12 de noviembre 2013    /   IDEAS
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¿Puede ser la basura una moneda mundial?

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La Tierra vivía feliz en su órbita hasta que hace apenas tres siglos, en Inglaterra, inventaron la máquina de vapor. La revolución industrial y la producción en masa empezaron a llenar el planeta de mugre. Hoy a la Tierra le faltan tragaderas para poder digerir la cantidad de residuos que genera la sociedad de consumo. Hoy, si hay algo que sobra, es basura.

En muchos lugares del mundo hay un camino silencioso y discreto que lleva los residuos urbanos de las casas a su cementerio sin interrumpir el paso de los ciudadanos. Eso ocurre, por ejemplo, en la bahía de California. Eso es lo que un niño llamado Parag Gupta había visto siempre. O, mirando desde el otro lado, no había visto nunca. Ni un rastro de basura.

Pero a los 12 años viajó a India con sus padres en busca de sus orígenes. El niño cayó en shock. En las calles había vertederos y la mugre inundaba el paso. Pero, además, muchas personas escarbaban entre las bolsas porque entre aquellos desperdicios hallaban su medio de vida.

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Niños que viven entre basura en India

“La basura de una persona es el tesoro de otra”, dice Parag Gupta. El estadounidense es hoy un adulto que acaba de visitar Madrid para presentar su proyecto social y empresarial Waste Ventures en El Ser Creativo. “Si todas las personas que viven de la basura en la Tierra formaran un país, sería el más grande del mundo”.

Las ciudades de la India generan más de 40 millones de toneladas de desperdicios y la cifra crece más de 2 toneladas cada año. El gobierno recoge el 25% de esos residuos y, de ellos, solo recicla el 6%. El resto queda abandonado en vertederos hasta su descomposición. De la putrefacción de estos residuos surge el metano, un gas de efecto invernadero que incrementa el calentamiento global y que es 23 veces más dañino que el dióxido de carbono.

En la India, un ejército de ‘intocables’ y ‘comerratas’ viven de los residuos urbanos. “Pasan 10 horas al día recogiendo basura. Les pagan 4 céntimos por kilo y una buena recaudación para ellos sería llegar a un euro por jornada”, indicó Gupta. “Muchos niños dejan de ir al colegio para ayudar a su familia a recolectar basura. La mayoría sufren enfermedades y accidentes. Pero no pueden acudir al médico. Su condición de intocables los excluye de seguridad social”.

La situación es absolutamente desoladora. Parag Gupta pensó que “los recogedores tenían que pasar de ese sector informal a un sector formal de la economía” para dignificar su trabajo, aumentar sus sueldos y que algún día puedan tener algún tipo de seguridad social.

Las montañas de basura, por otro lado, están creciendo tan rápido que hay que decidir cómo hacerlas desaparecer antes de que invadan la Tierra.

La solución es “construir un sector dedicado a la gestión de la basura”, según Gupta. “Pero para que haya un impacto en todo el mundo tenemos que hacerlo muchos emprendedores sociales. Debemos crear un modelo global de gestión de residuos”.

El estadounidense empezó a probar distintas “versiones de actividad” en India. “Primero intentamos implantar un sistema de remuneración municipal pero no funcionó. Después pedimos una tasa a la población por la recogida de residuos. Los vecinos la pagaban porque no quieren vivir rodeados de basura y eso nos permitió darles un uniforme para dignificar su trabajo. El tercer modelo se basa en procesar los residuos. Lo lanzamos en un estado del tamaño de España y consistió en crear compost de los restos orgánicos para venderlos después a los granjeros. Con esta fórmula ganan todos y puede funcionar en todo el mundo”.

Los residuos orgánicos suponen la mitad de la basura de las zonas urbanas y convertirlas en compost supondría reducir 60 kilos de CO2 por cada tonelada. El plástico, el vidrio y el papel podría separarse para venderlo a empresas dedicadas al reciclaje.

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Muchos animales se alimentan de basura en las ciudades

Waste Ventures comenzó su proyecto en 2011 en tres ciudades indias. Hoy está en unas 300 poblaciones de menos de 500.000 habitantes porque su intención es estar cerca del campo y poder vender el compost.

El emprendedor social, que divide su actividad en una empresa con ánimo de lucro (Waste Capital Partners) y una organización sin ánimo de lucro (Waste Ventures), dio su receta sobre cómo crear este sector mundial de la gestión de la basura. “Primero construye tu competencia. Nosotros lo estamos haciendo ya en 300 ciudades de India”, indicó.

En segundo lugar es fundamental compartir la información. “Ofrece a tu competencia sistemas de recogida y análisis de datos comunes”, especificó. “Nosotros compartimos nuestra información. Entre otras cosas, cómo construir un carro de recogida de desechos”.

Tercero. “Crea un sistema que permita a todo el mundo ver los resultados de tu gestión. Eso genera confianza y anima a otras personas a montar su negocio”. Y, además, corre prisa. “Cuanto más rápido crezca el sector, antes se romperá el ciclo de pobreza”.

Waste Ventures forma parte del conjunto de proyectos que William D. Eggers y Paul MacMillan citan como ejemplo de una nueva economía en su libro The Solution Revolution, editado por Harvard Business Review Press. Los autores aseguran en un artículo que las empresas sociales están abordando problemas importantes de sostenibilidad y están formando empresas que generan un valor tangible en la base de la pirámide social.

“En este ambiente multidimensional, el gobierno ha dejado de ser el único que emite moneda”, escriben. “Los dólares, euros y yenes pueden dominar los mercados globales de capital, pero hay un creciente número de intercambios (…) que promueven la adopción de estas nuevas monedas y animan a los ciudadanos a negociar con los residuos tomándolos como recursos. Utilizar más medios de cambio implica satisfacer necesidades que no se abordarían si solo existiera el dinero”.

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Imágenes:

Foto de portada de Arne Hückelheim reproducida bajo licencia CC.

‘Niños que viven entre basura en India’. Foto de David Lisbona, reproducida bajo licencia CC.

‘Muchos animales se alimentan de basura en las ciudades’. Foto de Stan Dalone, reproducida bajo licencia CC.

Foto final de George Tziralis, reproducia bajo licencia CC.

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La Tierra vivía feliz en su órbita hasta que hace apenas tres siglos, en Inglaterra, inventaron la máquina de vapor. La revolución industrial y la producción en masa empezaron a llenar el planeta de mugre. Hoy a la Tierra le faltan tragaderas para poder digerir la cantidad de residuos que genera la sociedad de consumo. Hoy, si hay algo que sobra, es basura.

En muchos lugares del mundo hay un camino silencioso y discreto que lleva los residuos urbanos de las casas a su cementerio sin interrumpir el paso de los ciudadanos. Eso ocurre, por ejemplo, en la bahía de California. Eso es lo que un niño llamado Parag Gupta había visto siempre. O, mirando desde el otro lado, no había visto nunca. Ni un rastro de basura.

Pero a los 12 años viajó a India con sus padres en busca de sus orígenes. El niño cayó en shock. En las calles había vertederos y la mugre inundaba el paso. Pero, además, muchas personas escarbaban entre las bolsas porque entre aquellos desperdicios hallaban su medio de vida.

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Niños que viven entre basura en India

“La basura de una persona es el tesoro de otra”, dice Parag Gupta. El estadounidense es hoy un adulto que acaba de visitar Madrid para presentar su proyecto social y empresarial Waste Ventures en El Ser Creativo. “Si todas las personas que viven de la basura en la Tierra formaran un país, sería el más grande del mundo”.

Las ciudades de la India generan más de 40 millones de toneladas de desperdicios y la cifra crece más de 2 toneladas cada año. El gobierno recoge el 25% de esos residuos y, de ellos, solo recicla el 6%. El resto queda abandonado en vertederos hasta su descomposición. De la putrefacción de estos residuos surge el metano, un gas de efecto invernadero que incrementa el calentamiento global y que es 23 veces más dañino que el dióxido de carbono.

En la India, un ejército de ‘intocables’ y ‘comerratas’ viven de los residuos urbanos. “Pasan 10 horas al día recogiendo basura. Les pagan 4 céntimos por kilo y una buena recaudación para ellos sería llegar a un euro por jornada”, indicó Gupta. “Muchos niños dejan de ir al colegio para ayudar a su familia a recolectar basura. La mayoría sufren enfermedades y accidentes. Pero no pueden acudir al médico. Su condición de intocables los excluye de seguridad social”.

La situación es absolutamente desoladora. Parag Gupta pensó que “los recogedores tenían que pasar de ese sector informal a un sector formal de la economía” para dignificar su trabajo, aumentar sus sueldos y que algún día puedan tener algún tipo de seguridad social.

Las montañas de basura, por otro lado, están creciendo tan rápido que hay que decidir cómo hacerlas desaparecer antes de que invadan la Tierra.

La solución es “construir un sector dedicado a la gestión de la basura”, según Gupta. “Pero para que haya un impacto en todo el mundo tenemos que hacerlo muchos emprendedores sociales. Debemos crear un modelo global de gestión de residuos”.

El estadounidense empezó a probar distintas “versiones de actividad” en India. “Primero intentamos implantar un sistema de remuneración municipal pero no funcionó. Después pedimos una tasa a la población por la recogida de residuos. Los vecinos la pagaban porque no quieren vivir rodeados de basura y eso nos permitió darles un uniforme para dignificar su trabajo. El tercer modelo se basa en procesar los residuos. Lo lanzamos en un estado del tamaño de España y consistió en crear compost de los restos orgánicos para venderlos después a los granjeros. Con esta fórmula ganan todos y puede funcionar en todo el mundo”.

Los residuos orgánicos suponen la mitad de la basura de las zonas urbanas y convertirlas en compost supondría reducir 60 kilos de CO2 por cada tonelada. El plástico, el vidrio y el papel podría separarse para venderlo a empresas dedicadas al reciclaje.

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Muchos animales se alimentan de basura en las ciudades

Waste Ventures comenzó su proyecto en 2011 en tres ciudades indias. Hoy está en unas 300 poblaciones de menos de 500.000 habitantes porque su intención es estar cerca del campo y poder vender el compost.

El emprendedor social, que divide su actividad en una empresa con ánimo de lucro (Waste Capital Partners) y una organización sin ánimo de lucro (Waste Ventures), dio su receta sobre cómo crear este sector mundial de la gestión de la basura. “Primero construye tu competencia. Nosotros lo estamos haciendo ya en 300 ciudades de India”, indicó.

En segundo lugar es fundamental compartir la información. “Ofrece a tu competencia sistemas de recogida y análisis de datos comunes”, especificó. “Nosotros compartimos nuestra información. Entre otras cosas, cómo construir un carro de recogida de desechos”.

Tercero. “Crea un sistema que permita a todo el mundo ver los resultados de tu gestión. Eso genera confianza y anima a otras personas a montar su negocio”. Y, además, corre prisa. “Cuanto más rápido crezca el sector, antes se romperá el ciclo de pobreza”.

Waste Ventures forma parte del conjunto de proyectos que William D. Eggers y Paul MacMillan citan como ejemplo de una nueva economía en su libro The Solution Revolution, editado por Harvard Business Review Press. Los autores aseguran en un artículo que las empresas sociales están abordando problemas importantes de sostenibilidad y están formando empresas que generan un valor tangible en la base de la pirámide social.

“En este ambiente multidimensional, el gobierno ha dejado de ser el único que emite moneda”, escriben. “Los dólares, euros y yenes pueden dominar los mercados globales de capital, pero hay un creciente número de intercambios (…) que promueven la adopción de estas nuevas monedas y animan a los ciudadanos a negociar con los residuos tomándolos como recursos. Utilizar más medios de cambio implica satisfacer necesidades que no se abordarían si solo existiera el dinero”.

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Imágenes:

Foto de portada de Arne Hückelheim reproducida bajo licencia CC.

‘Niños que viven entre basura en India’. Foto de David Lisbona, reproducida bajo licencia CC.

‘Muchos animales se alimentan de basura en las ciudades’. Foto de Stan Dalone, reproducida bajo licencia CC.

Foto final de George Tziralis, reproducia bajo licencia CC.

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