24 de abril 2017    /   IDEAS
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Bancos abatibles para el centro de Madrid y otras propuestas participativas

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En Madrid se instalarán bancos abatibles que se adhierirán a las paredes o a otros elementos del espacio público para que los transeúntes puedan desplegarlos y descansar durante sus caminatas por la ciudad. Será un banco idóneo para las calles estrechas. Sigue la filosofía del respeto al espacio y de que sea la utilidad la que dé lugar al objeto; de modo que si desaparece la necesidad de descanso, el banco también.

La propuesta se enmarca en Madrid Escucha, una plataforma que pretende la conexión entre ciudadanos y trabajadores públicos y que busca que el diseño de la ciudad y de sus actividades, poco a poco, vaya correspondiéndonos a todos.

Además, hay otras iniciativas. Huertos comunitarios en las cubiertas de los centros públicos de educación infantil y primaria de los distritos del Centro y Arganzuela. O Madrid Cría, que, según la web del ayuntamiento, «es un proyecto piloto y experimental impulsado por unas redes informales de madres y padres que pretende crear redes solidarias alrededor de espacios físicos adecuados a la crianza».

También se propone una Escuela de ciudad para la búsqueda de un protocolo que mejore los espacios públicos que circundan las escuelas; una Iniciativa Fiestopolitana Madrileña para proponer a la administración unos procesos simplificados a la hora de organizar fiestas vecinales que nazcan de la iniciativa ciudadana; o Bici-escuela, una de las iniciativas más atractivas en cuanto a su capacidad de ir configurando una capital libre de motores en el futuro: se trata de diseñar un método para enseñar a circular en bicicleta por la ciudad.

Otro de los proyectos trae a Tierno Galván a la memoria, la Reinstalación de la fiesta del árbol. Promueve la  reflexión sobre qué juegos, talleres o actividades pueden desarrollarse en los parques o en las arboledas.

En total, Madrid Escucha ha seleccionado nueve proyectos. El consistorio define esta herramienta (que se integra en el marco del Laboratorio de Innovación Ciudadana Medialab-Prado) como una «plataforma de aprendizaje, investigación y producción». Es un paso más. La idea es que los vecinos comprueben que la ciudad les pertenece: que no se queden vacías las palabras de participación y que, poco a poco, vaya haciéndose visible la capacidad de modelaje de un núcleo urbano que tenemos todos los que lo habitamos.

Se plantean «mejorar la vida común y optimizar los recursos». Los objetivos de Madrid Escucha van más allá de la simple subsanación de necesidades prácticas. Según su declaración de principios, se busca asentar unos vínculos entre los vecinos y los trabajadores públicos de cara al futuro. Se habla de «generar servicios ciudadanos más democráticos, inclusivos y diversos».

En mayo (del 23 al 25) y junio (del 6 al 8) se celebrará el taller para desarrollar los contenidos de las propuestas. De forma simultánea, en estos días, se impartirán seminarios y charlas. En definitiva, serán unos días en que se tratará de convertir en normal lo que es cada vez más frecuente en otras grandes ciudades: la participación de los vecinos en el diseño de la vida pública de un municipio.

En Madrid se instalarán bancos abatibles que se adhierirán a las paredes o a otros elementos del espacio público para que los transeúntes puedan desplegarlos y descansar durante sus caminatas por la ciudad. Será un banco idóneo para las calles estrechas. Sigue la filosofía del respeto al espacio y de que sea la utilidad la que dé lugar al objeto; de modo que si desaparece la necesidad de descanso, el banco también.

La propuesta se enmarca en Madrid Escucha, una plataforma que pretende la conexión entre ciudadanos y trabajadores públicos y que busca que el diseño de la ciudad y de sus actividades, poco a poco, vaya correspondiéndonos a todos.

Además, hay otras iniciativas. Huertos comunitarios en las cubiertas de los centros públicos de educación infantil y primaria de los distritos del Centro y Arganzuela. O Madrid Cría, que, según la web del ayuntamiento, «es un proyecto piloto y experimental impulsado por unas redes informales de madres y padres que pretende crear redes solidarias alrededor de espacios físicos adecuados a la crianza».

También se propone una Escuela de ciudad para la búsqueda de un protocolo que mejore los espacios públicos que circundan las escuelas; una Iniciativa Fiestopolitana Madrileña para proponer a la administración unos procesos simplificados a la hora de organizar fiestas vecinales que nazcan de la iniciativa ciudadana; o Bici-escuela, una de las iniciativas más atractivas en cuanto a su capacidad de ir configurando una capital libre de motores en el futuro: se trata de diseñar un método para enseñar a circular en bicicleta por la ciudad.

Otro de los proyectos trae a Tierno Galván a la memoria, la Reinstalación de la fiesta del árbol. Promueve la  reflexión sobre qué juegos, talleres o actividades pueden desarrollarse en los parques o en las arboledas.

En total, Madrid Escucha ha seleccionado nueve proyectos. El consistorio define esta herramienta (que se integra en el marco del Laboratorio de Innovación Ciudadana Medialab-Prado) como una «plataforma de aprendizaje, investigación y producción». Es un paso más. La idea es que los vecinos comprueben que la ciudad les pertenece: que no se queden vacías las palabras de participación y que, poco a poco, vaya haciéndose visible la capacidad de modelaje de un núcleo urbano que tenemos todos los que lo habitamos.

Se plantean «mejorar la vida común y optimizar los recursos». Los objetivos de Madrid Escucha van más allá de la simple subsanación de necesidades prácticas. Según su declaración de principios, se busca asentar unos vínculos entre los vecinos y los trabajadores públicos de cara al futuro. Se habla de «generar servicios ciudadanos más democráticos, inclusivos y diversos».

En mayo (del 23 al 25) y junio (del 6 al 8) se celebrará el taller para desarrollar los contenidos de las propuestas. De forma simultánea, en estos días, se impartirán seminarios y charlas. En definitiva, serán unos días en que se tratará de convertir en normal lo que es cada vez más frecuente en otras grandes ciudades: la participación de los vecinos en el diseño de la vida pública de un municipio.

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