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5 de abril 2017    /   BUSINESS
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El Banksy de la puntuación enmienda los apóstrofos mal escritos de Bristol

5 de abril 2017    /   BUSINESS     por          
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Justicieros hay de muchos tipos. Basta con echar un vistazo rápido a la lista de superhéroes que puebla el imaginario del cómic. Pero últimamente surgen otro tipo de héroes. Estos, casi totalmente anónimos, más que a soltar mamporros al lado oscuro de la ley, se dedican a defender a una dama vapuleada llamada Ortografía.

Colectivos como Acción Poética o Acción Ortográfica de Madrid recorren las ciudades corrigiendo patadas al diccionario. Nadie los ha visto, nadie los conoce, pero ahí están, enmendando la plana a los rótulos mal escritos.

Estos, en lo que se refiere al habla hispana. Pero que no se relajen los angloparlantes porque a ellos también les ha nacido un superhéroe gramatical.

En las calles de Bristol (Reino Unido) se ha dejado ver un personaje misterioso que se dedica a corregir los carteles, rótulos y señales de tráfico que se han saltado la norma inglesa de ortografía a la torera.

Armado con una pértiga a la que ha acoplado una especie de brocha para corregir con pintura los errores que encuentra a su paso y a la que ha bautizado como The Apostrophiser, lleva recorriendo las calles de la ciudad inglesa desde hace más de 13 años.

Este personaje anónimo se ha especializado en corregir apóstrofos mal puestos. Donde había un *gentlemens outfitters ahora luce un gentlemen’s outfitters. O donde estaba escrito un erróneo *motor’s ahora puede leerse motors.

El apóstrofo se usa en inglés para indicar posesión. Pero esto, que parece sencillo así contado, no debe resultar tan claro para los autores de ciertos rótulos. El vigilante de la gramática solo pretende con sus acciones dar un poquito de brillo a su idioma. «Soy un vigilante de la gramática. Creo que realmente vale la pena luchar por eso».

La BBC siguió durante una jornada de trabajo a este justiciero ortográfico y grabó su acción en vídeo.

Su primera acción correctora tuvo lugar en 2003, cuenta en una entrevista para esa cadena. Se trataba de una señal municipal donde habían escrito *Monday’s to Friday’s sin que a nadie se le salieran los ojos de las órbitas al leerlo. «Tenía esos ridículos apóstrofos», explicaba el vigilante gramatical, «y yo los pude corregir».

Luego llegaron más rótulos. Y lo que empezó quizá como una broma se acabó convirtiendo en una costumbre. Así, barbaridades como *Amys Nail’s ya no ofenden a la lengua de Shakespeare, quien seguramente agradezca desde el más allá la bendita corrección del Banksy de la ortografía.

Cuando el periodista le pregunta si no teme estar cometiendo algún tipo de delito de vandalismo al actuar contra carteles públicos, el justiciero responde: «Lo que sí es un crimen es poner mal esos apóstrofos».

Justicieros hay de muchos tipos. Basta con echar un vistazo rápido a la lista de superhéroes que puebla el imaginario del cómic. Pero últimamente surgen otro tipo de héroes. Estos, casi totalmente anónimos, más que a soltar mamporros al lado oscuro de la ley, se dedican a defender a una dama vapuleada llamada Ortografía.

Colectivos como Acción Poética o Acción Ortográfica de Madrid recorren las ciudades corrigiendo patadas al diccionario. Nadie los ha visto, nadie los conoce, pero ahí están, enmendando la plana a los rótulos mal escritos.

Estos, en lo que se refiere al habla hispana. Pero que no se relajen los angloparlantes porque a ellos también les ha nacido un superhéroe gramatical.

En las calles de Bristol (Reino Unido) se ha dejado ver un personaje misterioso que se dedica a corregir los carteles, rótulos y señales de tráfico que se han saltado la norma inglesa de ortografía a la torera.

Armado con una pértiga a la que ha acoplado una especie de brocha para corregir con pintura los errores que encuentra a su paso y a la que ha bautizado como The Apostrophiser, lleva recorriendo las calles de la ciudad inglesa desde hace más de 13 años.

Este personaje anónimo se ha especializado en corregir apóstrofos mal puestos. Donde había un *gentlemens outfitters ahora luce un gentlemen’s outfitters. O donde estaba escrito un erróneo *motor’s ahora puede leerse motors.

El apóstrofo se usa en inglés para indicar posesión. Pero esto, que parece sencillo así contado, no debe resultar tan claro para los autores de ciertos rótulos. El vigilante de la gramática solo pretende con sus acciones dar un poquito de brillo a su idioma. «Soy un vigilante de la gramática. Creo que realmente vale la pena luchar por eso».

La BBC siguió durante una jornada de trabajo a este justiciero ortográfico y grabó su acción en vídeo.

Su primera acción correctora tuvo lugar en 2003, cuenta en una entrevista para esa cadena. Se trataba de una señal municipal donde habían escrito *Monday’s to Friday’s sin que a nadie se le salieran los ojos de las órbitas al leerlo. «Tenía esos ridículos apóstrofos», explicaba el vigilante gramatical, «y yo los pude corregir».

Luego llegaron más rótulos. Y lo que empezó quizá como una broma se acabó convirtiendo en una costumbre. Así, barbaridades como *Amys Nail’s ya no ofenden a la lengua de Shakespeare, quien seguramente agradezca desde el más allá la bendita corrección del Banksy de la ortografía.

Cuando el periodista le pregunta si no teme estar cometiendo algún tipo de delito de vandalismo al actuar contra carteles públicos, el justiciero responde: «Lo que sí es un crimen es poner mal esos apóstrofos».

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Opiniones 2
  • En muchas puertas de establecimientos vemos el letrero : Pase usted abierto. Sin ningún signo de puntuación que separe la invitación a pasar de la información de que el negocio se encuentra abierto.
    ¿ Pasaremos con las piernas separadas?, tendremos que abrirnos el abdomen o el pecho con algún cuchillo para poder entrar?

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