8 de abril 2011    /   CREATIVIDAD
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¿Barcas viejas? No, muebles nuevos

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Occidente se creyó la teoría económica de “usar y tirar” y empezó a llenar el mundo de basura. El planeta gritó: ¡Basta! Y algunos escucharon. ‘Si la Tierra es incapaz de tragarse todos los desechos que le damos, tendremos que hacer algo con ellos. Puede que la teoría de la reencarnación funcione también con los desperdicios’.
Sí. Funciona. Y en eso se basa la teoría económica The Blue Economy. Este modelo, liderado por Gunter Pauli, promueve una economía inspirada en las leyes de la naturaleza. Ahí no existe el concepto de desperdicio. Todo tiene un ciclo de vida y cuando acaba su función para una cosa, se reconvierte en otra.
La Blue Economy está ahí. Pero la inquietud va más allá y muchas personas, la conozcan o no, ya aplican el cuento. Uno de ellos, Ramón Llonch.
El diseñador viajó a Senegal. Pasó por la ciudad de Yoff (Dakar). Estuvo en la playa y vio unas barcas. Vistas desde lejos forman un mosaico que se extiende por la orilla. Vistas de cerca aparecen unas figuras geométricas provistas de una simbología arraigada a las antiguas tradiciones familiares gremiales y espirituales.
Algunas barcas salían a navegar. Otras quedaban en la arena para siempre. “Ahora, cada vez, hay menos peces para pescar y los pescadores se deshacen de las barcas”, especifica Llonch, en un comunicado. No salir a pescar, para una barca, es una condena a muerte. El diseñador recordó la imagen de colores y geometrías en la orilla de la playa, y tramó un plan de rescate: hacer de las barcas muebles.

Habló con artesanos de la zona y el proyecto les entusiasmó. “Pocos saben tanto de reutilizar como los africanos: allí no es una moda. Es su día a día”, comenta Llonch. “Yo me ocupé de hacer el diseño pero ellos son los mejores combinando colores”.
Cuando las barcas se convirtieron en muebles, con madera que aún huele a mar, nació la marca Artlantique. Las sillas, mesas, taburetes, mecedoras, armarios y espejos están hechos en madera de samba, un árbol del oeste africano, en el mismo estado en el que se cogió de la playa. Nada de tratamientos posteriores ni producción en serie. Todas y cada una de las piezas son únicas.






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Sí. Funciona. Y en eso se basa la teoría económica The Blue Economy. Este modelo, liderado por Gunter Pauli, promueve una economía inspirada en las leyes de la naturaleza. Ahí no existe el concepto de desperdicio. Todo tiene un ciclo de vida y cuando acaba su función para una cosa, se reconvierte en otra.
La Blue Economy está ahí. Pero la inquietud va más allá y muchas personas, la conozcan o no, ya aplican el cuento. Uno de ellos, Ramón Llonch.
El diseñador viajó a Senegal. Pasó por la ciudad de Yoff (Dakar). Estuvo en la playa y vio unas barcas. Vistas desde lejos forman un mosaico que se extiende por la orilla. Vistas de cerca aparecen unas figuras geométricas provistas de una simbología arraigada a las antiguas tradiciones familiares gremiales y espirituales.
Algunas barcas salían a navegar. Otras quedaban en la arena para siempre. “Ahora, cada vez, hay menos peces para pescar y los pescadores se deshacen de las barcas”, especifica Llonch, en un comunicado. No salir a pescar, para una barca, es una condena a muerte. El diseñador recordó la imagen de colores y geometrías en la orilla de la playa, y tramó un plan de rescate: hacer de las barcas muebles.

Habló con artesanos de la zona y el proyecto les entusiasmó. “Pocos saben tanto de reutilizar como los africanos: allí no es una moda. Es su día a día”, comenta Llonch. “Yo me ocupé de hacer el diseño pero ellos son los mejores combinando colores”.
Cuando las barcas se convirtieron en muebles, con madera que aún huele a mar, nació la marca Artlantique. Las sillas, mesas, taburetes, mecedoras, armarios y espejos están hechos en madera de samba, un árbol del oeste africano, en el mismo estado en el que se cogió de la playa. Nada de tratamientos posteriores ni producción en serie. Todas y cada una de las piezas son únicas.






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