14 de julio 2015    /   CINE/TV
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Battle Creek, un plato ligero para el verano

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Battle Creek (2015) tiene sabor añejo: la serie creada por Vince Gilligan doce años antes que Breaking Bad, reaparece en 2015 con la supervisión de David Shore (House). La cadena CBS actúa con el ansia de la viuda de un novelista que vende los borradores inéditos del difunto.

INGREDIENTES
1/2 tacita de Vince Gilligan.
1/2 tacita de David Shore.
Unos granos del director Brian Singer entre X-Men en el piloto.
Un argumento trillado: un flemático agente del FBI y un quemado inspector de homicidios forman un dúo anticrimen.
PREPARACIÓN
En un mismo recipiente se echan las tacitas de Gilligan y Shore. A continuación se agita de manera que los ingredientes se distingan en el plato: la gracia está en los tropezones.
SUGERENCIA
Lo recomiendo para cenar con tinto de verano o cerveza. Tenemos las cabezas recalentadas y no soportamos más reposiciones, resúmenes de «lo más…» y refritos de nostalgia preochentera. Battle Creek es la elección perfecta para la somnolencia veraniega aunque la Glenn Close de Las amistades peligrosas diría:
«No se aplaude a un tenor porque se aclare la garganta».
No le faltaría razón: tenores tiene Battle Creek, pero huele más a CSI que a otra cosa. Explicaría que Gilligan (inmerso en Better Call Saul) conceda el mérito de la supervisión a Shore (que parecía interesado en acabar en un pis pas).
En Battle Creek no hay reflexiones sobre «el sentido de la vida, el universo y todo lo demás» ni héroes de tragedia griega. La serie entretiene como CSI, Elementary o Castle, también de CBS. Lo interesante de Battle Creek es verla como borrador de los temas, los personajes y el estilo de Vince Gilligan.
La pareja protagonista es un Walter White desdoblado: el amargado prepotente frente al sabelotodo (obligados a estar en el culo del mundo). Hay interés en los detalles (las tartas de café) y se resuelven situaciones dramáticas con propuestas descabelladas (como los aparatos vigilabebés para una escucha policial). En un episodio hay un capo de las drogas que recuerda a Gus Fring: se considera un hombre normal que saca adelante su familia.
Battle Creek - jarabe de arce
El segundo episodio funciona como parodia de Breaking Bad: el villano de turno controla la producción y la distribución de jarabe de arce con métodos mafiosos. La pareja de policías quiere entrar en el mercado fabricando jarabe de arce clandestino en una cabaña que remite a la autocaravana de Walter White. En guiños como estos está la gracia de Battle Creek para los amantes de Breaking Bad. Estamos en verano.

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INGREDIENTES
1/2 tacita de Vince Gilligan.
1/2 tacita de David Shore.
Unos granos del director Brian Singer entre X-Men en el piloto.
Un argumento trillado: un flemático agente del FBI y un quemado inspector de homicidios forman un dúo anticrimen.
PREPARACIÓN
En un mismo recipiente se echan las tacitas de Gilligan y Shore. A continuación se agita de manera que los ingredientes se distingan en el plato: la gracia está en los tropezones.
SUGERENCIA
Lo recomiendo para cenar con tinto de verano o cerveza. Tenemos las cabezas recalentadas y no soportamos más reposiciones, resúmenes de «lo más…» y refritos de nostalgia preochentera. Battle Creek es la elección perfecta para la somnolencia veraniega aunque la Glenn Close de Las amistades peligrosas diría:
«No se aplaude a un tenor porque se aclare la garganta».
No le faltaría razón: tenores tiene Battle Creek, pero huele más a CSI que a otra cosa. Explicaría que Gilligan (inmerso en Better Call Saul) conceda el mérito de la supervisión a Shore (que parecía interesado en acabar en un pis pas).
En Battle Creek no hay reflexiones sobre «el sentido de la vida, el universo y todo lo demás» ni héroes de tragedia griega. La serie entretiene como CSI, Elementary o Castle, también de CBS. Lo interesante de Battle Creek es verla como borrador de los temas, los personajes y el estilo de Vince Gilligan.
La pareja protagonista es un Walter White desdoblado: el amargado prepotente frente al sabelotodo (obligados a estar en el culo del mundo). Hay interés en los detalles (las tartas de café) y se resuelven situaciones dramáticas con propuestas descabelladas (como los aparatos vigilabebés para una escucha policial). En un episodio hay un capo de las drogas que recuerda a Gus Fring: se considera un hombre normal que saca adelante su familia.
Battle Creek - jarabe de arce
El segundo episodio funciona como parodia de Breaking Bad: el villano de turno controla la producción y la distribución de jarabe de arce con métodos mafiosos. La pareja de policías quiere entrar en el mercado fabricando jarabe de arce clandestino en una cabaña que remite a la autocaravana de Walter White. En guiños como estos está la gracia de Battle Creek para los amantes de Breaking Bad. Estamos en verano.

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