos patadas.

  • Fancamente, leí el artículo porque el titular era prometedor. Pero el argumento de este libro me parece irrelevante: el problema de la profesión no son los truchos sino que el producto que la industria publicitaria vende (los anuncios) ya no interesa una m. a los clientes (las audiencias). Esto es una idea muy sencilla pero que por mi experiencia casi nadie entiende – y los que menos, los publicitarios.

  • En todos lados hay de todo…

    Hay gente chunga que no se mete nada, gente meja que se mete de todo, gente que va a lo suyo y gente que prefiere conocer a gente y crear un ambiente de curro sano, yo personalmente paso pero creo que cada uno es responsable de su cuerpo.

    En el tour de agencias que he hecho en mi vida he conocido de todo, pero sobre todo he conocido a grandes profesionales de los que he aprendido un montón y que jamás me han ninguneado por estar empezando o tener categoría inferior y a grandes personas que se han convertido en amigos para siempre compartiendo marrones y alegrando el día de curro. O por lo menos es con lo que me quedo.

    A mi me parece que recurrir a los mega tópicos del mundillo, aparte del mencionado parecido con un famoso libro, no hace que ese libro sea ni una crítica, ni una revelación, ni nada de nada, Sólo demuestra lo bien que ha comprendido lo bien que funcionan en publicidad el sexo, las drogas y el escándalo y lo está usando para su propio beneficio.

    Esto le convierte en todo lo que está criticando, que al fin y al cabo sólo son personas capaces de hacer lo que sea (plagiar, insultar, corromper, desprestigiar, echarse flores, etc…) por lograr el éxito personal.

    Llueve sobre mojado.

    Diego Jimenez.

  • un mamarracho es lo que es este señor.. ya le hubiera gustado a él ser redactor creativo ejecutivo de cualquiera de esas agencias.. ay que mala es la envidia y el creerse Beigbeder…

  • Una estafa este libro. Yo me metí en publicidad precisamente porque me vendieron que era un mundo de trabajo liviano, fiestas, intoxicantes y mujerones. Me encontré una banda de intelectualoides acomplejados y mujeres más bien feas con problemas de higiene personal. Salvo alguna que otra ejecutiva de cuentas el nivel es penoso. Las únicas drogas que se consumen son antidepresivos para sobrellevar la triste realidad de ser un escritor o artista frustrado, bajito, regordete, con cicatrices de acné y alopecia prematura. Ahora Mad Men y Don Draper están engañando a una nueva generación de incautos. I want my money back.

  • Este tipo me parece degeneradamente patético. Un oportunista, un farsante y un desvergonzado plagiador de un libro que ya no cumple la década. Encima dice que si escuece es que toca fibras. Lo que escuece es que seas un inútil y trates de ganarte la vida tratando así a mucha gente a la que has intentado parecerte sin conseguirlo, sean como sean. Ni conciencia para dormir, tendras.

  • Sin entrar a valorar el libro, me sorprende más algunos comentarios en los que se nombra a 13,99 como si fuese el «primero».

    Conociendo un poco más nuestra historia de la publicidad, podríamos saber que Beigbeder de pionero no tiene nada. Tampoco Naomi Klein.

    Y es que en 1957, Vance Packard escribió The Hidden Persuaders, donde la publicidad, no quedaba bien parada.

    Seguimos creyendo los publicitarios que inventamos cosas y no. Basta conocer la historia de la publicidad un poco para llegar a la conclusión que ya está casi todo hecho, lo único que cambia es el «empaquetado».

  • ¿Alguien que haya trabajado con este hombre puede opinar de primera mano sobre su «talento»? ¿Trabajaba bien o iba de «artista»?
    Así a bote pronto, viendo la foto de portada de su blog, con su pipa y su pose de interesante, creo saber de qué va. Y francamente, me extraña que no haya triunfado en determinadas agencias, donde vender motos y submarinos es más importante que hacer el trabajo.
    Sí, yo trabajo en esto. Sí, soy redactor. Sí, me gusta mucho mi profesión, aunque a veces haya que escribir un sms con una promo, o un adhesivo para una caja de leche. Quizá él era demasiado «grande» para cosas tan pequeñas…
    Creo que es muy, muy fácil escandalizar. Podemos hablar de curas pederastas, de políticos corruptos, de partidos de fútbol amañados; pero, por mucho que le pese, serán las excepciones que confirmen la regla.
    Estoy escribiendo esto a las 23.50 h y estoy currando en la agencia, con 8 personas más que se dejan los cuernos y que sacan trabajo por un tubo. SIn drogas, sin sexo, y con mucho R&R, pop y ópera cuando se tercia. Hasta ponemos a Lady Gaga, imaginad lo mal que estamos.
    Por cierto, voy a dar una pincelada para demostrar que es muy fácil ironizar y tocar los «bebes»: seguro que ni se llama Ralph y que su nombre real es Rafael Nicasio…

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